ALEMANIA vs PERÚ: UNA EXPERIENCIA PERSONAL

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El Wirsol Rhein-Neckar-Arena, estadio de fútbol ubicado en la pequeña ciudad de Sinsheim (estado de Baden-Wurtemberg, Alemania) tiene un aforo de aproximadamente 25,500 personas. Rebosaba de alemanes que iban a apoyar a su equipo, pero más numerosa era la multitud de peruanos, muchos de los cuales habían cruzado la frontera y venido desde Italia, Francia, España —por mencionar algunos países solamente— para hacerle barra a la blanquirroja y reencontrarse con sus paisanos en una experiencia de peruanidad, de identidad nacional basada en los valores más sencillos: cercanía, fraternidad, acogida y aceptación de la variopinta multiplicidad étnica de nuestro país, cariño, alegría. Pues en el exilio semi-voluntario que la mayoría hemos elegido, en busca de un futuro mejor, las barreras racistas y discriminatorias que existen en nuestro país tienden a difuminarse.

Y allí estaba yo ese domingo 9 de septiembre en la noche acompañado de mi mujer, mi hijo y un grupo reducido de amigos alemanes y peruanos para presenciar por primera vez en mi vida un partido de la selección peruana de fútbol, esta vez contra el seleccionado alemán.

Porque, a decir verdad, nunca me ha apasionado el deporte rey, hasta el punto de que ni siquiera seguí los partidos del Mundial de Fútbol, bastándome con saber los resultados. Recuerdo que de niño pasé algunos momentos ingratos en el colegio cuando algunos compañeros me preguntaron de qué club deportivo peruano era yo hincha, y yo ingenuamente respondí que de ninguno. Y ciertamente, me hicieron sentir como un ser anormal, una criatura bajada de otro planeta. Pues en muchos círculos de la sociedad peruana no se concibe que alguien no esté interesado por el fútbol, o que no tenga grabada en su corazón la lealtad y afición a un equipo determinado.

Aquí en Alemania, en cambio, se puede pasar piola. No tener interés por el fútbol es una inclinación que se respeta, y apenas existe presión social para que eso cambie.

En fin, allí estaba yo por la razón circunstancial de que mi mujer había decidido comprar entradas para el partido y porque quería ver de cerca el esfuerzo de nuestros futbolistas por destacar en un deporte que mueve multitudes. Más que el juego mismo, me interesaba el desempeño humano de mis compatriotas, provenientes todos de sectores sociales más cercanos al perfil promedio de la población peruana, es decir, gente del pueblo con piel indígena, negra, cobriza, mezclada, ajena a los ideales de publicidad de la mayoría de las grandes entidades comerciales del Perú. Gente que ha experimentado alguna vez en su vida lo que es verdaderamente sudar la camiseta y trabajar con denuedo y esfuerzo para tener no mucho, sino lo necesario para una vida digna, y a veces menos que eso.

Valió la pena la experiencia. Ver a los peruanos medirse de igual a igual con Alemania —aunque hayan perdido habiendo podido ganar, de haber aprovechado bien todas las oportunidades de gol que dejaron pasar— es algo que no se olvida y es una señal de que el futuro del Perú se halla en la gente de a pie —en este caso literalmente— y no en aquellos que dicen representarlos en las altas esferas políticas, judiciales y empresariales, donde la corrupción ha podrido la gran mayoría de las instituciones. A destacar, el cartel que llevaba un grupo de peruanos en la tribuna alta con la inscripción «¡Referéndum ya!»

Paradójicamente, las derrotas ajustadas de la selección peruana contra los Países Bajos y Alemania se convierten en una alegoría de lo que pasa en el Perú. Mientras que la corrupción campea en todo el sistema, los peruanos comunes y corrientes difícilmente podrán obtener victorias notables no obstante sus esfuerzos por salir adelante.

Aún así, los peruanos de corazón seguimos irradiando alegría y entusiasmo contagioso. Eso también se vio en el estadio, donde peruanos y alemanes —mezclados pacíficamente en las tribunas— vitorearon a sus equipos cada uno a su estilo. Y no faltaron alemanes emparejados con peruanas que también llevaban puesta la camiseta de Perú. Uno incluso con el escudo de Uchiza en la parte trasera y una pequeña bandera alemana cosida a la altura izquierda del pecho.

En este microcosmos de un partido amistoso entre Perú y Alemania se pudo entrever lo mejor de la peruanidad, aquello que nos arranca el grito: «¡Viva el Perú, carajo!»

(Columna publicada en Altavoz el 11 de septiembre de 2018)

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Un pensamiento en “ALEMANIA vs PERÚ: UNA EXPERIENCIA PERSONAL

  1. que bueno que lo hayas disfrutado y sobre todo con la familia, gracias por compartir siempre tus notas las cuales leo atentamente y algunas las comparto con mi Párroco Pedro Hidalgo a quien quizá también conoces
    un abrazo desde Perú y que sigan los éxitos.
    Dios te bendiga.

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