ALEMANIA EN EL MUNDIAL: UN PAÍS HUMILLADO

alemania_corea_del_sur_27-06-2018

Rusia 2018. Alemania fue eliminada del Mundial en la fase de grupos por primera vez en su historia. Una derrota humillante, considerando además que el equipo alemán salió último en su grupo, cuando cuando desde el 2002 no había bajado del tercer puesto y llegó a ser campeón mundial en cuatro ocasiones (1954, 1974, 1990 y 2014).

“El fin del delirio de grandeza”, titulaba el semanario Die Zeit el comentario de su corresponsal en Rusia (“Das Ende der Selbstherrlichkeit”, Oliver Fritsch, 27/06/2018). Éste señalaba que lo ocurrido en Kazán el miércoles fue muy humano, pues cuando se tiene éxito es cuando más errores se cometen.

“¡Somos el número uno en el mundo!” cantaba la hinchada alemana, incluso ante el torpe y desastroso juego de la selección alemana contra el seleccionado de Corea de Sur durante el segundo tiempo del partido. A los hinchas les está permitido ilusionarse, pero aparentemente también creían esto los mánagers, entrenadores, jugadores, expertos y medios deportivos. No se aquilató suficientemente al hecho de que, después del triunfo de Rio de Janeiro en 2014, no le ha sido fácil a la selección alemana obtener triunfos sobre adversarios fuertes. En tiempos recientes el fútbol alemán no ha sido tan bueno como muchos creen.

Y eso se ha reflejado en la actuación del equipo alemán en el Mundial, donde sólo ha brillado durante el segundo tiempo del partido contra Suecia, y no sólo por méritos propios, sino también con un poco de suerte, que evitó que les cobraran un penal a favor de Suecia e hizo que pudieran meter el gol de gracia en el último minuto del juego. El resto ha sido una performance desvalida, exangüe y, en el mejor de los casos, mediocre.

Todo lo contrario de la publicidad que se hizo, sobrevalorando en extremo las cualidades de los futbolistas germanos. “Best never rest” (“lo mejor nunca descansa”) fue uno de los slogans publicitarios más difundidos. Probablemente ningún equipo ha ido con tanta arrogancia al torneo máximo de la FIFA.

Bajo ese supuesto, se merecían el alojamiento en un local de cinco estrellas —con spa incluido— a las puertas de Moscú, de donde a ningún jugador le estaba permitido ausentarse. La sensación era la de estar en un lujoso campo de trabajo forzado. “No estamos aquí de vacaciones. Queremos ser campeones del mundo”, dijo Olivier Bierhoff, el mánager del seleccionado alemán. Si por lo menos hubiera dicho que estaban allí para jugar fútbol.

«Se tiene la impresión de que muchos en Alemania se habrían alegrado, si hoy hubiéramos sido eliminados», dijo el goleador Toni Kroos después del ajustado triunfo de 2 a 1 sobre Suecia. Un triunfo que otorgó una nueva aunque fugaz esperanza después de la derrota ante México.

El fútbol ha sido siempre una válvula de escape, que refleja de alguna manera la situación de la sociedad en la que se vive. Así fue la victoria en 1954, conocida como “el milagro de Berna”, que le dio ánimo y valor a un país convaleciente en la época de la posguerra. El título de 1990 en Italia fue la victoria de la Alemania reunificada tras la caída del Muro de Berlín. El 2006 fue el triunfo de una Alemania hospitalaria, abierta al mundo, viviendo su “cuento de hadas de verano”. La copa FIFA del 2014 en Rio de Janeiro recayó sobre una Alemania en auge, bonanza, soltura y euforia.

Ahora hay nubes que se ciernen sobre la sociedad alemana, en momentos en que se está cuestionando la política sobre refugiados que ha sostenido Angela Merkel y se está convirtiendo ese tema en un caballito de batalla para obtener votos en las próximas elecciones regionales en Baviera, defendiendo un ideal nacionalista de cultura alemana que hace recordar los tiempos de Hitler. Lo cual está también siendo aprovechado por la Alternativa para Alemania, un partido de derecha extrema que pretende convertir a Europa en una fortaleza refractaria a la ayuda humanitaria debida a los inmigrantes. Jens Maier, diputado de esta agrupación política en el Bundestag, comentó a través de Twitter: «¡Sin Özil habríamos ganado!», aludiendo a un jugador turco-alemán que juega para la selección y que fue criticado por aparecer en unas fotos junto a Erdogan, el actual presidente de Turquía. Sin duda, una expresión más de la xenofobia creciente buscando un chivo expiatorio.

De este modo, el fútbol alemán se despide de sus ilusiones y deberá entrar obligadamente en un período de reflexión, donde los esfuerzos deberán estar concentrados en aprender a jugar mejor en equipo y asumir las contiendas con una actitud más modesta y humilde. Y lo mismo se aplica a la sociedad alemana, que deberá mantener una política inclusiva hacia todos y enriquecerse con el aporte humano de todos aquellos que huyen de países en situación precaria y buscan refugio en países donde se se juegue limpio y se respeten los derechos de todos. De todos en absoluto.

(Columna publicada en Altavoz el 2 de julio de 2018)

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FUENTES

ZEIT ONLINE
Deutsches WM-Aus: Das Ende der Selbstherrlichkeit (27. Juni 2018)
https://www.zeit.de/sport/2018-06/deutschland-fussball-wm-aus

taz
Kommentar Deutsche Elf in Russland: Gut, dass es vorbei ist (28.6.2018)
http://www.taz.de/Kommentar-Deutsche-Elf-in-Russland/!5516750/

t-online.de
Deutschland, eine Sommerdepression (28.06.2018)
https://www.t-online.de/nachrichten/deutschland/innenpolitik/id_84017046/deutschland-eine-sommerdepression-kurswechsel-fuer-merkel-und-loew-.html

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2 pensamientos en “ALEMANIA EN EL MUNDIAL: UN PAÍS HUMILLADO

  1. Interesante análisis sobre Alemania desde una perspectiva en dinámica adaptativa en su contexto socio-político nacional e internacional y a su expresión en un deporte como el futbol o Fußball. Sin embargo, explícanos Martín, someramente, aunque mostrándonos el cutis real de las cosas ¿Qué significa Alemania para Europa y el mundo actualmente, y así para el Perú? Pues, a mí, de lado, no se a otros, me encantó que a un “Goliat” en el futbol –y a un país del G8– lo derribara un “David” como Corea del Sur.

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  2. Un buen análisis, pienso que Rusia 2018 es un mundial sin favoritos, y pienso que así debería ser en un ámbito verdaderamente competitivo. Nunca he leído publicaciones sobre principios o fundamentos de competitividad, sin embargo pienso lo siguiente: (1) Asumir una posición de superioridad o suficiencia en los partidos crea en el equipo un temor innecesario ante un rival percibido como inferior; donde no sólo está en juego 3 puntos, más aún, la vergüenza de verse derrotado ante un rival que creemos inferior. Vasta ver la frustración y amargura con la que juegan los que creen ser superiores (Brasil o Argentina) cuando no logran superar a su rival (México o Francia respectivamente), mas allá de los resultados, vemos a selecciones siendo completamente dominados por el temor a perder, el temor a la vergüenza. Si queremos ver el tamaño de la arrogancia de un equipo, vasta ver el tamaño de su frustración en el juego. (2) Relajarse ante un marcador favorable demuestra un trato indigno hacia el rival, ya que se afirma implícitamente que el rival no es capaz de dar más de sí, lo cual es falso. Tratar dignamente al rival es no bajar la guardia y esforzarse por seguir anotando.

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