EL SODALICIO EN LA PALABRA ESCRITA (II)

Este artículo es la continuación de mi anterior escrito EL SODALICIO EN LA PALABRA ESCRITA (I).

Al año siguiente del primer reportaje televisado sobre el Sodalicio de Vida Cristiana, emitido en el programa “Entre Líneas” de Cecilia Valenzuela en Canal N (ver CANAL N: PRIMER REPORTAJE SOBRE EL SODALICIO), el periodista Pedro Salinas publicaba su novela Mateo Diez (Jaime Campodónico/Editor, Lima 2002), donde en clave de ficción y con nombres cambiados narraba su paso a través de la institución. Independientemente de la calidad literaria del texto, se trataba de un testimonio valiente y honesto de primera mano. De alguna manera, se había abierto una compuerta para discutir el tema del Sodalicio en el ámbito público.

A fines de ese año el diario La República, a través de su revista Domingo, iniciaría la publicación de la que quizás sea la mejor investigación periodística sobre el tema que se haya realizado hasta la fecha.

REPORTAJE DEL DIARIO LA REPÚBLICA
(22 y 29 de diciembre de 2002, 5 de enero de 2003)

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El motivo que dio origen al reportaje de La República fue una carta notarial fechada el 9 de diciembre de 2002 que el Dr. Héctor Guillén, oftalmólogo arequipeño, y su esposa Martha Gross dirigieron a Luis Fernando Figari, Superior General del Sodalicio, manifestándole su preocupación por su hijo Franz, quien se había convertido en miembro del Sodalicio tras haber sido objeto de acciones proselitistas por parte de la institución e iba a ser enviado a una comunidad en Colombia, un país con guerra interna, recalcando además la situación de ruptura con la familia Guillén que se había generado desde que Franz fuera reclutado por el Sodalicio. La carta fue hecha pública y Franz Wieser, ex-sacerdote que ha sido profesor de religión en el Colegio Peruano-Alemán Alexander von Humboldt, remitió la carta al director de La República, quien la publicó en su diario.

Señor Director:

Por tratarse de un asunto de interés general, remito para su publicación en La República la siguiente Carta Notarial dirigida al Sodalitium.

Franz Wieser

__________________________________________________

Señor Luis Fernando Figari
Lima.-

Desde que nuestro hijo, Franz Guillén Gross, actualmente en San Bartolo (Lima), ingresó en el Sodalitium el 1º/6/99, como padres de familia nos hemos visto imposibilitados de entablar con él un diálogo razonable, personal, amplio, abierto y natural, llegando Franz al extremo de negarse a hablar con su padre. Somos respetuosos de la libertad de conciencia y, por tanto, de la libre elección de la vida religiosa, por lo que no podemos aceptar las limitaciones impuestas a nuestro hijo —desde su adscripción a la organización de su dirección— a sus posibilidades de desarrollo integral, plural, libre en plenitud de conciencia, situación que ha generado un radical cambio en su personalidad, la deserción de sus estudios universitarios, el abandono de su hogar y el total alejamiento e incluso enfrentamiento con su familia, lo que contradice su supuesta formación cristiana. Luego de que nuestro hijo inició su formación en San Bartolo, hace año y medio, ha sido drásticamente limitado en su posibilidad de visitar a su familia en Arequipa, a pesar de habérsele enviado el dinero para su pasaje y de nuestra angustiosa necesidad de tenerlo en casa para eventos familiares trascendentales. Siendo Colombia (adonde piensan enviarlo) un país en guerra interna y en el que se ha asesinado a cerca de 30 religiosos y secuestrado varios sacerdotes, incluyendo al cura sodálite arequipeño Juan Pablo Rosado Gómez de la Torre, nosotros, como padres de Franz Guillén Gross, en ejercicio de nuestros derechos como familia, responsabilizamos directamente a usted y a su organización de cualquier daño físico, emocional, mental y/o moral que se deriven tanto del aislamiento que le ha sido impuesto hasta ahora por el Sodalitium a nuestro hijo como de la decisión de enviarlo a Colombia. Nos despedimos con la esperanza de ver pronto a nuestro hijo Franz en Arequipa.

Héctor Guillén Tamayo
Martha Gross de Guillén
DNI 29250771-29331501

El Sodalicio, a través de su vocero Germán McKenzie, emitió una respuesta, que fue publicada en el mismo diario el 16 de diciembre de 2002.

Señor Director:

Habiendo aparecido publicada en la sección Cartas del diario bajo su dirección el último lunes una carta relativa a nuestra institución religiosa, me permito solicitarle la publicación en la misma sección.

Atentamente

Germán McKenzie González
Superior Regional del Perú
Sodalicio de Vida Cristiana

__________________________________________________

CARTA NOTARIAL

Sres.
Héctor Guillén Tamayo
Martha Gross de Guillén
Piérola 106
Cercado
Arequipa

Estimados señores:

Al haber tomado conocimiento de su carta pública del 9 de diciembre pasado, como responsable del Sodalicio de Vida Cristiana en el Perú quiero manifestarles lo siguiente:

El hermano Franz Guillén Gross, como todos los miembros del Sodalicio de Vida Cristiana, es una persona adulta que se ha adherido libremente a nuestra institución religiosa. Cualquier acusación de ustedes que ponga esto en duda equivale a una calumnia.

Considero que los asuntos que ustedes señalan deberían haber sido tratados directamente entre padre e hijo. Lamento mucho esta situación que en ningún modo puede ser imputada a nuestra institución. Dado que el Hno. Franz también tiene conocimiento de su carta pública, a él le corresponde actuar de acuerdo a su conciencia.

Me permito aclarar que las imputaciones de su carta no corresponden a la verdad.

Que Dios, Señor Nuestro, los bendiga y que este tiempo de Navidad les ayude a profundizar en la fe.

Atentamente,

Germán McKenzie González
Superior Regional del Perú
Sodalicio de Vida Cristiana

A continuación vendrían los artículos que se publicaron en la revista Domingo en tres números consecutivos, entre el 22 de diciembre de 2002 y el 5 de enero de 2003. La buena calidad del reportaje hay que atribuirlo a que La República contaba entonces con una de las mejores unidades de investigación periodística del Perú. Por ello, la presentación de la información obtenida fue bastante objetiva.

Dado que este material ya no está disponible en la página web de La República, he tenido que recurrir al Internet Archive para encontrar copias del reportaje, aunque sin las fotos. A través de los siguientes enlaces se puede acceder a los respectivos textos publicados en Domingo.

22 de diciembre de 2002
http://web.archive.org/web/20021224155310id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1222/domingoCONTROVERSIA.htm

29 de diciembre de 2002
http://web.archive.org/web/20030104013342id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV1.htm
http://web.archive.org/web/20030104013634id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV2.htm
http://web.archive.org/web/20030104015405id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV3.htm
http://web.archive.org/web/20030104014320id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2002/1229/domingoCONTROV.htm

5 de enero de 2003
http://web.archive.org/web/20030109054933id_/http://www.larepublica.com.pe/SUPLEMEN/DOMINGO/2003/0105/domingoDESCARGOS.htm

Lo único que falta es el sumario de la entrevista que le hicieron al P. Jaime Baertl, que apareció en la versión impresa de la revista Domingo del 5 de enero de 2003, pero no en la versión digital.

La reacción del Sodalicio no se hizo esperar y, poco después de publicado el primer artículo, el encargado de Comunicaciones del Sodalicio envió una carta aclaratoria, que fue publicada en el diario y que reproduzco a continuación, junto con la respuesta del responsable de la revista Domingo.

Publicado en La República el 25 de diciembre de 2002

Sodalitium niega irregularidades

Señor director:

En la sección Domingo ha sido publicado un artículo referido al Sodalitium Christianae Vitae respecto del cual me permito hacerle llegar las siguientes aclaraciones:

El artículo «El llamado del Señor» se origina, según el mismo redactor, en «una denuncia contra la organización religiosa Sodalitium Christianae Vitae». Se está haciendo referencia a una carta pública de los Sres. Guillén, aparecida en el diario La República el 9 de diciembre pasado. Las imputaciones contra nuestra Institución contenidas en dicha carta faltan a la verdad, tal como lo manifestó el Hno. Germán McKenzie en la carta notarial del 20 de diciembre, publicada en el mismo diario La República. Llama la atención que tal descargo fuese ignorado en el artículo.

Siendo esto así, llama profundamente la atención la metodología utilizada en el mencionado artículo. Lo menos que se podría esperar de un medio de comunicación, cuya finalidad y obligación para con la sociedad es informar, es una investigación seria de las aseveraciones en las que se basa el artículo. En este caso:

El diario se negó a recoger las declaraciones de Franz Guillén, y postergó «para después» una entrevista.

No se ha consultado a las autoridades de la Iglesia, siendo el Sodalitium una Institución Católica y aprobada oficialmente por la Iglesia Católica.

El diario no ha visitado, ni visto las obras auspiciadas por el Sodalitium.

Las imputaciones vertidas, no verificadas, parecen manifestar un sesgo parcial a favor de quienes las formulan.

Todo lo que «se dice» es asumido y presentado como verdadero sin ningún cuestionamiento o indagación de quiénes son aquellos que hacen las aseveraciones. Tal perspectiva parece revelar una falta de interés por la verdad y lleva, en este caso, a cuestionar el proceder periodístico y ético del diario bajo su dirección.

El Sodalitium ha recibido su aprobación oficial del Santo Padre Juan Pablo II, no emplea método alguno reñido con la fe fundada en el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, es conocida por el apoyo a la familia, a la vocación al matrimonio como camino de santidad, al derecho a la vida de todo ser humano, al respeto a la dignidad y derechos de la persona humana.

Erwin Scheuch
Encargado de Comunicaciones
Sodalitium Christianae Vitae

Antes de enviar una carta aclaratoria, el señor Scheuch debió haberse informado mejor para no faltar a la verdad. El redactor de la nota conversó extensamente con el propio Franz Guillén el viernes 19, informándole sobre la naturaleza del artículo y la necesidad de obtener su versión. Fue Franz quien prefirió no dar entrevista alguna. El mismo viernes en la tarde, después de esperar tres días por una respuesta, Franz dijo por teléfono que sólo quería saber si su padre «ya se había retractado» y sentenció: «no te voy a dar la entrevista». La República había intentado durante toda una semana comunicarse con autoridades del Sodalitium, llamó a la parroquia de Camacho, al mismo local de San Bartolo, a la Asociación Vocaciones y Vida Apostólica. El jueves 18, Erwin Scheuch devolvió la llamada al redactor y, con un tono irrespetuoso, intentó intimidarlo y presionarlo para que desista de escribir la nota. Poco después, un sacerdote de apellido Baertl prometió la ansiada entrevista que finalmente no se realizó porque «Franz había salido de paseo». La República respetó el testimonio de los padres, cuyas declaraciones tienen un valor periodístico que Scheuch intenta negar. Nos hubiese gustado incluir con la misma amplitud los descargos de SCV, pero sus miembros —antes que dar su versión— buscaban a toda costa impedir la difusión de cualquier nota referida a ellos.

(Mario Munive, editor de Domingo)

En general, hubo un manejo torpe de esta situación por parte del Sodalicio, ya sea mediante advertencias conminatorias, ya sea negándose a declarar o haciendo un cierrapuertas generalizado, que a la larga no se pudo sostener. Al final se abrió camino un resquicio de sensatez, que llevó a que representantes del Sodalicio hablaran sobre la institución, aunque sin responder satisfactoriamente a los cuestionamientos concretos que se hizo, sino limitándose a detallar generalidades.

Yo en esos momentos ya me encontraba en Alemania. Me había adelantado a mi familia para preparar el terreno y encontrar un trabajo. En ese entonces me consideraba algo así como la avanzada del Sodalicio en tierras germanas, pues a pesar del paulatino ostracismo a que había sido sometido después de abandonar la vida en comunidades, todavía me sentía ligado afectivamente a la institución y estaba dispuesto a participar en su “misión evangelizadora” en tierras lejanas. Y, por supuesto, estaba dispuesto a jugarme el pellejo por esta causa. De modo que preparé una extensa carta en que respondía detalladamente a cada uno de los puntos relevantes del reportaje, llegando incluso al extremo de defender al mismo Luis Fernando Figari, y se la envié por correo electrónico a La República el 3 de enero de 2003. Ahora bien, el reportaje de La República estaba tan bien hecho, que no se podía negar que todo lo que ponía en cuanto a datos y hechos correspondía a la realidad. Por eso mismo, contrariamente a otros miembros de la Familia Sodálite que negaban en bloque lo publicado por los reporteros de La República, acusándolos de usar un lenguaje tendencioso, de vertir calumnias en sus textos y de faltar a la verdad, yo tuve por lo menos la honestidad de no negar aquello que era cierto, pero consideraba que los hechos habían sido interpretados erróneamente, llevando a conclusiones incorrectas. Se trataba de un problema de interpretación. Esto es lo que decía textualmente en la carta:

«Puedo afirmar que los datos que ustedes han averiguado son en su mayoría ciertos, pero lamentablemente son interpretados, tanto por el autor del reportaje como por algunos de los entrevistados, de manera errónea.»

Tengo que admitir que me equivoqué, pues hechos adicionales de los cuales he llegado a tener conocimiento posteriormente, así como un análisis más profundo y exhaustivo de lo que fue mi propia experiencia en el Sodalicio, confirman más bien las conclusiones a las que llegó La República y desbaratan los argumentos que yo esgrimí entonces para defender a una institución y a su líder, que han aplicado técnicas de manipulación psicológica cuyas secuelas perduran durante años en quienes han sido sometidas a ellas, hasta el punto de que quienes han sido víctimas son capaces de seguir abrazando la causa de sus victimarios.

Mi carta fue enviada con copia a Erwin Scheuch, Germán McKenzie y al P. Jaime Baertl. El único que me respondió fue el P. Baertl, felicitándome por ella e informándome que ya había concertado una reunión con Gustavo “Chicho” Mohme, director de La República, para conversar sobre el tema. Fruto de esta reunión fue la mencionada entrevista que le hicieron y que sólo se publicó a modo de resumen en la edición escrita de Domingo del 5 de enero de 2003. Mi carta nunca fue publicada por el diario, y sólo recibí una breve y descortés respuesta de Mohme, indicándome que ya había conversado con el P. Baertl y que, por lo tanto, el asunto quedaba zanjado y ya no era necesario publicar mi carta.

Franz Guillén y Martha Gross

Héctor Guillén y Martha Gross

Parece que el asunto no quedó zanjado allí, pues el 18 de febrero de 2003, ante la falta de respuesta por parte de Luis Fernando Figari, los esposos Guillén-Gross le enviaron otra carta notarial mucho más extensa y detallada, describiendo los problemas que observaban en el Sodalicio y pidiéndole que cumplan con aquello a que se comprometieron:

«Pretendiendo dar “punto final a una controversia” el Sodalitium y La República se comprometieron ante la opinión pública el Domingo 5 de enero del 2003 a promover la “reconciliación” de la familia Guillén Gross. Nosotros sabemos la trascendencia social de la problemática y no estamos de acuerdo en considerar este asunto como un simple “problema familiar”.»

La carta, que no tiene desperdicio, hace una descripción de ciertas características presentes en el modo de actuar del Sodalicio y que son comunes a aquellas sectas que practican el control mental con sus miembros:

«…nos preocupa profundamente el encontrar en el Sodalitium ciertas características como: el control de la atmósfera social y la comunicación, el sentimiento de un “llamado superior”, la redefinición del lenguaje, el culto a la confesión (sobre todo pública), las exageradas demandas de pureza y santidad y sobre todo la dispensación de la existencia —que consiste en una prodigalidad irracional que pone en peligro la vida misma del adepto—, que describen en grupos sectarios destructivos profesionales de la talla de Pepe Rodríguez, Steven Hassan, Rick Ross, Margaret Thaler Singer, Robert Liffton, Michael Langone y John Hockman. Valga decir que desde el punto de vista psicológico la definición de secta considera que se trata de un grupo que ejerce en sus futuros adeptos técnicas de persuasión coercitiva con consecuencias que son científica y fácilmente comprobables y reproducibles.»

Se puede leer el texto completo de las dos cartas notariales de los esposos Guillén-Cross en el siguiente enlace:
http://www.elenciclopedista.com.ar/el-sodalitium-sodalites/

Con fecha de 21 de febrero de 2003, hubo una carta de respuesta de Germán McKenzie a la última carta notarial de los Guillén-Gross, pero desconozco su contenido.

REPORTAJE DE LA REVISTA CARETAS
(13 y 27 de marzo de 2003)

caretas

Con el objetivo de mejorar su imagen, el Sodalicio recurrió a periodistas de la revista Caretas, a fin de que se hiciera un reportaje de contenido positivo, para lo cual los invitaron a visitar algunas comunidades sodálites y obras de asistencia social.

La revista Caretas se ha caracterizado siempre por un estilo ligero e irónico en la presentación de su información. El resultado se ve en el artículo publicado, que muestra su mordiente sarcástica y burlona desde el título mismo: “Los once mil castos”. He aquí el artículo:

13 de marzo de 2003

Los once mil castos
http://www.caretas.com.pe/2003/1763/articulos/sodalicios.phtml

Si bien muchos miembros del Sodalicio se sintieron satisfechos por la nota periodística, debido a que —a su parecer— desmitificaba mucho del carácter sectario que se le había querido imputar a la organización, en realidad el tono sarcástico del artículo daba a entender que los sodálites eran personas que no podían ser tomadas en serio.

Aún así, no faltaron quienes se entusiasmaron con el artículo, como un padre de familia que le escribió a la revista la siguiente carta, que reproduzco junto con la respuesta de Caretas (ver http://www.caretas.com.pe/2003/1765/secciones/nosescr2.phtml).

EL SODALICIO

Lima, 17 de marzo del 2003

CARETAS 1763 ha mostrado que el Sodalicio no es ni elitista ni cerrado y que al contrario, se encuentra bendecido por numerosas vocaciones de jóvenes que libremente se encuentran atraídos por su espiritualidad y vida eclesial. Tengo el orgullo de tener dos hijos miembros del Sodalicio, los cuales veo que se desarrollan plenamente y viven felices su vocación al servicio a Dios, uno en el Perú y otro en Santiago de Chile.

Javier Blanco Llosa
DNI 10270769

CARETAS hizo una crónica de la visita al mundo de los sodálites. No todos los padres coinciden con lo expresado por este lector.

Sin embargo, lo que al principio fue considerado como una jugada inteligente terminó por volverse en contra del Sodalicio, pues Caretas publicó dos números más adelante una nota con el título de “Resquicios del Sodalicio”, donde se detallaba dos casos, el del matrimonio Guillén-Cross y su hijo Franz, y el de Fernando Gerdt Tudela, el cual relataba que iba a perder su casa en Arequipa por causa de un fraude cometido por miembros del Sodalicio. A través de los siguientes enlaces se puede ver el índice de la revista con el nombre y un sumario del artículo, y una copia del mismo incluido en un dossier sobre el “El caso Guillén-Cross” preparado por MASA-Perú.

27 de marzo de 2003
Resquicios del Sodalicio
http://www.caretas.com.pe/2003/1765/secciones/indice.phtml
http://galeon.hispavista.com/sectasperu2/productos1085705.html

El artículo motivó una carta aclaratoria de parte de Germán McKenzie. Caretas publicó la carta, junto con una misiva que había enviado Franz Guillén Cross. A continuación, reproduzco ambas cartas junto con la respuesta de Caretas (ver http://www.caretas.com.pe/2003/1766/secciones/nosescr1.phtml).

FE DE SODÁLITE

Lima, 28 de marzo del 2003

Respecto a “Resquicios del Sodalicio” de CARETAS 1766, el elemento fundamental de nuestra espiritualidad es el respeto a la libertad, conciencia, dignidad y derechos humanos de cada persona. Los miembros, todos adultos, que se han adherido libremente y ninguno está aislado ni de su familia ni de la sociedad; por el contrario mantienen comunicación fluida y libre.

El Fundador y Superior General del Sodalicio, D. Luis Fernando Figari, es un laico consagrado peruano cuyo pensamiento está reflejado en numerosas obras espirituales y sobre la fe de la Iglesia, que son de difusión pública. Con los esposos Héctor Guillén y Martha Gross hemos procurado mantener un diálogo como institución hasta que el señor Guillén no nos quiso recibir. Sus comunicaciones epistolares han sido todas respondidas. Sobre Fernando Gerdt, el Sodalicio no tiene vinculación jurídica con la Asociación Civil San Juan Bautista, que es una asociación independiente. El sacerdote sodálite, RP Javier Len, ha procedido a defenderse ante el Poder Judicial y en el proceso por delitos de difamación e injuria ya hay sentencia condenatoria, la que será leída próximamente.

Germán McKenzie González
Superior Regional
Sodalicio de Vida Cristiana

Ver siguiente carta.

Sao Paulo, 30 de marzo del 2003

No es cierto que esté sometido a un aislamiento de mis padres o de mi familia. De manera libre, me encuentro feliz de hacer en Brasil aquello para lo que he consagrado mi vida, que es el anuncio del Señor de hacer de éste un mundo mejor.

Lamento que mis esfuerzos de reconciliación no hayan sido correspondidos por mis padres. Intentos que se hicieron aún más difíciles después que mi padre pretendió impedir el ejercicio de mi libertad religiosa, por lo cual, temiendo por mi seguridad personal mientras viví en Perú, tuve que pedir garantías ante el Ministerio del Interior. A pesar de todo, el amor y la preocupación que siento por mis padres no han cambiado en absoluto. Confío que el tiempo, mis oraciones y mi testimonio personal los ayuden a ser más respetuosos de mis decisiones y de la institución a la que pertenezco.

Franz Guillén Gross
DNI 40766168

CARETAS ha consignado las versiones de las diferentes partes involucradas y también ha recibido diversas cartas firmadas por parejas de esposos que aseguran que, contrariamente a lo afirmado por los Guillén Gross, sus hijos han decidido voluntariamente y sin coacciones pertenecer al Sodalicio.

En resumen, Caretas se lavó las manos, aduciendo que había cumplido su labor periodística al consignar versiones encontradas sobre un mismo asunto. Y al Sodalicio el tiro le salió por la culata.

Como dato curioso, viene al caso comentar que Germán McKenzie dejaría de ser oficialmente miembro del Sodalicio de Vida Cristiana en septiembre de 2007. La explicación que dieron los responsables del Sodalicio a los miembros de la Familia Sodálite fue que se le había expulsado por faltas graves reiteradas. Esto ocurrió un mes antes de saliera a luz el caso de Daniel Murguía, otro sodálite consagrado, quien fue detenido por la policia mientras fotografiaba a un niño de la calle desnudo en un hostal del centro de Lima el 27 de octubre del mismo año. A consecuencia de ello, Murguía fue expulsado ipso facto del Sodalicio. Muchos creyeron que Germán había cometido faltas del mismo calibre, lo cual fue desmentido por los responsables del Sodalicio, sin especificar cuáles habían sido las supuestas faltas de quien fuera Superior Regional del Perú.

Germán McKenzie

Germán McKenzie

Germán McKenzie recibiría apoyo del Sodalicio para asentarse en los Estados Unidos y poder iniciar, al año siguiente de haber sido expulsado de la institución, estudios de religión y cultura en la Catholic University of America (Washington D.C.). En enero de 2010, Raúl Masseur, un sodálite de antigua hornada, le cedería su puesto de capellán en la Brock University de St. Catharines (Ontario, Canadá), responsabilidad que asumiría McKenzie hasta agosto de 2010. Se desempeñaría también como Director de la Oficina de Evangelización de la Diócesis de St. Catharines (Ontario, Canadá) desde enero de 2010 hasta diciembre de 2011. A partir de enero de 2012 lo encontramos como profesor adjunto en la Niagara University, en Lewiston (Nueva York, Estados Unidos). Desde junio de 2012 también es profesor visitante de la Universidad Juan Pablo II (San José, Costa Rica), cuyo rector es nada menos que el P. Emilio Garreaud, miembro de la generación fundacional del Sodalicio. Actualmente, McKenzie vive con su esposa Giuliana en Waterloo (Ontario, Canadá) y sigue manteniendo contactos con sodálites de alto rango. Su matrimonio se celebró en el año 2011 en una ceremonia litúrgica presidida por el el P. Juan Carlos Rivva, sodálite, y a la cual asistieron varios miembros del Sodalicio, muchos de ellos con cargos de responsabilidad en la institución.

Se trata de una curiosa trayectoria para alguien que fue expulsado oficialmente del Sodalicio. Ni siquiera aquellos que se han retirado de la institución por la puerta delantera, es decir, de mutuo acuerdo y cumpliendo con todas las formalidades del caso, han recibido un trato preferencial como éste.

¿Y cuáles pueden haber sido las supuestas “faltas graves” de McKenzie que habrían motivado su expulsión? Hasta el momento no han sido reveladas. Cuando entre miembros de la Familia Sodálite se comenzó a especular sobre posibles abusos sexuales, los responsables del Sodalicio simplemente lo negaron sin dar detalles concretos sobre cuáles habían sido las faltas. Lo cual no impidió que en los rumores de boca a boca la reputación de McKenzie fuera arrastrada por lo suelos. A decir verdad, si esas faltas realmente existieron, deben haber sido meras infracciones a las normas internas del Sodalicio, que cualquier persona normal nunca calificaría como “graves”. Tengamos en cuenta que el Sodalicio ha tenido como política invariable nunca dar a conocer públicamente de motu proprio delitos sexuales cometidos por sus miembros. En casos así, el encubrimiento ha sido la estrategia elegida.

También existe la posibilidad de que las supuestas “faltas graves” nunca hayan existido. En ese caso, se trataría únicamente de un pretexto para facilitar la salida rápida de un sódalite consagrado perpetuo con un alto cargo de responsabilidad, que sentía que una vida en celibato no era el camino apropiado para su desarrollo personal. Me inclino por esta hipotesis. Doy fe de la calidad humana de McKenzie, y hasta el momento de su expulsión, fue una de las pocas personas en quien había depositado mi confianza y a quien consideraba como un interlocutor inteligente y de mente abierta para tratar los temas que me preocupaban sobre el Sodalicio. Aunque llegué a tener la impresión de que también estaba sometido al código de silencio que impera en el Sodalicio, y por eso mismo dejó sin respuestas varios mensajes míos. Se comprenderá por qué la noticia de su expulsión me cayó como un cubo de agua fría y, junto con el caso de Daniel Murguía, fue uno de los detonantes del proceso de reflexión que finalmente me llevaría a la decisión de desvincularme definitivamente de una institución que parecía comportarse más bien como una mafia aunque tuviera sus tintes religiosos.

REPORTAJE DE LA REVISTA QUÉ PASA
(2 de mayo de 2003)

que-pasa

El siguiente reportaje importante sobre el Sodalicio que apareció en la prensa escrita fue publicado el 2 de mayo de 2003 en Qué Pasa, una revista chilena conservadora y liberal de centroderecha. El tono es más sereno y desapasionado que los artículos aparecidos anteriormente en medios peruanos —aunque recurre a ellos como fuente de información— y simplemente se limita a informar sobre lo que ha averiguado.

Se puede acceder al artículo a través del Internet Archive en el siguiente enlace:

2 de mayo de 2003
Gurú bajo sospecha
http://web.archive.org/web/20030515052045id_/http://www.quepasa.cl/revista/2003/05/02/t-02.05.QP.SOC.GURU.html

Debido a que informaba también sobre aquellos aspectos controvertidos del Sodalicio, el artículo no gustó a los miembros de la Familia Sodálite que lo leyeron, y las cartas a la redacción no se hicieron esperar. Estas misivas parecieran exigirle a la revista que presente una visión absolutamente positiva del Sodalicio, y niegan lo que ella dice de manera desfavorable para la institución sin presentar argumentos ni responder a cada uno de los puntos en cuestión. Dicho de otro modo, es el tipo de respuesta que alega que lo que el adversario dice es falso solamente “porque lo digo yo, que conozco mejor a los sodálites”, y que se había visto reflejada antes en muchas de las cartas que llegaron a la redacción de La República.

A continuación, reproduzco dos de esas cartas junto con las breves réplicas que les dio la redación de la revista. La primera proviene de cuatro mujeres que se identifican como integrantes del Movimiento de Vida Cristiana, y la segunda, de Alessandro Moroni, entonces Superior Regional del Sodalicio en Chile y actualmente Superior General de la institución.

Publicado en Qué Pasa el 9 de mayo de 2003

Fieles al Sodalicio

Somos un grupo de cuatro mujeres jóvenes que pertenecemos hace tres años al Movimiento de Vida Cristiana del Sodalicio. Siendo todas católicas, hemos encontrado en el movimiento el espacio y el apoyo necesario para experimentar una auténtica y comprometida vida cristiana, a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia a la que hemos sido siempre fieles.

Con decepción hemos leído el reportaje aparecido en su revista el pasado viernes 2 de mayo, titulado “Gurú bajo sospecha”. El artículo no se basa tanto en hechos sino más que nada en opiniones y dichos de ciudadanos peruanos que, obviamente, están en contra del Sodalicio. Además, algunos de los hechos revelados son derechamente falsos, como las supuestas querellas instaladas en tribunales peruanos y la vinculación de nuestro fundador a Tradición, Familia y Propiedad. Para los que conocemos el movimiento, nos preocupa la actual avidez de los medios de comunicación por dar un cariz negativo de manera sensacionalista a todo tema que toque a la Iglesia. Consideramos que en aras de una información objetiva se debió haber tomado en cuenta, al menos, la opinión de algunos de los adherentes que integramos Sodalicio, que no está reflejada en el reportaje. Incluso, de la extensa entrevista que hicieron al superior de Chile Alessandro Moroni, no citan ni una palabra y lo que se menciona no tiene relación con el diálogo que hubo en la realidad.

Constanza Leontic Goñi, Sandra Schemel, María Francisca Rivas Anguita, Andrea Valdivieso Arellano

Nota de la Redacción

Quienes lideran la ofensiva legal contra Figari ratifican la existencia de 58 denuncias en diferentes tribunales de Perú. Los testimonios provienen de personas que pertenecieron al Sodalicio o tienen algún vínculo familiar con el movimiento. La voz oficial en Chile, el superior Alessandro Moroni, fue una fuente más del artículo, fue citado cinco veces en el texto y, tal como se consigna, sólo se abstuvo de hacer comentarios respecto del pasado que se le atribuye al fundador en Perú.

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Publicado en Qué Pasa el 16 de mayo de 2003

Fieles al Sodalicio

En el artículo publicado sobre nuestra institución, todo lo afirmado en contra de Sodalitium Christianae Vitae y de su fundador es falso. La afirmación sobre la existencia de 58 denuncias contra Sodalitium es absolutamente falsa. El Sodalitium no ha recibido querella ni denuncia de ningún tipo ante los tribunales del Perú ni de ningún otro país.

El cardenal Juan Landázuri, arzobispo de Lima entre 1954 y 1989; su sucesor, el cardenal Augusto Vargas, SJ; y numerosísimos obispos y sacerdotes, han conocido bien la vida y trayectoria del fundador del Sodalitium.

Del propio reportaje se infiere que tales imputaciones son producto de conjeturas obtenidas a partir de trascendidos e informaciones comprometidas con un querer totalmente ajeno a ella.

Con todo, es el caso señalar que el Sodalicio, como expresión de la Iglesia, defiende los valores de la familia. Lo ha hecho siempre. Nuestra espiritualidad habla del matrimonio como un camino de santidad. Y no es un asunto marginal, como lo expresa la adherencia de decenas de matrimonios al Sodalicio, así como los millares de matrimonios que forman parte de la Familia Sodálite. Por esta razón, nos repugna la deformación que el reportaje pretende presentar de nuestra aproximación a la familia, ya que nuestro pensamiento y convicción es justamente contrario. Con ello se nos desdibuja y deforma a través de frases comunes y una inaceptable caricatura.

Alessandro Moroni, Superior de Sodalitium Christianae Vitae Chile

Nota de la Redacción

Según informa uno de los querellantes, las denuncias, tal como se consigna en el artículo, recaen sobre Luis Fernando Figari y no sobre el movimiento. Desde la publicación del reportaje hasta el cierre de esta edición, el número de presentaciones judiciales en contra del fundador del Sodalicio en los tribunales peruanos había ascendido a 62.

Qué Pasa publicaría dos años después, el 5 de noviembre de 2005, un reportaje más benigno sobre el Sodalicio, que lleva el título de El batallón peruano del Cardenal. Este reportaje ya no está disponible en la página web de la revista, pero una copia del texto publicado se puede leer en el siguiente enlace:
http://ar.groups.yahoo.com/group/PEVA/message/2853

OTROS ESCRITOS

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Herbert Mujica

Hay otros autores que han escrito sobre el Sodalicio, como el periodista arequipeño Herbert Mujica, el filósofo y periodista mexicano Édgar González Ruiz y el articulista Roberto Valdivia, sin añadir nada relevante a lo que ya se conoce por otros medios y sin mostrar un conocimiento a fondo de la institución. Sus escritos han de ser considerados como meros artículos de opinión, con algunas disquisiciones interesantes, aunque no todo tenga el mismo valor. A mi parecer, a veces caen en generalizaciones inadecuadas y llegan a conclusiones discutibles que extienden a toda la Iglesia sólo en base a sus reflexiones sobre el Sodalicio y sobre los sectores eclesiales más conservadores. Para quien tenga interés en revisarlos, los artículos de Mujica, González Ruiz y Valdivia están disponibles en la página web de Red Voltaire (http://www.voltairenet.org/es).

Como se podrá constatar, nadie en el Sodalicio ha presentado nunca de manera pública aclaraciones convincentes sobre cada uno de los puntos cuestionables que han sido señalados en la prensa escrita. Como institución que está convencida de estar “ensayando la verdad” —según dice uno de sus lemas—, cree que basta con replicar que lo que se cuenta sobre ella es falso y no corresponde a la verdad para acallar cualquier duda. Sea como sea, partiendo del postulado de que el Sodalicio es una iniciativa querida por Dios y amparándose en una aprobación pontificia que casi nadie sabe cómo obtuvieron, los responsables se niegan a dar las explicaciones del caso y mucho menos a abrir las puertas de la institución para una investigación en toda regla. Ni siquiera dentro del Sodalicio saben la mayoría de sus miembros qué secretos se esconden en la institución, pues siempre se ha controlado la información a la cual los sodálites pueden acceder, de modo sólo sepan lo que la cúpula quieren que se sepa. La visión idealizada de la historia del Sodalicio es cuasi-dogma en la institución. Esto, unido a una disciplina férrea que forma sólo para obedecer y adherirse a un pensamiento único, considerándose cualquier reflexión crítica y personal como una tentación mundana o diabólica, sólo puede generar mentalidades refractarias a la realidad en todos sus matices y a la verdad de los hechos en toda su desnudez, por más incómodos y desagradables que sean. ¿Hay un cambio a la vista? No lo creo, mientras se siga ejerciendo este control mental sobre los miembros del Sodalicio, disfrazado de medidas de formación en la espiritualidad cristiana. Mientras tanto, no queda más remedio que seguir escribiendo, a fin de contribuir a que la verdad se vaya abriendo paso.

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GERMÁN DOIG: ENTRETELONES DE UNA REVELACIÓN ESCANDALOSA

Segunda entrega de una serie de cuatro artículos sobre el caso de Germán Doig.
Primera entrega: LUCES Y SOMBRAS DE GERMÁN DOIG

diario16_portada92Germán Doig Klinge murió el 13 de febrero de 2001 durante el sueño nocturno, en la Comunidad Nuestra Señora de la Evangelización en San Borja (Lima), de la cual era superior. Nada hacía presagiar este repentino final, pues no era de conocimiento público que padeciera alguna enfermedad letal. Más aún, el transcurso de su jornada parece haber sido normal, sin nada que se saliera de lo usual. Posteriormente, no hubo ninguna declaración oficial que diera cuenta de las causas de su deceso. Si bien para muchos las circunstancias de su muerte aún permanecen en el misterio, lo que sí queda claro es la fama de santidad que se había forjado en vida y que permaneció incólume durante diez años después de su muerte, con ayuda del aparato de propaganda que armó y gestionó el mismo Sodalicio de Vida Cristiana.

El primero en contradecir la versión oficial de la vida santa del discípulo predilecto de Figari fue José Enrique Escardó, mediante un mensaje que dejó en un foro online y que fue reproducido por un tal Eduardo Lause el 25 de noviembre de 2001 en una lista de correos de eListas.net (ver http://www.elistas.net/lista/sapas/archivo/indice/74/msg/92/). En ese mensaje decía Escardó que una de las cosas que no había contado del Sodalicio hasta ese momento era la siguiente:

«Germán Doig Klinge, ahora fallecido y casi canonizado por los sodálites, y su costumbre de hacer quedarse en ropa interior ante él a quienes él les era asignado como Director Espiritual.»

En otro mensaje posterior fechado el 22 de octubre de 2003, respecto al cual el mismo Escardó afirmaba que sería publicado en todos los foros posibles, proporciona más detalles sobre un incidente relacionado con esta práctica (ver http://boards5.melodysoft.com/elvalle/respuesta-a-mensaje-de-un-amigo-de-183.html):

«Cuando yo tenía 16 años y el fallecido Germán Doig era mi Director Espiritual, mientras yo lo ayudaba en la revista VE [Vida y Espiritualidad], un día me pidió que entrase a su oficina y me quitara la ropa para analizar la contextura de mi cuerpo para, según él, analizar ciertas características que le harían saber si yo era apto para una vida comunitaria. Me pidió que me quedase en calzoncillos y empezó a tocar distintas partes de mi cuerpo hasta que, rápidamente, me sentí absolutamente incómodo y le dije que iba a salir en ese momento de su oficina. No me tocó ninguna parte “prohibida”, pero el incidente en sí es lo suficientemente raro, ¿no crees? ¿Qué podría haber intentado si me quedaba?»

José Enrique Escardó

José Enrique Escardó

Estos datos ya eran lo suficientemente inquietantes cómo para que se hubiera iniciado una investigación. No sabemos con certeza si alguien del Sodalicio llegó a enterarse de este testimonio de Escardó. En caso de que se hubieran enterado, me pregunto si eso hubiera cambiado los planes que tenían de llevar a Doig a los altares. Probablemente no. Pues para ellos Escardó se había convertido, desde que publicara sus primeras columnas críticas en la revista Gente entre octubre y noviembre del año 2000, en una persona non grata a quien no había que darle ningún crédito. Más aún, la versión semioficial que circuló entonces en círculos de la Familia Sodálite como respuesta a los artículos de Escardó era que nada de lo qué el contaba era cierto, que todo era mentira, puro invento de su imaginación calenturienta. En términos semejantes lo escucharon de boca de José Antonio Eguren, sodálite y futuro arzobispo de Piura y Tumbes, un grupo de adherentes sodálites —o parejas matrimoniales vinculadas por un compromiso formal al Sodalicio— reunidos en la Parroquia Nuestra Señora de la Reconciliación, en Camacho (Lima). A mí me consta, por el contrario, que todos los hechos que Escardó señaló sucedieron tal cual, e incluso yo fui testigo de algunos, mientras que de los otros me enteré por gente que vivía en su misma comunidad al poco tiempo de haber ocurrido. Y eso lo deben haber sabido también los sodálites con cargos de responsabilidad, incluido el mismo Eguren. Pero el interés no estaba puesto en reconocer la verdad, sino en defender la buena imagen del Sodalicio a como dé lugar, aunque ello implicara negar en público lo que se reconocía como verdadero en privado. Por eso mismo, se puede suponer que esta información suministrada por Escardó hubiera sido simplemente ignorada o hubiera sido tratada como meras quimeras provenientes de una mente confusa y enferma que había perdido el sano entendimiento.

Pasarían años antes de que, a través de un comunicado oficial, que sería publicado en la desaparecida página web Noticias Sodálites el 2 de febrero de 2011, el Sodalicio admitiría haber recibido en junio de 2008 las primeras informaciones sobre un caso de abuso sexual cometido por Doig. Aparentemente ese caso fue en un principio desestimado, pues de haber sido tomado en serio, la maquinaria puesta en marcha para lograr abrir el proceso de beatificación de Doig debería haber sido puesta en stand by hasta que se aclararan los hechos. Sin embargo, nada de eso ocurrió. Se siguió buscando la elevación a los altares de aquél al que se consideraba el primer santo sodálite, continuando con la costumbre de celebrar misas conmemorativas de difuntos en honor a Doig con participación multitudinaria (ver, por ejemplo, http://web.archive.org/web/20101027125436/http://eclesiales.org/noticia.php?id=001755), incluso cuando posteriormente se tomó conocimiento de dos casos más. Y no sabemos si hubieron más casos, pues los responsables del Sodalicio siempre han sido muy parcos en proporcionar información, y ante cosas así generalmente se ha adoptado la política de no dar más información a la prensa que aquélla que ésta pudiera averiguar por sí misma a través de otras fuentes.

Me pregunto quién o quiénes les dieron a conocer esa información sobre esos casos a los responsables del Sodalicio. ¿Las víctimas? Suele suceder que aquellos que han sido objeto de abusos sexuales en una institución religiosa mantengan en silencio lo que les pasó durante años, incluso décadas —que es el tiempo que, según la experiencia, se demora el afectado en procesar el trauma vivido—, y guarden desconfianza hacia los responsables de la institución, pues ha ocurrido que quienes han tenido el valor de incriminar a personas culpables con cargos importantes en la institución, han sido desacreditados y difamados en un principio. El caso de los Legionarios de Cristo es emblemático. Por lo general, ha habido terceros no involucrados personalmente en el caso quienes han asumido la tarea de hacer oír la voz de las víctimas. Éstas tienen muchas veces que vencer el miedo que las atenaza y no suelen estar solas cuando se trata de dar a conocer sus casos.

En el caso del Sodalicio, ¿quién o quiénes pudieron ser esos terceros? Si el asunto se manejó internamente durante tanto tiempo, antes de que la prensa llegara a conocimiento del tema, es probable que se trate de personas vinculadas de una u otra manera a la institución. Quien probablemente disponga de información de primera mano al respecto es la persona que fuera secretario personal de Germán Doig, a quien se le encargó hacer todo lo posible para acelerar el procedimiento que debería llevar a su beatificación —lo cual implicaba recoger testimonios sobre su vida e investigar todo lo referente a su persona—, y a quien designaremos con las iniciales de BK, a fin de proteger su identidad. Recuerdo a BK, actualmente ex-sodálite, con mucho cariño como una persona sencilla, honesta y transparente, de actitud amable y servicial. ¿Estaba BK solo en su tarea de investigar los entresijos de la existencia de aquél que debía ser el primer santo sodálite? En caso de él fuera uno de los primeros que hubiera tenido conocimiento de los casos de abusos, ¿habría tenido él el valor de comunicárselo a la cúpula sodálite, teniendo en cuenta que ponía en riesgo el proyecto de llevar a Doig a los altares?

Lo cierto es que en enero de 2011 los responsables del Sodalicio se vieron en la necesidad de parar toda la maquinaria que se había puesto en marcha diez años atrás. Parece que el quid del asunto estaba en que la información había trascendido a la prensa, y era imposible evitar que se diera a conocer a la opinión pública. En lo que se puede considerar una curiosa coincidencia que despierta suspicacias, Luis Fernando Figari, hasta entonces Superior General del Sodalicio, había renunciado un mes antes a su cargo por supuestos “motivos de salud”. Estos motivos no deben haber sido tan graves como para seguir cumpliendo funciones importantes al interior de la institución, como informó en su momento ACI Prensa en nota informativa de 21 de diciembre de 2010, donde dice que Figari «habrá de dedicarse por entero, en la medida de sus posibilidades, a sus responsabilidades como Fundador de la familia espiritual sodálite» (ver http://www.aciprensa.com/noticias/fundador-anuncia-nueva-etapa-para-la-familia-sodalite/). Finalmente, el 1° de febrero de 2011, Diario16 dio la primicia de los abusos sexuales de Doig con una nota informativa que ocupó titulares de primera plana (ver https://web.archive.org/web/20151026160124/http://diario16.pe/noticia/1266-cancelan-proceso-de-beatificacia-n-de-la-der-sodalicio-germa-n-doig).

Que el Sodalicio mismo no fue la fuente primaria de la noticia que publicó Diario16, se deduce claramente del tenor en que está redactada la noticia:

«El vocero del Sodalicio de Vida Cristiana, el Padre Gonzalo Len, confirmó ayer la cancelación del proceso de beatificación de su líder, el laico consagrado y extinto Vicario General, Germán Doig, debido a tres “gravísimas acusaciones” que surgieron en su contra y que evidencia que llevó una “doble vida”, la misma que ha causado mucho dolor y decepción en su organización religiosa, al grado que se ha ordenado retirarle “el culto y la fe” debido a “su traición al Señor”.»

P. Gonzalo Len, vocero del Sodalicio de Vida Cristiana

P. Gonzalo Len, vocero del Sodalicio de Vida Cristiana, declarando a la revista Caretas

El P. Len se dedica a “confirmar” la información que la periodista Lina Godoy, autora de la nota, ha recibido supuestamente de otra fuente. Incluso se menciona en el texto que la noticia se difundió primero en las redes sociales. No creo que el Sodalicio haya lanzado esta información a través de este medio. Más bien, los hechos escandalosos que atañen a miembros destacados de la organización constituyen el tipo de información que el Sodalicio suele tratar con la máxima discreción, buscando que sea conocida por el menor número posible de personas, o más aún, que sea ignorada y olvidada por completo. Dicen que para evitar que los fieles se escandalicen y sufran daño en su fe, olvidando que más daño se hace cuando se evidencia que ha habido encubrimiento de delitos graves.

diario16_portada94Esto queda corroborado por el hecho de que el comunicado oficial del Sodalicio fue publicado en la página Noticias Sodálites recién el 2 de febrero de 2011, al día siguiente de que Diario16 revelara a la opinión pública los actos escandalosos de Doig, como confirma ACI Prensa (ver http://www.aciprensa.com/noticias/sodalicio-de-vida-cristiana-anuncia-conclusion-de-investigacion-a-difunto-vicario-general/). En nota del 3 de febrero de 2011, Diario16 da cuenta de que ha tomado conocimiento de ese comunicado, el cual evidentemente no estaba entre las fuentes que le sirvieron para la redacción de su primera noticia (ver https://web.archive.org/web/20160115071412/http://diario16.pe/noticia/1320-sodalicio-confirma-inconductas-sexuales-de-su-la-der-espiritual).

Yo tuve conocimiento de lo referente a Germán Doig a través de una persona cercana, sodálite, quien se comunicó conmigo desde el Perú una semana antes de la publicación de la noticia. No me dijo que le hubieran comunicado los hechos a la prensa, sino más bien que ésta ya sabía del asunto, y en ese momento estaban convocando reuniones en las diferentes asociaciones de la Familia Sodálite a fin de preparar a la gente, enterándola de los hechos, para que no se sorprendieran con la noticia. Sería interesante saber cómo se filtró la información a Diario16 y posteriormente a la revista Caretas, que fueron las dos únicas publicaciones periodísticas que tomaron después contacto con el P. Len y proporcionaron información de primera mano.

Mirando las cosas en retrospectiva, parecería que en un principio no hubo intención de parte de los responsables del Sodalicio de comunicar sobre los abusos sexuales cometidos por Doig. Se entiende que el hecho de que la figura de alguien que jugó un rol fundamental en la historia del Sodalicio y que fue venerado por una década como posible candidato a santo elevado a los altares, fuera a engrosar la lista de líderes católicos culpables de abusos sexuales, afectaba la buena imagen institucional que siempre se buscó defender a toda costa. Por eso mismo, suponiendo que sea cierto lo que cuenta el P. Len —que hubo una “profunda investigación”—, lo más probable es que los responsables del Sodalicio hubieran cerrado el proceso que buscaba la beatificación de Doig declarando que habían llegado a la conclusión de que su vida no era ejemplar, sin entrar en mayores detalles. A lo largo de su historia, el Sodalicio nunca había acudido a ningún medio de comunicación para ventilar asuntos internos de la organización. Y menos lo hubiera hecho si esta información era comprometedora y afectaba la imagen institucional. Por lo cual, cobra valor la hipótesis de que la información se filtró primero internamente hacia personas que no pertenecían al núcleo íntimo, las cuales difundieron lo que sabían y el tema terminó siendo materia de discusión en las redes sociales, para luego filtrarse a la prensa. Una vez sucedido esto, lo cual era de conocimiento de la cúpula sodálite, no les habría quedado otra alternativa que elaborar una estrategia para minimizar los daños que pudieran ocasionarse a la institución, que consistió básicamente en admitir los hechos públicamente pero sin dar informaciones ni detalles adicionales más precisos y en presentar a Doig como un caso aislado, como alguien sobre quien recaía toda la culpa de las acciones reprobables que había cometido, mientras que todos los demás sodálites sin excepción habían sido engañados y nunca supieron ni llegaron a sospechar que quien fuera la mano derecha de Figari pudiera cometer tales actos. De esta manera, Doig asumía post mortem la función de chivo expiatorio y la institución permanecía inmaculada e intachable.

La versión que se hizo circular entre las asociaciones de la Familia Sodálite fue que el Sodalicio había tomado la iniciativa para comenzar las investigaciones, y tras dos años y medio de averiguaciones —sin dar detalles sobre qué hicieron durante en ese tiempo y por qué se demoraron tanto—, habiendo llegado a la conclusión de que los testimonios sobre abusos sexuales cometidos por Germán Doig eran auténticos, decidieron suspender todos los esfuerzos conducentes a abrir el proceso de beatificación de quien fuera Vicario General del Sodalicio, comunicarlo a la Familia Sodálite y finalmente ponerse en contacto con la prensa. Esta parece ser la versión que se halla detrás de la nota informativa publicada por ACI Prensa, donde se omite cualquier mención a Diario16 y se presenta la revelación de los abusos cometidos por Germán Doig como una iniciativa oficial decidida y llevada a cabo exclusivamente por el Sodalicio, sin presiones externas de ningún tipo (http://www.aciprensa.com/noticias/sodalicio-de-vida-cristiana-anuncia-conclusion-de-investigacion-a-difunto-vicario-general).

En una nota informativa del 25 de octubre de 2011, ACI Prensa explicita más detalladamente esta versión, respondiendo a un artículo que publicara el periodista Pedro Salinas en Perú21 (ver http://www.aciprensa.com/noticias/columnista-que-cuestions-credibilidad-de-aci-prensa-se-justifica/):

«En su columna del domingo pasado, Salinas ataca una vez más al Sodalicio y falsea los hechos al escribir que el periódico Diario16 y la revista Caretas, “fueron los medios que llevaron al Sodalitium a reconocer la verdad” sobre la doble vida del ex vicario de la organización, Germán Doig.

En realidad —y es extraño que la misma ex miembro de comunidad que alienta a Salinas en su última oleada no le haya informado de esto— el Sodalicio dio a conocer a los miembros de la Familia Sodálite los resultados de la investigación que la propia comunidad condujo sobre Doig antes que los mencionados medios peruanos divulgaran el caso.»

Esta versión del Sodalicio resulta poco creíble, pues deja preguntas importantes sin respuesta:

  1. ¿Por qué el comunicado oficial recién fue dado a conocer el 2 de febrero, después de que Diario16 hubiera publicado la primera noticia, siendo que antes de esa fecha no estaba disponible? El P. Gonzalo Len, vocero del Sodalicio, quien conversó con la periodista Lina Godoy de Diario16, no le suministró este documento, ni siquiera se lo mencionó, lo cual hace suponer que fue redactado posteriormente a la publicación de la noticia sobre Doig, no obstante que el documento lleva sospechosamente la fecha de enero de 2011.
  2. ¿Por qué el P. Len accedió a conversar primero con Diario16 y poco después con la revista Caretas, cuando lo más lógico y razonable, si el Sodalicio quería dar a conocer públicamente el resultado de sus investigaciones, habría sido canalizar la información a través del diario El Comercio, que es favorable al Cardenal Juan Luis Cipriani y tiene contactos con el Sodalicio —ha publicado artículos escritos por sodálites y gente amiga de la Familia Sodálite— y presenta una línea editorial conservadora, más afín a la ideología sodálite? Sin embargo, la primera información a la opinión pública se da a través de Diario16, que siempre ha mantenido posturas independientes y críticas frente a instituciones eclesiales de orientación conservadora, e incluso aprovechó la ocasión para presentar una visión nada grata del Sodalicio. Éste es un claro indicio de que no habría existido por parte del Sodalicio la intención de suministrar la información de buen grado, sino que ésta se habría filtrado primero a los medios mencionados contra la voluntad de la cúpula sodálite.
  3. ¿Por qué los responsables del Sodalicio comunicaron a los miembros de la Familia Sodálite con anterioridad a la publicación de la noticia en Diario16 que Germán Doig había cometido abusos sexuales, cuando les hubiera bastado con declarar que no cumplía con los requisitos necesarios para obtener la heroicidad de virtudes y, por lo tanto, desistían de sus propósitos de llevarlo a los altares? Nunca ha sido política del Sodalicio comunicar públicamente este tipo de detalles. La única explicación plausible es que esa información ya estaba en manos de la prensa y, por lo tanto, fuera del control mediático del Sodalicio. Sabiendo esto, no les habría quedado otra alternativa que preparar a los miembros de la Familia Sodálite para el golpe que significaría el escándalo que se venía.
Juan Carlos Tafur, ex-director de Diario16

Juan Carlos Tafur, ex director de Diario16

El entonces director de Diario16, Juan Carlos Tafur, quien debe haber estado al tanto de los entretelones de la noticia, desmiente la versión del Sodalicio en una editorial que publicó el 3 de febrero en su diario (ver https://web.archive.org/web/20130920030130/http://diario16.com.pe/columnista/1/juan-carlos-tafur/371/el-oscurantismo-no-ayuda-a-la-fe):

«[…] Entendemos también que la histórica vocación hermética del catolicismo los haya llevado a guardar bajo siete llaves el lamentable suceso.

Pero creemos que lo mejor hubiese sido que no se esperase a que el tema apareciera en los medios para que se pronunciasen públicamente al respecto. No debió esperarse a que Diario16 revelara el tema para recién emitir un comunicado al respecto.

Los escándalos de pedofilia que sacudieron hace años a la Iglesia Católica norteamericana produjeron su mayor daño, no porque hubiesen ocurrido, sino porque ha sido la prensa la que lo diera a conocer y que la jerarquía lo haya hecho solo después del escándalo, y aún así, a regañadientes.

Sobre todo, porque estamos frente a hechos delictivos cuyo alcance excede las cuatro paredes de un convento. Y han sido hechos que no fueron descubiertos de improviso por las autoridades del movimiento citado. Ya lo sabían y habían tratado de ocultarlo, reparando el daño a los afectados y creyendo que así el tema iba a pasar desapercibido, sin afectar la imagen institucional. […]

La conducta incorrecta de su ex Vicario no era un secreto de confesión. Era saludable denunciarlo abierta y públicamente desde el mismo momento en que se supo. Solo se puede separar la paja del trigo si lo pueden hacer todos, no un grupo consultor interno. Por su bien institucional y por el del credo que practican. Que sirva eso de enseñanza a un movimiento que integran muchos hombres de bien, de cuya integridad y vocación auténtica podemos dar testimonio personal.»

Algún días sabremos quienes tuvieron el valor de filtrar la información a la prensa y darle una estocada a la política de encubrimiento que ha solido tener el Sodalicio. Pues el encubrimiento de delitos sexuales es a la vez un delito, y los actos de Doig ciertamente van más allá de ser pecados contra el sexto mandamiento; se trata de delitos —en sentido penal— que dejaron psíquicamente marcadas de por vida a sus víctimas. Uno se pregunta por qué tras haber admitido los abusos sexuales de quien fuera su Vicario General, el Sodalicio consideró el asunto zanjado y habría dejado de investigar. Pues el hecho de que hayan habido tres casos conocidos no cierra la posibilidad que puedan haber habido más casos, e incluso abriría la posibilidad de que Doig no haya sido el único que cometió abusos.

Que los abusos sexuales en una institución religiosa no suelen ser casos aislados, lo sabía perfectamente la Conferencia Episcopal Alemana cuando en el año 2010 instaló una línea de servicio telefónico para recibir denuncias sobre casos de abusos sexuales cometidos por miembros del clero y religiosos en el país teutón. La línea funcióno en la diócesis de Tréveris hasta enero de 2012, y en esos dos años de funcionamiento se recibieron unas 8500 llamadas. El obispo de Tréveris, Stephan Ackermann, manifestó posteriormente que le había parecido particularmente pérfido y abominable que los inculpados se hubieran aprovechado de los efectos psíquicos de ritos como la confesión y la oración para cometer sus fechorías. Habló de una “espiritualidad del delito” (ver http://www.spiegel.de/panorama/gesellschaft/missbrauch-katholische-kirche-zieht-bilanz-fuer-opfer-hotline-a-878148.html).

En el caso de Doig, constituiría un deber por parte del Sodalicio investigar a fondo para determinar cuántas fueron en realidad sus víctimas y quiénes fueron, a fin de indemnizarlas y ofrecerles toda la ayuda necesaria para superar el trauma. Así como la Iglesia en Alemania hizo esfuerzos para determinar el alcance de los delitos cometidos por miembros del clero y religiosos y así poder ayudar a las víctimas, de manera similar era obligación del Sodalicio mantener el caso abierto para descubrir sus posibles alcances y consecuencias sobre personas cuyas vidas han sido afectadas traumáticamente. Asimismo, un análisis a fondo de las estructuras institucionales que posibilitaron que Doig cometiera impunemente sus delitos se hacía necesario, sin descartar la posibilidad de que hubieran más abusadores sexuales en el Sodalicio. Nada de eso se habría hecho, por cual no habría garantía de que incidentes de tal calibre no vuelvan a repetirse en el futuro.

Por otra parte, resulta difícil de creer que nadie hubiera ni siquiera sospechado de la doble vida de Germán Doig, si consideramos que el Sodalicio cuenta con un sistema disciplinario estricto, donde destaca una práctica que permite conocer las intimidades de las almas de sus miembros y mantener un control sobre sus conciencias: la dirección espiritual. Todos los sodálites consagrados están en la obligación de abrir sus conciencias periódicamente —por lo general, una vez por semana— a un director espiritual, quien ayuda a examinar la situación en que se encuentra la persona en lo que toca a asuntos espirituales y psicológicos, y le sugiere las medidas a tomar para seguir avanzando en su lucha por la santidad personal. En estas conversaciones, tal como se presentan en mi memoria, eran ventilados todos los asuntos de la vida privada —incluso aquellos referentes a la sexualidad con amplitud de detalles—, y generalmente el director espiritual llegaba a saber si el aconsejado le estaba ocultando algo o le estaba mintiendo. De este modo, los problemas serios no se presentaban sin aviso previo, pues el director espiritual tenía generalmente la información para intuir cuando una persona entraba en crisis, según los estándares de la disciplina sodálite. El director espiritual de Germán Doig, según tengo entendido, era el mismo Luis Fernando Figari. Mas aún, Doig pasaba mucho tiempo con Figari, pues cada vez que éste lo solicitaba, Germán se iba de la comunidad de la cual era superior, sin importar la hora, hacia la comunidad Nuestra Señora de la Esperanza en San Isidro (Lima) o hacia la residencia de Santa Clara en las afueras de Lima, dependiendo de donde estuviera Figari en ese momento. A muchos les quedaba claro que Germán Doig tenía una dependencia absoluta hacia Figari y estaba sometido totalmente a su voluntad, lo cual en ambientes sodálites no era mal visto, sino más bien considerado como una muestra de obediencia ejemplar.

garcia-salve_ejercicios_de_yoga_para_todos¿Qué circunstancias habría aprovechado Doig para cometer los actos reprobables que se le atribuyen? Del testimonio de José Enrique Escardó se deduce que, haciendo valer su condición de superior o director espiritual, Doig buscaba primero que la víctima quedara en calzoncillos delante de él. En el caso de Escardó, la excusa fue hacer una especie de examen físico para ver si era apto para la vida comunitaria. Pero había otros motivos por los cuales se podía requerir a un candidato en las comunidades a que se quitara la ropa y quedara en paños menores. Me refiero al yoga, que en los inicios del Sodalicio constituyó una de las prácticas obligatorias dentro de comunidad, a la cual había que dedicarle entre 20 y 30 minutos al día. Recuerdo que teníamos en las bibliotecas de las casas sodálites algunos libros sobre el tema, que consultábamos con cierta frecuencia, entre ellos Yoga para jóvenes (1965), Ejercicios de yoga para todos (1967) y Yoga para rejuvenecer (1978), de Francisco García-Salve, un jesuita español que se convirtió en cura obrero en 1967, en 1972 fue condenado injustamente a una pena de 3 años y medio de prisión durante el gobierno de Francisco Franco, y en 1976, tras salir libre de la cárcel, colgó los hábitos, se casó y se unió posteriormente al Partido Comunista de España. Germán instruía a los jóvenes sobre cómo practicar cada una de la posiciones, indicando también cuáles se debían evitar, pues podían inducir una eyaculación indeseada. A decir verdad, era como jugar con fuego, pues la práctica del yoga de manera poco profesional puede desatar energías psico-corporales difíciles de controlar. Recuerdo que cuando yo me dedicaba a prácticas de yoga en la soledad de la habitación que se me había asignado, el ambiente quedaba cargado de una atmósfera densa, mientras yo me sentía más relajado y ligero. Admito que nunca vi nada raro en estas prácticas de yoga, ni tampoco vi nada impropio en la conducta de Germán cuando viví en comunidades de las cuales él era superior. Incluso se rumoreaba que la práctica del yoga le habría ayudado a conseguir la castidad perfecta.

Germán Doig había asimilado muchas de las enseñanzas sobre yoga que le había trasmitido Figari, el cual manifestó siempre un interés particular por éste y otros temas esotéricos. El concepto de energía vital era muy frecuente en las conversaciones de Figari. Germán también había profundizado en el tema, lo cual se reflejaba en su biblioteca personal, donde había varios libros sobre yoga. Incluso tenía unos libros de propiedad de Figari cuyo tema era el yoga tántrico, que es una de las ramas del yoga que se centra en la práctica de técnicas y enseñanzas que sirven para el control y aprovechamiento de todas las energías —incluidas la sexual y la del amor— de forma lúcida y consciente.

Corresponde aquí narrar una extraña experiencia vinculada a la práctica de la consejería espiritual, que me ocurrió en el año 1979, a la cual en ese momento no le di mayor importancia, pero que visto desde la perspectiva de los años y de los problemas que han ido saliendo a luz en el Sodalicio, adquiere un cariz preocupante. Yo tenía tan sólo 16 años y acudía semanalmente a la Comunidad de San Aelred, ubicada en la Av. Brasil 3029 en Magdalena del Mar (Lima), para tener una consejería espiritual con un integrante de la generación fundacional del Sodalicio, que sigue siendo un importante miembro de la institución. En esa comunidad, de la cual era superior Germán Doig, había dos salitas para recibir a la gente de afuera. Una de ellas tenía un gran ventanal que daba a la calle. La otro no tenía ninguna ventana y siempre estaba a oscuras, por lo cual, mientras se permanecía en ella, era necesario mantener la luz encendida. Allí estaba yo con esa persona que he mencionado a puertas cerradas. La conversación había llegado a un punto muerto debido a uno de mis “bloqueos” psicológicos, resistiéndome yo a abordar ciertos asuntos personales. Mi consejero espiritual se puso a reflexionar un rato y luego me dijo que iba a hacerle una consulta a Germán Doig y pedirle permiso para poner algo en práctica. De modo que salió de la salita, atravesó la puerta con el cartel de PRIVADO que separaba los espacios donde vivían los sódalites de comunidad de los espacios donde se recibía a la gente y se efectuaban reuniones de grupo. Al poco tiempo regresó y me pidió que me desnudara por completo. Inicialmente, tuve reparos en hacerlo, pero luego insistió en que confiara en él y lo hiciera, pues se suponía que era para mi bien. Cuando quedé en calzoncillos, me indicó también que me sacara la prenda interior. Después me pidió que hiciera como que fornicaba una enorme silla que había en la salita. Simulé de manera torpe que fornicaba la silla —no sabía nada de lo referente a la experiencia de tener relaciones sexuales, pues nunca había tenido una—, sintiendo una gran incomodidad durante el incidente. A favor de mi consejero puedo decir de él que también parecía sentirse incómodo ante la situación, dándome la impresión de que se sentía avergonzado ante lo que estaba haciendo. No miró directamente lo que yo hacía, sino que apoyaba una mano sobre su frente, ocultando su rostro y observándome de reojo. La situación no duró mucho tiempo, pues en un momento me dijo que ya era suficiente y que podía volver a vestirme. Durante el incidente no me tocó en ningún momento. Aún así, la sensación que tuve era como si se me hubiera aplicado violencia psicológica y hubiera sido violado espiritualmente. Ciertamente cayeron mis barreras psicológicas y estaba más predispuesto a hablar sobre mis asuntos personales, considerando que tanto mi consejero como aquellos que ocupaban puestos de responsabilidad en el Sodalicio manifestaban solo querer buscar el bien de las personas a las que aconsejaban espiritualmente. Para mí, en ese momento, todo no pasó de ser un desafío que yo había logrado superar, pues en el Sodalicio de los primeros tiempos uno terminaba acostumbrándose a participar de cosas que se salían de lo común y que alimentaban el espíritu aventurero que inflamaba nuestras almas juveniles.

Durante décadas no conté a nadie este extraño incidente que había vivido, salvo a algunas personas amigas, que fueron unánimes en considerarlo como algo anormal. Ahora lo doy a conocer a través de este blog, por las semejanzas que guarda con lo que contó Escardó. Y porque el hecho de que mi consejero fuera a preguntar si podía hacer conmigo lo que hizo, y precisamente a Germán Doig, habla de una práctica sistemática, que no era la primera vez que se realizaba. Ciertamente, da que pensar. Hace suponer que se ponía en una situación inerme de desnudez o semidesnudez a jóvenes candidatos y luego se veía hasta dónde estaban dispuestos a llegar. Ni en mi caso ni en el de Escardó la cosa funcionó según lo previsto, por lo cual nos habríamos librado de ser victimas de abuso sexual. Curiosamente, ambos teníamos la misma edad cuando ocurrieron los extraños incidentes. ¿Habrá sido éste el método usual que utilizó Doig para seducir a sus víctimas? Además de Germán Doig y mi consejero espiritual de entonces, ¿quién más aplicaba estas prácticas de solicitar desnudarse a jóvenes adolescentes que confiaban en quienes se presentaban a sí mismos como fieles seguidores de Cristo?

Por otra parte, si eso ocurría ya en los ’70, ¿cuántas víctimas habría a lo largo de los años? Es difícil precisarlo, pero cuesta creer que fueron tan sólo las tres que admitió el vocero del Sodalicio. Todavía no se han hecho públicos los nombres de esas tres víctimas, lo cual es comprensible y razonable, pues quien ha pasado por una experiencia así tiene que procesar el trauma vivido y con frecuencia prefiere permanecer en el anonimato, a fin de no exponerse ante la opinión pública y a la presión social y psicológica que ello conlleva. Sólo dispongo de un indicio no verificado sobre la identidad de una víctima de Doig, que incluso podría no ser ninguno de los tres mencionados: un tal Roberto Ferreyros dejó un amargo mensaje en un foro online, aseverando que su sobrino había sido una de las víctimas de abuso sexual por parte de Doig (ver http://es.groups.yahoo.com/group/grupom_promo81_adm_unfv/message/4187).

¿Fue el de Germán Doig un caso aislado? ¿Fue el único Judas que traicionó al Señor de este manera entre tantos apóstoles que han permanecido fieles —siguiendo la comparación que el mismo P. Len hizo en sus declaraciones a Diario16—? Es el tema que desarrollaré en la siguiente entrega.

Tercera entrega: ¿HISTORIA DE ENCUBRIMIENTOS EN EL SODALICIO?

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Los artículos de José Enrique Escardó en su columna “El quinto pie del gato” en la revista Gente (N° 1348-1353), publicados entre octubre y noviembre de 2000, se pueden leer en el siguiente enlace:
https://www.scribd.com/doc/286079728/Los-abusos-de-los-curas

Las ediciones digitales de Diario16 donde aparecieron las noticias sobre el caso Doig, que reproducen fielmente las ediciones en papel que salieron a la venta, pueden ser visualizadas a través de los siguientes enlaces:
https://web.archive.org/web/20130311220057/http://diario16.pe/edicion/digital/166/
https://web.archive.org/web/20130311215200/http://diario16.pe/edicion/digital/167/
https://web.archive.org/web/20130311214956/http://diario16.pe/edicion/digital/168/

El artículo publicado por la revista Caretas en su edición semanal del 4 de febrero de 2011 está disponible aquí:
http://www.caretas.com.pe/Main.asp?T=3082&S=&id=12&idE=916&idSTo=0&idA=50728