SODALICIO: EL SUICIDA Y EL SINIESTRADO

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Óscar Osterling, Rafael Vieira y Carlos Paredes en San Bartolo, a principios de los ’90

José Carlos Portillo era un joven muchacho con habilidades artísticas pero con una palpable inseguridad personal. A principios de los ‘90 vivió en una de las comunidades sodálites de San Bartolo. Un día le dijeron que no era apto para vivir en comunidad y lo invitaron a retirarse del Sodalicio. Tiempo después se arrojó del techo de su vivienda, muriendo en el acto.

Carlos Paredes fue un joven sodálite de comunidad, de trato amable, carácter generoso y espíritu jovial. Murió en mayo de 1995 en un accidente de tránsito en Arequipa, un domingo en la noche. Aparentemente se quedó dormido al volante, se salió de la pista y se estrelló contra un poste. Ese mismo fin de semana había estado trabajando como responsable de espiritualidad de un Convivio (Congreso de Estudiantes Católicos), evento dirigido a escolares de 4to. y 5to. de secundaria de colegios particulares. En el momento del siniestro se dirigía con un agrupado mariano al Colegio Sagrado Corazón Sophianum —donde se había efectuado el Convivio— a recoger la imagen de la Virgen.

En las comunidades sodálites casi nadie se fijaba si uno había dormido bien, sino que se exigía el cumplimiento de las metas a como dé lugar, sacrificando horas de sueño, sin considerar las consecuencias para la salud o la seguridad de la persona. Debería ser esclarecido si se percibió el estado de cansancio en que se encontraba y qué responsabilidad tuvo el entonces superior de las comunidades sodálites de Arequipa, Alessandro Moroni.

Yo también experimenté deseos de morir y angustia por falta de sueño en el Sodalicio. Finalmente sobreviví, pero parece que estos dos jóvenes no lo lograron.

(Columna publicada en Exitosa el 24 de septiembre de 2016)

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El mismo año en que falleció Carlos Paredes, un cáncer de pulmón se llevó a Sergio Ferreyros, sodálite casado, a la edad de 30 años, truncando así una prometedora carrera intelectual como historiador. Sergio, amigo cercano de otra promesa truncada de la intelectualidad católica, el periodista y ensayista político Pedro Planas (1961-2001), me había manifestado poco antes de morir su decepción con el nivel intelectual que había en el Sodalicio. Creo que si hubiera vivido, habría terminado dejando la institución.

La manera serena y alegre cómo asumió la muerte a tan temprana edad dejó una profunda huella en aquellos que lo conocimos. Incluso el historiador conservador Rafael Sánchez-Concha Barrios lo menciona como uno de tantos peruanos que gozaron de fama de santidad [ver “Mujer, sociedad y santidad en el Perú republicano: el caso de Luisa de la Torre y Rojas, la “Beatita de Humay” (1818-1869)”, en: David González Cruz (coord.), Vírgenes, reinas y santas: modelos de mujer en el mundo hispano, Universidad de Huelva – Servicio de Publicaciones, 2007].

Yo, por mi parte, le compuse una canción triste y melancólica pero cargada de esperanza, cuya letra reproduzco a continuación:

ELEGÍA POR UN AMIGO MUERTO

muerte
muerte que dio a su frente
la inclinación ferviente
de la inmovilidad final
finalmente
sellada fue su fuente
se fue calladamente
a la morada que presagiaba el olvido
del aire carcomido
por todo lo sufrido
en su peregrinar a la luz

luce
reluce en su calvicie
la primordial efigie
de un hombre que vivió al morir
moriría
ungiéndoles la herida
a los que lo querían
a los que quiso amar como nunca jamás

nunca, nunca, nunca dijo atrás
adelante, adelante hay que avanzar
siempre, siempre, siempre hay que luchar
para que podamos alcanzar la vida

vida es vida, si es vida de amor
es promesa de la resurrección
muerte es muerte, si muere el calor
que protege al corazón de tanto frío

río, río de agua y de dolor
enjaulando al tiempo en su prisión
trigo y vino de su bendición
embriagando el corazón de Dios

fuerte
fuerte lo halló la muerte
cuando le tocó en suerte
ser la vanguardia del dolor
dolería
la pleura entumecida
la pena enmudecida
la esposa dolorida y el hijo querido
la ausencia de lo suyo
cuando ya se haya ido
a esperarlo en la eternidad

mira
mirada que a María
la vida le confía
mirada que la admiración
extasiaba
la calma se espaciaba
la cruz se le insinuaba
en la mirada ardiente cual nunca jamás

nunca, nunca, nunca dijo atrás
adelante, adelante hay que avanzar
siempre, siempre, siempre hay que luchar
para que podamos alcanzar la vida

vida es vida, si es vida de amor
es promesa de la resurrección
muerte es muerte, si muere el calor
que protege al corazón de tanto frío

río, río de agua y de dolor
enjaulando al tiempo en su prisión
trigo y vino de su bendición
embriagando el corazón de Dios

Ese mismo año, en una pequeña ceremonia en la biblioteca del Centro Pastoral “Nuestra Señora de la Evangelización”, se inauguraron oficialmente dos retratos fotográficos en memoria de quienes fueron considerados el primer sodálite casado y el primer sodálite consagrado que cruzaron el umbral de la muerte, convirtiéndose en los adelantados que abrían el camino hacia el Reino de los cielos de la comunidad sodálite. No sé si ambos retratos siguen colgados en el mismo lugar, pero lo cierto es que la memoria de ambos sodálites se ha ido difuminando con el tiempo y son pocos los que aún guardan recuerdos de su fugaz paso por esta vida. Y es mejor que sea así, pues sería lamentable que sus figuras sigan estando asociadas a una institución que dice buscar la santidad de sus miembros, pero que hasta ahora no ha producido más que abusadores, manipuladores, sectarios y cientos de víctimas, entre las cuales se cuentan también las ovejas inocentes del rebaño sodálite, cuyas mentes siguen prisioneras de una ideología de oropel con barniz cristiano pero de nefastas consecuencias para la psique de las personas.

3 pensamientos en “SODALICIO: EL SUICIDA Y EL SINIESTRADO

  1. Yo conocía a Portillo, obviamente no hubiese soportado los vejámenes que se han descrito tantas veces. Quisiera saber cuánto tiempo transcurrió entre su salida del SCV y su suicidio. No creo que se haya suicidado porque lo sacaron del Sodalicio, sino por todo lo que pasó dentro de éste. Se puede judicializar?

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    • Lamento sinceramente lo de ambos. En especial lo de Jürgen, a quien pude conocer. Les deseo a ambos una pronta mejoría, según sea la voluntad de Dios. Muy al margen de toda diferencia de opinión, los aliento a luchar por su vida. Lo digo por experiencia, el cáncer es curable. Busquen en Google el argumento de la clorofila y/o la guanábana. Y si el desenlace es fatal les deseo de corazón una lucidez de conciencia, quiera Dios ayudarlos.

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