EL FUNDAMENTALISMO CATÓLICO

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Juan Pablo II con Kiko Argüello y otros miembros del Camino Neocatecumenal

Hanspeter Oschwald (1943-2015) fue un periodista alemán católico, que dedicó gran parte de su vida a escribir de manera crítica sobre el Vaticano y la Iglesia católica.

Recientemente he comenzado a leer el fascinante libro que escribió con el título En nombre del Santo Padre. Cómo fuerzas fundamentalistas manejan el Vaticano (In Namen des Heiligen Vaters. Wie fundamentalistische Mächte den Vatikan steuern, Wilhelm Heyne Verlag, München 2010) sobre el pontificado de Benedicto XVI y los grupos fundamentalistas que comenzaron a ganar en poder e influencia con Juan Pablo II y se afianzaron durante el pontificado del Papa Ratzinger.

Cuenta allí que, poco antes de la elección de Ratzinger, conversando con su amigo y colega Giancarlo Zizola (1936-2011), uno de los más renombrados vaticanistas que jamás haya habido, éste le comentó que un informante suyo, un arzobispo curial conocido por su seudónimo de “Angelo d’Oltretevere” en sus escritos, le había dicho lo siguiente: «El problema más grande que le espera al siguiente Papa lo constituyen los movimientos. Son una bomba de tiempo, que explotará en cuanto el Papa intente integrarlos de nuevo en la disciplina de la Iglesia».

Aparentemente, Ratzinger no se esforzó en poner orden en este problema, sino que se valió de los movimientos para llevar adelante su proyecto de restauración de la Iglesia. Sin mucho éxito, pues lo que la Iglesia necesitaba para cumplir su misión en el mundo actual era retomar lo iniciado por el Concilio Vaticano II.

Pero a Ratzinger tampoco hay que quitarle méritos. Allí donde puso acertadamente el dedo en la llaga, explotó la bomba. A saber, con los Legionarios de Cristo y la Comunidad de las Bienaventuranzas, cuyos respectivos fundadores —el P. Marcial Maciel y el diácono laico Gérard Croissant— cometieron abusos sexuales, el primero en perjuicio de jóvenes seminaristas y el segundo en perjuicio de jóvenes integrantes femeninas de su comunidad. En este último caso, el fundador fue suspendido del ministerio diaconal y expulsado de la comunidad. He aquí un precedente de algo que el Sodalicio todavía no ha hecho y que no sabemos qué diablos está esperando para hacerlo.

Oschwald veía en los movimientos el peligro de una sectarización de la Iglesia, debido a una postura intransigente basada en una interpretación fundamentalista de la doctrina. Para describir esta posición, reproduce las conclusiones del teólogo y periodista independiente Peter Hertel, quien tras haber leído publicaciones de grupos fundamentalistas católicos durante años, presentó las principales características de estos grupos en su libro Guardianes de la fe (Glaubenswächter).

  • El fundamentalismo cree que la Iglesia está amenazada desde dentro.
  • El fundamentalismo ve a la Iglesia sobre todo de manera jerárquica y centralista, y ello por obra de la voluntad divina. Toda crítica al Santo Padre y a (la mayoría de) los obispos es falta de fe y conduce a la decadencia; la Iglesia es presentada monolíticamente (una fe, un bautismo, un solo bando).
  • El fundamentalismo asume que la fe católica (la verdad) sería invariable desde los inicios; los leales se sienten como parte de una Iglesia cerrada y militante.
  • El dinamismo en la Iglesia va siempre de arriba hacia abajo (enseñar, no aprender; anunciar, no preguntar).
  • La escala de valores la encabeza la continencia sexual y todo aquello que esté relacionada con ella.
  • Los fundamentalistas católicos, de manera diversa según la región del mundo, han desarrollado imágenes poderosas de supuestos enemigos, por ejemplo, el protestantismo, el pluralismo, la democracia, la libertad de conciencia, el judaísmo, el Islam, el comunismo ateo (o ateísmo comunista), la teología de la liberación.
  • La devoción mariana, las apariciones marianas y una fe ingenua en los milagros juegan un papel central.
  • Todos luchan “a favor de la vida”, pero no tanto en contra de la pena de muerte sino mucho más en contra de toda forma de aborto.

Si bien en el libro de Oschwald sólo se menciona al Opus Dei, a los Legionarios de Cristo, al Camino Neocatecumenal, a los Focolares, a la Comunidad de San Egidio y a Comunión y Liberación como ejemplos en mayor o menor medida de esa mentalidad, el perfil también se aplica como guante al dedo al Sodalicio de Vida Cristiana y al Movimiento de Vida Cristiana.

¿Pero cómo algunos católicos se convierten en fundamentalistas? ¿Cómo forman las organizaciones a su personal? Son preguntas válidas que se hace Oschwald y que le hacen pensar en métodos de lavado de cerebro. A fin de esbozar una respuesta, recurre a los ocho criterios que el ex focolarino Gordon Urquhart pone en su libro La armada del Papa (The Pope’s Armada).

  1. Los grupos buscan asegurarse la libre disposición respecto a lo que el individuo ve, oye y lee, después sobre todo lo que escribe, experimenta y expresa. Al individuo le son arrebatadas de manera selectiva las posibilidades de reflexionar y decidir personalmente.
  2. Los controladores crean una situación que les impone a los participantes un patrón de comportamiento y sentimientos, como por ejemplo la compulsión a la sonrisa constante y la alegría. El esfuerzo de mantener los modos de comportamiento en entornos aislados sin contacto con el exterior produce sentimientos de euforia. Los controladores generan un aura mística en torno a la institución manipuladora. Las víctimas se sienten herramientas escogidas.
  3. Se transmite que sólo aquello es bueno que concuerda con la propia ideología. Al individuo se le enseña que sólo será puro, si se comporta de acuerdo a la enseñanza de la comunidad.
  4. La pureza se examina en confesiones y autoinculpaciones abiertas y deviene en neurosis. De este modo se origina dependencia a través de sentimientos de culpa. Entregarse significa rendirse, lo cual, por otra parte, sólo se le exige a los miembros sencillos. Los superiores se mantienen personalmente a cubierto y no dejan ver sus cartas. Informes de experiencias a ser entregados continuamente por sus súbditos les aseguran a los de más arriba un conocimiento dominante, que puede ser utilizado incluso para extorsionar a los individuos.
  5. La organización presenta su dogma central como el ideal para el ordenamiento de la existencia humana.
  6. Elección estandarizada de palabras y fórmulas de uso interno así como una jerga doméstica de tipo sectario distraen el pensamiento y fomentan el sentimiento de pertenencia.
  7. Cambios de la personalidad son examinados a través de informes continuos. Ya no hay esfera privada o íntima.
  8. A continuación, la organización les concede a los que han sido sometidos o inhabilitados una especie de ascenso a una existencia más elevada, a una unidad con los ideales fundacionales. Los así “recompensados” derivan entonces de ello la obligación de obedecer absolutamente.

Para los fundamentalistas católicos, el contenido de la fe es secundario frente a quién lo diga y a quién tenga el poder en la Iglesia, pues su preocupación principal siempre ha sido ver a quién obedecer, es decir, estar del lado de quien lleva la batuta en los pasillos del Vaticano, y no reflexionar de manera madura sobre lo que nos enseña la fe cristiana. Como decía Gugliemo Bosello, vocero de los Focolares en la central romana: «Nosotros no somos una secta. Estamos con la jerarquía». ¡Y hay que ver qué jerarquía!

El gran peligro de los nuevos movimientos ha estado en su apoyo a los sectores más conservadores de la Iglesia, en base a un concepto estático de tradición que mantiene la ilusión de que muchos enunciados doctrinales, enseñanzas morales y prácticas litúrgicas de la Iglesia católica se remontan de manera inalterable a los inicios del cristianismo, y por lo tanto, terminan aislándose de los problemas reales del mundo actual, lo condenan atribuyéndole una “dictadura del relativismo” —desafortunada frase del Papa Ratzinger— y se resisten a adaptar las perennes enseñanzas cristianas del Jesús de los Evangelios a un mundo que ya no comprenden. En el cual hay infinidad de católicos que no quieren estar sometidos a una jerarquía cada vez más desprestigiada, pero que, como miembros vivos del Pueblo Dios, mantienen la ilusión de poder contribuir entusiasta y libremente a testimoniar el amor de Dios hacia los hombres sin distinciones, sin restricciones, sin fronteras, sin prohibiciones absurdas, sin estrechez de miras. Que así sea.

4 pensamientos en “EL FUNDAMENTALISMO CATÓLICO

  1. El tiempo actual que vivimos es un corto segmento que dura y nos miente, y nos hace creer que la Iglesia siempre fue así como ahora. Interpretamos la historia de la Iglesia desde nuestra comprensión actual, la del 2016. La Iglesia tuvo otros orígenes, cuyas formas de vida – desde el punto de vista de los valores – poco tiene que ver con lo que los feligreses de las partes más dominantes de ella promulgan hoy. La Iglesia es hoy más impersonal, más egoísta y autojustificada. Hay más egoísmo, menos iniciativa, menos respeto por el misterio y – sin embargo – se cree tener más claridad.

    Y cómo se verá la parte actual de la historia de la iglesia en el futuro, digamos de aquí a 150 años ? Quizás como la etapa egocéntrica de ella, o como la etapa de polarización política, en la que abundaban grupos de presión ? O como una Iglesia enferma de poder, como la que recordamos desde la Inquisición ? Es ya una historia vieja …
    Quién no es víctima de su generación, en lo que a la historia de la Iglesia respecta ? Es una cuestión hermenéutica y estos tiempos son bastante especiales, confusos y con muchas ideas entreveradas en las que se suele defender el propio “derecho” a tener y a acumular, o a dañar para imponer valores de contenido mental. Es normal y común ignorar a los necesitados, es promedial fantasear con la salvación aún desde esa indiferencia. Lo hacemos porque no falta quienes nos hacen creer que es así. Tendemos a creerles o a justificar aciertos y errores en el permiso que nos dan otros y no en una aproximación sincera hacia el propio corazón. El pésimo hábito de reemplazar a la conversión con el dejarse controlar, y a la apelación de la conciencia con la exigencia. Ni la exigencia ni el control te hacen reflexionar, como sí lo hacen la conversión y escuchar y conversar con quien apela a tu conciencia.

    Con un poco de asistencia divina y mucho trabajo, todos podemos liberarnos de toda forma de fascismo que nos aleja de una coherente interpretación de los orígenes, lo cual es difícil cuando ocurre ese tan extraño estado de conciencia que no nos deja observar nuestra realidad desde afuera, desde la historia misma. Es como no poder distinguir los colores porque se lleva lentes con vidrios amarillos, pero no se nos ocurre nunca sacarlos del rostro, ni nos damos cuenta desde cuándo los llevamos.
    Si textos como este fuesen capaces de mostrarnos ese estado de conciencia tan temporalmente limitado, este brevísimo y limitado suspiro en esa larga brisa atemporal de espera, quien sabe, podríamos llegar al origen del desvío, porque para mí hay algo que está muy claro : no hay ciencia que pueda explicar el bien y el mal.

    Pero sí hay ciencia que nos ayude a entender dónde estamos parados. No desdeñen las críticas al fascismo, esto es una apelación a toda conciencia.

    Saludos

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  2. Ay, ayayay, alejandro Moroni, “sodálite” …, nunca se ganará un oscar de esa forma.
    Tras esa leída artificial de un teleprompter, sin una postura personal, se entrevé que las consecuencias de los problemas que han degenerado en todos esos abusos siguen surtiendo efecto. Que la peor víctima en todo esto es el mismo ‘estilo sodálite’ que sigue siendo producto de esa postura tan impersonal y arrogante y que los cubre a todos ellos como un gran manto invisible, y que bajo esa red de argumentos, antivalores y malentendidos semiinconcientes, no están a la altura para realizar una reforma real, más bien siguen cociéndose en el mismo caldo, y desde allí quieren realizar “cambios”. La “leída” es tan poco personal como el contenido de la “cartita de perdón”. La ‘reforma’ será, pues, cosmética y decorativa.

    Una reforma integral no puede realizarse sin un buen análisis responsable en el que sea posible entender parámetros que antes no se querían entender. El cambio real nunca se da – en circunstancias como éstas – en entender ‘lo que no se entendía antes’, sino que se suele dar en el entendimiento mismo, en la perspectiva que sería producto de salir del estado de conciencia que les ha impuesto un límite totalitarista eliminando sus conciencias reales. Consiste en abandonar una postura con sus expectativas. Ese es el hombre nuevo y no la pachotada con la que nos han mentido durante décadas.
    Si no tienen un buen análisis, olvídense de la reforma, si no pueden describir la situación y preguntarse exhaustivamente PORQUÉ sucedió todo eso, van a seguir en pañales. Y de un “porqué” Moroni no leyó ni una palabra, ni una sílaba o letra del teleprompter. Si no agotan los argumentos el sodalicio terminará de morir : CÓMO VAN A CAMBIAR ALGO, SI NI SABEN QUÉ ES LO QUE QUIEREN CAMBIAR ?

    Y la presencia del ‘psicólogo’ del Castillo en todo esto es más que ridícula, en cuanto que su responsabilidad en todo esto es enorme. Siguen siendo válidas y relevantes (y revelantes) las denuncias del psicólogo Bruce, quien hasta hoy subraya todos los diagnósticos equivocados y demás mentiras de del Castillo, extremadamente dañinas e irresponsables, que le anuló a los sodálites los pocos ojos que les quedaban.
    Con del Castillo la ley peruana TIENE que actuar. Solo puedo apoyar a las instituciones, colegiaturas y asosiaciones de psicología y ciencias humanas en llevar un papel activo en esta tarea, ya que también cae en su muy propia área de responsabilidad.

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