EL OBISPO SANCIONADO POR APOYAR A LAS VÍCTIMAS

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Mons. Thomas Gumbleton (1930- ), obispo auxiliar emérito de Detroit (Estados Unidos), es una excepción en el episcopado católico estadounidense.

Con sensibilidad pastoral, decidió apoyar a las víctimas de abusos sexuales por parte del clero. En la primera década de este siglo se manifestó a favor de iniciativas legislativas en varios estados, que proponían abrir una ventana de tiempo de un año donde la prescripción del delito de abuso sexual quedara suspendida, de modo que las víctimas pudieran judicializar sus casos. En Ohio, los obispos habían hecho hasta lo imposible para tirarse abajo esa propuesta.

Pero lo que nadie sabía hasta entonces era que Gumbleton, a la edad de 15 años, había sido víctima de abuso sexual por parte de un sacerdote. Y recién 60 años después tomaba el valor para hacer público este incidente, aunque sin intenciones de iniciar ningún juicio.

En enero de 2006 decidió rendir su declaración escrita en Ohio, animado por su amiga Barbara Blaine del “Survivors Network of those Abused by Priests” (SNAP), a fin de apoyar una propuesta de ley que extendiera la prescripción de los delitos mencionados a 20 años a partir de la mayoría de edad de la víctima.

Poco después le llegó una carta del cardenal Giovanni Re de la Congregación para los Obispos, quien había sido informado por el Nuncio instigado por los obispos de Ohio. Se le acusaba de ir contra la comunión episcopal. Mons. Gumbleton, quien ya debía renunciar como obispo auxiliar por límite de edad, fue también obligado a dejar su labor pastoral en la parroquia de St. Leo.

Un claro aviso para quien ayude a las víctimas de abusos.

(Columna publicada en Exitosa el 19 de noviembre de 2016)

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Antes de presentar su declaración ante la Legislatura de Ohio en enero de 2016, Mons. Gumbleton había dado una conferencia el 4 de noviembre de 2015 en Milwaukee en el marco de un evento organizado por el Survivors Network for those Abused by Priests (SNAP).

Hablando sobre la gravedad del abuso sexual y la actitud que hay que tomar al respecto, les había dicho a los asistentes que esperaba que su propia historia «pueda animar a algunos de ustedes a ser más activos en trabajar para que esto termine, aquello que incluso el Papa ha llamado un cáncer en la Iglesia católica, y para traer sanación a los sobrevivientes antes que nada y sanación a nuestra propia Iglesia».

«Mi testimonio ha aportado argumentos de por qué necesitamos efectuar este cambio», añadió entonces. «Yo también he pensado al respecto y quizás la cosa más persuasiva que puedo decirles a ustedes es que yo soy una víctima».

Y esto es lo que puso en su testimonio en Ohio: que un sacerdote abusó sexualmente de él cuando estaba en 9° grado en la escuela. «Yo no quiero exagerar diciendo que fui terriblemente dañado. No fue el tipo de abuso sexual que experimentan muchas de las víctimas», declararía Gumbleton a The Washington Post en una entrevista telefónica de enero de 2006. Pero él sabía por qué las víctimas de abuso sexual no interponen una demanda judicial dentro del período establecido por las leyes antes de que el delito prescriba, que en mucho estados es de dos a cinco años después de haberse producido el incidente. «Están intimidadas, avergonzadas, y simplemente lo reprimen. Yo puedo entender eso», dijo. «Yo nunca se lo conté a mis padres… Nunca se lo conté a nadie».

Respeto a los abusos que sufrió de adolescente, indicó que se trató de «tocamientos inapropiados por parte de un sacerdote», que tuvieron lugar en 1945 cuando estaba en 9° grado en el Seminario del Sagrado Corazón en Detroit. «Como ocurre con frecuencia en estos casos», el sacerdote lo invitó a él y a otro muchacho a pasar un fin de semana en una cabaña. «En algún momento empezaría a luchar cuerpo a cuerpo con uno de nosotros. Entonces metería sus manos en tus pantalones», relató.

A pesar de que era obispo en Michigan, Gumbleton no vio nada de malo en testimoniar en Ohio respecto a lo que él consideraba «un asunto nacional». «Le puede costar a la Iglesia algo de dinero, pero también puede traer una gran cantidad de sanación a un montón de víctimas», dijo. «He estado diciendo durante 10 años que estos casos deben ser tratados con sensibilidad pastoral, y no sólo de un modo legal contencioso. También creo firmemente que los obispos deberían hablarles a estas víctimas, y muy frecuentemente no lo han hecho».

Los obispos de Ohio se habían opuesto al proyecto legislativo que permitiría abrir una ventana de tiempo de un año para que las víctimas de abusos sexuales pudieran iniciar demandas contra la Iglesia católica, sin tener en cuenta la prescripción de los delitos. Consideraron que Gumbleton, al apoyar esta iniciativa a la cual ellos se oponían, había violado la “communio episcoporum” (comunión episcopal). De este hecho fue informado Gumbleton a tavés de una carta del Vaticano enviada al arzobispo de Detroit, Mons. Adam Maida. En consecuencia, fue obligado a renunciar a su labor pastoral en la parroquia de St. Leo en Detroit, donde había trabajado desde el año 1983.

Gumbleton declararía al National Catholic Reporter en enero de 2011 que, como obispo, había mantenido correspondencia con el Vaticano sobre varios temas, y por lo general éste se tomaba bastante tiempo para responder. Pero en este caso la carta del cardenal Giovanni Re de la Congregación para los Obispos le llegó al cardenal Maida en sólo diez días, señalando los cánones del Código de Derecho Canónico que supuestamente había infringido.

Si bien Gumbleton comprendía que debía dejar su puesto de obispo auxiliar, pues ya había pasado el límite de edad de 75 años estipulado por la ley canónica, no llegaba a comprender por qué también se le exigía que renunciara a su función de pastor en la parroquia a la que tanto amaba. Pese a sus protestas, el arzobispo Maida le exigió que lo hiciera.

«Eso me sorprendió, en parte porque ¿qué sabe el cardenal Re sobre lo que es bueno para una parroquia de Detroit, sobre quién debería o no debería ser pastor?», dijo Gumbleton. «¿Y por qué el arzobispo debería aceptar los requerimientos del cardenal Re? Pienso que, después de todo, él es el arzobispo». «Un cardenal que es cabeza de una congregación no tiene ningún tipo de jurisdicción o autoridad como ésa», añadió. «Así pues, ¿por qué debería Maida hacerle caso? Bueno, es parte de todo un sistema tipo club de los cardenales: tú no vas a ponerte en contra de otro cardenal. Y de este modo no se me nombró administrador, así que tuve que dejar la parroquia».

«Ahora que miro bien el asunto, todo fue tan irracional, porque soy retirado de la parroquia y no se me permite celebrar Misa allí… Yo puedo celebrar Misa en cualquier otro lugar de la diócesis. De modo que fue algo en contra de la gente», dijo. «Sin embargo, la única cosa que en mi opinión me debería haber sido permitida es continuar siendo pastor de la parroquia para beneficio de la gente, porque tenemos escasez de sacerdotes y desde entonces nadie ha sido designado pastor allí», continuó. «Eso es realmente doloroso en especial para una parroquia pequeña. Así que parece que fue vindicativo. No ayudó a a nadie y no fue apropiado para la gente de la parroquia ser castigada por lo que yo hice».

Lo peor es que, después de rendir su testimonio, ningún obispo se comunicó con él personalmente, no obstante que Gumbleton en ese momento ya tenía 30 años como obispo. «Yo los conozco a todos», declaró. «Me he encontrado con ellos en varias ocasiones… Ninguno me llamó para hablar sobre esto. Ahora bien, si estaban molestos, me podrían haber llamado y hacerme bronca y agarrarme a gritos si lo querían. O podrían haber preguntado: ¿por qué lo hiciste?»

A Gumbleton también se le ordenó no ir a ninguna otra diócesis sin el permiso explícito del obispo del lugar. «Y eso fue un intento, supongo, de prohibir que hable en público». Respecto a esa restricción, dijo: «No se siente muy a gusto ir a una diócesis para hablar y saber que el obispo de la diócesis preferiría que no estuvieras allí. Y, sin embargo, yo no dejo que eso me inhiba, de modo que hallo caminos para hablar en todo el país».

«Yo no estoy enfadado con los obispos», añadió Gumbleton. «Me siento mal básicamente por nuestra Iglesia. Siento que estamos perdiendo una oportunidad de ser sanados porque no queremos ver en lo profundo problemas que existen. Y tarde o temprano nos veremos forzados a tener que hacerlo».

Mons. Thomas Gumbleton fue en 1972 uno de los fundadores de Pax Christi USA, organización que promueve la paz, y su labor pastoral se ha caracterizado por su compromiso con los pobres y las minorías.

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FUENTES

The Washington Post
Bishop Says Priest Abused Him as Teenager (January 11, 2006)
http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2006/01/10/AR2006011001818.html

National Catholic Reporter
Retired bishop asked to leave Detroit parish for testimony (Nov. 4, 2011)
https://www.ncronline.org/news/accountability/retired-bishop-asked-leave-detroit-parish-testimony
Vatican moved quickly to punish Gumbleton (Nov. 5, 2011)
https://www.ncronline.org/news/accountability/vatican-moved-quickly-punish-gumbleton

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4 pensamientos en “EL OBISPO SANCIONADO POR APOYAR A LAS VÍCTIMAS

  1. Martín, qué nos podrías decir sobre la posición del Obispo Gumbleton, respecto del matrimonio gay y la homosexualidad? Es la que enseña la Iglesia Católica y el Catecismo?

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    • Aunque eso no sea relevante respecto a la defensa de las víctimas de abusos, Mons. Gumbleton ha tenido siempre una actitud pastoral de acogida hacia los homosexuales, defendiendo sus derechos, incluso el de acceder al ministerio sacerdotal. Él mismo tiene un hermano que es gay. Considerando que la orientación homosexual no es algo que se elige, se ha mostrado siempre en desacuerdo en considerar a las personas homosexuales y las conductas derivadas de su orientación como intrínsecamente desordenadas. En todo caso, siempre ha apelado al derecho que tiene todo ser humano de seguir su conciencia.

      Lo que piensa Gumbleton sobre el tema es una reflexión válida basada en los principios de la enseñanza de Jesús en los Evangelios. Como yo mismo ya he señalado, lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica no puede ser considerado definitivo, pues requiere de una profundización ulterior, ya que —tal como está— lleva a una discriminación injusta de personas por una condición que ellas no han elegido. En todo caso, la enseñaza del Catecismo sobre este tema no tiene peso dogmático y el asunto sigue abierto a la reflexión.

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      • No entiendo qué tiene que ver la opinión del Obispo sobre la homosexualidad con su correcta y justa defensa de las víctimas de abuso sexual por parte de religiosos. En todo caso pienso que es un ejemplo a seguir y se evitarìa mucho dolor y vegüenza a nuestra Iglesia si muchos hubieran actuado o actuaran como él.

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