LA VIDA EXITOSA DE UN SOBREVIVIENTE DEL SODALICIO

metropolis

Fotograma de la película “Metropolis” (Fritz Lang, 1927)

En el vergonzoso fallo de la fiscal María del Pilar Peralta que archiva las denuncias contra el Sodalicio se dice «que ninguno de los presuntos agraviados presenta actualmente problemas psicológicos derivados de su permanencia en el Sodalicio. Por el contrario, las pericias demuestran que todos ellos llevaron vidas personales y profesionales exitosas».

En el dictamen que recibí de un psicólogo profesional en diciembre de 2016 aquí en Alemania se me diagnostica trastornos adaptativos que pueden haberse originado en mi experiencia sodálite, sin descartar que haya podido tener un síndrome de estrés postraumático en el pasado. Y eso ha tenido consecuencias.

Mi azarosa vida profesional después de salir de una comunidad sodálite en el año 1993 se puede sintetizar así: trabajos como profesor en diversos colegios particulares durante la mañana, en institutos docentes en la tarde —sin contar en éstos con ningún beneficio social—. De 2001 a 2002 trabajé a medio tiempo para la cooperación alemana al desarrollo. Ya en Alemania laboré principalmente para services, que me colocaron en puestos de secretario trilingüe, de atención telefónica a clientes en tres idiomas, de reserva de vuelos por teléfono.

En todo este tiempo he estado casi 5 años desempleado.

Desde enero de 2013 cachueleo todos los días como repartidor de periódicos en mi pueblo, de 5 a 6 de la madrugada. Y a partir de este mes me dedico a tiempo completo al cuidado de ancianos en un asilo.

Por lo general, pocas veces los trabajos me han durado más de 2 años y rara vez estuvieron a la altura de mis intereses y mis capacidades. Gracias al Sodalicio, que me secuestró durante décadas de la vida real.

(Columna publicada en Exitosa el 21 de enero de 2017)

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Cuando el periodista Beto Villar me entrevistó en la estación del tren de Mannheim para un reportaje que fue emitido el 8 de mayo de 2016 en el programa Punto Final de Latina Televisión, me hizo una pregunta que no fue incluida en la emisión: «¿Qué habrías estudiado si no hubieras estudiado teología?»

Le conté que en marzo de 1981 postulé a Letras en la Pontificia Universidad Católica del Perú, sólo con el fin de complacer a mi madre —quien aún albergaba esperanzas de alejarme de la órbita del Sodalicio— y logré el octavo puesto en el examen de admisión. Ni siquiera fui a ver los resultados y me enteré por terceros. No quería ser rapado —como es la costumbre entre los admitidos en una universidad en el Perú— antes de ingresar a la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, que era donde debía realizar estudios según los deseos de Luis Fernando Figari, quien veía en mí una prometedora figura intelectual dentro del ámbito del Sodalicio. No sospechaba yo entonces de la falta de libertad intelectual que reina en el Sodalicio —pues todos aquellos que se dedican a labores vinculadas a la producción intelectual tenían que ceñirse a una ideología rígida y reflejar el pensamiento de Figari en todo lo que enseñaban o escribían, no habiendo cabida para un debate intelectual abierto—.

Si hubiera seguido estudios en la PUCP, probablemente habría seguido una carrera vinculada a la literatura o el periodismo. Todo eso se truncó cuando yo todavía tenía 17 años. No tuve auténtica libertad de elegir, pues ya entonces las prácticas manipulatorias habían logrado cambios en mi personalidad y me habían generado una gran dependencia hacia el Sodalicio. Mi vida giraba en torno al Sodalicio y todo lo que no estuviera vinculado con la institución revestía una importancia secundaria, comenzando por los vínculos familiares. En ese entonces creía que mi existencia sólo tenía sentido en el Sodalicio, y debía ofrendarle mi presente y mi futuro para siempre. Por fortuna y gracia de Dios, pude escapar muchos años después de esta situación.

De poco me sirvió el Master of Business Administration que terminé en la Escuela de Administración para Graduados (ESAN) en el año 2000 —en materias que no correspondían realmente a mis intereses y habilidades—, o la Maestría en Traducción de las Lenguas Española y Alemana que hice de 2011 a 2012 bajo la modalidad a distancia con el Instituto Superior de Estudios Lingüísticos y Traducción (ISTRAD) y la Universidad de Córdoba (España). Ya era demasiado mayor como para poder insertarme con éxito en el mercado laboral. No he tenido otra alternativa que hacer el año pasado, durante cinco meses, una capacitación para dedicarme al cuidado de ancianos. Afortunadamente, fue pagada por la Oficina de Trabajo. Y así seguimos, como diría Víctor Heredia, sobreviviendo, sobreviviendo…

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Un pensamiento en “LA VIDA EXITOSA DE UN SOBREVIVIENTE DEL SODALICIO

  1. Lamento mucho lo que te sucedió en el sodalicio, no estoy de acuerdo con todo aquello, deben ser juzgados de acuerdo a ley, y pagarles una compensación por el daño causado.

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