SODALICIO: DE CÓMO UN PROCESO DE REPARACIÓN SE CONVIERTE EN UNA FARSA

alessandro_moroni

Alessandro Moroni, Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana

En lo que respecta a mi denuncia de abusos sufridos en el Sodalicio de Vida Cristiana, mi proceso se inicia el 21 de octubre de 2015 —tres días después de propalado el programa periodístico “Cuarto Poder” donde se da conocer a la opinión publica los abusos detallados en el libro Mitad monjes, mitad soldados— cuando el sacerdote sodálite Jorge Olaechea me escribe un e-mail a raíz de mi post SOBREVIVIENTE DEL SODALICIO, donde narro el incidente en que Jaime Baertl me ordenó desnudarme y fornicar una enorme silla, aunque sin mencionarlo a él por su nombre. La primera vez en que revelaría su nombre sería el 23 de enero de 2016 en mi post DESNUDOS POR OBEDIENCIA, haciendo un recuento de testimonios similares donde a otras víctimas sus guías espirituales les pidieron también que se desnudaran.

En su e-mail, el P. Olaechea —en ese entonces ya miembro del Consejo Superior del Sodalicio— me pedía perdón a título personal y se ponía a disposición mía para ayudarme en lo que pudiera. Asimismo, me informaba que estaban trabajando en constituir una comisión ad hoc, que luego se denominaría Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación. De modo que le envié el texto de mi denuncia el 27 de octubre de 2015, la cual él mismo puso en conocimiento de Alessandro Moroni, Superior General del Sodalicio.

Eso fue todo lo que el Sodalicio hizo por propia iniciativa en mi caso. En lo demás, yo sería el que tendría que tomar la iniciativa para que la cosa se moviera.

Una vez constituida la Comisión y ante la falta de comunicaciones por parte de los responsables del Sodalicio, decidí yo mismo enviar mi denuncia, la cual fue remitida a la Comisión el 19 de enero de 2016 por e-mail y por correo ordinario. El 3 de febrero me llegó un e-mail de acuse de recibo de parte de la Comisión.

El 25 de febrero declaré vía Skype ante los miembros de la Comisión. Se me preguntó particularmente sobre el incidente con Jaime Baertl, a lo cual respondí con precisión de detalles, incluyendo la disposición arquitectónica y de mobiliario de la salita donde ocurrió todo. Contrariamente a lo que ha supuesto la fiscal Peralta, la Comisión habló en la medida de lo posible con los presuntos victimarios denunciados por las víctimas, siempre y cuando los responsables del Sodalicio lo permitieron. Jaime Baertl ya había declarado ante la Comisión y había negado el incidente, aduciendo que por un asunto de espacio era imposible que hubiera ocurrido el hecho denunciado por mí.

El 21 de abril de 2016 me fue enviado mi informe individual, previa consulta de si daba autorización para que fuera entregada una copia al Superior General del Sodalicio, a lo cual asentí. De mi informe se desprendía que la Comisión había evaluado mi relato como verosímil. Por lo tanto, se solicitaba al Superior General que reconociera mi condición de víctima y me pidiera disculpas, además de otras medidas, ninguna de las cuales ha sido cumplida hasta el día de hoy.

Nuevamente, la respuesta del Sodalicio fue el silencio absoluto. Hasta que el 1° de mayo decidí tomar contacto vía Skype con Rafael Ísmodes, uno de los sodálites de mayor calidad humana que he conocido, quien me remitió a José Ambrozic, con el cual tuve algunas conversaciones cordiales también vía Skype. Fue él quien me sugirió que hablara con Ian Elliott, el especialista irlandés en abusos que había contratado el Sodalicio. Con Elliott hablé en un par de ocasiones vía Skype, hasta que me propuso una reunión en persona en un hotel de Frankfurt, pues estaba viniendo a Alemania para conversar con algunas víctimas del Sodalicio, entre ellas Álvaro Urbina.

La reunión se efectuó el 28 de octubre de 2016 en un clima cordial. Sin embargo, los resultados fueron nulos. El 9 de noviembre recibí un breve e-mail de Ian Elliott, agradeciéndome por compartir con él mis experiencias, pero comunicándome que el comité de reparaciones del Sodalicio había concluido que yo no tenía derecho a ninguna compensación económica y que mi acceso a servicios profesionales de salud —entiéndase psicoterapia— estaba garantizado gratuitamente por el sistema de salud en Alemania. Eso era todo. La promesa de una carta del Superior General de Sodalicio reconociéndome como víctima de abusos había quedado en nada.

Dado que a lo largo de ese año ya había estado en conversaciones con Comisión de Víctimas de Abuso Sexual de la Diócesis de Espira (Speyer), la cual se encargó de mandar traducir mi denuncia al alemán y enviarla a Roma, se me recomendó solicitar a Ian Elliott una explicación de los motivos de esa decisión, lo cual hice por e-mail en dos ocasiones. La falta absoluta de respuesta de parte del supuesto experto en abusos me llevó a escribir mi CARTA ABIERTA A UN CONTRATADO DEL SODALICIO, donde doy cuenta de todos los detalles de la conversación que mantuve con él.

Recientemente he enviado mi informe de diagnóstico psicoterapéutico, elaborado en diciembre del año pasado —tras varias sesiones y tests— por un psicólogo alemán, a la Diócesis de Espira (Speyer), para que lo incluyan en el expediente enviado a Roma como prueba de las consecuencias que ha dejado en mi psique la experiencia sufrida en el Sodalicio.

Asimismo, le solicité por e-mail a Alessandro Moroni que me diera las explicaciones que Ian Elliott se había negado a darme. A continuación, el insólito intercambio epistolar generado por esta solicitud.

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e-mail de Martin Scheuch a Alessandro Moroni (23 de enero de 2017)

A Alessandro Moroni
Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana
Att.

Estimado Sandro:

El año pasado tuve una serie de conversaciones con una representante de la Comisión de Víctimas de Abuso Sexual de la Diócesis de Espira (Speyer), la cual recogió mi denuncia y me hizo preguntas adicionales sobre el tema. La denuncia ha sido traducida al alemán y enviada por el director de la comisión, el canónigo Josef Damian Szuba, a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (Roma), con el pedido de atender lo que él considera abusos graves. Junto con la denuncia se ha enviado una copia del e-mail que me envió Ian Elliott [el 9 de noviembre de 2016], informándome que el comité de reparaciones del Sodalicio no considera que yo tenga derecho a recibir ninguna reparación.

Ian Elliott grabó la conversación que tuve con él el 28 de octubre de 2016 en el Grand Westin Frankfurt Hotel y me prometió que me iba a enviar una copia, cosa que no ha cumplido hasta el día de hoy, como tantas otras cosas que prometió, como, por ejemplo, que se iba a encargar de que yo recibiera una carta de parte del Superior General del Sodalicio, pidiéndome disculpas en nombre de la institución por los abusos cometidos en perjuicio mío, que ya he detallado en mi denuncia y en tantos otros escritos que he ido publicando en mi blog.

El canónigo Szuba me recomendó que pidiera una explicación de los motivos por los cuales se me excluyó de las reparaciones que, por obligación moral, ha estado ofreciendo el Sodalicio. Le escribí a Ian Elliott en dos ocasiones (10 y 12 de noviembre de 2016) solicitando estas explicaciones, pero nunca me respondió.

Por eso mismo, te agradecería que me expliques por qué hasta el momento se me ha negado toda disculpa oficial —sólo he recibido disculpas personales de parte de del P. Jorge Olaechea y de José Ambrozic— y por qué se me ha considerado sin ningún derecho a recibir ninguna reparación.

Un cordial saludo

Martin Scheuch

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e-mail de Martin Scheuch a Alessandro Moroni (26 de enero de 2017)

A Alessandro Moroni
Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana
Att.

Estimado Sandro:

Habiendo pasado ya tres días desde el e-mail anterior sin recibir ninguna respuesta de tu parte, quiero insistir en mi solicitud de explicaciones de por qué el Sodalicio no me ha reconocido hasta ahora como víctima sujeta a reparación.

Más aún, me han causado sorpresa las palabras que pronunciaste en tu mensaje del 21 de enero del año en curso:

«Para determinar si una persona puede ser considerada víctima no hemos exigido ningún medio probatorio como podría ser una prueba técnica y científica, como se exige en toda investigación de naturaleza jurídica. Sino que hemos hecho una evaluación moral, considerando la verosimilitud de los testimonios recibidos. Y en caso de duda, hemos optado por confiar en las personas que nos han presentado su testimonio.»

Siendo el relato de los abusos cometidos contra mí absolutamente verosímiles, entre los cuales destaco el extremo de angustia a que se me llevó durante mi última estadía en San Bartolo en el año 1993, además de los ejercicios físicos que me causaron dolencias graves que pudieron haber sido evitadas y la errada orientación vocacional que ha afectado mi vida profesional hasta ahora, sin contar los correazos que recibí por orden de Luis Fernando Figari o al aislamiento al que fui destinado en la Comunidad Nuestra Señora del Pilar (Barranco), más asombro me causa que hayas podido enunciar lo que dijiste, cuando en mi caso se ha hecho exactamente lo contrario.

Me reafirmo en que el incidente con Jaime Baertl sucedió realmente. Incluso puedo describir cómo era arquitectónicamente la casa donde ocurrió el hecho y como la distribución de espacios permitió que pudiera suceder lo que yo relato. Asimismo, las dos autobiografías manuscritas en mi poder escritas en 1979 y 1980 respectivamente dan testimonio no sólo de que Baertl era mi consejero espiritual, sino también de la confianza absoluta que yo le tenía y hasta qué punto llegaban las cosas íntimas de mi vida que yo le confiaba.

Además, te comunico que el informe psicológico con mi diagnóstico hecho por un psicoterapeuta alemán ha sido enviado a la Diócesis de Espira (Speyer) para que lo incluyan en mi expediente y le envíen copia a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (Roma). En ese informe se me diagnostica con trastornos adaptativos, que se pueden explicar por las experiencias que tuve en el Sodalicio.

Pongo a tu consideración que la falta de respuesta es también una respuesta, que puede ser de mucho interés para varios medios de prensa.

Atentamente

Martin Scheuch

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e-mail de Alessandro Moroni a Martin Scheuch (26 de enero de 2017)

Estimado Martin:

Disculpa que me haya demorado unos días en responderte. Voy a recabar todas la información necesaria y en los siguientes días te respondo.

Atentamente

Alessandro Moroni

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e-mail de Martin Scheuch a Alessandro Moroni (30 de enero de 2017)

Estimado Sandro:

Han pasado ya 4 días desde mi primer recordatorio, y me cuesta creer que necesites todo ese tiempo para recabar una información que se consigue en menos de 24 horas, si es que no la sabías ya desde el momento en que me respondiste. Si es el mismo Sodalicio el que ha decidido no considerarme apto para una reparación y negarme el status de víctima, ¿no sabías acaso las razones, siendo tú el Superior General de la institución? ¿O son demasiado vergonzosas como para comunicármelas personalmente?

De proseguir tu falta de respuesta, me veré obligado a hacer públicos a través de un importante medio de prensa los e-mails que he escrito, para que tu respuesta también sea pública, o, en caso contrario, tu silencio merezca el oprobio que se merece.

Un cordial saludo

Martin Scheuch

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e-mail de Alessandro Moroni a Martin Scheuch (31 de enero de 2017)

Estimado Martin:

Lamento mucho que toda esta situación, y especialmente las dificultades de comunicación de estos últimos días, te estén causando malestar Procuraré explicarte las cosas con la mayor claridad posible.

Antes de comenzar el proceso de reparaciones, con la ayuda del Sr. Ian Elliott y la experiencia de trabajo con situaciones semejantes en otros lugares, establecimos un conjunto de criterios para poder evaluar los testimonios. Un elemento importante era identificar si había hechos específicos o concretos que pudieran considerarse alguna forma de maltrato o abuso.

En el testimonio que nos hiciste llegar relataste un episodio que también has descrito por medios de alcance público y que, según los informes que nos hizo llegar la Comisión, también les relataste a ellos. Eso fue encomendado entonces al investigador profesional asignado para estos casos, y en su informe indica que no encontró evidencias para afirmar la verosimilitud de este caso.

Según refirió el Sr. Elliott, en la entrevista que tuvo contigo no fue relatado ningún episodio específico, sino más bien una serie de opiniones sobre tu experiencia en general, y también sobre las cosas que consideras que están o han estado mal en el SCV y deben cambiar. El Sr. Elliott presentó su evaluación a los demás miembros del comité de reparaciones, en el cual él mismo participa. La conclusión unánime fue que, según los criterios establecidos en un comienzo, no correspondía una reparación en el marco de este programa de asistencia. Sin embargo, frente a la experiencia de dolor y malestar que muchas de estas cosas generaron en ti —y que sinceramente lamento— sí recomendó ofrecer una ayuda con terapia psicológica en el caso consideraras necesaria, ofrecimiento que por supuesto permanece en pie.

Entraremos en contacto con la Comisión de Víctimas de Abuso Sexual de la Diócesis de Espira y con el can. Josef Szuba, para conocer directamente la evaluación que han hecho de tu caso y aclarar el mérito de esta cuestión, de manera que podamos cooperar de la mejor manera posible con tu proceso.

Con relación a la carta de disculpas institucionales o formales, no es que me haya olvidado o no te la quiera dar, todo lo contrario. Independientemente de la carta, quisiera la oportunidad de poder conversar contigo, pedirte perdón por todo lo que puedas haber sufrido en una comunidad que debería vivir siempre y en todo la caridad, y escuchar todo lo que tengas que decir. Si no te he enviado la carta todavía, es porque consideré que ese debería ser el paso final del proceso, una vez que todo lo demás ya estuviera aclarado.

Te estoy dirigiendo esta carta solamente a ti, pues creo que se trata de un asunto personal. Sin embargo, si tú consideras que debes compartirlo con otras personas, no hay inconveniente de mi parte.

Te mando un abrazo y ofrezco mis oraciones por ti y por tu familia,

Sandro

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e-mail de Martin Scheuch a Alessandro Moroni (31 de enero de 2017)

Estimado Sandro:

No sé a que dificultades de comunicación te refieres, pues yo no tengo problemas en comunicarme contigo, pero parece que tú sí los tienes en responderme.

Tú respuesta es absolutamente insatisfactoria por los siguientes motivos:

1. Falta de transparencia, pues no mencionas cuáles fueron los criterios para evaluar los testimonios, a fin de determinar si había abusos. Por lo menos me habrías explicado por qué el Sodalicio no considera abusos los hechos que ya te mencioné, y que yo y varios más sí consideramos abusos —entre ellos, el psicoterapeuta que me atendió—.

2. Mi caso no se reduce a un sólo episodio. Supongo que te refieres a aquél que yo guardo en mi memoria y que involucra a Jaime Baertl, pues ni siquiera te dignas ser claro cuando hablas de «un episodio». No me explicas quién fue ese «investigador profesional» ni tampoco me das las razones que lo llevaron a un dictamen de inverosimilitud de este hecho. No creo que seas capaz de imaginarte la decepción y el dolor que causa que se declare que es imposible que haya sucedido algo que uno guarda tan vívidamente en la memoria con la certeza de que efectivamente ocurrió. Porque lo que se deriva de la conclusión a que llega el investigador es que soy un mitómano o un mentiroso, cosa que no se sostiene ni sobre la base de lo mucho que he escrito sobre el Sodalicio con abundancia y precisión de detalles, ni sobre el informe del psicoterapeuta que me atendió, que me considera una persona normal con algunos índices que se hallan fuera del promedio aunque sin llegar a configurar un síndrome postraumático. Me gustaría saber que explicación da el investigador para que yo supuestamente haya inventado este incidente. La primera vez que lo puse por escrito fue en el año 2008, aunque ya anteriormente se lo había contado a algunas personas. Puedo demostrar esto por un e-mail que le envié en enero de 2009 a Manuel Rodríguez. No había la intención de hacer público este incidente. A fines del mismo año mi hermano Erwin recibió el mismo documento en que se narraba este incidente. Yo tenía entonces la intención de advertir a las autoridades sodálites para que tomaran las medidas necesarias, de ninguna manera la intención de hacerlo público. La primera vez que menciono el incidente de manera pública, aunque sin mencionar a Baertl por su nombre, es en mi post ELOGIO DEL SODALICIO del 11 de enero de 2013. Los reparos que personalmente tenía para hacer de conocimiento público este incidente, ¿no son acaso un indicio de que no lo inventé sino de que efectivamente ocurrió? Francamente, creo que tu «investigador profesional», si aplicara sus criterios a los Evangelios, negaría incluso la verosimilitud de los relatos de la Resurrección. Además, ¿qué credibilidad tiene Jaime Baertl cuando, contrastando con los hechos, resulta que ha mentido en sus declaraciones a la Fiscalía en varios momentos?

3. En la entrevista que tuve con Ian Elliott dejé en claro que mi historia ya había sido presentada en mi testimonio ante la Comisión de Ética, a través de un documento que también está en poder del Sodalicio, pues fue enviado el 27 de octubre de 2015 [por e-mail] al P. Jorge Olaechea. Te lo adjunto para así aliviar un poco tu amnesia. No obstante, le expuse a Ian Elliott partes de mi historia, el cual me dijo que la conocía. Sin embargo, nunca planteó la reunión como una instancia para aclarar más los hechos, sino más bien para conocer mejor mis opiniones sobre el Sodalicio. Por lo tanto, me extraña que su evaluación haya sido negativa, siendo así que yo respondí adecuadamente a las preguntas que él me hizo. Lo que ciertamente descalifica la supuesta profesionalidad de Ian Elliott es su breve e-mail informándome de la decisión del comité de reparaciones, sin darme ninguna explicación, así como su silencio ante los sucesivos e-mails que le envié solicitándole precisamente estas explicaciones.

4. Hube de entender que con el e-mail de Ian Elliott el proceso había finalizado en mi caso particular. Pues no recibí ninguna comunicación posterior de nadie vinculado al Sodalicio. ¿Qué entiendes como «paso final del proceso»? ¿Qué es lo que estás esperando? ¿Observar qué pasa para ver si el Sodalicio puede seguir meciéndome a mí y a otras víctimas? Además, ¿de qué sirve que les vuelva a contar todo lo que viví, cuando ya lo he contado en varias ocasiones y además tienen mi testimonio escrito? Simplemente no han querido escuchar y no dan indicios de querer hacerlo seriamente.

Finalmente, aunque sé que lo dices no con mala intención sino porque eso forma parte habitual —como un cliché— de los mensajes provenientes de un sodálite, te agradecería que no ofrezcas ninguna oración por mí y por mi familia hasta que me hayas ofrecido lo que por justicia me es debido: un reconocimiento oficial y público de la veracidad de mi testimonio y de mi condición de víctima del Sodalicio.

En caso de no recibir pronta respuesta o ésta sea insatisfactoria, me veré obligado a hacer públicos estos mensajes a través de un importante medio de prensa.

Saludos

Martin Scheuch

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Sólo queda comentar que el ofrecimiento por parte de Moroni de asumir los costos de una terapia psicológica, sin reconocer en ningún momento que se hayan cometido abusos en mi perjuicio, me resulta hiriente y ofensivo, pues sugiere que los daños psicológicos que yo haya podido sufrir no son causados necesariamente por la disciplina sodálite que se me aplicó sino por factores puramente subjetivos. Supongo que piensa que sus famosos «rigores de la formación» no son necesariamente perjudiciales para todos, ni pueden siquiera ser catalogados como abusos. El factor subjetivo queda en evidencia cuando Moroni me pide «perdón por todo lo que puedas haber sufrido en una comunidad que debería vivir siempre y en todo la caridad», es decir, perdón por todo lo que me causó sufrimiento —subjetivo, se entiende—, no por los abusos que se cometieron sistemáticamente contra mí en la vida comunitaria y que yo he descrito detalladamente en varias ocasiones.

Finalmente, el 4 de febrero le informé a Alessandro Moroni que, ante su silencio, le iba a enviar copia de estos mensajes a la prensa. Para ser justo, le indiqué lo siguiente: «Si tienes algo más que añadir, con gusto haré que se publique también tu descargo. Como ves, a mí y a otros sí nos interesa saber cuál es tu posición y la del Sodalicio, a fin de que los lectores puedan conocer los dos lados de la moneda».

A día de hoy, sigo sin tener respuesta.

8 de febrero de 2017

Martin Scheuch

(Publicado en Altavoz el 12 de febrero de 2017)

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El 10 de febrero, el mismo día en que el Sodalicio daba a conocer el pronunciamiento de la Santa Sede sobre el caso Figari, se propalaba también un mensaje de Alessandro Moroni al respecto, que finalizaba con estas palabras: «Nuestro compromiso con la verdad y las víctimas es definitivo e irreversible».

Tras el mensaje que me envió por e-mail y su posterior silencio, me dejan un sabor amargo en la boca. Y la impresión de ser sólo palabras huecas que cumplen una mera función retórica: la de anunciar con un triunfalismo vacío que el Sodalicio ha hecho siempre lo correcto desde que estalló el escándalo. Sabemos que no ha sido así. Por lo menos hasta ahora.

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4 pensamientos en “SODALICIO: DE CÓMO UN PROCESO DE REPARACIÓN SE CONVIERTE EN UNA FARSA

  1. Estimado Martin, Esta claro el por que te niegan como victima: Jaime Baertl no puede aceptar los cargos que le imputas porque terminaria de caer toda la organizacion sodalite, Baertl es un pez gordo como Figari al que le gusta estar a un lado para manejar los negocios de su grey.
    Un amigo me conto que en el colegio le decian gallina, creo que le hace honor al apodo. Encuentras alguna diferencia entre la actitud de Baertl y la de Toledo ? Lo dejo ahi.

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  2. Martin, me da náuseas ver la bajeza de Moroni hacia contigo. Su comportamiento es ruin, miserable y asqueroso. Cuanto lo siento por toda la injusticia que estás pasando. Eres una buena persona y no te mereces esto. Un fuerte abrazo

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  3. El sodalicio no va aceptar los cargos, se les malogra el negocio, pero hay un punto determinante, se podrán hacer los inocentes, pero tanto tu Martín, como Pedro Salinas, Jose Enrique Escardo, y exsodalites, han puesto en total evidencia la verdadera entraña sodalite, todos estos años vienen desnudado con argumentos categóricos todas sus mentiras y medias verdades, como este blog que publicas.
    Mi madre tiene un dicho cuando alguien hace una cagada y no se da por enterado, “este es como el pato, caga, mueve la cola, y sigue caminando como si nada”, esto se les puede aplicar al sodalicio con la diferencia que no solo hay cagadas sino también delitos,
    un fuerte abrazo.

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  4. Y pensar que durante años repitieron al unísono su consigna:
    Se ha ensayado todo, es momento de ensayar la verdad

    Mas bien fue su “verdad” que consistiò bàsicamente en
    ocultar, encubrir y negar.

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