LOS COMPADRES ECLESIÁSTICOS DE DON LUIS FERNANDO FIGARI

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El cardenal James Francis Stafford dándole la comunión a Luis Fernando Figari durante una misa en la Parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación (Camacho, Lima); a la derecha, Eduardo Regal

Cuenta el diario El Comercio en su edición del día lunes 24 de octubre que Luis Fernando Figari ha recibido en su retiro romano, en diferentes momentos, visita de tres renombrados personajes de la Iglesia católica: los cardenales James Francis Stafford y Francisco Javier Errázuriz, así como el fundador de la Comunidad de San Egidio, el laico Andrea Riccardi.

Si bien la noticia ha pasado ligeramente desapercibida, ello no ha impedido que me causara un retorcijón estomacal y que tuviera pesadillas en la noche. Pues las implicaciones que conllevan estas visitas “amistosas” son de terror. Sobre todo cuando las ilustres eminencias se han referido a Figari como a “un viejo amigo”.

Veamos los detalles.

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Cardenal James Francis Stafford

El cardenal Stafford fue Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos desde agosto de 1996 hasta octubre de 2003. En abril de 1996 Germán Doig había sido designado miembro de este dicasterio romano por un período quinquenal. Tras su muerte, y todavía durante la gestión de Stafford, Figari fue nombrado consultor del dicasterio mencionado en el año 2002, cargo que —hasta donde se sabe— aún ostenta.

Además, este cardenal norteamericano celebró en marzo de 2001 una misa en la iglesia de Santa Maria in Monticelli (Roma) con ocasión de haber transcurrido un mes desde la muerte de Doig, donde pronunció unas palabras clarividentes, aunque tal vez no en el sentido que él pretendiera: «Ser amigo de Germán significaba vivir constantemente maravillado. Hay muchas evidencias que apoyan este continuo desprendimiento de sí. Una persona de tal temple está llena de sorpresas». ¡Y vaya qué sorpresas! Que lo digan quienes lo conocieron en su faceta más perversa y oscura.

Asimismo, pronunció otras palabras a tener en cuenta, que sólo acrecientan el misterio sobre las circunstancias en que murió Doig: «¿Por qué se extinguió tan rápidamente? Todos se hacen la pregunta. No creo que Germán la hubiera planteado. No es poco razonable pensar que él no se habría visto sorprendido. Sabía que su padre había muerto casi a la misma edad que él había alcanzado. Habló a sus más cercanos de la posibilidad de no vivir más que su padre. Por ello se dio cuenta de que tenía mucho que realizar en corto tiempo».

Anteriormente, de 1986 a 1996, Stafford había sido arzobispo de Denver (EE.UU.). El contacto con representantes del Sodalicio ya se había establecido desde entonces, probablemente a partir de la Jornada Mundial de la Juventud de 1993, que se realizó precisamente en Denver. Stafford sería invitado por el Sodalicio a participar en octubre de 1995 en el V Congreso Internacional de Nueva Evangelización rumbo al Tercer Milenio, efectuado en la arquidiócesis de Lima, el quinto de una serie de congresos internacionales sobre la reconciliación en el pensamiento de Juan Pablo II que el Sodalicio organizó entre las décadas de los ‘80 y los ‘90 para proyectarse internacionalmente y terminar de anudar contactos con personalidades importantes de la jerarquía eclesiástica.

El sucesor de Stafford en la silla episcopal de Denver —Mons. Charles J. Chaput, otro obispo de pensamiento conservador y reaccionario— le abriría oficialmente la puerta a los sodálites en el año 2003, permitiéndoles fundar una comunidad en su circunscripción eclesiástica.

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Cardenal Francisco Javier Errázuriz

Pasando al cardenal Francisco Javier Errázuriz, fue éste, cuando era arzobispo de Santiago de Chile, quien “invitó” en el año 1999 a los sodálites a poner pie en tierras chilenas. Es necesario aclarar que “invitar” es en realidad un eufemismo utilizado en recuentos oficiales del Sodalicio, a fin de evitar tener que contar los entresijos de la historia anterior a cualquier “invitación” de este tipo —formada por un cúmulo de contactos, relaciones e influencias, que solían culminar con un encuentro personal entre Figari y el prelado que “invitaba”—. Mediante el uso de este término se busca dar la impresión de que la iniciativa fue del prelado y no del Sodalicio con su agresiva estrategia de expansión internacional.

Errázuriz tiene también en su bagaje haber ignorado olímpicamente las denuncias por abusos contra el P. Fernando Karadima presentadas por José Murillo, la ex-esposa de James Hamilton y el mismo Hamilton en los años 2003, 2004 y 2005 respectivamente, además de haberle restado credibilidad en un inicio a las denuncias presentadas en abril de 2010 por Juan Carlos Cruz, Fernando Batlle y otra vez por James Hamilton. Su inacción al respecto y el hecho de seguir cultivando su amistad con el P. Karadima, otro “viejo amigo”, lo han hecho justamente merecedor del calificativo de “encubridor”. Con estos antecedentes, es probable que abogue por Figari, más aún cuando —como cuenta El Comercio— respondió, aludiendo al dicho popular que dice que del árbol caído hacen todos leña, que “es más cristiano ayudar al árbol a que se levante”. Y para mayor preocupación, también forma parte del G8, el consejo de cardenales que asesora al Papa Francisco en el gobierno de la Iglesia.

Otros miembros del G8 que también deben conocer personalmente de cerca a Figari son el cardenal norteamericano Sean O’Mallley —invitado a participar en enero 1987 del III Congreso Internacional sobre Liberación, Reconciliación y Solidaridad, efectuado en la diócesis de Tacna (Perú)— y el cardenal hondureño Óscar Rodríguez Madariaga —participante del IV Congreso Internacional sobre Reconciliación en Tiempos de Pobreza y Violencia, realizado en 1989 en la diócesis de El Callao (Perú)—. En el marco de estos eventos organizados y financiados por el Sodalicio era de precepto que tuvieran un encuentro personal con el idolatrado fundador de la institución.

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El cardenal Jorge Bergoglio, flanqueado de los sodálites Óscar Tokumura y Luis Ferroggiaro, ambos denunciados por abusos

No sólo el cardenal Errázuriz parecería tener rabo de paja. También lo tendría el mismo Papa Francisco, pues siendo arzobispo de Buenos Aires, en el año 2005 “invitó” al Sodalicio a iniciar actividades en suelo argentino. Y quién sabe si ambos, tanto Errázuriz como Bergoglio, hicieron caso omiso de críticas o quejas que pudieron haber llegado a sus oídos. En las circunstancias actuales, cualquier medida drástica contra el Sodalicio se podría volver en su contra, pues ellos recibieron a la institución con los brazos abiertos y le prestaron su apoyo incondicional. No se sabe que la hayan criticado nunca. En todo caso, reconocer abiertamente todos los delitos que se le imputan no sólo a Figari sino a la institución misma terminaría por afectar de paso sus reputaciones y podría estallarles en la cara. Por cómplices o por haber sido tan ingenuos de no examinar al detalle las prácticas sodálites y no darse cuenta de los graves vicios de un sistema con características sectarias. Por el momento, mientras más se prolongue el silencio que guardan sobre este tema, más dañada se verá su reputación a los ojos de quienes han experimentado en carne propia el aguijón de la disciplina sodálite o han tenido la honestidad de darle crédito a los testimonios de las víctimas.

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Andrea Riccardi

Finalmente, el italiano Andrea Riccardi —quien se ha manifestado extrañamente preocupado por la salud de Figari— es una personalidad que presenta varias similitudes con el fundador del Sodalicio. Él también es un laico, fundador de un movimiento laical —la Comunidad de San Egidio—, cuyos miembros se comprometen, siguiendo las enseñanzas del Evangelio, a trabajar por la paz y combatir la pobreza. No obstante tener una reputación intachable y habiendo obtenido Riccardi varios galardones internacionales por su compromiso efectivo a favor de la paz en regiones con conflictos bélicos, tampoco han faltado críticas de uno que otro ex-miembro, denunciando la idealización idolátrica que hay del fundador y la obligación de guiarse en lo doctrinal únicamente por sus palabras, la práctica de una obediencia absoluta que coacta la libertad, la obligación de confesar los detalles más íntimos de la vida personal a los padres o madres espirituales, el rompimiento de los lazos familiares y la sustitución de la familia carnal por la comunidad egidiana, el reclutamiento de menores de edad escenificando un ambiente de afecto y manipulando sus sentimientos, la imposibilidad práctica de determinar uno mismo la carrera profesional que uno va a estudiar, la satanización de aquellos que abandonan la comunidad como paganos que van hacia la perdición —con consecuencias personales como vergüenza, depresión, sufrimientos e incluso pensamientos suicidas—, etcétera. Las coincidencias con el Sodalicio de Figari —una institución que ha buscado proyectar una imagen de sí misma pura, prístina y sin fisuras— saltan a la vista.

Pero hay otra semejanza mucho más reveladora con otro personaje de la ficción cinematográfica. A Figari le gustaba que le llamaran “Don”. Como al Padrino de la mafia. Y así como el sucesor del patriarca Vito Corleone —el Michael Corleone interpretado por Al Pacino— también anudó contactos con altos prelados de la jerarquía católica, así Don Luis Fernando Figari parece sentirse tranquilo gracias a su red de influencias en la alta jerarquía vaticana. Y probablemente termine muriendo, como Michael, en la más absoluta soledad. Aunque lo que muchos esperamos es que se haga justicia antes de que eso ocurra.

(Columna publicada en Altavoz el 30 de octubre de 2016)

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FUENTES

El Comercio
Influyentes figuras políticas y eclesiásticas visitan a Figari
http://elcomercio.pe/sociedad/lima/influyentes-figuras-politicas-y-eclesiasticas-visitan-figari-noticia-1941232

Familia Sodálite NOTICIAS
Los Congresos de la Reconciliación cumplen 30 años (11/03/15)
http://www.fsnoticias.org/cronicas/los-congresos-de-la-reconciliacion-cumplen-30-anos-10725
Resulta interesante revisar la lista de personalidades eclesiásticas invitadas a estos congresos, que abarca importantes nombres de Italia, España, Brasil, Perú, México, Chile, Argentina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Honduras, Panamá y Estados Unidos. A ellos habría que añadir los diversos contactos que se establecieron con otras personalidades eclesiásticas, entre ellas el cardenal Antonio Quarracino, predecesor de Jorge Bergoglio en la sede episcopal de Buenos Aires, a quien vi una vez codeándose de risa con Luis Fernando Figari y Germán Doig a la salida de una misa donde se había entonado una canción sodálite de tema mariano, que no era otra cosa que la marcha peronista argentina con letra cambiada. No todos los contactos terminaron en buenas relaciones. Por ejemplo, sé a través de una fuente confiable que el cardenal Rodríguez Madariaga no puede ver a Figari ni en pintura. Y viceversa.

Página web oficial del Sodalicio de Vida Cristiana
Padre Luis Ferroggiaro: “Fue una gran sorpresa encontrar al Cardenal Bergoglio esperándonos a las 5:30 am” (14 Mar 2013)
http://sodalicio.org/noticias/padre-luis-ferroggiaro-fue-una-gran-sorpresa-encontrar-al-cardenal-bergoglio-esperandonos-a-las-530-am/
Bergoglio al Sodalicio: “Busquen entregar el Evangelio” (09 Jul 2013)
http://sodalicio.org/noticias/bergoglio-al-sodalicio-busquen-entregar-el-evangelio/

Página web de Sandro Magister
Twenty-Five Years in the Community of Sant’Egidio: A Memoir (15.5.2003)
http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1335746?eng=y

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EL FUNDAMENTALISMO CATÓLICO

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Juan Pablo II con Kiko Argüello y otros miembros del Camino Neocatecumenal

Hanspeter Oschwald (1943-2015) fue un periodista alemán católico, que dedicó gran parte de su vida a escribir de manera crítica sobre el Vaticano y la Iglesia católica.

Recientemente he comenzado a leer el fascinante libro que escribió con el título En nombre del Santo Padre. Cómo fuerzas fundamentalistas manejan el Vaticano (In Namen des Heiligen Vaters. Wie fundamentalistische Mächte den Vatikan steuern, Wilhelm Heyne Verlag, München 2010) sobre el pontificado de Benedicto XVI y los grupos fundamentalistas que comenzaron a ganar en poder e influencia con Juan Pablo II y se afianzaron durante el pontificado del Papa Ratzinger.

Cuenta allí que, poco antes de la elección de Ratzinger, conversando con su amigo y colega Giancarlo Zizola (1936-2011), uno de los más renombrados vaticanistas que jamás haya habido, éste le comentó que un informante suyo, un arzobispo curial conocido por su seudónimo de “Angelo d’Oltretevere” en sus escritos, le había dicho lo siguiente: «El problema más grande que le espera al siguiente Papa lo constituyen los movimientos. Son una bomba de tiempo, que explotará en cuanto el Papa intente integrarlos de nuevo en la disciplina de la Iglesia».

Aparentemente, Ratzinger no se esforzó en poner orden en este problema, sino que se valió de los movimientos para llevar adelante su proyecto de restauración de la Iglesia. Sin mucho éxito, pues lo que la Iglesia necesitaba para cumplir su misión en el mundo actual era retomar lo iniciado por el Concilio Vaticano II.

Pero a Ratzinger tampoco hay que quitarle méritos. Allí donde puso acertadamente el dedo en la llaga, explotó la bomba. A saber, con los Legionarios de Cristo y la Comunidad de las Bienaventuranzas, cuyos respectivos fundadores —el P. Marcial Maciel y el diácono laico Gérard Croissant— cometieron abusos sexuales, el primero en perjuicio de jóvenes seminaristas y el segundo en perjuicio de jóvenes integrantes femeninas de su comunidad. En este último caso, el fundador fue suspendido del ministerio diaconal y expulsado de la comunidad. He aquí un precedente de algo que el Sodalicio todavía no ha hecho y que no sabemos qué diablos está esperando para hacerlo.

Oschwald veía en los movimientos el peligro de una sectarización de la Iglesia, debido a una postura intransigente basada en una interpretación fundamentalista de la doctrina. Para describir esta posición, reproduce las conclusiones del teólogo y periodista independiente Peter Hertel, quien tras haber leído publicaciones de grupos fundamentalistas católicos durante años, presentó las principales características de estos grupos en su libro Guardianes de la fe (Glaubenswächter).

  • El fundamentalismo cree que la Iglesia está amenazada desde dentro.
  • El fundamentalismo ve a la Iglesia sobre todo de manera jerárquica y centralista, y ello por obra de la voluntad divina. Toda crítica al Santo Padre y a (la mayoría de) los obispos es falta de fe y conduce a la decadencia; la Iglesia es presentada monolíticamente (una fe, un bautismo, un solo bando).
  • El fundamentalismo asume que la fe católica (la verdad) sería invariable desde los inicios; los leales se sienten como parte de una Iglesia cerrada y militante.
  • El dinamismo en la Iglesia va siempre de arriba hacia abajo (enseñar, no aprender; anunciar, no preguntar).
  • La escala de valores la encabeza la continencia sexual y todo aquello que esté relacionada con ella.
  • Los fundamentalistas católicos, de manera diversa según la región del mundo, han desarrollado imágenes poderosas de supuestos enemigos, por ejemplo, el protestantismo, el pluralismo, la democracia, la libertad de conciencia, el judaísmo, el Islam, el comunismo ateo (o ateísmo comunista), la teología de la liberación.
  • La devoción mariana, las apariciones marianas y una fe ingenua en los milagros juegan un papel central.
  • Todos luchan “a favor de la vida”, pero no tanto en contra de la pena de muerte sino mucho más en contra de toda forma de aborto.

Si bien en el libro de Oschwald sólo se menciona al Opus Dei, a los Legionarios de Cristo, al Camino Neocatecumenal, a los Focolares, a la Comunidad de San Egidio y a Comunión y Liberación como ejemplos en mayor o menor medida de esa mentalidad, el perfil también se aplica como guante al dedo al Sodalicio de Vida Cristiana y al Movimiento de Vida Cristiana.

¿Pero cómo algunos católicos se convierten en fundamentalistas? ¿Cómo forman las organizaciones a su personal? Son preguntas válidas que se hace Oschwald y que le hacen pensar en métodos de lavado de cerebro. A fin de esbozar una respuesta, recurre a los ocho criterios que el ex focolarino Gordon Urquhart pone en su libro La armada del Papa (The Pope’s Armada).

  1. Los grupos buscan asegurarse la libre disposición respecto a lo que el individuo ve, oye y lee, después sobre todo lo que escribe, experimenta y expresa. Al individuo le son arrebatadas de manera selectiva las posibilidades de reflexionar y decidir personalmente.
  2. Los controladores crean una situación que les impone a los participantes un patrón de comportamiento y sentimientos, como por ejemplo la compulsión a la sonrisa constante y la alegría. El esfuerzo de mantener los modos de comportamiento en entornos aislados sin contacto con el exterior produce sentimientos de euforia. Los controladores generan un aura mística en torno a la institución manipuladora. Las víctimas se sienten herramientas escogidas.
  3. Se transmite que sólo aquello es bueno que concuerda con la propia ideología. Al individuo se le enseña que sólo será puro, si se comporta de acuerdo a la enseñanza de la comunidad.
  4. La pureza se examina en confesiones y autoinculpaciones abiertas y deviene en neurosis. De este modo se origina dependencia a través de sentimientos de culpa. Entregarse significa rendirse, lo cual, por otra parte, sólo se le exige a los miembros sencillos. Los superiores se mantienen personalmente a cubierto y no dejan ver sus cartas. Informes de experiencias a ser entregados continuamente por sus súbditos les aseguran a los de más arriba un conocimiento dominante, que puede ser utilizado incluso para extorsionar a los individuos.
  5. La organización presenta su dogma central como el ideal para el ordenamiento de la existencia humana.
  6. Elección estandarizada de palabras y fórmulas de uso interno así como una jerga doméstica de tipo sectario distraen el pensamiento y fomentan el sentimiento de pertenencia.
  7. Cambios de la personalidad son examinados a través de informes continuos. Ya no hay esfera privada o íntima.
  8. A continuación, la organización les concede a los que han sido sometidos o inhabilitados una especie de ascenso a una existencia más elevada, a una unidad con los ideales fundacionales. Los así “recompensados” derivan entonces de ello la obligación de obedecer absolutamente.

Para los fundamentalistas católicos, el contenido de la fe es secundario frente a quién lo diga y a quién tenga el poder en la Iglesia, pues su preocupación principal siempre ha sido ver a quién obedecer, es decir, estar del lado de quien lleva la batuta en los pasillos del Vaticano, y no reflexionar de manera madura sobre lo que nos enseña la fe cristiana. Como decía Gugliemo Bosello, vocero de los Focolares en la central romana: «Nosotros no somos una secta. Estamos con la jerarquía». ¡Y hay que ver qué jerarquía!

El gran peligro de los nuevos movimientos ha estado en su apoyo a los sectores más conservadores de la Iglesia, en base a un concepto estático de tradición que mantiene la ilusión de que muchos enunciados doctrinales, enseñanzas morales y prácticas litúrgicas de la Iglesia católica se remontan de manera inalterable a los inicios del cristianismo, y por lo tanto, terminan aislándose de los problemas reales del mundo actual, lo condenan atribuyéndole una “dictadura del relativismo” —desafortunada frase del Papa Ratzinger— y se resisten a adaptar las perennes enseñanzas cristianas del Jesús de los Evangelios a un mundo que ya no comprenden. En el cual hay infinidad de católicos que no quieren estar sometidos a una jerarquía cada vez más desprestigiada, pero que, como miembros vivos del Pueblo Dios, mantienen la ilusión de poder contribuir entusiasta y libremente a testimoniar el amor de Dios hacia los hombres sin distinciones, sin restricciones, sin fronteras, sin prohibiciones absurdas, sin estrechez de miras. Que así sea.