LA HONESTIDAD MERCENARIA DE PEDRO PABLO KUCZYNSKI

pedro_pablo_kuczynski

Cuando estaba terminando mis estudios escolares y pensando qué carrera iba a seguir, mis mayores me repetían una máxima que expresaba toda una filosofía de vida: «si quieres ser rico, tienes que trabajar duro y parejo toda tu vida», quizás haciéndose eco de la vetusta sabiduría bíblica que enunciaba el autor de los Proverbios en una sociedad agraria y patriarcal: «Poco trabajo, pobreza; mucho trabajo, riqueza» (10, 4).

A decir verdad, nunca he querido ser rico, pues veo en la acumulación de riquezas la causa de una enfermedad aún no catalogada que afecta la psique de las personas y daña la región del cerebro encargada de manejar la sensibilidad moral y social, anulando la capacidad de contribuir conscientemente a la construcción de un mundo justo y solidario.

Pero lo de trabajar duro y parejo para lograr una vida acomodada, probablemente cierto en sociedades donde el trabajo manual era la fuente primaria de ingresos, ha perdido absoluta validez en el mundo actual, regido por un sistema global de libre mercado casi sin restricciones y sujeto a los caprichosos vaivenes del casino financiero capitalista.

Oxfam —la cuestionada confederación internacional formada por 20 ONGs que realizan labores humanitarias a nivel mundial, con el fin de «trabajar con otros para combatir la pobreza y el sufrimiento»— señala en su último informe (enero de 2018) que «es evidente que la familia donde se nazca y las relaciones primarias y clientelares entre élites políticas y empresariales son determinantes en la acumulación de riqueza. Muy al contrario de lo que nos enseñaron, el trabajo duro y el esfuerzo no están siendo premiados por el sistema». Los hechos que sustentan esta conclusión son demoledores: en el año 2017 el 82% de la riqueza generada benefició a sólo el 1% más rico de la población mundial.

Esta desigualdad —inédita en la historia— revela no sólo que las ganancias de los más ricos no pueden atribuirse a su rendimiento laboral sino que en el sistema actual la honestidad adquiere otro significado. Serían honestos quienes siguen fielmente las reglas del sistema, aun cuando ello signifique que la gran mayoría trabajará mucho y ganará poco, para que unos pocos trabajen poco y ganen mucho.

Es ésta la honestidad de la cual parece estar revestido Pedro Pablo Kuczynski, quien ha dicho en su carta de renuncia a la presidencia del Perú: «He trabajado casi 60 años de mi vida con total honestidad. La oposición ha tratado de pintarme como si fuera una persona corrupta […]. Rechazo categóricamente estas afirmaciones nunca comprobadas y reafirmo mi compromiso con un Perú honesto, moral y justo para todos».

No dudo de la sinceridad de Kuczynski al afirmar esto, pero tampoco me queda duda de que en su vida personal ha cumplido cabalmente la función de peón aplicado de un sistema que ciertamente genera riquezas, pero las distribuye mal: no según el esfuerzo realizado según la capacidad de cada uno, asegurándole por lo menos a cada uno el ingreso necesario para una vida digna, sino en función de las posiciones de poder e influencia que se tiene dentro de la estructura política y financiera global. No cuestionar la injusticia de este sistema es el primer acto de deshonestidad de quienes se benefician escandalosamente de él.

Aparentemente, el único fin incuestionable del sistema es maximizar las ganancias —sobre todo las personales— a como dé lugar, creyendo ingenuamente que eso generará automáticamente beneficios para todos —aunque la realidad demuestre lo contrario—. Es un objetivo que Kuczynski parece haber cumplido plenamente cuando era ministro de Alejandro Toledo y, estando “al servicio del país”, recibió pagos de Odebrecht por consultorías hechas para proyectos de la constructora brasileña que él favoreció.

Añadamos la “honestidad” que puso en juego para salvar su pellejo a toda costa, perjudicando los avances hasta entonces logrados en justicia y derechos humanos, al indultar “humanitariamente” a Alberto Fujimori.

Carlos Bruce, congresista del partido de Kuczynski, profetizaba en enero de 2011: «Yo he trabajado con PPK y su falta de sensibilidad social garantiza un período de convulsión social en el improbable caso de que llegue a la Presidencia».

Una honestidad sin sensibilidad social es una quimera, un mamarracho. Y sólo por esa “honestidad”, Kuczynski merece el destino que le ha tocado.

(Columna publicada en Altavoz el 26 de marzo de 2018)

________________________________________

FUENTES

Carta de Pedro Pablo Kuczynski al Congreso de la República, renunciando al cargo de Presidente del Perú (21 de marzo de 2018)
https://cde.gestion2.e3.pe/doc/0/0/2/6/3/263012.pdf

Premiar el trabajo, no la riqueza – Informe de Oxfam (enero de 2018)
https://d1tn3vj7xz9fdh.cloudfront.net/s3fs-public/file_attachments/bp-reward-work-not-wealth-220118-es.pdf

Anuncios

LA IGLESIA QUE ESPERA AL PAPA FRANCISCO EN EL PERÚ

padre_julio

Manfred Lehmann como Padre Julio en “Commando Leopard” (Antonio Margheriti, 1985)

La primera semana del año una bronquitis aguda me obligó a guardar cama. Tuve así tiempo para revisar unas películas de mercenarios de bajo presupuesto, realizadas en la década de los ‘80 en régimen de co-producción ítalo-germano. Aunque parezca increíble, en estos filmes de serie B sin mayores pretensiones siempre se encuentran escenas memorables que quedan impresas en la memoria.

Lo que más me llamó la atención es que en tres de los cinco filmes que pude visionar aparece la figura de un sacerdote católico.

En Comando Patos Salvajes (1984), de Antonio Margheriti, un anciano sacerdote en la selva del sudeste asiático acoge en su misión a todas las víctimas del tráfico de drogas imperante en la zona y no tiene ningún reparo en darles cobijo a los mercenarios enviados para destruir algunos depósitos de estupefacientes. Posteriormente, tropas del gobierno destruirán a sangre y fuego la misión y clavarán al clérigo a la cruz de su iglesia.

En Comando Leopardo (1985), también de Margheriti, Manfred Lehmann da vida al Padre Julio, un sacerdote que acoge a pobres y desposeídos en un país latinoamericano ficticio, dominado por una dictadura militar. Cuando llegan los guerrilleros armados, comandados por Carrasco “El Leopardo” (Lewis Collins), el cura les da acogida e incluso les presta ayuda para volar una refinería, lo cual posteriormente llevará a que sea asesinado a sangre fría por el General Silveira (Klaus Kinski) cuando inintencionadamente mata a un soldado con lanzallamas que iba a prenderle fuego a la iglesia con su feligresía adentro.

En Operación Nam (1986), de Fabrizio de Angelis, Donald Pleasance interpreta al Padre Lenoir, un sacerdote francés que trabaja en la selva vietnamita y que les proporciona armas a los cuatro amigos que han decidido ir a rescatar a prisioneros de guerra americanos, cuya existencia el mismo gobierno estadounidense niega y que viven en condiciones lamentables, siendo continuamente objeto de tortura y maltratos.

La imagen del sacerdote que transmitía cierto cine popular en la década de los ‘80 era la de un hombre comprometido con los desvalidos y marginales, y que era capaz de asumir riesgos en defensa de sus derechos humanos, poniendo en juego incluso su propia vida si ello era necesario.

Ello es reflejo de la conciencia que había tomado la Iglesia de sí misma bajo el pontificado de Juan XXIII y durante las sesiones del Concilio Vaticano II, que concluyó: «La Iglesia, pues, en virtud del Evangelio que se le ha confiado, proclama los derechos del hombre y reconoce y estima en mucho el dinamismo de la época actual, que está promoviendo por todas partes tales derechos» (Constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual, 41).

Ha pasado el tiempo y mientras los sectores conservadores se han ido fortaleciendo en la Iglesia, ésta ha predicado cada vez con mucho menor frecuencia la defensa de los derechos humanos —si es que nos lo ha tachado de “cojudez”— y se ha convertido ella misma en un problema en este aspecto. Los numerosos casos de abusos sexuales por parte del clero y de personal laico de la Iglesia atentan gravemente contra el derecho a la integridad corporal y psíquica de miles de personas vulnerables. El encubrimiento sistemático y la laxitud para juzgar los abusos físicos, psicológicos y sexuales en instituciones de la Iglesia católica atentan gravemente contra el derecho a la justicia de los afectados. Y no hablemos de las frecuentes violaciones a los derechos laborales en que incurren organizaciones católicas amparándose en privilegios obtenidos mediante pactos dudosos.

La Iglesia que espera al Papa Francisco en el Perú es una Iglesia que no ha acompañado a los familiares de las masacres de Barrios Altos y La Cantuta, que ha estado ausente en las luchas de las mujeres esterilizadas forzosamente por el gobierno de Fujimori, que ha renunciado a tener una pastoral de acercamiento a las personas homosexuales, que ha dejado abandonadas a las víctimas de abusos no solamente del Sodalicio sino de otras instituciones católicas, que ha callado en todos los colores del arco iris ante el inmoral indulto de un criminal como Fujimori.

Es una Iglesia que le sonríe a los dueños del poder, mientras defeca sobre aquellos a los cuales está en obligación de defender.

(Columna publicada en Altavoz el 8 de enero de 2018)

INDULTANDO A HITLER

alberto_fujimori

En la hipótesis contrafáctica de que Adolf Hitler hubiera sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial, hubiera sido condenado por sus crímenes a cadena perpetua y tuviera la misma edad que Alberto Fujimori, eso nos ubicaría en el año 1968, cuando Kurt Georg Kiesinger —antiguo miembro del partido nazi— era canciller de Alemania, el cual, finalizada la guerra, fue categorizado como “simpatizante” del nazismo, y si bien pasó 18 meses en campos de prisioneros, al final superó exitosamente el proceso de “desnazificación”, por lo menos en lo formal, y se enroló en la Unión Demócrata Cristiana (CDU), partido conservador fundado por Konrad Adenauer.

El año ‘68 fue también el de las protestas estudiantiles, sobre todo de jóvenes idealistas de izquierda que abominaban de la indolencia que tenían muchos miembros de la generación de sus padres hacia los crímenes del nazismo.

El 7 de noviembre de 1968, la activista Beate Klarsfeld —esposa de un francés de ascendencia judía-—lo abofeteó públicamente en el transcurso de una Convención de la CDU, gritándole: «¡Kiesinger! ¡Nazi! ¡Renuncia!» Klarsfeld fue condenada a un año de prisión, pero la pena nunca se aplicó, porque la apelación interpuesta implicaba sacar los trapitos sucios de Kiesinger al aire. El proceso fue aplazado indefinidamente, y Kiesinger nunca hizo aclaraciones ni habló públicamente sobre este incidente en todo el resto de su vida.

En 1968 el tema del régimen nazi era tabú en Alemania y ni siquiera se abordaba en las clases de historia. Pero, a pesar del tiempo transcurrido, Hitler seguía teniendo muchos admiradores en secreto, incluso entre algunos jóvenes, admiración que se ha mantenido hasta el día de hoy. ¿Razones? Hitler estabilizó la economía deteriorada de un país que venía de una democracia inestable, donde los partidos tradicionales habían perdido credibilidad y apoyo. Cuando en 1930 el partido nazi se convirtió en la segunda fuerza política en el Parlamento, no sólo comenzaron a financiarlo varios empresarios, sino también la aseguradora Allianz, el Deutsche Bank y el Dresdner Bank.

Hitler fue nombrado canciller el 30 de enero de 1933, siguiendo procedimientos constitucionales en un régimen democrático, pero una vez en el poder buscó la manera de controlar los poderes legislativo y judicial desde el ejecutivo. El incendio del Reichstag, ocurrido el 27 de febrero, le permitió a Hitler obtener del presidente Hindenburg un decreto de urgencia, «mediante el cual podía abolir la libertad de prensa, el derecho a la libre expresión, el derecho a la privacidad de las comunicaciones y el respeto a la propiedad privada» (Wikipedia).

Sin haber obtenido aún una mayoría parlamentaria en las subsiguientes elecciones del 5 de abril, en aplicación del decreto de urgencia removió a los 81 diputados comunistas de sus curules y la cantidad necesaria de socialdemócratas para obtener mayoría y votar una ley habilitante que transfería las funciones del Reichstag al canciller por cuatro años. Luego vendría la designación de jueces favorables al gobierno.

Durante la dictadura hitleriana se beneficiaron grandes empresas alemanas que todavía existen (BMW, VW, Audi, Bayer, BASF, Hugo Boss, Deutsche Bank, Degussa, etc.), algunas de ellas sobre todo por la mano de obra barata suministrada por los campos de concentración.

En conclusión, se puede estabilizar la economía a la vez que se socava la democracia y se violan derechos humanos fundamentales. Y eso es algo que repitió Fujimori en otro contexto, promoviendo el capitalismo salvaje que postula el neoliberalismo —con la aquiescencia de la mayoría de empresarios peruanos—, flexibilizando los estándares de protección ambiental y dejando sin protección a los trabajadores mediante el recorte de derechos adquiridos y generando un aumento de la desigualdad social, uno de los principales enemigos del desarrollo.

Que se puede generar riqueza de otro modo, sin afectar el bienestar social, lo demuestran los países nórdicos de Europa, donde existe una economía social de mercado.

Ni Hitler ni Fujimori mataron a nadie con sus propias manos, pero ambos fueron —en diferente medida— autores mediatos de crímenes inexcusables. Y de prácticas eugenésicas atroces —en el caso de Hitler con los judíos, en el de Fujimori con las esterilizaciones masivas de mujeres autóctonas—. ¿Es lícito olvidar esos delitos en aras del bienestar producido? De ninguna manera. Indultar a Fujimori es como que Kiesinger hubiera indultado a Hitler.

(Columna publicada en Altavoz el 2 de enero de 2018)

LAS CAMPANAS DE HITLER

hitlerglocke_hexheim

El 5 de mayo de este año Die Rheinpfalz, periódico local de la región donde vivo, informó que en la localidad de Herxheim am Berg colgaba del campanario de una iglesia una campana forjada en 1934 con la siguiente inscripción: «Todo por la patria – Adolf Hitler», además de tener grabada una esvástica, símbolo que está prohibido por ley en la Alemania actual.

A esto se sumaron las declaraciones del alcalde local, Ronald Becker, quien señaló que esa campana sería única en el estado federal de Renania-Palatinado, habiendo un total de tres campanas con esta inscripción en toda Alemania, por lo cual uno debería estar orgulloso de contar con una de ellas en el pueblo. ¿Orgulloso por una campana de Hitler? «Cuando se menciona el nombre de Adolf Hitler —aclaró el burgomaestre—, entonces siempre viene primero a la mente la persecución de los judíos y la época de la guerra. Cuando se informa sobre estas cosas, debería informarse en todo su alcance. De modo que se diga que estos fueron los horrores y éstas fueron las cosas que realizó y de las cuales hoy todavía hacemos uso».

Estas declaraciones darían pie a una denuncia penal (27 de agosto de 2017) por difusión de propaganda de una organización contraria a la constitución y el uso de símbolos de una organización tal, instigación al odio contra un sector de la población y prevaricato como autoridad pública, por permitir que se efectúe algo contra la ley. En la misma denuncia fueron posteriormente incluidos el párroco evangélico y un ciudadano, por declaraciones similares.

Si bien no se encontró sustento suficiente para estos delitos y la denuncia fue archivada, el asunto le costó el puesto al alcalde, pues el concejo municipal se distanció de sus declaraciones y le exigió su renuncia. Asimismo, se decidió que la campana ya no tañería más en el pueblo.

Desde entonces se han descubierto en la región cuatro campanas más forjadas durante el Tercer Reich con inscripciones que glorifican el nacionalsocialismo hitleriano, en las localidades de Essingen, Pirmasens —donde se halla la ruina del castillo en el que estuvo prisionero Ricardo Corazón de León—, Mehlingen y Homburg. Quizás la inscripción más impresionante sea la de la campana de Essingen, localidad ubicada a unos 5 kilómetros del pueblo en que vivo: «Cuando Adolf Hitler le dio espada y libertad a la nación alemana, nos forjó el maestro Pfeifer, Kaiserslautern».

Las autoridades protestantes alemanas han dejado a criterio de las comunidades lo que harán con las campanas, sugiriendo que sean retiradas y reemplazadas por campanas nuevas. La única localidad que por el momento ha aceptado la sugerencia es Mehlingen.

Todo el conflicto se generó a raíz de lo que podría considerarse apología de un personaje histórico considerado unánimemente como un criminal y líder de una organización criminal, aunque la Fiscalía ha dejado en claro que el solo hecho de tener colgadas las campanas o de hacerlas repicar no constituye delito, pues fueron fabricadas en otra época por gente que glorificaba el nazismo pero que no necesariamente conocía o avalaba los crímenes de Hitler. Sin embargo, utilizar actualmente las campanas, sus imágenes o sus inscripciones para glorificar, aprobar o justificar públicamente la figura de Hitler sí constituiría delito.

En el Perú, la legislación también castiga la apología del delito y de sus autores, según señala el Código Penal en su artículo 361: «El que públicamente exalta, justifica o enaltece un delito o a la persona condenada por sentencia firme como autor o partícipe, será reprimido con pena privativa de libertad no menor de un año ni mayor de cuatro años», habiendo agravantes si se trata delitos previstos en los artículos 152 al 153-A, 200, 273 al 279-D, 296 al 298, 315, 317, 318-A, 325 al 333, 346 al 350 o de los delitos de lavado de activos y apología del terrorismo.

Sin embargo, como campanas vivientes, muchos fujimoristas —entre ellos varias figuras públicas— no sólo niegan los crímenes del dictador sino que repican a los cuatro vientos sus glorias y hazañas, proclamándolo incluso como el mejor presidente que jamás haya tenido el Perú.

¿Veremos algún día que por fin se aplique la ley y se levanten denuncias contra ellos por apología del delito?

(Columna publicada en Altavoz el 27 de noviembre de 2017)

__________________________________________________

FUENTES

MRN-News.de
Frankenthal / Herxheim am Berg – „Hitlerglocke“ keine Straftat (20.09.2017)
https://www.mrn-news.de/2017/09/20/frankenthal-herxheim-am-berg-hitlerglocke-keine-straftat-343424/

SWR
Hier hängen die „Hitler-Glocken“ (21.11.2017)
https://www.swr.de/swraktuell/rp/evangelische-landeskirche-nennt-gemeinden-hier-haengen-die-hitler-glocken/-/id=1682/did=20662470/nid=1682/pgtcwz/index.html

“LA TRINCHERA LUMINOSA DEL PRESIDENTE GONZALO”

la_trinchera_luminosa_del_presidente_gonzalo

Fotograma de “La trinchera luminosa del presidente Gonzalo” (Jim Finn, 2007)

Hace 10 años el director de cine independiente Jim Finn, nacido en 1968 en St. Louis (Missouri, EE.UU.), realizó con este nombre un experimento cinematográfico polémico: recrear la vida cotidiana de las reclusas senderistas en el penal de Canto Grande a fines de la década de los ‘80.

Si bien se trata de una ficción, el director asumió el formato documental, rodando con una cámara de video Hi-8 tanto las escenas donde se muestra las actividades diarias de las senderistas en un ambiente carcelario, así como las entrevistas intercaladas, donde ellas explican sus convicciones ideológicas. Sin un narrador con voz en off, las escenas realistas sin comentarios pueden dar lugar a que se piense que se trata de una obra de propaganda senderista. Más aun cuando el mismo director, aun creyendo en la democracia, ha afirmado tener algunas simpatías hacia el maoísmo.

Y si bien al film le precedió una investigación acuciosa sobre la ideología del presidente Gonzalo y las condiciones en que vivían sus seguidoras encarceladas —incluyendo videos reales de las reclusas de Canto Grande y de entrevistas a militantes de Sendero Luminoso—, resulta evidente para quien haya vivido de cerca esa realidad que se trata de una ficción, pues en Lima no hay tormentas, ni truenos, ni negras nubes de lluvia como las que se ven en el cielo sobre el escenario de la película —en realidad, un albergue juvenil ubicado en Nuevo México (EE.UU.)—. Asimismo, las actrices hablan con un acento similar al de las mujeres limeñas de clase media baja, pero muy distinto al de las mujeres de clases populares de origen andino. En realidad, se trataba de mujeres con ancestros navajos, que por momentos se comunican en su lengua nativa, queriendo el director transmitir de este modo la sensación que tiene un hispanohablante cuando escucha hablar en quechua. A destacar, una representación teatral del Macbeth de Shakespeare con textos en navajo.

La ausencia de explicaciones adicionales, donde una cámara objetiva simplemente se dedica a observar, junto con entrevistas ficticias indagando en las motivaciones personales de las senderistas, es lo más contrario a la propaganda, que por lo general busca manipular las imágenes y adoctrinar a los espectadores. Aquí simplemente se deja libre al espectador para que saque sus propias conclusiones.

En palabras del mismo director:

«Hice esta película para comprender cómo una muchacha indígena de 16 años se convierte en una asesina entrenada versada en la retórica marxista y dispuesta a todo por una sociedad futura de gran armonía. Para hacer esto yo quería recrear la lógica de Sendero Luminoso y la intensidad de su única forma de Revolución Cultural sin mostrar nada de violencia.

Quería ver cómo se entrenan y lo que dicen, y no interponer un narrador omnisciente para explicar o contextualizar a los personajes. En un sentido, la película es una especie de film de realismo socialista o quizás un film de propaganda fallida —que no pasó la censura de Sendero Luminoso—. Lo que se ha creado es un mundo ligeramente estilizado y de ficción basado en un hecho. Una película de mujeres en prisión sin una escena en las duchas; un film de guerrilla latinoamericana sin armas; un drama shakespeariano sin desenlace dramático».

Curiosamente, si esta película se hubiera exhibido en el Perú, su director podría haber sido acusado de apología del terrorismo.

El Código Penal establece en el artículo 316:

«El que públicamente exalta, justifica o enaltece un delito o a la persona condenada por sentencia firme como autor o partícipe, será reprimido con pena privativa de libertad no menor de un año ni mayor de cuatro años», siendo un agravante si el delito es de terrorismo.

El problema está en que no hay criterios claros para definir qué es exaltación, justificación o enaltecimiento de un delito, y en el caso de expresiones artísticas o literarias, todo depende de la interpretación subjetiva de los jueces.

Una obra mostrando gráficamente la violencia ejercida por las Fuerzas Armadas contra población inocente puede ser interpretada como apología del terrorismo, aunque no lo sea.

Por el contrario, ¿por qué hasta ahora no se denuncia a quienes exaltan, justifican o enaltecen a Alberto Fujimori, una persona condenada por sentencia firme como autor de delitos graves?

(Columna publicada en Altavoz el 14 de noviembre de 2017)

__________________________________________________

FUENTES

Hoja informativa en inglés LA TRINCHERA LUMINOSA DEL PRESIDENTE GONZALO en la página web del cineasta Jim Finn
http://www.jimfinn.org/trinchera/Trinchera_Luminosa.pdf

El ángel exterminador (Año 2, Nro. 10, Otoño 2008)
Entrevista a Jim Finn
http://elangelexterminador.com.ar/articulosnro.10/entrevistafinn.html

RUDOLF HESS Y ALBERTO FUJIMORI

rudolph_hess

Rudolf Hess (1894-1987)

Cuando en 2008 conocí a Odfried Hepp —en la atención telefónica de un servicio técnico de la Siemens, donde trabajamos juntos—, no sabía nada de su pasado. Ignoraba que junto con Walter Kexel y Peter Naumann, militante neonazi y experto en explosivos, había planeado la liberación del criminal de guerra Rudolf Hess para el 8 de mayo de 1982. El plan preveía la voladura del portón principal y de las torres de la prisión militar de Spandau en Berlín, a cargo de los aliados desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Rudolf Hess llegó a ser en la Alemania nazi el tercero en la cadena de mando después de Hitler y de Hermann Göring, y firmó varias de las Leyes de Nuremberg de 1935, que recortaron los derechos de los judíos alemanes y en cierta manera prepararon el camino para el Holocausto.

Sería condenado a cadena perpetua en 1946 por haber planeado una guerra de agresión y haber conspirado contra la paz mundial. En fin, uno de los tantos criminales que no mató a nadie con sus propias manos, pero que tomó decisiones que ocasionaron la muerte cruenta de millones de personas.

En los Juicios de Nuremberg, al ser confrontado con las crueldades de los campos de exterminio, no sólo se mostró inconmovible, sino que manifestó estar satisfecho de haber servido a Hitler, «el más grande de los hijos que ha engendrado mi pueblo en su historia milenaria», así como de haber cumplido su «deber como alemán, como nacionalsocialista, como fiel seguidor de mi Führer».

Su hijo Wolf Rüdiger Hess buscó su liberación, reivindicar su memoria y conseguir mejores condiciones carcelarias. No faltaron tampoco las voces de representantes de la política y de las iglesias que en los años 70 y 80 pidieron un indulto por razones humanitarias, considerando la salud y la edad avanzada del único prisionero de Spandau.

El plan de liberación de Hepp, Kexel y Naumann nunca se realizó. Y Rudolf Hess murió en 1987, no por enfermedad. Se suicidó a los 93 años en su privilegiada prisión, sin haberse arrepentido de nada.

Como Alberto Fujimori, quien nunca se ha arrepentido de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, y de otros crímenes que han quedado impunes, como es el caso de las esterilizaciones forzadas.

Al fin y al cabo, sacar de prisión a un criminal impenitente que no ha purgado su pena, favoreciendo así la impunidad, sólo puede ser obra de mentes terroristas. O de intereses políticos del mismo cariz.

(Columna publicada en Exitosa el 13 de mayo de 2017)

________________________________________

La razón por la cual se frustró el intento de liberación de Rudolf Hess fueron de corte puramente ideológico. Odfried Hepp y Walter Kexel, ambos neonazis a la vez que anti-imperialistas, habían decidido sacar a Hitler del pedestal en que lo tenían la mayoría de los grupos de extrema derecha y pasarlo al basurero de la historia. Para ellos, Hitler era quien había echado a perder el nacionalsocialismo, que debía ser sustituido por un nacionalbolchevismo abocado a una lucha de liberación nacionalrevolucionaria y anti-imperialista que terminara con la ocupación estadounidense de Alemania. Estas ideas las formularían en el único escrito teórico conocido del terrorismo neonazi alemán: Der Abschied von Hitlerismus (La despedida del hitlerismo).

En consecuencia, Rudolf Hess, hasta entonces admirado por su lealtad incondicional a Hitler, ya no podía ser considerado un modelo a seguir, mucho menos alguien por quien valiera la pena arriesgar la vida.

Hepp y Kexel fundarían ese mismo año el Grupo Hepp-Kexel, que cometería asaltos a mano armada contra bancos para financiar sus actividades y realizaría una serie de atentados terroristas contra soldados norteamericanos estacionados en Alemania. El grupo fue desmantelado en 1983 por la policía alemana y todos sus miembros aprehendidos, a excepción de Hepp, que logró huir a Alemania Oriental vía Berlín.

Kexel se ahorcaría en 1985 en la cárcel tras ser condenado a 14 años de prisión.

Hepp fue atrapado ese mismo año en Marsella (Francia) y luego extraditado a Alemania Occidental, donde pudo acogerse a beneficios penitenciarios gracias a que declaró como testigo en contra de antiguos camaradas del terrorismo neonazi. Salió de prisión en el año 1993, arrepentido de su vida pasada y convertido en un pacifista.

Para mayor información sobre Odfried Hepp, se puede leer mis posts anteriores:

¿EL FIN DEL NEOLIBERALISMO?

neoliberalismo

En el fragor de la contienda electoral, donde ganó Pedro Pablo Kuczynski (PPK), un economista de raigambre demócrata pero de ideología neoliberal, pasó desapercibida la noticia de que tres renombrados economistas del Departamento de Investigación del Fondo Monetario Internacional —Jonathan Ostry, Prakash Loungani y Davide Furceri— publicaron en la revista trimestral de la entidad el artículo Neoliberalismo: ¿sobrevalorado?, admitiendo que el neoliberalismo no ha logrado los fines propuestos.

«“En lugar de promover el crecimiento”, las políticas de austeridad propiciadas por el neoliberalismo han hecho que se reduzcan las regulaciones para limitar el movimiento de capitales y que, de hecho, “aumente la desigualdad”. Esta desigualdad “podría por sí misma debilitar el crecimiento…”. Por lo tanto, señala el informe, “los responsables políticos deberían estar mucho más abiertos a la redistribución [de la riqueza] de lo que lo están”», señala Benjamin Dangl en la revista Counterpunch.

La periodista antiglobalización Naomi Klein ya había descrito en su libro La doctrina del shock (2007) cómo el capitalismo neoliberal ha buscado siempre dinamitar los mecanismos democráticos para imponer sus políticas, que suelen afectar negativamente al grueso de la población en beneficio de una élite económica.

El neoliberalismo necesitó de la dictadura de Pinochet para dar sus primeros pasos en Chile, de la mano dura de Margaret Thatcher para imponerse en el Reino Unido, de la dictadura de Alberto Fujimori para afianzarse en el Perú y generar una de las sociedades más desiguales del planeta, del autoritarismo de Putin para dominar mafiosamente la economía rusa.

Los países con mayor bienestar económico para todos no siguen el modelo neoliberal, sino una economía social de mercado. No lo olvide, PPK.

(Columna publicada en Exitosa el 11 de junio de 2016)

________________________________________

FUENTES

International Monetary Fund
Neoliberalism: Oversold?
http://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/2016/06/ostry.htm

Rebelión
El FMI admite que el neoliberalismo es un fracaso
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=213052