SODALICIO Y VIOLENCIA

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Quienes hemos vivido años en comunidades sodálites, somos conscientes de la violencia casi cotidiana a la que fuimos sometidos, sobre todo en lo verbal y psicológico, pues la disciplina sodálite, bajo la apariencia de una configuración con la persona de Cristo, estaba orientada a la anulación de la voluntad propia y al sometimiento de la libertad personal a los dictados de una ideología cristiana fundamentalista.

Ya lo había señalado en mi post TESTIMONIO COMPLETO:

«…si bien hay casos excepcionales de maltrato extremo, relatados por varios testigos, se trata de hechos ocasionales, pues el maltrato más frecuente son las conversaciones y reuniones para ir metiendo la propia ideología en las cabezas de las personas, donde se recurre con frecuencia a la burla, el insulto, la orden de guardar silencio e incluso a veces a las amenazas de castigos (ayunos obligados, privación de sueño, actividades absurdas sin ninguna finalidad, etc.). Ni qué decir, por lo general la autoestima sale bien perjudicada.»

La violencia ha sido un constitutivo latente de la misma estructura del Sodalicio, y no es de extrañar que haya eclosionado en varias ocasiones de manera feroz y destructiva, dejando un reguero de sobrevivientes con heridas y cicatrices en su psique y hasta en su cuerpo.

He aquí una reflexión de Rocío Figueroa sobre cómo la violencia está en la raíz de los abusos de toda índole que se han destapado en el Sodalicio de Vida Cristiana.

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LA DINÁMICA DE VIOLENCIA EN EL SODALICIO DE VIDA CRISTIANA
por Rocío Figueroa

Me parece importante comprender que lo que está en la base de los abusos sexuales es sobre todo una búsqueda insaciable de poder y violencia por parte de los perpetradores.

El teólogo R. Ruard Ganzevoort en su artículo “Violence within the church” (“La violencia dentro de la Iglesia”, 2003) realiza un análisis muy agudo de las dinámicas de violencia y poder ante el abuso sexual en la Iglesia. Él señala cuatro etapas, de las cuales al menos las tres primeras se han dado tal cual en el escándalo del Sodalicio de Vida Cristiana.

1. Silencio antes de la tormenta:

– La violencia está presente pero no se manifiesta a la comunidad.

– Sólo pocos miembros son conscientes y sufren la violencia por parte de perpetradores, pero no es un conocimiento colectivo.

– Este primer estadio provee la estructura para las dinámicas de poder, de modo tal que los perpetradores generan una autoridad rígida y vertical que lleva al silencio.

2. Explota la bomba:

– Erupción del caos.

– Se dan encuentros violentos, disputas y reproches.

– Las víctimas se convierten en el chivo expiatorio de la comunidad. Son ellas y no el perpetrador el origen del escándalo. (Me sorprende, porque sucedió tal cual, con agravios de toda índole.)

– Muchos quieren regresar al silencio.

3. Ruptura de relaciones:

– Distintas perspectivas en el foro:

  • la perspectiva de las víctimas (en el caso del Sodalicio exigen justicia);
  • la perspectiva de los perpetradores (en el caso del Sodalicio el perpetrador niega toda responsabilidad).

– Los espectadores: algunos neutrales, otros salvadores de las víctimas, otros salvadores de los perpetradores.

4. Restauración:

– No se puede regresar a como era antes.

– Sólo se puede reconstruir si se reconoce el impacto de la violencia.

– No hay posibilidad de restauración si no se reconoce el mal causado.

– Preguntas que una comunidad tiene que hacerse:

  • ¿Qué significa que la violencia haya estado en medio de nosotros?
  • ¿Cómo podemos entender que la violencia de la comunidad nos haya llenado de rabia?
  • ¿Cómo hacer para que nuestra comunidad no tenga tendencias violentas?

Texto original: http://rocio-figueroa.blogspot.de/2015/12/la-dinamica-de-violencia-en-el-scv.html

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FUENTE

R. Ruard Ganzevoort, Violence within the church. Paper for the 2nd International NOSTER Conference, Soesterberg NL 21-01-2003.
http://www.ruardganzevoort.nl/pdf/2003_Violence.pdf

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Un pensamiento en “SODALICIO Y VIOLENCIA

  1. El autoritarismo siempre es oportunista. Por esa razón siempre se extiende por etapas, porque al principio se trata de un par de personas a las que hay que contarles un cuento. Posteriormente, cuando ya son varios y existe una atmósfera social, los nuevos tienden a seguir las reglas de juego de los que ya estaban antes. Se genera una cultura autoritarista.
    El autoritarismo es de por sí ya una de las formas que la violencia sugiere y necesita de una cultura para institucionalizarse.

    El poder no “se lo coge” una persona para ejercerlo. Mentira. Para eso hay que “dárselo”. Así funcionan los grupos sociales. Es el grupo el que le da poder a su cúpula – siempre en esa dirección, no la cúpula la que ‘obliga’. Cuando hay exceso de confianza – tradúzcase por favor como ‘insensatez irreflexiva’ – se le puede dar poder a quien tiene un enorme apetito por malusarlo. Para eso la mayoría necesita de ciertas condiciones psicológicas, no se da así nomás.

    EL GRAN PROBLEMA SIGUE SIENDO QUE LA MAYORÍA SE PONGA DE ACUERDO, Y QUE CONFÍEN MUTUAMENTE PARA EXIGIRLE A LA CÚPULA OTRA SITUACIÓN.
    También es problemático que la mayoría confunde oveja con pavo. Les juro que no es lo mismo.

    La violencia se da cuando inconcientemente se ha aceptado de antemano que no se puede cambiar una situación, objeto, persona, etc. por vías no violentas y es consecuencia de una fuerte frustración a ese nivel. Por eso violencia y desconfianza están relacionadas, desconfianza en el otro y en sí mismo. Nadie cambia a nadie, cada quien se cambia a sí mismo y/o lo cambia Dios. Por eso la violencia es una forma de reemplazar a Dios. Lo demás es convivencia.

    Para que sea sistémica tiene que ser desnaturalizada, convertirse en parte de una cultura y ser vista como habitual, luego socialmente como normal y desde el área idealista e ideológica como recomendable. Se desvirtúa la autonomía, característica de ser adulto.
    Toda violencia ejercida es un acto de poder y – en el contexto de este artículo – mantiene una relación con el espectro narcisista. El actor utiliza para esto a la confianza de la víctima. El violentador somete y condiciona la autonomía de otra persona, lo que es una forma de anularla o disminuírla. (Haciendo espacio para su ego, fuera de sí, área de influencia, condición de una provisión narcisista).
    El trauma en la víctima sucede cuando ella no puede asimilar el acto, y las cicatrices – por lo tanto – perduran y se sistematizan dentro de él como paso originalmente con el perpetrador. Luego éste bota ese sistema hacia afuera o lo intenta con un grupo ‘X’. Después de esto, algunos son más resilientes (no se dejan enfermar – usualmente lo más sensibles), otros no. En los más narcisistas hay menos ‘daño’, porque desde lo social era algo que “igual ni esperaban, ni realmente les importa”, entonces para ellos las críticas les parecen exageradas. No son personas sanas, es su lenguaje.
    ————–

    La verdad, más que preguntarme porqué se dió esa violencia, preguntaría : porque dejaron que suceda (?). Porque para dejar que suceda, la estructura social del grupo en cuestión tiene que estar estropeada. Lo sano y normal es que el grupo se oponga y lo impida.

    Lo que sí es claro es que entre la violencia de una persona con un problema de poder y otro que es dependiente (o la violencia pasiva del cobarde) hay un vínculo, que hay quien la lleva a cabo y hay quien quien comodamente “deja que suceda”. Ambos tienen un problema.

    Todo esto no se puede dar sin la participación activa de todos. Sí, de todos. Por eso digo que se trata de fascismo, y que es sistémico y de naturaleza patológica.

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