RIGORES DE LA FORMACIÓN

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Georg Ratzinger dirigiendo el coro de los Gorriones de la Catedral de Ratisbona en 1976

Cuando el 19 de julio apareció en la prensa alemana la noticia del informe sobre los abusos en el coro de los Gorriones de la Catedral de Ratisbona, una anciana del asilo donde trabajo, que estaba leyendo el periódico local, me dijo indignada que quienes habían perpetrado esas atrocidades debían ser castigados. Lo mismo pensé yo. Pero también me invadió cierta tristeza, pues sabía que en esos casos muy rara vez los culpables son castigados, los delitos en su mayoría han prescrito y las víctimas suelen ser dejadas a su suerte y tratadas como si ellas fueran el problema, y no quienes lo han sufrido y cargan todavía con las consecuencias.

Pues lo que describe el informe de 440 páginas, encargado por el actual obispo de Ratisbona al abogado independiente Ulrich Weber —que se demoró dos años en la investigación correspondiente y el procesamiento de datos—, es la descripción de un crimen colectivo.

Hasta ahora se ha logrado determinar el número de 547 víctimas, de las cuales 67 fueron objeto de abuso sexual y 500 de abuso físico, siendo que algunas de ellas sufrieron ambos tipos de abuso. El número de perpetradores en el período de 1945 a 1992 —año en que se registra el último incidente— es de 49, de los cuales 9 cometieron abusos sexuales y 45, abusos físicos. La mayoría de los abusos ocurrieron en las décadas de los ‘60 y ‘70.

Del informe se desprende que no se trata de casos aislados, aun cuando haya ex-alumnos de las escuelas del coro que no sufrieron abusos y guardan recuerdos gratos de su época escolar. Pero eso no descalifica para nada los crudos testimonios de las víctimas, ni anula el hecho de que se trató de un sistema educativo y de formación dominado por la violencia, el miedo y el desamparo, tanto en la escuelas preparatorias de Etterzhausen y Pielenhofen, como en el internado de la escuela secundaria en Ratisbona.

Al igual que en otras instituciones donde han ocurrido abusos similares —llámese Sodalicio o Legionarios de Cristo—, el sistema formativo estaba orientado a la suprema perfección, en este caso a la excelencia en el rendimiento musical y el éxito del coro. Con el fin de lograr la máxima disciplina y disponibilidad, se buscó quebrar la voluntad de los educandos, lo cual sirvió de base para la justificación de prácticas violatorias de derechos humanos fundamentales, traduciéndose esto principalmente en abusos físicos y psicológicos, ocurridos casi a diario a vista y paciencia de todos dentro de los recintos escolares, mientras que los abusos sexuales, poco frecuentes y ocasionales, se dieron a puerta cerrada, aunque pueden considerarse como consecuencia última de la lógica del sistema.

El informe da cuenta de métodos cuasi policíacos: control de la higiene corporal, de armarios, de correspondencia, de camas, de comidas, etc. Quien cometía alguna falta era castigado desproporcionadamente con golpes o humillaciones, siendo las bofetadas y los varapalos los métodos más frecuentes. Otros castigos eran verter la sopa caliente sobre los dedos de quien no quería tomarla; o ser obligado a comer lo que se vomitaba cuando uno se resistía a comer el “forraje” que se servía en el comedor.

El informe habla también de abusos sociales —restricción de la comunicación con otros mediante aislamiento, prohibiciones, alejamiento de amigos y de la familia, retención de bienes personales, negación parcial de alimentos, etc.—, lo cual permite el control sobre el entorno del educando y, a la vez, se evita que lo que ocurre dentro de la institución llegue a conocimiento de personas externas. Como cuando se revisaba cada carta que enviaban los alumnos a sus familiares, y se las retenía si contenían información no grata para la escuela, o se ordenaba al alumno escribirla nuevamente en términos más amables.

Ni que decir, no faltaron quienes alimentaron pensamientos suicidas, o incluso intentaron fugar de la escuela, siendo luego castigados severamente, sin que pasara nada. Pues hasta el año 2010 no se dio crédito a quienes denunciaron los horrores vividos.

Durante mucho tiempo se consideró que los castigos eran normales para la época. Simples rigores de la formación. El informe dice lo contrario. Las pesadillas recurrentes y los traumas de los afectados son prueba de ello.

(Columna publicada en Altavoz el 24 de julio de 2017)

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FUENTES

Ulrich Weber/ Johannes Baumeister
Vorfälle von Gewaltausübung an Schutzbefohlenen bei den Regensburger Domspatzen (18. Juli 2017)
http://www.uw-recht.org/fileadmin/user_upload/Abschlussbericht_Domspatzen.pdf

ZEIT ONLINE
Regensburger Domspatzen: Mindestens 547 Chorknaben wurden missbraucht (18. Juli 2017)
http://www.zeit.de/gesellschaft/2017-07/regensburger-domspatzen-abschlussbericht-misshandlung

Frankfurter Allgemeine
Missbrauch bei Domspatzen: Sadisten im geistlichen Gewand (18.07.2017)
http://www.faz.net/aktuell/politik/inland/domspatzen-bericht-zu-missbrauchsfaellen-vorgelegt-15111839.html

Süddeutsche Zeitung
Georg Ratzinger war Teil des Gewaltsystems bei den Regensburger Domspatzen (19. Juli 2017)
http://www.sueddeutsche.de/bayern/katholische-kirche-georg-ratzinger-war-teil-des-gewaltsystems-bei-den-regensburger-domspatzen-1.3594702

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2 pensamientos en “RIGORES DE LA FORMACIÓN

  1. Luego de leer los hechos descubiertos en el Sodalicio, Legionarios de Cristo, el coro de Ratisbona y otros ámbitos, relacionados con abusos físicos y psicológicos sistemáticos y en menor proporción abusos sexuales, no necesariamente a través de la violencia física, pero si mediante un sistema de control que afecta la capacidad de tomar una decisión bajo voluntad propia, genera en mi persona recuerdos en colegios de primaria y secundaria en la década de los 80´s y 90´s. Recuerdo el uso sistemático de la violencia física por parte de profesores con la finalidad de obtener los resultados académicos y de conducta esperados: uso de llaveros y llaves para golpear la cabeza de los alumnos, palos para golpear manos y piernas, jalar las patillas, coscorrones con anillos, uso de la correa para sancionar la mala conducta, esperar a los alumnos de secundaria que llegaban tarde al colegio con una correa gruesa para apurar a los alumnos y una vez cerca lanzarles un correazo que si el alumno tenía suerte lograba esquivar mientras corría para que no le cierren las puertas, claro una vez dentro del colegio formabas en la fila de los tardones y tenías que hacer ranas y demás ejercicios por 30 minutos.
    Situaciones como esta las he pasado y también amigos y familiares tanto en colegios nacionales como privados. Todos justifican esta situación en una época en que se debía forjar el carácter de las personas a punta de golpes, claro ninguno justifica el abuso sexual. Estoy seguro que si en el SCV o en los Legionarios no hubiesen existido una menor proporción de abusos sexuales (que en el caso del SCV ha sido magnificado por la prensa como bien señalas en otro post), la cultura (de la que yo también participé) hubiese sido validada como una cultura educativa que ayudó a formar el carácter de las personas para que puedan vivir su vida cristiana. De locos realmente

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  2. A ese sentimiento en el que la violencia ejercida es aceptada como normal por la víctima, Foucault lo llama subjetivación y es más fácil lograr tal anuencia en el entorno de instituciones jerarquizadas.

    La violencia física y sexual se recubre de razones y propósitos nobles, por ejemplo, el amor a la patria en las fuerzas armadas. Y con mayor éxito en la Iglesia, qué mejor razón que la salvación del alma como argumento para disciplinar el “corrupto” cuerpo, quebrar la frágil voluntad de los niños y adolescentes, hacerlos sentir culpables y por tanto merecedores del castigo.

    Esto es más fácil con niños desprotegidos, provenientes de familias disfuncionales o lo suficientemente religiosas como para confiar a ojos cerrados en la santidad de los religiosos a los que entregan la custodia de sus hijos.

    Felizmente la humanidad avanza en materia de derechos y lo que cuenta Jorge sobre los colegios ya dejó de ser de aceptación común, salvo por quienes siguen creyendo que es ese tipo de disciplina es la que los conformó como ciudadanos respetuosos y padres responsables. Pueden seguir creyéndolo así, pero les recomiendo que tengan mucho cuidado con a quién entregan a sus hijos para su formación.

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