LUCIO FULCI, EL POETA DE LO MACABRO

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Hace 20 años, un 13 de marzo, moría en Roma Lucio Fulci, cineasta conocido como “poeta de lo macabro” y “padrino del gore” por las películas de terror puro y sangriento que dirigió a partir de 1979, al punto de que algunas sufren cortes y censuras en varios países hasta el día de hoy.

Despreciado por la crítica —pues fue considerado un director de serie B que trabajaba con magros presupuestos—, fue revindicado posteriormente como autor con un estilo cinematográfico único y reconocible. Al final de su vida reflexionaba amargamente: «Los críticos llamaron a mi arte, mierda. Ahora llaman a mi mierda, arte».

Comunista y ateo, Fulci se consideraba culturalmente católico, lo cual se refleja en la visión crítica del catolicismo que aparece en algunas de sus películas.

La comedia Al senador le gustan la mujeres (1972) es el retrato de un político demócrata-cristiano con un discurso moralmente conservador pero que no puede vencer su obsesión por follar mujeres, y que cuenta con el apoyo de un cardenal que tiene tratos con la mafia y busca encubrir los deslices de su protegido.

En Angustia de silencio (1972), un thriller donde las víctimas mortales son niños, el asesino resulta ser un cura que quiere evitar que esos niños caigan en pecados sexuales y decide enviarlos como angelitos inocentes al cielo.

Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (1980) se inicia con un cura en sotana que se ahorca en un cementerio, para luego dejar posteriormente una estela de zombis, sangre y vísceras.

Autodefiniéndose como “terrorista de los géneros”, Fulci supo provocar y perturbar al espectador, subvirtiendo las convenciones de cada género que abordó.

(Columna publicada en Exitosa el 19 de marzo de 2016)

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Mi aproximación al cine de Fulci se la debo a un extenso artículo de Lucio Lagioia, “Lucio Fulci: más allá del terror” (ver http://www.cinefania.com/terroruniversal/index.php?id=141), que se centra lamentablemente sólo en los aspectos violentos y macabros del cine del director.

Cada película de Fulci ha constituido para mí una experiencia satisfactoria y fascinante, incluso en aquellos filmes que pueden considerarse malos. Fulci es siempre Fulci, y sus películas llevan la marca de alguien que dedicó toda una vida al cine y creo un estilo muy personal, con pocos recursos y a contracorriente de la misma industria que requería de su oficio. Éste es mi homenaje a un cineasta que creó filmes imperfectos —en lo cual radica también parte de su encanto— pero que se pueden ver repetidas veces y siempre descubrir algo nuevo en su fecunda y subversiva imaginería visual y temática.

Reproduzco a continuación la reseña biográfica del cineasta que preparé para el foro de cine Patio de Butacas. He tomado como fuentes para este texto los artículos en italiano, inglés, alemán y español de la Wikipedia, haciendo correcciones y añadidos donde fuera necesario.

lucio_fulci_01Lucio Fulci (Roma, 17 de junio de 1927 – Roma, 13 de marzo de 1996) fue un prolífico artesano del cine italiano, autor de una serie de filmes de géneros variados orientados básicamente a un público de pocas pretensiones, pero dirigidos con sólido oficio. Inicialmente se dedicó a la comedia y posteriormente al giallo, para dedicarse finalmente a fines de los ’70 al género de terror, con filmes como Nueva York bajo el terror de los zombies, Miedo en la ciudad de los muertos vivientes y El más allá, que hicieron que la crítica cinematográfica francesa lo designara con los apelativos de “poeta de lo macabro” y “padrino del gore”. Sus filmes han sido revalorizados en años recientes por la crítica cinematográfica, varios de ellos considerados el culmen del subgénero splatter. Asimismo, le han rendido homenaje cineastas como Quentin Tarantino y Robert Rodriguez, que han incluido en sus filmes varias referencias a los filmes de Fulci.

Fulci se consideraba a sí mismo un “terrorista de los géneros”, porque cuando dirigía un film de género —sea una comedia, un thriller, un spaghetti western o una película de terror—, introducía temas y estilos personales, subvirtiendo las convenciones del género en cuestión, buscando provocar y perturbar al espectador, algo así como quien una vez que está dentro, pone una bomba para hacer estallar el género en pedazos.

Fulci nació en Roma (Italia) el 17 de junio de 1927. Después de estudios inacabados de medicina, y de filosofía y letras, donde sí obtuvo un grado académico, trabajó por un tiempo como crítico de arte para finalmente optar por una carrera cinematográfica, estudiando el oficio de director en el Centro Sperimentale di Cinematografia (Roma).

Fulci entró al mundo del cine en 1950, dirigiendo la segunda unidad de Los últimos días de Pompeya (Gli ultimi giorni di Pompei), dirigida por Marcel L’Herbier y Paolo Moffa, y realizó tres documentales para la Settimana Incom: Una lezione di sistema con Fulvio Bernardini, Il sogno di Icaro y Pittura italiana del dopoguerra.

Un día el director Mauro Bolognini se lo presentó a Steno, famoso director de comedias, el cual, después de discutirlo con Totò, uno de los comediantes más famosos de Italia, lo contrató como asistente de director. Fulci inició entonces una colaboración duradera con Steno y Totò, que le permitió escribir una serie de guiones de comedias. Fulci también escribió el guión de Juzgado a la italiana / Un día en el juzgado (Un giorno in pretura, Steno, 1954), un clásico de la comedia italiana, para el cual creó el personaje de Nando Mericoni, que volvería a a aparecer en Un americano en Roma (Un americano a Roma, Steno, 1954).

Las comedias y los musicales

Su inicio en la dirección llegó en el año 1959 con Contrabando en Milán (I ladri), una comedia interpretada por Totò, que quería a Fulci como director. Según lo que el mismo Fulci ha contado, aceptó dirigir Contrabando en Milán porque se encontraba en graves dificultades económicas, y que hubiera preferido continuar escribiendo solamente guiones.

Después de esta primera película, Fulci dirigió su primer musical, Ragazzi del Juke-Box (1959), interpretado por Adriano Celentano, Mario Carotenuto, Tony Dallara y Fred Buscaglione, que lanzó a Celentano como actor. En 1960 Fulci dirigió otro musical, Urlatori alla sbarra, interpretado nuevamente por Carotenuto y Celentano y otros nombres de la canción italiana como Gianni Meccia, Joe Sentieri y Mina, en el cual se canta “24.000 baci”, un clásico de la canción italiana que fue escrito por el mismo Fulci.

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Il lungo, il corto, il gatto (1967)

En los ’60 Fulci conoce en un festival a Franco Franchi y Ciccio Ingrassia, y si bien no fue el primero en descubrirlos, si fue el que definitivamente lanzó a la fama al célebre dúo cómico italiano, Franco y Ciccio, determinando que Ciccio debía ser el serio y el culto, mientras que Franco debía ser el tonto y el estúpido. En pocos años Fulci se convirtió en el director preferido del dúo, dirigiéndolos en una docena de películas. La primera fue I due della legione (1962). Fulci dirigió con el dúo algunas parodias de gran éxito como 00-2 agenti segretissimi (1964), I due pericoli pubblici (1964) e I due parà (1965), finalizando con Il lungo, il corto, il gatto, último film del dúo dirigido por Fulci en 1967.

En su fase de director de comedias, Fulci dirigió también a otros célebres actores de la comedia italiana como Raimondo Vianello, Vittorio Caprioli, Franca Valeri y Lando Buzzanca.

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La juez y su erótica hermana (1976)

En 1972, Fulci regresó nuevamente a la comedia, dirigiendo Al senador le gustan las mujeres (Nonostante le apparenze… e purchè la nazione non lo sappia… all’onorevole piacciono le donne, 1972), que tuvo problemas con la censura y la Democracia Cristiana, debido a que el protagonista, interpretado por Lando Buzzanca, era una alusión explícita a la figura de Emilio Colombo, entonces Presidente del Consejo de Ministros. En 1975 dirigió una parodia de terror, Las pícaras aventuras de Drácula / Múerdame Señor Conde (Il cav. Costante Nicosia demoniaco, ovvero: Dracula in Brianza), nuevamente interpretada por Lando Buzzanca y con guión de Pupi Avati y Bruno Corbucci. En 1976 dirigiría su última comedia, La juez y su erótica hermana (La pretora), traspasando nuevamente otro límite dentro del género de la comedia erótica italiana, al presentar por primera vez desnudos completos de la actriz Edwige Fenech, lo cual le ocasionó también problemas con la censura.

Los spaghetti westerns

En 1966 Fulci decide tentar con otro género distinto de la comedia, pues no quería ser recordado solamente como “el director de Franco y Ciccio” y dirige su primer spaghetti western, Las pistolas cantaron a muerte / Tiempo de masacre (Le colt cantarono la morte e fu… tempo di massacro). Interpretado por Franco Nero, Nino Castelnuovo y George Hilton y con guión de Fernando Di Leo, es considerado uno de los westerns italianos más violentos. El director define el film como artaudiano, refiriéndose al célebre “teatro de la crueldad” postulado teóricamente por el comediógrafo francés Antonin Artaud. Por otra parte, este film es fundamental en la carrera cinematográfica de Fulci, porque señala el primer encuentro del cineasta con la violencia y la crueldad en su cinematografía.

Fulci regresó al western en 1973, dirigiendo Colmillo Blanco (Zanna Bianca) y al año siguiente su secuela, La carrera del oro (Il ritorno di Zanna Bianca), ambas películas basadas en la novela homónima de Jack London, que además obtuvieron un gran éxito de público.

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Los cuatro del Apocalipsis (1975)

En 1975 rodó Los cuatro del apocalipsis (I quattro dell’apocalisse), western tardío y crepuscular, considerado incluso más violento y brutal que Las pistolas cantaron a muerte. Interpretado por Fabio Testi y Tomas Milian, el film incluye escenas extremadamente violentas, como la del sheriff desollado vivo, una escena de violación y otra de canibalismo. Por este motivo, tuvo problemas con la censura y existen diversas versiones del film, algunas de ellas con cortes de las escenas mencionadas.

En 1978 dirigió Montura de plata (Sella d’argento), interpretado por Giuliano Gemma, western clásico sin escenas de violencia extrema.

Los giallos

En 1969 Fulci se decantó nuevamente por otro género, dirigiendo su primer giallo, Una historia perversa / Una sobre otra (Una sull’altra), interpretado por Marisa Mell y Jean Sorel. Inspirado en Vértigo (Vertigo, Alfred Hitchcock, 1958), es un giallo clásico sin escenas violentas pero con escenas eróticas muy subidas para la época. El mismo año Fulci dirigió La verdadera historia de Beatrice Cenci (Beatrice Cenci), drama histórico inspirado en el caso real de una mujer noble que sufrió continuos abusos sexuales por parte de su padre y que fue ajusticiada en 1599, acusada de haber conspirado junto con su amante y otros dos familiares para cometer parricidio. El film fue criticado duramente por su crueldad, sus escenas explícitas de tortura y por su visión negativa de la Iglesia católica. Considerado uno de las mejores películas de Fulci, se considera también un film “maldito”, porque en ese año se suicidó su mujer debido a un diagnóstico equivocado de un tumor.

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Una lagartija con piel de mujer (1971)

En 1971 dirigió Una lagartija con piel de mujer (Una lucertola con la pelle di donna), giallo con escenas de violencia extrema, de marcado carácter erótico y onírico, interpretado por Florinda Bolkan y Jean Sorel. Como anécdota, los efectos especiales sobre perros mutilados en un cuarto de vivisección eran tan realistas, que Fulci fue llevado a juicio y acusado de crueldad contra animales, hasta que le mostró al juez los muñecos caninos artificiales creados por Carlo Rambaldi, el especialista en efectos especiales, y pudo demostrar que lo que aparecía en la película no eran perros reales.

En 1972 fue el turno de Angustia de silencio (Non si sevizia un paperino), interpretado por Florinda Bolkan, Tomas Milian y Barbara Bouchet, giallo pertubador y mórbido, que muchos consideran la obra maestra del director y su film más inquietante. Combina un mordaz comentario social con la violencia gráfica que llegaría ser considerada la marca de fábrica del director. Junto con La verdadera historia de Beatrice Cenci, este film sería considerado como profundamente anticatólico, aun cuando Fulci se definía a sí mismo como católico por su bagaje cultural enraizado en el catolicismo, no obstante ser ateo. La simbología de muchos de sus filmes sólo se entiende sobre un trasfondo católico, aun cuando contenga elementos negativos, como, por ejemplo, en Miedo en la ciudad de los muertos vientes, que comienza con un sacerdote católico que se ahorca en un cementerio para regresar reencarnado como un demonio asesino.

En 1977 rodó Siete notas en negro (Sette note in nero), mucho más medido que otros giallos suyos en lo que se refiere a violencia, pero con una acentuación mayor de los aspectos onírico y psicológico.

Se podría decir que Fulci abordó el giallo, género entonces en boga gracias al éxito de los filmes dirigidos por Dario Argento, y lo reformuló en clave sombría y onírica, distinguiéndose de los otros directores del género por un estilo personal inconfundible y unas imágenes de violencia extrema nunca vistas hasta entonces.

El terror

El giro definitivo del director vino en 1979, cuando fue convocado a dirigir Nueva York bajo el terror de los zombies (Zombi 2), una vez que Joe D’Amato y Enzo G. Castellari fueron descartados como directores por diversas razones. La intención de los productores era hacer una exploitation de Zombi (Dawn of the Dead, 1978) de George A. Romero, aprovechando su éxito y popularidad. El resultado, sin embargo, fue un film muy personal, que lanzó a Fulci a la fama como maestro del gore. La escena en la que a Olga Karlatos le es perforado un ojo con una astilla ha entrado en los anales del cine de terror, por su violencia extrema y perturbadora.

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El más allá (1980)

De ahí en adelante Fulci dirigió más que nada películas de terror, como Miedo en la ciudad de los muertos vivientes, El más allá, Aquella casa al lado del cementerio, que gozaron de gran éxito de público y posicionaron a Fulci como el principal rival de Dario Argento. Con estos filmes Fulci se ganó definitivamente los calificativos de terrorista de los géneros y poeta de lo macabro. En el género de terror Fulci traspasó todo límite y mostró imágenes gore jamás vistas antes en el cine italiano, perturbadoras y violentas en extremo, pasando el argumento a segundo plano y privilegiando un trato surrealista de la trama, sin conexión lógica entre las escenas.

Los resultados de estos filmes deben atribuirse sobre todo a la estrecha colaboración del director con Dardano Sacchetti en el guión, Sergio Salvati en la fotografía, Vincenzo Tomassi en el montaje, Giannetto Rossi en los trucos y efectos especiales y Fabrizio De Angelis, un productor que dejó a Fulci en libertad de hacer lo que quisiera. Este período inicial de terror, que va de 1979 a 1982, es conocido también como el período de terror de la Fulvia, el nombre de la productora, y está constituido por Nueva York bajo el terror de los zombies (Zombi 2, 1979), Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (Paura nella città dei morti viventi, 1980), El gato negro (Black Cat / Gatto nero, 1981), El más allá (…E tu vivrai nel terrore! L’aldilà, 1981), Aquella casa al lado del cementerio, (Quella villa accanto al cimitero, 1981), El descuartizador de Nueva York (Lo squartatore di New York, 1982) y La niña de Manhattan (Manhattan Baby, 1982).

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Aquella casa al lado del cementerio (1981)

Algunos críticos consideran estos filmes entre los más violentos y cargados de gore jamás hechos. En varios países los filmes fueron prohibidos, censurados o sufrieron cortes para poder ser exhibidos. En el Reino Unido, de los 72 filmes incluidos en la tristemente célebre lista de videos nasty (repugnantes), cuya distribución estaba prohibida, tres eran de Fulci, a saber, Nueva York bajo el terror de los zombies, El más allá y Aquella casa al lado del cementerio. En el caso de El descuartizador de Nueva York, la British Board of Film Classification no sólo le denegó al film una clasificación, sino que, por orden de su director James Ferman, toda copia existente en el país fue llevada a un aeropuerto y devuelta a Italia. Recién en el año 2002 la película sería publicada sin cortes en el Reino Unido por el sello VIPCO (Video Instant Picture Company). En Alemania es imposible conseguir una película de terror de Fulci que no tenga cortes, pues en sus versiones completas han sido prohibidas por infringir leyes contra la glorificación de la violencia o han sido incluidas en el Index, una lista de películas cuya distribución está sometida a severas restricciones, entre ellas la prohibición de poner el film en estanterías o hacerle publicidad de cualquier tipo, lo cual incluye la mención del film de cualquier manera que sea.

Otros géneros
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Luca el contrabandista (1980)

En 1980 Fulci dirigió Luca el contrabandista (Luca il contrabbandiere), film noir de gángsters sumamente violento, con escenas crueles y sanguinarias: cabezas perforadas por balas, una mujer torturada con la llama de un mechero, cuchillos que cortan el pecho, balaceras con destripamientos, etc.

Fulci abordó también el género de fantasía heroica con la película Bárbaro, la conquista de la tierra perdida (Conquest, 1983), exploitation de Conan el bárbaro (Conan the Barbarian, John Milius, 1982), de bajo presupuesto pero de lograda atmosfera al estilo Fulci y con escenas gore prestadas del género de terror, aunque el resultado final se resienta de lo escaso del presupuesto. Fue la primera película que hizo sin la colaboración del guionista Dardano Sacchetti tras la películas de terror de la Fulvia, y fue un fracaso en la taquilla, marcando el inicio de la posterior etapa de decadencia del director.

En 1984 abordó el género post-apocalíptico con Roma, año 2072 D.C.: los gladiadores (I guerrieri dell’anno 2072), una especie de exploitation de 1997: Rescate en Nueva York / Escape de Nueva York (Escape from New York, John Carpenter, 1981).

La enfermedad y las últimas obras
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Murder Rock: Danza mortal (1984)

En 1984, después de haber rodado el giallo Murder Rock: Danza mortal (Murderock: Uccide a passo di danza), que obtuvo escaso éxito, una hepatitis imprevista obligó a Fulci a ser hospitalizado durante varios meses. El cineasta pasó la mayor parte de 1984 en el hospital con cirrosis, y gran parte de 1985 en reposo en su casa. A partir de 1986, aquejado de diabetes y con Dardano Sacchetti alejado de su círculo de amigos debido a disputas sobre la autoría de un guión que sería utilizado en la película Per sempre (1987) de Lamberto Bava—, las últimas películas de Fulci contarían con guiones mal elaborados, bajo presupuesto y condiciones miserables de rodaje, lo cual llevaría a que reflejaran a duras penas su estilo personalísimo.

En 1986 regresó detrás de las cámaras con La miel del diablo (Il miele del diavolo), un thriller erótico de atmósfera mórbida y perversa. Un año después rodó Internado diabólico (Aenigma), una discreta película de terror.

En 1988 rodó Zombi 3 en Filipinas, dejándola inacabada, pues tuvo que regresar a Italia de emergencia debido a un segundo brote de hepatitis. El film fue terminado por Bruno Mattei y Claudio Fragasso (no acreditados), exponentes de lo peor de la exploitation italiana. Fulci detestó el producto final e intentó sin éxito que su nombre fuera eliminado de los créditos.

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Cuando Alicia rompió el espejo (1988)

 

Cuando Alicia rompió el espejo (Quando Alice ruppe lo specchio) —conocida también como La sombra de Lester y El espejo roto— y Los fantasmas de Sodoma (Il fantasma di Sodoma) formaron parte de un proyecto de ocho películas de terror de diversos directores, cuya supervisión fue encargada a Fulci por el productor Augusto Caminito. El proyecto se entrampó y las películas de Fulci recién serían transmitidas por la televisión italiana en 1991.

En estos momentos el cine italiano de género estaba llegando a su fin, en parte debido al advenimiento de la televisión comercial, y Fulci tuvo que contentarse con presupuestos cada vez más magros y actores mediocres que no estaban a la altura de sus expectativas, lo cual afectó el resultado final de sus películas, cuya calidad deja mucho que desear, pero que aún así muestran por momentos rasgos de su estilo único e inconfundible.

En 1989 Fulci fue contratado para dirigir un par de películas para la televisión italiana —La dolce casa degli orrori y La casa nel tempo—, pero nunca fueron transmitidas debido a su alto nivel de gore y violencia, y al final terminaron yendo directamente al mercado de video.

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Un gato en el cerebro (1990)

Entre las películas de su último período cabe recordar Un gato en el cerebro (Un gatto nel cervello, 1990), film irónico y sangriento donde Fulci se interpreta a sí mismo como un director de películas de terror que se ve aquejado por terribles pesadillas causadas por sus propios filmes. Fue la última película de Fulci que obtuvo un relativo éxito y ha adquirido estatus de culto entre los fans del director.

Su último film, Le porte del silenzio (1991), interpretado por John Savage y producido por Joe D’Amato, es un thriller psicológico que presenta, sin una sola gota de sangre, una meditación sobre la muerte y constituye una especie de testamento del director.

Durante la última década de su vida Fulci sufrió continuamente de problemas emocionales y de salud, que también contribuyeron al declive en la calidad de sus obras. El suicidio de su mujer en 1969 y años más tarde el accidente automovilístico que ocasionó la muerte de una de sus hijas siempre pesaron sobre él, además de que sus filmes hiperviolentos, en especial El descuartizador de Nueva York, llevaron a que fuera tachado de misógino por los críticos, no obstante que el director siempre dijo que amaba a las mujeres. A fines de los ’80 tuvo problemas con sus pies debido a la diabetes, pero siempre buscó disimular la gravedad de su enfermedad frente a amigos y conocidos, a fin de evitar que se le considerara como no apto para el trabajo.

Algunos fans de Fulci son de la opinión de que, en el clímax de su carrera, la fama de Fulci iba a la par con la de Dario Argento, el famoso director italiano de películas de terror con el cual Fulci siempre evitó trabajar y de quien Fulci hablaba pestes de cuando en cuando. Fulci estaba resentido con Argento dado que éste por lo general fue aclamado y reconocido por la crítica, mientra que a Fulci se le denostaba como un director de segunda de películas de terror.

Fulci y Argento tuvieron un encuentro en 1995 y acordaron colaborar juntos en una película de terror que se titularía La máscara de cera (M.D.C. – Maschera di cera), una especie de remake del clásico de terror Los crímenes del museo de cera (House of Wax, André De Toth, 1953), basado en un relato de Gaston Leroux e interpretado por Vincent Price. Argento ha declarado que había oído de las miserables circunstancias por las que estaba pasando Fulci y quería ofrecerle la oportunidad de regresar al cine. Fulci escribió la trama argumental y un guión para Argento pensado en dirigir él mismo el film, pero murió antes de que comenzara el rodaje. Con la salud quebrantada, Fulci sabía que ésta podía ser su última oportunidad de dirigir un film con un presupuesto decente antes de morir, y le enfurecía que el rodaje fuera postergado tantas veces, debido a que Argento estaba ocupado terminado su film El síndrome de Stendhal (La sindrome di Stendhal, 1996). Según algunas fuentes, el guión de Fulci fue posteriormente reelaborado a tal punto por el guionista Daniele Stroppa —el cual había colaborado con Fulci en los guiones de La casa nel tempo (1989) y Voci dal profondo (1991)— , que el film, finalmente dirigido por Sergio Stivaletti, especialista en efectos especiales, y estrenado en 1997 guarda muy poca semejanza con la historia que Fulci había plasmado originalmente en su guión. Aún así, el film fue dedicado a Fulci.

Lucio Fulci murió solo durante el sueño en su casa en Roma la noche del 13 de marzo de 1996, a la edad de 68 años, debido a complicaciones producidas por la diabetes que padecía. Su muerte estuvo rodeada de cierta controversia. Hacia el final de su vida Fulci había perdido su casa y se había visto obligado a mudarse a un pequeño departamento. Dado que el cineasta se había mostrado abatido durante sus últimos años de vida, se pensó incluso que el hecho de no haberse inyectado la insulina que requería fue intencional y no un descuido y, por lo tanto, se trataba de un suicidio. Esta hipótesis nunca pudo ser confirmada, considerando que estaba solo en el momento de su muerte.

Estética y estilo

A Fulci le gustaba abordar temas provocadores, como demuestra las muchas vicisitudes que tuvo con la censura, y sus filmes suelen tener finales abiertos, circulares o cínicos. En algunos de sus filmes hay fuertes dosis de ironía y sarcasmo de corte macabro. Temas recurrentes en su cinematografía son la duda, el pecado, el tiempo, la muerte y la crueldad.

En el aspecto técnico, la principal peculiaridad del cineasta son sus primerísimos planos de los ojos de los actores, para evidenciar emociones como el miedo y el desconcierto. Asimismo, son característicos el uso frecuente de zooms y travellings, o de tomas donde las escenas son vistas desde espejos.

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Nueva York bajo el terror de los zombies (1979)

Lucio Fulci fue el primer director italiano en plasmar escenas gore de terror llevadas al extremo y en representar la muerte con hiperrealismo. Una escena recurrente en muchos de sus filmes es aquella en que el ojo de un actor es lesionado, perforado o sacado de su cuenca, generalmente en primeros planos detallados y casi sin cortes. El mismo Fulci ha declarado que estas escenas con los ojos son una metáfora de la pérdida de la razón por parte de los protagonistas. El ojo lesionado, cortado, destruido, además de ser un símbolo de la razón perdida, es una alusión al surrealismo y al dadaísmo. Un claro referente es la película Un perro andaluz (Un chien andalou, 1929) de Luis Buñuel y Salvador Dalí.

En sus películas de terror, Fulci mostraba escenas violentas y gore sin apartar la cámara y con el mínimo de montaje, mostrando todo como se si tratara a de un film pornográfico, apelando al sadismo y el voyeurismo del espectador.

Relación con la crítica cinematográfica
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La verdadera historia de Beatrice Cenci (1969)

La relación de Fulci con la crítica cinematográfica fue difícil. Por lo general, Fulci fue considerado en vida como un director de serie B y muchas de sus obras como exploitation pura. Fulci, en cambio, se consideraba un autor. Como ejemplo, La verdadera historia de Beatrice Cenci, uno de los mejores filmes del director, fue maltratado despiadadamente por la crítica. Se cuenta que un amigo del director llamó por teléfono a ún crítico del diario Paese Sera, diciéndole que finalmente se le debía otorgar tres estrellas a una película de Fulci. Sin embargo, la respuesta del crítico fue decepcionante, diciendo que no se le podía dar tres estrellas a una película de Fulci.

La crítica cinematográfica internacional ignoró a Fulci durante años. No obstante, sus filmes de terror fueron admirados por un círculo creciente de fans y apreciados como ejercicios de estilo en el gore extremo. Fulci consideraba que sus mejores filmes eran La verdadera historia de Beatrice Cenci y Angustia de silencio, y que Nueva York bajo el terror de los zombies y El más allá eran los filmes que lo catapultaron a la fama como director de culto.

fulci_02_Dos meses antes de su muerte, Fulci fue homenajeado en la Fangoria Horror Convention de 1996 en Nueva York. Fulci reconoció ante el público asistente que no tenía idea de que sus películas fueran tan populares fuera de su Italia nativa, teniendo en cuenta que miles de fans habían desafiado las inclementes condiciones del tiempo sólo para verlo en persona.

En tiempos recientes, la labor del cineasta ha sido redescubierta y vista bajo una nueva luz por la crítica especializada. En Italia las revistas Nocturno, Amarcord y Cine ’70 han divulgado su obra y han tratado sus películas como obras de autor.

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Extracto tomado de Lucio Lagioia, “Lucio Fulci: más allá del terror”

En 1993, Fulci sufrió un accidente cuando filmaba una película para una compañía japonesa: su pie fue aplastado por un bote. Debido al accidente permaneció tres años sin trabajar, dos de ellos postrado en una silla de ruedas. Su diabetes crónica tampoco lo ayudaba.

A pesar de no poder trabajar, comenzó a ser reconocido en sus primeras convenciones en Roma y luego por toda Europa. Su trabajo se redescubrió y reeditó, y sus fans (principalmente jóvenes) comenzaron a multiplicarse, como así también los elogios de la crítica, tanto especializada en el género de terror como no. La prensa europea llamó a Fulci “poeta de la muerte”, recibió un homenaje en el Festival de Sitges, Fangoria lo premió en una memorable convención, apodándolo “padrino del gore” y la prestigiosa publicación Cahiers du Cinema vio en sus delirios splatter «una precisa y marcada gramática, capaz de delinear un personalísimo lenguaje cinematográfico». Fulci diría que es «el único director redescubierto en vida» y reflexionó amargamente sobre su vida: «los críticos llamaron a mi arte, mierda. Ahora llaman a mi mierda, arte», reconociendo que hay pocos filmes en los cuales pudo plasmar lo que quería, debido a los bajísimos presupuestos con los que contó por parte de una industria sólo interesada en hacer dinero y poco preocupada por la calidad del film o las motivaciones del director. Numerosas entrevistas y estudios sobre su obra aclararon y aclaran puntos oscuros de su vida y sus películas, demostrando además la enorme cultura de su director. […]

Guste o no, el cine de Lucio Fulci es único e inimitable. Una revisión y estudio profundo de sus películas revela que, a pesar de haberse visto envuelto en una industria descaradamente explotativa, Fulci le imprimió a sus películas un inimitable estilo propio perfectamente discernible. Ver un buen film de Lucio Fulci, es una experiencia única. Con altibajos, creó un cine políticamente incorrecto y apasionado, lejos de los cánones al cual el cine de horror nos tiene acostumbrados. Cada plano de sus mejores filmes son un verdadero escape al más allá, verdaderos trozos de irrealidad. Lucio Fulci creó terror puro, y eso no tiene precio.

Cerramos esta nota con algunas palabras suyas: «El cine es todo para mí. Me he dedicado a hacer películas. ¡Incluso las he devorado!» «Filmar es todo lo que he hecho. ¡Yo vivo en mis películas!»

 

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