ABUSO SEXUAL Y SISTEMA ECLESIAL

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Cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

El 1° de marzo un diario local de Colonia publicó una entrevista al cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Preguntado sobre los abusos sexuales en la Iglesia, Müller insistió en que se trataba de un problema de individuos inmaduros y desequilibrados, y no de la comunidad ni del ministerio sacerdotal. Asimismo, relativizó la palabra “encubrimiento”, señalando que en el pasado no se tenían los mismos conocimientos que ahora sobre el abuso sexual. Y señaló que a nivel de Iglesia se habían tomado todas medidas preventivas del caso, observando el ordenamiento jurídico prescrito. Recalcó además el daño que se había hecho a tantos sacerdotes por generalizar el tema de los abusos, incidiendo en que incluso algunos habían vivido un infierno al haber sido inculpados injustamente.

El jesuita Klaus Mertes, quien como rector del Colegio Canisio de Berlin inició en 2010 la ola de destapes de abusos en Alemania con una carta dirigida a ex-alumnos, replicó a Müller:

«¿Qué consecuencias ha sacado de su fracaso como obispo de Ratisbona, donde admitió en el servicio nuevamente a un párroco abusador, el cual prestamente volvió a abusar de niños?»

Mertes dijo que son necesarias algunas renuncias al más alto nivel eclesial, debido al fracaso flagrante sobre el tema, a la resistencia a asumir las consecuencias de ese fracaso y a la pérdida masiva de credibilidad.

No encuentra en la Iglesia disponibilidad para abordar el tema de los abusos sexuales en relación con su sistema y su estructura. Hay que replantear la moral sexual católica y la organización eclesiástica de poderes, marcada por la dominancia de varones y la falta de transparencia.

(Columna publicada en Exitosa el 5 de marzo de 2016)

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La entrevista completa al cardenal Gerhard Ludwig Müller fue publicada en el Kölner Stadt-Anzeiger. Reproduzco a continuación sólo las respuestas donde se toca el tema de los abusos sexuales en la Iglesia católica.

Señor cardenal, vayamos de nuevo el binomio “verdad y libertad” de cara a la Iglesia. Precisamente ahora se está pasando en los cines alemanes “Spotlight”, la película —nominada a seis Oscar— sobre la revelación, hecha por periodistas de “The Boston Globe”, de un encubrimiento sistemático de abusos sexuales en el arzobispado de Boston. En Alemania la gran conmoción ante el escándalo de abusos cumple cinco años. ¿Su alegato a favor de la fuerza liberadora de la verdad no suena hipócrita a la vista del fracaso de la Iglesia ante el derecho a saber la verdad?

“La Iglesia”, estamos hablando de más de un billón de creyentes, cientos de miles de sacerdotes, miles de religiosos y obispos. No la comunidad, sino los individuos —y no en razón de su ministerio, sino de una personalidad inmadura y desequilibrada— se han hecho culpables de abusos. Pero sobre la gran mayoría de los clérigos recae una amarga injusticia a través de la generalización. Abusos hay, por lo demás, en todos los ámbitos donde hay adolescentes. La estadística criminal señala que la mayoría de los perpetradores provienen del entorno familiar. Son incluso los padres y otros parientes de la víctima. De ahí, sin embargo, no se puede sacar la conclusión inversa: que todos los padres son perpetradores posibles o reales. Por lo demás, tengo problemas con la imputación tan fácilmente dicha de “encubrimiento”.

¿Por qué?

Encubrir significa, a mi modo de ver, impedir conscientemente o por negligencia la sanción de un acto reconocido como punible o no impedir un posible delito posterior. Pero todo el mundo sabe que, en lo que respecta al abuso sexual, el estado de conocimientos de las décadas pasadas era totalmente distinto al de hoy. Las consecuencias a largo plazo para las víctimas lamentablemente no eran tan evidentes como —gracias a Dios— lo son ahora. Y respecto a los perpetradores, se supuso ingenuamente que se podía corregirlos con una enérgica amonestación. Hoy las ciencias humanas son mucho más diferenciadas. En consecuencia, el trato con perpetradores y víctimas debe ser otro. Decisivo es el cambio de paradigma, respecto al cual no hay vuelta atrás: primero está la justicia con las víctimas y el restablecimiento de su dignidad. Decisivas son también las medidas de prevención acordadas por las conferencias episcopales.

La Iglesia católica, ¿ha sabido manejar la crisis?

La Congregación para la Doctrina de la Fe, que como tribunal es la última instancia responsable de casos de abuso sexual, ha actuado desde que fuera comisionada con la más alta responsabilidad. Contra las críticas desde ambos lados (demasiado laxa o demasiado estricta) nuestras dos instancias judiciales observan al ordenamiento jurídico prescrito. No sólo para garantizar un proceso justo, en el cual también el inculpado tiene el derecho a ser escuchado y defendido. Ciertamente nadie quiere salirse de estos principios de nuestra cultura jurídica. También hay personas que fueron inculpadas injustamente, y las cuales, según ellas mismas informan, vivieron un infierno.

Pero también las víctimas de los inculpados justamente.

Su sufrimiento es terrible. Pero la responsabilidad debe recaer sobre los culpables y no sobre inocentes sólo porque tienen una cercanía familiar o profesional.

(Traducción al español: Martin Scheuch)

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Al igual que el P. Klaus Mertes, considero muy desafortunadas estas declaraciones.

Müller asume lo que llamamos la teoría de las “manzanas podridas” o los “casos aislados” al considerar que el problema radica en el desequilibrio psicológico personal de los perpetradores y de ninguna manera en la estructura eclesial. De este modo, la reputación y la imagen de la institución quedarían intactas. Y en realidad esto no es lo que ha sucedido. Él mismo debería preguntarse qué es lo que en la Iglesia atrae al sacerdocio y a la vida consagrada a un numero significativo de pervertidos, qué es lo que ha permitido que cometan sus delitos durante años sin ser descubiertos y por qué el modus operandi de quienes tienen la autoridad ha estado y sigue estando orientado al encubrimiento y a la relativización de los abusos cometidos. Todos estos preguntas cuestionan el sistema eclesial mismo y plantean la necesidad de reformas profundas en la Iglesia.

Por otra parte, la generalización que denuncia Müller no es algo generalizado. Son muy pocos los que creen que la mayoría los clérigos y religiosos son abusadores sexuales. Sin embargo, ante el número elevadísimo de casos que se han dado a conocer en los últimos tiempos, es natural que se haya perdido la confianza natural en el clero católico. Estimado lector, tú como padre o madre de familia, ¿dejarías actualmente a tu hijo menor solo confiado al cuidado de un sacerdote, aún cuando no tengas ningun motivo para desconfiar de esa persona?

Lo que sí toca cotas de surrealismo es la relativización que hace Müller de la palabra “encubrimiento”. ¿De modo que lo había antes no era encubrimiento sólo porque no se tenía claro conocimiento de las terribles consecuencias que tiene un abuso sobre un menor de edad? ¡Me chupo el dedo! Y además, eso va condimentado con la insólita afirmación de que ha habido un “cambio de paradigma”. Entonces, ¿sólo recientemente se ha descubierto que lo primero es la preocupación por las víctimas? ¿Cuál era el paradigma anterior? ¿Mandar a la mierda a las víctimas y proteger al clérigo perpetrador considerando el carácter sagrado de su ministerio pastoral? ¿Defender la santidad de la Iglesia en público con una mano mientras que con la otra se barre toda la porquería debajo de la alfombra sin que nadie se entere? Y si es como dice Müller, parece ocurrir lo que sucede con todo cambio de paradigma: que muchas autoridades eclesiásticas o todavía no se han enterado, o todavía están en un proceso de asimilación tan pero tan lento, que ni se nota.

Finalmente, insistir en el infierno por el que han pasado algunos clérigos acusados injustamente parece obnubilar ciertas verdades respecto a las víctimas:

  • el infierno pasado por las víctimas de abusos suele ser mucho peor, pues ha llevado a algunas incluso al suicidio;
  • no se presenta tardíamente en sus vidas, sino que las marca desde temprana edad, ocasionándoles serios problemas psicológicos y espirituales que las acompañan a lo largo de su existencia;
  • las acusaciones injustas contra clérigos suelen ser la excepción a la regla, mientras que el maltrato, la falta de acogida y el olvido de las víctimas ha sido la manera habitual de proceder que han tenido las autoridades eclesiásticas, lo cual nos remite otra vez a un problema de sistema y estructura.

Lamentablemente, lo dicho recientemente por el cardenal Gerhard Ludwig Müller confirmaría lo que ya muchos sospechaban: que a nivel de jerarquía eclesiática poco o nada se ha hecho efectivamente para combatir el flagelo de la pederastia eclesial y que las medidas que se han dado a conocer hasta ahora no pasan de ser un mero saludo a la bandera.

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FUENTES

Kölner Stadt-Anzeiger
Interview mit Kardinal Müller: Was ist im Islam anders als im Christentum? (01.03.16)
http://www.ksta.de/politik/interview-mit-kardinal-mueller-was-ist-im-islam-anders-als-im-christentum–23644526

kirchensite.de
Mertes zu Missbrauch: Rücktritte auf höchster Ebene fällig (01.03.16)
http://kirchensite.de/aktuelles/kirche-heute/kirche-heute-news/datum/2016/03/01/mertes-zu-missbrauch-ruecktritte-auf-hoechster-ebene-faellig/

Un pensamiento en “ABUSO SEXUAL Y SISTEMA ECLESIAL

  1. Bravo, excelente artículo en el que consta que el carácter sagrado del ministerio pastoral tiene en sus representantes a críticos realistas. A la Iglesia y a sus miembros les va a costar muchas horas de angustia el ir desechando los prejuicios tradicionalistas que les tapan los ojos y oídos y apelan a la irresponsabilidad y comodidad. Podrán la Iglesia y sus miembros mirarse a sí mismos sin preferir lo que quieren ver en un espejo ?

    Porque una cosa está clara : ni ese espejo es la Iglesia, ni las víctimas dejan de serlo porque alguien no quiera verlas.

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