SODALICIO: EL OCASO DEL INNOMBRABLE

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Virgilio Levaggi Vega

En 1986, Virgilio Levaggi había llegado a ser prácticamente el número tres en el Sodalicio después de Figari y Doig. Era responsable del área de Instrucción, tenía contactos importantes a nivel de jerarquía eclesiástica y estaba encargado de la consejería espiritual de un nutrido número de jóvenes sodálites y aspirantes al Sodalicio.

Pero de un día para otro todo cambió. Los cuatro aspirantes sodálites que —bajo su supervisión— estaban realizando su mes de prueba en la comunidad sodálite de Magdalena del Mar fueron trasladados de inmediato a la comunidad sodálite de Barranco, donde yo vivía. Germán Doig, el superior de esa comunidad, nos había informado que Levaggi había cometido una “falta grave contra la obediencia” y que Figari lo había relevado de todas sus responsabilidades.

Levaggi se quedaría donde estaba bajo un régimen especial. Yo fui trasladado a esa comunidad, debido a que era poco “influenciable”, pero quizás hayan pensado que yo era un “marciano” que no me iba a dar cuenta de nada. Aún así, se me ordenó vigilar a Levaggi.

Se vivió un tiempo de continua tensión, pues se desconfiaba de Levaggi y se pretendió controlar todo lo que hacía. El superior, José Ambrozic, andaba paranoico preguntando si Levaggi había telefoneado con alguien y frecuentemente le daba órdenes humillantes que debía cumplir.

Levaggi terminaría largándose del Sodalicio, no obstante que Figari le pidió que se quedara. A partir de entonces se le llamaría “el Innombrable”, para posteriormente desaparecer todo rastro de su recuerdo.

Nunca se supo cuál fue la falta de Levaggi. Pero una “falta de obediencia” no explica el ostracismo que le aplicaron ni su repentino ocaso.

(Columna publicada en Exitosa el 8 de octubre de 2016)

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En el libro Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas, el testigo identificado con el seudónimo de Bernardo, después de relatar lo que vio sobre la reclusión de Jeffery Daniels en San Bartolo, describe una situación anterior que encaja con lo que sabemos sobre la caída en desgracia de Levaggi:

«Fíjate. Me acabo de acordar de cuando LE también fue puesto “en cuarentena”. Lo digo así porque nadie nos daba una explicación sobre esta situación. Y por esas coincidencias de la vida, también me tocó vivir un tiempo en esa comunidad donde ocurrió aquello. Era penoso. Ni siquiera la dejaban bañarse y LE andaba todo sucio, seboso. La versión oficial decía que “había faltado a la obediencia”. Pero más tarde, HdC me dijo: “Lo único que te puedo decir es que no se trata de un asunto de faldas”. Eso también fue raro», dice Bernardo.

El mismo Bernardo relata un extraño incidente que le ocurrió durante una de las tantas sesiones de dirección espiritual con LE.

«Otra situación extraña que recuerdo es cuando LE era mi director espiritual y yo recién había entrado formalmente al Sodalitium. En una sesión de dirección espiritual, en una pequeña salita de una de las comunidades sodálites limeñas, a puertas cerradas, me puse a llorar. No me acuerdo por qué ni de qué estábamos hablando, pero la cosa es que me quebré. Y LE trata de consolarme tomándome de la mano. Al poco, comienza a acariciame con uno de sus dedos, cuando en eso alguien, pensando que no había nadie en la habitación, abre la puerta de improviso, y LE rápidamente retrae la mano como si le hubieran descubierto, o algo parecido. Después de eso, nunca más volvió a hacerlo. Pero mirando las cosas a la distancia, interpreto ahora ese “cariño-consuelo” como un gesto de aproximación», expone Bernardo.

Algo similar cuenta quien se identifica como Cristóbal en el libro de Salinas.

A la luz de la revelación mediática de la doble vida que mantuvo Germán Doig Klinge, el número dos de la organización, me cuenta Cristóbal algo que, viendo las cosas en retrospectiva, nunca dejó de parecerle extraño. «En una de las comunidades sodálites, en una salita donde se realizaban las reuniones con los directores espirituales a puertas cerradas, una vez que estaba conversando con LE sobre la tensión y las técnicas de relajación, me pidió que me levante la camiseta, y yo accedí sin ninguna malicia: y él se quedó mirándome un rato, hasta que de pronto alguien tocó la puerta para saber si la sala estaba ocupada, y al toque me dijo “vístete”. Lo dijo con nerviosismo. Y siempre me quedé pensando que, si eso era normal, ¿por qué se mostró inquieto? Nunca llegué a pensar que podía estar en una situación de acoso sexual o en el comienzo de algo así. Pero sí, fue raro lo que pasó».

Según ha sido revelado por el periodista José Alejandro Godoy (ver http://www.desdeeltercerpiso.com/2016/10/sodalicio-el-caso-levaggi/), existen dos testimonios sobre abusos sexuales cometidos por Levaggi que no fueron incluidos en el libro Mitad monjes, mitad soldados, debido a que los testigos decidieron no figurar en el libro.

Finalmente, vale la pena reproducir aquí la descripción que hace Pedro Salinas de Eugenio Poggi, el personaje basado en la figura de Levaggi, en su novela Mateo Diez, pues —de acuerdo a lo que yo vi— coincide en gran medida con las características de la persona real. Para saber las nombres de las personas reales en que se inspiran otros personajes, sugiero revisar mi GUÍA DE LECTURA NO AUTORIZADA DE “MATEO DIEZ”.

Poggi, egocéntrico impenitente, un gordo inmenso de rasgos mestizos, cara de panadero y voz aflautada, disfrutaba mucho de la política. Más aún: le gustaba el poder. Quería ser el heredero de José Hernando. El sucesor del fundador. Pero tenía un contrincante de peso: Kauffman K. Siempre me sorprendió con sus críticas de grueso calibre contra Kauffman. Si escribía un libro, éste carecía de solidez intelectual. Si profería un discurso, se burlaba de la poca capacidad gestual de Kauffman, quien, paradójicamente, había escrito publicaciones sobre el lenguaje corporal. Si alguno de sus discípulos tenía dudas sobre su vocación, cuestionaba la labor de Kauffman como director espiritual. […]

Para Poggi, Kauffman no merecía ser el sucesor natural de José Hernando. Para Poggi, el sucesor natural del fundador de la Milicia era él. Y siempre trabajó en esa línea, formando a un núcleo de fieles que lo respetaran más a él antes que a ningún otro, incluyendo a José Hernando.

El perfil psicológico de Poggi era algo complejo, de un narcisismo de campeonato. Personalista, autoritario, creía poseer siempre la razón. Imponía siempre su criterio y tenía facilidad para entrar en la voluntad de los demás como un cuchillo en la mantequilla. Sus monólogos siempre estaban atiborrados de expresiones de poderío, con un sentido grandioso, y muchas veces gracioso, de autoimportancia. Si bien poseía una inteligencia aguda y sofisticada, exageraba sus propios méritos a la vez que infravaloraba los ajenos, sobre todo los de aquellos como Kauffman, que sentía como competidores. Tendía a explotar a los demás para su provecho, manteniendo relaciones verticales, jamás horizontales. A José Hernando era al único que reconocía como un par, aunque también solía criticarlo a sus espaldas.

Era, además, incapaz de asumir sus errores, por lo que solía proyectar en los demás la culpa de sus fracasos. Tenía una necesidad excesiva de ser autosuficiente y una urgencia compulsiva de controlar la situación. Su arrogancia, siempre acompañada de fantasías delirantes, lo llevaba a estar pendiente de los temas de poder y jerarquía. Y cuando escuchaba, parecía hacerlo por compromiso, con desgano ante las opiniones ajenas. No tenía idea de lo que era la humildad. Era el derroche de la soberbia a todo trapo.

Poggi era, asimismo, un arribista y un oportunista nato. […]

Pese a todo, con Poggi llegué a establecer una relación amical, aunque en un principio, cuando recién lo conocí en Huaraz, me cayó mal y me incomodaban sus amaneramientos contenidos. Mi amistad con Poggi no era como la que tenía con Luigi. Era más utilitaria. Poggi parecía más interesado en formarme para ser su lugarteniente dentro de la organización que en mi crecimiento espiritual. Eugenio se hizo cargo también de la formación espiritual de Pepe Castilla, Juani Villacorta, Miguel Ciriani y Duilio Castagnola. […]

De prominente papada, su tono discursivo y afectado era parecido a una emisión en onda corta, perdiéndose a ratos y volviéndose audible alternativamente. Ello, a veces, era exasperante, porque no se le escuchaba muy bien. No obstante ello, Poggi solía ser locuaz y elocuente. Eugenio, además, fumaba clandestinamente cigarrillos Dunhill, a pesar de la prohibición que estableció José Hernando en un retiro de silencio. “Los mílites no deben fumar, porque el que fuma no se santifica”, decretó el fundador en dicho retiro.

5 pensamientos en “SODALICIO: EL OCASO DEL INNOMBRABLE

  1. Martin.En las Agrupaciones siempre supe que el tema político habia sido una de las causas. Recuerda que luego estuvo en el mitin inicial del movimiento Libertad de Vargas LLosa contra la estatización de la Banca. El rumor de su homosexualidad tambien se decía, pero ain confirmar.

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  2. Según leo en “Desde el Tercer Piso”, esto de incitar al sexo desde el yoga es algo que se ha repetido en el sodalicio en diferentes dirigentes, ahora en Levaggi. Esto también tiene sistema. Hmmm …

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  3. Que bueno Martin que hayas cambiado de opinión y te hayas atrevido a publicar algo en contra de Levaggi, hace tiempo que te negabas a hacerlo porque no tenías información que confirme estas denuncias, cosa contraria que hiciste con otras personas manchando sus honras con menos indicios que con Levaggi, encubriendo a su autodenominado “lugarteniente” pedro salinas, ya sabemos que lo que denuncias tu lo prácticas, ley del embudo, por lo visto algo de sodalite te queda.
    Recuerdo que lo de Levaggi era vox populi entre los los sodalites gracias a Doig y Baertl y no me digas que tú no sabías nada pues viviste con él sus últimos días en el sodalicium.
    Ojalá que las victimas de Levaggi que se atrevieron a denunciarlo estén bien, aprovecho para corregir algo que pregonas hace mucho: Escardo no fue el primero en denunciar estos hechos, fueron otros sodalites que lo hicieron en contra de Levaggi y lograron que se vaya.
    Ojalá no sigas censurando mis mensajes, se tolerante Martín
    Saludos
    Lucho

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    • Mi estimado:

      Mal no te haría tomarte una valeriana antes de escribir, a fin de evitar tamaña sarta de improperios, suposiciones ligeras y juicios apresurados.

      Ciertamente, hasta hace no mucho tiempo yo sólo tenía sospechas fundadas sobre Levaggi, pero nada sólido como para escribir al respecto. Durante el tiempo que fui sodálite no supe nada sobre cuál había sido la falta de Levaggi, aunque viví en la misma comunidad que él algunos meses. Más tiempo he vivido bajo el mismo techo con Germán Doig, y nunca vi ni sospeché nada. Te aseguro que si tu mujer te es infiel y te pone los cuernos, probablemente no te enterarás en mucho tiempo, aunque duermas con ella en la misma cama.

      Además, ni Doig ni Baertl me contaron nada sobre Levaggi salvo la versión oficial —que había cometido una “falta grave contra la obediencia”—, y la cosa fue tan “vox populi” que hasta ahora la mayoría ni enterados estaban.

      Por otra parte, Pedro Salinas ha reconocido que durante mucho tiempo fue la mano derecha de Levaggi, pero al igual que sucedió con otros, fue utilizado por alguien que se caracterizaba por ser un manipulador consumado. Pedro tampoco supo nada de los abusos sexuales de Levaggi hasta que se topó con dos testimonios en su investigación periodística.

      Respecto a otro punto, denuncias contra sodálites hechas por sodálites activos y ex-sodálites las hay desde los ’70. Víctor Zar fue uno de los primeros denunciantes. Sin embargo, todas esas denuncias fueron hechas en círculos sociales restringidos o en privado. El primero que sale a denunciar ante la opinión pública es Escardó.

      Finalmente, te recuerdo que nada de lo que he escrito en este blog es inventado. Si unos hechos que deben conocerse por el bien de la sociedad y de la Iglesia afectan las honras de personas que colaboraron de una u otra manera con el Sodalicio, eso no es manchar una honra; eso es no tenerla. No se mancha lo que no se tiene.

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  4. Pingback: DATOS SODALITES: LEVAGGI Y BAERTL | Lima Al día

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