INUNDADOS POR LA CORRUPCIÓN Y LA DESIDIA

piura_27_marzo_2017

Los desastres naturales no son previsibles, pero sí sus consecuencias. Y éstas se pueden evitar o minimizar mediante medidas de prevención debidamente planificadas y ejecutadas. Cuando esto no se hace por desidia, irresponsabilidad o corrupción, se debe buscar determinar las responsabilidades para que los culpables sean sancionados y se tomen las medidas a fin de que las víctimas reciban la ayuda debida que les permita reparar el daño sufrido.

Esto es lo que se intenta hacer en un país como Alemania, que cuenta con regiones que suelen sufrir cada cierto tiempo inundaciones con niveles de agua que superan ampliamente los que hubo en Piura. Por ejemplo, el 3 de junio de 2013 el agua subió más de 12 metros en Passau, ciudad de la Baja-Baviera cerca a la frontera con Austria.

Sin embargo, aunque los daños materiales fueron cuantiosos en los siete países de Europa Central afectados por las inundaciones, la catástrofe sólo se cobró oficialmente 25 vidas humanas.

En Alemania se formó una red de solidaridad que permitió no sólo socorrer temporalmente a los damnificados, sino ayudarles a recuperar la existencia que habían perdido. Y mayores daños se evitaron gracias a medidas de prevención efectuadas en años anteriores.

En el Perú, donde impera la corrupción y el clientelismo político por donde se mire, las autoridades pasan por alto las medidas de prevención. Como esa breve parte del muro de contención que faltaba cerca de la calle Huancavelica en Piura, reemplazada por una baranda precaria que no impidió el paso del agua, aun cuando el caudal del río era menor que durante el fenómeno del Niño de 1998. Un pequeño detalle, pero suficiente como para ocasionar el inédito aniego del centro de la ciudad y afectar la vida de tantos ciudadanos, que deberán correr con los costos de aquello que perdieron en la riada.

Pues eso es lo que suele ocurrir sistemáticamente en el Perú. La corrupción institucionalizada —cuyo interés es el beneficio propio y no el de los ciudadanos comunes y corrientes— desatiende a la población y no se preocupa por su bienestar y seguridad. Cuando viene la catástrofe, los responsables se lavan las manos y se cubren con un manto de impunidad, mientras los más desfavorecidos pagan los platos rotos por pérdidas que pudieron ser evitadas.

Encomiable la ayuda solidaria de tantos peruanos, pero no es suficiente mientras persista el cáncer de la corrupción.

(Columna publicada en Exitosa el 1° de abril de 2017)

FELIZ NAVIDAD CON PAN Y CIRCO EN EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA

Mesa Directiva del Congreso de la República

Mesa Directiva del Congreso de la República

En Alemania los diputados del Parlamento Federal (Bundestag) no reciben gratificación, ni bonos ni canasta navideña. Más aún, la ley estipula que sólo pueden recibir regalos en su calidad de representantes parlamentarios por un valor máximo de 200 euros al año. Están obligados a declarar los regalos que superen esta suma y se los pueden quedar, siempre y cuando desembolsen su valor. Pues los regalos cuentan en Alemania como un ingreso. Además, así se minimizan los riesgos de corrupción.

A esto hay que añadir que según la ley alemana un trabajador sólo puede recibir de su empleador regalos por un valor de 44 euros al mes, y 40 euros si se trata de un regalo entregado en el marco de la celebración navideña de la empresa, estando prohibida la entrega de éste o cualquier monto en efectivo; además, el monto de lo que gasta el empleador por trabajador en las dos celebraciones por año que permite la ley —incluyendo eventuales regalos— no puede sobrepasar los 110 euros en total. Todo lo que supere estos montos se considera como ingreso sujeto a los descuentos de ley, que fluctúan entre 20% y 60% aproximadamente del sueldo bruto, dependiendo de la categoría fiscal correspondiente, de la situación familiar del asalariado (soltero, casado, divorciado), del número de hijos, del monto del salario y otros factores más.

A la vista de cómo funcionan las cosas en un país rico y desarrollado del Primer Mundo, resulta escandaloso e inaudito que en el Perú los más de 4000 trabajadores del Congreso —incluyendo a los 130 congresistas— reciban regalada una canasta navideña de lujo por un valor de 920 soles, además de otros beneficios del cual están privados la gran mayoría de los peruanos.

Con un sueldo mensual que supera los 15,000 soles, un congresista gana muy por encima del sueldo promedio en el Perú, que asciende aproximadamente a 1,700 soles al mes. Pero a diferencia de cualquier trabajador común y corriente, no puede ser despedido mientras dure su mandato de cinco años. A lo más puede ser sancionado con suspensión temporal sin gozo de haber.

¿Por qué quienes ganan más de lo necesario para tener un nivel de vida decente en el Perú deben ser halagados con regalos que incluyen lujos como una botella de ron Appleton, una de vino espumante Asti Ricadonna, una de vino tinto español y otra de pisco El Portón, además de la posibilidad de viajar acompañados a Jamaica o a Punta Cana (República Dominicana) o con la familia al interior del país, todo con plata del Estado? ¿Qué justifica que quienes perciben un señor sueldo reciban además productos no sólo destinados a la cena navideña, sino en cantidad suficiente como para abastecer sus despensas y sus bares?

Recibir un beneficio suntuoso pagado con dinero del Estado —es decir, con los impuestos de los contribuyentes— no puede constituir ningún derecho —diga lo que diga el congresista Becerril—, más aún cuando quien lo recibe gana mensualmente nueve veces el sueldo promedio del trabajador peruano.

Eso parecen haberlo entendido bien quienes han renunciado a este privilegio o han donado sus canastas a una obra benéfica, en vez de aprovecharlas en beneficio propio. Esperemos que sea así y no solamente cálculo político.

Aquí en Alemania, comparando las ofertas de canastas navideñas con productos gourmet fabricados o envasados en el país, las más caras cuestan alrededor de 100 euros y contienen un poco más de 20 productos, incluyendo una botella de vino y una de espumante. En comparación, las canastas del Congreso —que incluyen licores importados de lujo, delicatessen y otros productos de consumo diario— tienen al cambio del día un valor de unos 260 euros. Cifra escandalosa para un país pobre del Tercer Mundo.

Si bien en ciertas instituciones y empresas es costumbre regalar canastas navideñas a los trabajadores, esto debería hacerse dentro de límites razonables. En el Congreso, que según doña Luz Salgado sigue una política de austeridad, las canastas deberían ser más modestas y contar sólo con productos de fabricación nacional. Deberían ser adquiridas por licitación. Y debería privarse de este beneficio y otros a los congresistas, que ganan más que suficiente para poder darse ellos mismos estos gustos a costa de su propio bolsillo.

¿Cuáles pueden haber sido las razones para que la Mesa Directiva del Congreso, presidida por la fujimorista Luz Salgado, diera luz verde a las canastas del escándalo? Considerando que los principales destinatarios son los trabajadores del Congreso, no se me ocurre otra razón que el clientelismo político. Es decir, a nivel del personal del Congreso las canastas cumplirían la misma función que los tapers naranjas durante las elecciones presidenciales.

Hemos sido testigos del lamentable espectáculo de circo romano que nos ofreció la mayoría fujimorista durante la interpelación y posterior censura del ministro Saavedra, con intervenciones que no cumplían la función de comunicar un discurso racional y lógico sino más bien la de hacernos oír el rugido de los leones dispuestos a destrozar a zarpazos a la ofrenda humana de turno. Ahora llega el momento de entregar las canastas, es decir, de darle el pan al pueblo que forma parte de este coliseo, a fin de comprar su lealtad y su apoyo en la medida de lo posible.

Hay varios congresistas que no se han prestado a esta farsa y los felicito por ello. Aún así, la impresión que nos deja la actuación de un Congreso dominado por el fujimorismo es la de una estampa del Imperio romano, donde el derroche es la norma para la mayoría de los miembros de la clase política, mientras que ofrecen pan y circo a la plebe que está al servicio de estos impresentables e indecorosos patricios.

Lo peor es que, a estas alturas del partido, todavía hay circo para cinco años.

(Columna publicada en Altavoz el 22 de diciembre de 2016)

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FUENTE

La República
Esta es la canasta que recibirá cada congresista de la República (20 de diciembre de 2016)
http://larepublica.pe/impresa/politica/832162-esta-es-la-canasta-que-recibira-cada-congresista-de-la-republica

LOS BUITRES EN EL CONGRESO

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En Alemania también hay corrupción. Así como hay actos violentos, injusticias y discriminación. Pero no es algo inherente al sistema, que lo corroe como un tumor maligno. Estos problemas no llegan a tener las dimensiones cancerígenas que tienen en el Perú.

Según estadísticas recientes las siguientes instituciones alemanas superan el 60% de aprobación —de más a menos—: la policía, los pequeños y medianos empresarios, el poder judicial y el poder legislativo. Por debajo del 35% de aprobación se hallan —de menos a más— las macroempresas, el gobierno federal, la administración pública y la Iglesia.

En el año 2002 partí de un Perú que miraba con esperanza al futuro, deseando superar los problemas legados por el fujimorismo.

Actualmente contemplo un Perú con problemas similares: políticos que declaran corrupto a un ministro y lo censuran sin pruebas fehacientes, esgrimiendo argumentos falsos. Además, se hacen a sí mismos regalos navideños que son un insulto a la austeridad en un país pobre. Cometen peores actos de corrupción que aquellos que injustamente le endilgan a quien censuran. Legislan no para el bien del país sino para satisfacer las ansias pantagruélicas de poder de una dinastía familiar de raíces japonesas.

Cuando la confianza en los poderes legislativo y judicial está por los suelos, es natural que la violencia impregne el lenguaje, el trato cotidiano, el aire que se respira, y tengamos discriminación, desigualdades que claman al cielo, impunidad de los corruptos.

Y nos veamos obligados a contemplar cómo las personas más capaces tienen que someterse a la humillación de ser juzgadas por una sarta de mediocres e ignorantes.

Como ya ocurría en el amado Perú que dejé.

(Columna publicada en Exitosa el 17 de diciembre de 2016)

SER Y NO SER PERUANO

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Pedro Pablo Kuczynski, presidente del Perú

Nací y crecí en el Perú. Tengo ancestros alemanes, ingleses, escoceses, españoles y peruanos de la selva iquiteña por mi abuela Hernández. Mi abuelo Scheuch nació en Chile, hijo de un alemán que tuvo que exiliarse por razones políticas en el siglo XIX.

De niño mi jornada cotidiana se dividía en dos: la mañana, que transcurría en un ambiente alemán en el Colegio Alexander von Humboldt, y la tarde, dentro de un entorno de clase media limeña.

Y aunque nunca he llegado a dominar el alemán a la perfección, adquirí la nacionalidad alemana —sin perder la peruana— cuando a la muerte de mi abuela salieron a la luz documentos que demostraban que mi padre había sido registrado como alemán por mi abuelo en la embajada alemana.

Cuando fui descubriendo que el estilo de clase media burguesa era una ilusión, un sueño entre murallas ajeno a la cruda realidad del común de los peruanos, me atreví a saltar el muro y a convertirme en un disidente de mi estrato social, comprometido de corazón con el Perú profundo.

Tuve que emigrar a Alemania por razones similares a las que emigran otros peruanos: falta de oportunidades laborales y hartazgo ante la injusticia, la discriminación y la corrupción que uno encuentra volteando la esquina.

Y aun sintiéndome en parte alemán, al Perú lo llevo siempre adentro. Como también debe ocurrir con PPK [Pedro Pablo Kuczynski], hijo de padre alemán de raíces judío-polacas y madre franco-suiza, peruano por su historia personal y por decisión propia.

Ser peruano —o alemán— ya no depende de la sangre, sino del amor por la gente del país en que uno vive o ha vivido.

(Columna publicada en Exitosa el 30 de julio de 2016)

EL PERSISTENTE HEDOR DE LA DEMOCRACIA PERUANA

ratasDesde que tengo mayoría de edad y soy apto para votar en las elecciones peruanas, tengo memoria de haber emitido mi voto sin mayor convicción, eligiendo el mal menor. Es decir, he votado por aquel candidato que menos apestaba ética y políticamente. Incluso aquellos candidatos que no llevaban encima el acre hedor de la corrupción, apestaban a intereses privados y elitistas que poco tenían que ver con el bienestar de la población en general, mucho menos con la promoción de los peruanos más pobres y desfavorecidos. Como buenos políticos, sabían disfrazar su propio interés privado de interés público por el bien común.

La situación no parece haber mejorado con el tiempo. El debate electoral actual se ha centrado en las vidas nada impecables de la mayoría de los candidatos, el argumento basado en ideas ha sido sustituido por el insulto, y los organismos electorales se han convertido en participantes activos favoreciendo indirectamente a algunos candidatos, en lugar de ser árbitros imparciales que garanticen los derechos básicos tanto de candidatos como de electores. La ley no se ha aplicado con equidad y criterio.

No debería extrañarnos que, según el índice de democracia de The Economist del año 2015, el Perú sea catalogado como una democracia imperfecta —salvándose sólo por 58 décimas de punto de caer en la categoría de régimen híbrido, es decir, con un sistema democrático averiado— y se sitúe en calidad democrática por debajo de países africanos como Lesotho, Ghana y Botswana, y de países latinoamericanos donde la corrupción y la violencia campean a sus anchas, como Colombia y El Salvador.

Efluvios de la persistente corrupción hacen que las actuales elecciones hiedan.

(Columna publicada en Exitosa el 12 de marzo de 2016)

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FUENTE

Wikipedia (en inglés)
Democracy Index
https://en.wikipedia.org/wiki/Democracy_Index

PLAGIO Y CORRUPCIÓN

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El 2 de abril de 2012 el Presidente de Hungría, Pál Schmitt, tuvo que renunciar a su cargo luego de que la Universidad Semmelweis de Budapest inhabilitara su título académico de doctor en ciencias deportivas debido a plagios masivos en su tesis doctoral.

Algo similar ocurrió en Alemania cuando el 23 de febrero de 2011 la Universidad de Bayreuth inhabilitó el doctorado en derecho del entonces Ministro de Defensa Karl-Theodor zu Guttenberg debido a que se comprobaron plagios en 369 páginas de las 393 que tenía su tesis. No obstante ser considerado un favorito como próximo candidato a canciller y contar con el apoyo de Angela Merkel, tuvo que renunciar a su cargo y retirarse de la política.

Lo mismo pasó con la Ministra de Educación e Investigación Annette Schavans, quien luego de ser inhabilitado su doctorado en ciencias de la educación en febrero de 2013, puso su cargo a disposición.

Desde marzo de 2011 la página web VroniPlag Wiki se ha dedicado a examinar tesis académicas que caían bajo sospecha y ha contribuido a que a 26 personalidades de la vida pública alemana se les inhabilite su título académico, con los consiguientes efectos jurídicos.

El plagio en una investigación académica no puede ser considerado una mera “criollada” que permita concederle un título que le abrirá oportunidades laborales, empresariales o políticas a una persona que demuestra de este modo ser incompetente en su área. Este tipo de plagio es una modalidad más del cáncer de la corrupción.

Que César Acuña, después de conocerse sus múltiples plagios, siga en campaña muestra que la tolerancia hacia la corrupción es una enfermedad incurable en el Perú.

(Columna publicada en Exitosa el 6 de febrero de 2016)

TODOS SOMOS CULPABLES

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El 22 de octubre Luciano Revoredo, frustrado candidato sempiterno de rancios proyectos políticos de derecha, publicó “Acerca del Sodalicio” (ver http://laabeja.pe/opinión/columna-del-director-luciano-revoredo/348-acerca-del-sodalicio.html), breve apología de una institución católica que está siendo gravemente cuestionada por los abusos sexuales, psicológicos y físicos cometidos en ella en perjuicio de adolescentes y jóvenes.

Conocí a Revoredo cuando era agrupado mariano y se sentía atraído por el lado nacionalista y filo-fascista de la prédica de algunos sodálites de las primeras generaciones. A decir verdad, nunca pensé que una personalidad tan gris y opaca llegara a convertirse algún día en aspirante a intelectual. Y digo “aspirante”, porque en todo lo que he leído de él encuentro mucho fárrago literario de estilo decimonónico a la vez que poca sustancia estimulante del cerebro. Si es que acaso se le puede llamar “sustancia” a los lugares comunes de derechas que vierte en sus ocasionales escritos.

Yo no soy intelectual, pero a diferencia de Revoredo, tampoco pretendo serlo. Ni tampoco Pedro Salinas, que conoce sus limitaciones en ese sentido y se dedica sólo a aquello que sabe hacer bien: periodismo. Por eso mismo, resulta comprensible que Salinas se haya indignado por las expresiones despectivas hacia él que desparrama el tal Luciano Revoredo en su monserga escrita, y como reacción haya publicado tres días más tarde su artículo “Sobre bufones y cretinos” (https://lavozatidebida.lamula.pe/2015/10/25/sobre-bufones-y-cretinos/pedrosalinas/).

Si bien —en mi opinión— a Salinas se le va un poco la olla al devolver injurias con injurias, el artículo “Mi respuesta a Pedro Salinas” (ver http://laabeja.pe/opinión/columna-del-director-luciano-revoredo/359-mi-respuesta-a-pedro-salinas.html), publicado por Revoredo el 28 de octubre, sobrepasa en toda medida lo escrito por Salinas. Tratando aparentemente de hacerle competencia a Alejandro Bermúdez, director de ACI Prensa, en las malas artes del insulto, Revoredo se explaya en agravios y ultrajes contra Salinas, revestidos de alcurnia literaria con olor a naftalina, confundiendo argumentación con vituperio pomposo. Parece que nadie le ha dicho hasta ahora que el insulto dice muy poco sobre el agraviado, pero sí dice mucho sobre la calidad humana del agraviador. Por eso mismo, le estamos muy agradecidos por este autorretrato involuntario que nos ha brindado.

Esta breve introducción es necesaria para poder situar en su contexto el siguiente aporte que me ha enviado el ex sodálite Gustavo Salinas.

El valor de esta extensa reflexión radica principalmente en el hecho de que se aborda el escándalo del Sodalicio no de manera aislada, sino como síntoma de un problema que afecta a la sociedad entera. Yo añadiría que este escándalo evidencia incluso problemas graves que presenta la Iglesia católica. No podemos acurrucarnos tranquilamente en nuestro rol de espectadores, como si nada tuviéramos que ver en el asunto, pues —de una u otra manera— todos somos culpables.

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¡QUÉ POCAS LUCES!
por Gustavo Salinas

El 90% del artículo del Sr. Revoredo es una lluvia escatológica de improperios desprovistos de todo arte y ciencia. Este señor parece no sólo desinformado, sino desprovisto de todo sentido común. En todo caso, con un sentido común y crítico secuestrado/condicionado por una ideología o una fe ciega (de pocas luces, o ninguna) que le impide hacer uso del mismo. Desconoce y desmerece a priori, sin leer al parecer nada de nada, el trabajo de investigación de dos personas, simplemente porque cuestionan su ideología o creencia. La imagen perfecta de los monitos que se tapan los sentidos. Se cierran las puertas de la verdad, con una asquerosa arrogancia, no sólo a los 30 testimonios del libro sino quizás a muchos que siguen apareciendo y que ya existían desde antes. ¿Son todos mentirosos? La verdad parece no importar. Está en segundo plano. Lo importante es defender la institucionalidad, la ideología, la fe, la Iglesia, etc. Todo lo que esté en contra de ello es simplemente descartable, indigno de credibilidad. ¿Quién es el que generaliza entonces?

Tampoco es válido el argumento de los defectos personales. Porque entonces nadie podría ejercer su profesión hasta que no haya superado todos sus defectos de personalidad. ¿Un peluquero es sospecho de cortar mal el pelo porque es un chismoso y vanidoso? No tiene ni pies ni cabeza. Es decir, vamos a suponer por un instante que el autor del libro realmente fuera vanidoso, oportunista, arribista, patán, achorado. Ninguna de estas características o “defectos” de personalidad le quita seriedad y credibilidad a su trabajo e investigación. Ni siquiera si fuera confeso y parcializado detractor de la Iglesia católica. El libro contiene 30 testimonios de personas ajenas a cualquier vicio del autor. A no ser que Ud. considere, en su gran sentido común, que los 30 son oportunistas de fama y gloria (si algo de gloria y buena fama tiene salir a decir “fui abusado”) o, peor aún, son simplemente invenciones del autor. Si estuviera tan seguro de eso, entonces, en lugar de llenarse la boca de improperios, vaya Ud. y presente una denuncia por difamación y compruebe la veracidad o no de los testimonios. Cosa que ni el Sodalicio ha hecho, porque sabe que son «verosímiles».

Estas mismas pocas luces de mezquindad espiritual e intelectual las encuentro en “el otro bando”, si cabe la expresión. Sí pues, pareciera que se tratara de bandos y no de realidades. Leí un artículo de Rocío Silva Santisteban cuyo título era “Pederastas ricos, pederastas pobres” [ver http://larepublica.pe/impresa/opinion/713515-pederastas-ricos-pederastas-pobres] y fui criticado sin mayor argumento sólo por osar tocar a una de las vestas intelectuales de izquierda y decirle que su artículo era más que mezquino y puro cliché. Cualquier excusa es buena para ilustrar o fundamentar mi ideología. Y no faltan los moralistas que claman la sangre de Figari o los fanáticos anticatólicos que desean quemar a todos los curas. Sólo algunos se preocupan por las víctimas (aunque no siempre con sinceridad), pero casi nadie reconoce su parte de responsabilidad. Nadie reflexiona más allá. Todos señalan la paja en el ojo ajeno. Es muy fácil. Nadie ve la enfermedad de la sociedad, de la humanidad, de sí mismo. Sólo se escuchan defensas cojudas («no generalicemos»), como si se quisiera salvar el propio trasero, o condenas inmisericordes dispuestas a lanzar la primera piedra a su hermano sin darse cuenta que es su propio reflejo. ¡Sí! ¡Aunque sea un monstruo! Aunque tú no seas pederasta ni asesino ni ladrón, participas de toda esa “contaminación”. Esas personas no nacieron enfermas, las hicimos enfermar, en el seno de las familias, de las religiones, los colegios, etc., etc. Esa “mierda” está en todos lados, nos rodea, la respiramos y la transmitimos. ¡No se salva nadie! Ni el Papa. Que no es lo mismo que decir “todos somos pecadores” o “culpables”, flagelémonos. ¡NO! Esa basura de la culpabilidad es justamente parte de lo que nos hace enfermar. Se trata de asumir la propia parte y colaborar. Cada uno sabe de qué pie cojea.

Como decía alguien, «no es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma». Vemos que TODA la sociedad y sus instituciones están enfermas. Basta prender la TV para darse cuenta, ¿cierto? Corrupción por aquí, homicidio por acá, pederastia, proxenetismo, abusos, robos, violencia, guerra, incestos, suicidios, explotación, miseria, hambruna, protestas, quejas, insultos, etc. ¿Y yo me creo inmune a todo eso? Si yo pertenezco a una institución que justifica la agresión y el exterminio de su “enemigo” (aunque sólo sea virtual) y me parece aceptable, debo estar yo también enfermo. Esto se aplica desde la Iglesia católica y todas las religiones, pasando por todos los Estados, hasta las empresas privadas ¡e incluso a las familias! Sí se entiende, ¿verdad? Es una mentalidad enfermiza que está en todos lados. Justificamos las peores atrocidades con la frase «es lo mejor para ti» o «lo hice por ustedes» o «dios así lo quiere». En nombre del amor, de dios, del bien común, del progreso y la economía, se comete todo tipo de crímenes. Lamento informarles pero, todos ustedes que me leen y yo pertenecemos a más de una de estas instituciones. Se los garantizo. Esta generalización sí es válida, porque entonces yo me comprometo, asumo mi responsabilidad y tomo conciencia de que me puede tocar enfermar. Tengo que estar alerta y esforzarme por crecer en la virtud y en la salud (física y mental). En fin, es mucho lo que se puede decir al respecto. Creo que es una de las reflexionas más importantes de todo esto. Porque es lo único que realmente nos hará cambiar. ¿Quieren hacer “justicia”? ¿Quieren cambiar el mundo? Dejemos de señalar, saquemos la paja del ojo ajeno y dejémonos ayudar a sacar la viga del nuestro. TODOS ESTAMOS ENFERMOS Y ENGAÑADOS en mayor o menor medida.

Punto aparte, sólo para dejarlo muy claro. Toda su fe y lo muy cristiano que Ud. se pueda creer, Sr. Revoredo, se contradice con su artículo. De seguidor de Cristo Ud. no tiene más que el nombre. Su artículo carece de cualquier virtud cristiana. No digo que no pueda escribir lo Ud. desee, pero si pretende defender su Iglesia o su fe, mejor cámbiese de profesión o cámbiese de fe, una que vaya más acorde con la calidad de su corazón. No pretenda engañarse y pensar que sirve a dios defendiendo sus principios de esa manera. Dudo mucho de que su fundador (Cristo) estuviera “orgulloso” o aprobara sus métodos (como Pedro cortándole la oreja al guardia).

Por otro lado, jamás ha habido generalización, ni por parte del libro ni del autor. Basta leer o ver cualquier entrevista. Siempre ha tenido cuidado de salvar la bondad de la mayoría de los miembros del Sodalicio y de la Iglesia. ¿Que hay gente fanática comecuras que aprovechan para prender fuego a la hoguera? ¡Sí, obvio! ¿Y? Entonces, ¿mejor no investiguemos nada? ¿Tampoco investiguemos entonces la corrupción del Estado? «No pues, pobrecitos, no los vayan a generalizar». El estúpido discurso de «los enemigos de la Iglesia» (Don Sata y sus enviados) cada vez que alguien denuncia algún escándalo eclesial es tan pueril como Toledo diciendo «¡todo es un montaje!» cada vez que le mencionan Ecoteva, o tan fanático y fundamentalista como un talibán volando en mil pedazos por la “guerra santa”. ¡HAY QUE ESCUCHAR antes de hablar, razonar un poquito más allá de los prejuicios personales. Me resulta muy irónico, o más bien tristemente patético, ver cómo los fanáticos católicos se golpean el pecho con los escándalos producidos por las acciones anticristianas (o sea demoníacas) de sus propias instituciones eclesiales y ruegan que no se les satanice o generalice, cuando ellos luego están en primera fila para satanizar y generalizar todo lo que se les ponga en frente que esté en contra de sus principios o dogmas. No estoy diciendo que haya que tratarlos a ojo por ojo. Sólo digo que es como para echarse una pensadita autocrítica, para ejercitar ese sentido común tan atrofiado.

Sin embargo, yo sí creo que es bueno y saludable generalizar, como ya he “demostrado”, pero sólo si me incluyo yo también en el paquete, con un poco de autocrítica. No podemos ser tan ingenuos y creer que esto que ha sucedido en el Sodalicio es un hecho aislado y puntual si analizamos la historia de la Iglesia y de la humanidad. El Sodalicio es sólo un caso más de tantos. Eso no quita que existan buenas personas. O personas con buenas intenciones. Hitler también creía que lo que hacía era por el bien de la humanidad. De verdad lo creía. Me decía alguien que «20 malos no anulan 300 buenos». Yo le respondí: «¿Pero si esos 20 son los que en gran medida manejan a los 300?» No podemos ser ingenuos y pensar que una institución así es saludable y liberadora. Lo que hay que preguntarse es por qué esos 300 son tan cojudos. Yo me tengo que preguntar: «¿Cómo no me di cuenta? ¿Tan enfermo o idiotizado estaba?» Esto sucede no sólo en las instituciones de la Iglesia católica sino en todo ámbito humano. No dudo que hay muchísima gente “muy buena” en el Sodalicio. Los considero siempre mis hermanos y con mucho cariño. Pero han sido engañados. Esta vez por sus autoridades directas. No es suficiente decir «yo no vi nada». Es una ignorancia responsable. Debimos ser más críticos con respecto a lo que sucedía en nuestro entorno y no ser simples “borregos” ciegos. Hay que darse cuenta de la esclavitud mental, liberarse de los condicionamientos mentales no sólo del Sodalicio y las religiones sino también del Estado, de las ideologías, de la TV, del colegio, de la familia, etc.

Por eso, que Figari pague por sus culpas (si es hallado culpable) no es suficiente. No es ni siquiera lo más importante, creo yo. Por eso, ¡qué pocas luces! ¡Qué miopía la del Sr. Revoredo! El análisis de Pedro Salinas es mucho más profundo que simplemente denunciar abusos y pedir la cabeza de Figari. Trata de entender por qué ha sucedido todo eso. Para él, el problema se centra en la figura de Figari y la estructura verticalista, fascista, etc. Y en gran medida tiene razón. Pero se puede profundizar aún más, como hice líneas arriba. La cosa es mucho más grave. Se trata de un modus operandi y de una ideología que daña profundamente a las personas. Testimonios sobran. Yo he pertenecido al Sodalicio y doy fe de todo lo que los testimonios hablan. Mi experiencia personal fue distinta. No me siento “resentido” ni “abusado”. Por el contrario, siempre creí que todas esas “exigencias” (para otros, “abusos”) me fortalecieron y forjaron mi carácter. Sin embargo, tampoco soy ingenuo y soy consciente de los muchos “defectos” de personalidad que me han generado (o acentuado) y que aún no logro “sanar”.

Sólo por poner un ejemplo. Pasé de ser hiper recontra nerd y tímido a ser excesivamente extrovertido, confiado (o patán a veces para algunos, lo acepto) y hasta agresivo o colérico. Cualidades no muy compatibles con las virtudes cristianas, ¿verdad? Me convertí en un “psicomatón” dispuesto a destruir intelectualmente todo lo que me sepa a mentira. ¡Claro, me creía dueño de la verdad! Sigo haciendo mucho daño, sin querer queriendo, a mucha gente por esta razón. Incluso seguramente en estas mismas líneas. Se me entrenó a reaccionar como un perro rabioso ante todo aquello que mi intelecto o mi intuición detectara como “mentira” o “falsedad”, sin importar nada más. Aunque en la teoría siempre debía primar la caridad hacia la persona que tienes al frente. En la práctica es diferente. Las personas se sienten muy agredidas a pesar de que, en mi mente, ataco la mentira mas no a la persona. Mi intención no es dañar a nadie. No es nada personal, ni es de mala intención, al contrario. Después de decirle “sus verdades” a alguien yo no suelo guardar ningún rencor o mala leche. Pero, ¿se puede realmente hacer esa separación entre mentira/verdad y la persona que la cree? La realidad o la consecuencia de mis actos me dice que muchas veces toda caridad queda de lado en nombre de una supuesta “verdad”. Sobre todo si la otra persona se reafirma en “su verdad” (“mi mentira”) y no reconoce “su mentira” (“mi verdad”). Es entonces cuando el conflicto es inevitable y la violencia se convierte en agresión. Lo peor de todo es que aún me creo muy intuitivo y tengo supuestamente cierta facilidad para darme cuenta cuando alguien miente o esconde algo. No puedo evitar reaccionar ante ello. Sin embargo, muchas veces no es más que pura proyección personal de mi ego sobre el del otro. Obviamente, no puedo siempre saber cuándo estoy en lo cierto o cuándo equivocado. Pero aún cuando esté totalmente convencido de que tengo “la razón”, ¿tengo derecho a decirle a otro que está equivocado? Creo que debemos respetar “su error”, porque para él no lo es. Ya la vida, el sufrimiento, dios, el demonio, o su tía, qué sé yo, le harán ver otras realidades. O no. No nos toca a nosotros “convencerlo” de lo contrario, que es justamente lo que nos entrenaron para hacer: convencer a otros de nuestra verdad. «Porque claro, ¡¡¡está clarísimo!!! ¿Que no lo ves?» Y en nombre de esa “verdad” hicimos mucho daño, del cual recién ahora me doy cuenta. Quizás la persona no estaba lista o preparada para ver esa “verdad” específica. Decirle a otro lo que debe pensar es una falta de respeto, porque es usurpar su conciencia. Sufro a causa de estos condicionamientos, pero lamentablemente creo que más es lo que hago sufrir a otros. Hay un proverbio oriental que dice algo así: «Quien se cierra a la mentira, renuncia también a la verdad». Este “vicio” o cualidad personal no es sólo mío, ni sólo sello evidente y característico de Figari y el Sodalicio, sino que es propio también de la Iglesia católica y de todas las religiones fundamentalistas, incluso muchas veces de la misma ciencia y de cualquier forma de imperialismo. Está en la base de cualquier justificación de agresiones, de guerras, ideologías totalitarias, etc.

Todo lo que acabo de escribir es, pues, pura vanidad. No es nada nuevo, nada original. Pero necesitaba hacerlo para exorcizar yo también “mis demonios”. Todo lo que he tratado de decir en estas largas líneas puede resumirse en este poema/canción de Silvio Rodríguez.

El problema no es
si te buscas o no más problemas
El problema no es
ser capaz de volver a empezar
El problema no es
vivir demostrando
a uno que te exige
y anda mendigando
El problema no es
repetir el ayer
como fórmula para salvarse
El problema no es jugar a darse
El problema no es de ocasión
El problema señor
sigue siendo sembrar amor

El problema no es
de quién vino y se fue o viceversa
El problema no es
de los niños que ostentan papás
El problema no es
de quién saca cuenta y recuenta
y a su bolsillo
suma lo que resta
El problema no es de la moda mundial
ni de que haya tan mala memoria
El problema no queda en la gloria
ni en que falten tesón y sudor
El problema señor
sigue siendo sembrar amor

El problema no es
despeñarse en abismos de ensueño
porque hoy no llegó
al futuro sangrado de ayer
El problema no es
que el tiempo sentencie extravío
cuándo hay juventudes
soñando desvíos
El problema no es
darle un hacha al dolor
y hacer leña con todo y la palma
El problema vital es el alma
El problema es de resurrección
El problema señor
será siempre
sembrar amor