SODALICIO: EL CURA DESERTOR

alborada_alberto_gazzoAlberto ‘Beto’ Gazzo, ex alumno del Colegio de la Inmaculada (jesuitas) y miembro de la generación fundacional del Sodalicio, fue ordenado sacerdote por el Papa Juan Pablo II en Lima el 2 de febrero de 1985 en una Misa que se celebró en el Hipódromo de Monterrico.

Beto trabajó principalmente con niños, alumnos de colegios particulares privilegiados de Lima, en la década de los ‘70, llevándolos a campamentos-retiros conocidos como DyN (Dios y Naturaleza). Mucho antes que Jeffery Daniels, fue conocido como “el apóstol de los niños”.

Sufría de cojera de un pie debido a una poliomelitis que le sobrevino en su infancia, lo cual era motivo para hacerlo continuamente objeto de burla, a fin de que se ejercitara en la humildad según Luis Fernando Figari.

En 1986 fue enviado a Rio de Janeiro (Brasil) como uno de los primeros miembros de la comunidad sodálite que asumió la parroquia carioca Nossa Senhora da Guia.

Tiempo después colgaría los hábitos y desaparecería del mapa. La revista “Alborada” —de circulación interna en la Familia Sodálite— con una foto de su ordenación en la portada fue sacada de circulación y hoy es sumamente difícil encontrar un ejemplar. Y cómo es costumbre en el Sodalicio, su nombre dejó de mencionarse y su existencia fue cubierta con un olvido intencional y programado.

Un sacerdote que deja el sacerdocio siempre tiene una historia interesante que contar. Beto Gazzo probablemente posea en su memoria claves importantes para esclarecer el turbio recorrido de la institución sodálite cuando era Figari quien tenía la voz cantante. Claves que quizá expliquen también el misterio de por qué decidió renunciar al estado clerical.

(Columna publicada en Exitosa el 3 de septiembre de 2016)

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La ordenación sacerdotal de Beto Gazzo la vi por televisión en la comunidad sodálite Nuestra Señora del Rosario (San Bartolo), acompañado de Rafael Ísmodes, a quien Raúl Masseur, superior de la comunidad sodálite sambartolina Nuestra Señora de Guadalupe, le había dado la orden de quedarse —mientras todo todos los demás miembros de ambas comunidades participaba del evento— precisamente debido al deseo entusiasta que había manifestado Rafael de asistir al encuentro de la juventud con el Papa Juan Pablo II. En esa época Beto tenía el cargo de formador en la comunidad de Guadalupe.

Con nombres cambiados, Pedro Salinas relata esta anécdota en su novela autobiográfica Mateo Diez (Jaime Campodónico/Editor, Lima 2002):

«Luego de Arequipa, el Papa regresaba a Lima, donde iba a tener un encuentro con los jóvenes en el hipódromo de Monterrico. Nosotros, guadalupanos y rosaristas, íbamos a ir al magnánimo evento, menos uno, que debía quedarse a cuidar las dos casas. El Ferrari “sorteado”, para desgracia suya, al cual compadecí pero no hubiese reemplazado en ningún caso, fue Raúl Unamuno, el más emocionado con la visita papal. René lo hizo adrede para probarlo y para recordarnos al resto que seguíamos en etapa de formación y las órdenes absurdas no habían desaparecido ni siquiera con la presencia de Juan Pablo II en nuestras tierras.»

En virtud de ciertas libertades que permite la narrativa novelesca, Salinas omite el hecho de mi presencia en San Bartolo en la misma época en la que él estaba en formación. Yo también me quedé en San Bartolo junto con Rafael Ísmodes, pero no por obra y gracia de una orden absurda sino como consecuencia de un abuso sufrido días antes. Emilio Garreaud, el superior de la comunidad del Rosario, me había ordenado hacer cuclillas con un saco de cemento de unos 25 kilos sobre los hombros, lo cual terminó produciéndome un intenso y persistente dolor de espalda. El día 1° de febrero fuimos casi todos los miembros de la comunidad a la Plaza Mayor de Lima para esperar la llegada del Papa. Si bien yo tenía puesta una faja ortopédica que me había prestado Emilio, la espera de ocho horas parado en medio de la multitud terminó haciendo estragos. Esa noche no podía mirarme las puntas de los pies sin que me vinieran punzadas dolorosas en la espalda. Necesité una semana de reposo para poder recuperarme.

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