SOMBRAS DEL PASADO

Reunión de antiguos sodálites en Chincha, Perú (julio 2015)

Reunión de antiguos sodálites en Chincha, Perú (julio 2015)

Como ya he relatado en algunas entradas de este blog, lo que gatilló en mí un proceso de reflexión y maduración que terminó en el año 2008 en mi decisión de apartarme del Sodalicio de Vida Cristiana, fue la inexplicable “expulsión” —dada a conocer públicamente en el Movimiento de Vida Cristiana— de Germán McKenzie, entonces Vicario General del Sodalicio, y la detención de Daniel Murguía, sodálite perteneciente al círculo cercano del entonces Superior General Luis Fernando Figari, cuando estaba fotografiando a un niño de la calle desnudo en un motel del centro de Lima. Ambos hechos ocurrieron en octubre de 2007.

De alguna manera, la interpretación que yo tenía hasta ese momento de los casi 30 años de mi vida transcurridos en el Sodalicio saltó en pedazos, y fue entonces que durante meses traté de reunir las piezas para volver a armar el cuadro. La decisión de desvincularme de una institución que había modelado prácticamente mi existencia no fue cosa de un momento, sino un proceso doloroso que se extendió a lo largo de varios meses, mientras trataba de armar nuevamente el rompecabezas, sabiendo que me abocaba a una tarea casi imposible, pues hasta el día de hoy siento que faltan piezas.

A lo largo del 2008, me dediqué a la tarea de ordenar mis recuerdos de lo que había sido mi experiencia sodálite, poniendo mis reflexiones por escrito. Es así que llegué a redactar cuatro textos, que me sirvieron personalmente para procesar la crisis por la que estaba pasando y plantearme cómo debía entender mi inserción en la Iglesia católica. Pues mi fe se mantuvo firme y sobrevivió a la tempestad, lo cual no ha ocurrido con otra personas que pasaron por experiencias similares. Estos cuatro escritos son los siguientes:

En un principio no tuve la intención de publicarlos. En los años 2009 y 2010 los compartí con algunas personas amigas en privado, a fin de saber su opinión, si lo que yo había plasmado en esos textos eran simplemente desvaríos de un loco desquiciado o si mi análisis tenía sustento en la realidad. Gracias a algunos comentarios fui corrigiendo los textos, llegando a la conclusión de que los problemas que yo percibía en el Sodalicio eran reales y preocupantes. Algo así como una bomba de tiempo que en el algún momento les iba a estallar en la cara.

Sólo cuando mis intentos de comunicar estas cosas al Sodalicio mismo fracasaron, cuando los abusos de Germán Doig fueron considerados oficialmente como una caso aislado —lo cual implicaba que en el Sodalicio no iba a haber una autocrítica institucional— y cuando constaté que la prensa secular no mostraba tener un conocimiento adecuado de la institución ni de la forma de ser de los sodálites, sólo entonces fue que decidí hacer pública esa información en este blog, que inicié a fines del año 2012, tras haber evaluado durante meses la situación. Se me presentaba como un deber de conciencia y como un acto de responsabilidad frente a todos aquellos que habían sido víctimas o que habían padecido sufrimientos debido a los graves problemas que aquejaban al Sodalicio.

De los cuatro textos que redacté, los primeros tres fueron publicados en mi blog con algunos cambios, correcciones y omitiendo alguna que otra información demasiado comprometedora o de carácter confidencial. Del cuarto texto he publicado algunos párrafos en la entrada FANTASMAS DEL SODALICIO.

Entre octubre de 2007 y noviembre de 2012 habían pasado cinco años, en que la lucha con mis fantasmas interiores había sido el pan de cada día, pero lo cual me permitió adquirir una libertad de conciencia como nunca la había tenido. Lo cual agradezco también a los pocos amigos que tuvieron el valor de escucharme y comunicarme sus opiniones francas y sinceras, a veces coincidentes con mis reflexiones, otra veces discrepantes.

En varios de los e-mails que escribí durante esos años he encontrado reflexiones mías que quiero rescatar por la frescura e inmediatez que transmiten, y porque son testimonio del proceso de maduración que me llevó a escribir largo y tendido sobre el Sodalicio de Vida Cristiana.

No voy a publicar los e-mails que me enviaron las personas con las que mantuve estos intercambios epistolares, pues muchos de los contenidos tienen carácter privado y confidencial, sino solamente lo que yo escribí, omitiendo por supuesto toda información de carácter exclusivamente privado.

Por ejemplo, el 13 de agosto de 2010 les envié a varios amigos un e-mail con un texto homenajeando a Eduardo Gildemeister, quien había fallecido hace poco, texto que reproduzco parcialmente en CARTA A UN AMIGO DESCONOCIDO. En el e-mail original se dice que yo había compuesto varias canciones dedicadas a otros seres queridos, «pero en esos tiempos me topé con la indiferencia de quienes habían comenzado a tener en menos mi música, y nunca recibieron difusión».

El 16 de agosto un amigo me escribió, diciéndome que no había necesidad de terminar mi misiva de esa manera y que ya era el momento de perdonar, que me reconciliara con el pasado, que no omitiera hacer bien dejando de transmitir una visión esperanzada y que renovara mi afán de santidad. «Yo te quiero pedir que no hagas más referencias a sombras del pasado que no hacen sino envolver ese don con un papel de regalo que lo desmerece».

El 17 de agosto le respondí lo que sigue a continuación. Se ha de tener en cuenta que todavía no se sabía nada sobre los abusos cometidos por Germán Doig.

Te agradezco tu preocupación, pero la cosa es mucho más compleja de lo que me planteas. No es la primera vez que alguien me habla de la necesidad de reconciliarme, partiendo del supuesto de que tengo problemas relacionados con un pasado no asimilado. La verdad del asunto es que ahora comprendo mucho mejor mi pasado —aunque todavía me falten piezas del rompecabezas— y, gracias a ello, mi fe está firme y anclada en Jesucristo y su Iglesia, con mayor libertad.

¿Piensas que no he perdonado, sólo porque menciono un hecho que es cierto, incluso teniendo la delicadeza de no mencionar nombres ni apellidos? Si deseas que te mencione a alguien, te puedo mencionar a Luis Fernando, a quien en ese entonces le entregué en la mano un cassette con composiciones recientes mías, y no recibí ninguna respuesta, ningún comentario, ni siquiera de alguno de sus subordinados. Ni las gracias… […]

No creo que la reconciliación consista en tapar con un manto de olvido las páginas incómodas del pasado. Eso no funciona. Tarde o temprano el pasado termina por pasar factura, como ha ocurrido con los Legionarios de Cristo y con los casos de pederastia que han ido saliendo a la luz en la Iglesia. El Sodalicio ha estado tapando su pasado sin procesarlo debidamente, sin mirarle a la cara. Podríamos decir que el Sodalicio no se ha reconciliado con su propia historia. ¿Te imaginas más adelante que alguien saque al descubierto, de manera documentada, las vinculaciones del Sodalicio con la ideología falangista (el fascismo español) o con grupos de ultraderecha de México y Argentina, que también las hubo? ¿O que se documente los abusos de autoridad y manipulación de conciencias que durante algún tiempo se practicaron —y que todavía podrían seguir dándose—? El asunto no es como para tomarlo a la ligera.

Mira esta noticia sobre el instituto de vida consagrada Miles Jesu (que significa “Milicia de Jesús”):

http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2010/07/30/fundador-miles-jesu-abusos-autoridad-iglesia-comisario-vaticano-religion.shtml

Así como se ha intervenido este instituto, se ha intervenido también a los Legionarios de Cristo —por razones que ya todos conocemos—, a Lumen Dei y se viene una intervención del Instituto del Verbo Encarnado, todas ellas asociaciones que tienen más de un punto en común con el Sodalicio. Como anécdota, esta noticia no ha sido publicada en ACI Prensa —por razones obvias—. […]

El pasado siempre nos acompaña. La cuestión es cómo lo tomamos: como un compañero a quien le miramos a la cara para comprendernos a nosotros mismos y aprender de los errores, o como una sombra que nos recuerda cosas que queremos olvidar y que escondemos debajo de la mesa. Si lo enterramos, saldrá a buscarnos y se convertirá en una pesadilla fantasmal.

Por todo lo dicho, creo que lo de la reconciliación es algo que ya no está en mis manos. Yo he hecho lo posible, nunca cerrándome al diálogo. Mantengo una buena comunicación con Manuel Rodríguez, por ejemplo. A quien me ha escrito, le he respondido con franqueza. Pero hay otras personas que o no se han atrevido a comunicarse conmigo, o no han tenido las ganas de hacerlo, o han recibido órdenes de ignorarme. No sé si cabe alguna posibilidad más. […]

¿Crees que hubo alguna vez interés de interpretar mis canciones posteriores a mi salida de comunidad? He compuesto incluso una Misa casi completa (“Misa de Cuerpo y Sangre Presente”). Pues no creo que haya habido interés. Ni creo que lo haya ahora.

Por otra parte, no se puede transmitir una visión esperanzada a través de medias verdades, omitiendo realidades incómodas o problemáticas. A la larga, este tipo de ilusiones se derrumban a ojos de la gente. El hacer el bien no puede basarse sobre una verdad maquillada y edulcorada, pues tarde o temprano revelaría su falsedad. Por eso mismo, no entiendo tus alusiones a la “omisión de hacer el bien”. Siempre he buscado hablar con el corazón con la mano. Y siento que logro mejor ese objetivo desde que mi lenguaje no está bajo la mediación de una ideología religiosa determinada.

¿Respecto a la santidad? Hay que tener cuidado. Es algo que se te escapa de las manos cuando piensas demasiado en ella, pues puede convertirse en una búsqueda egocéntrica de la propia perfección —lo cual es todo lo contrario de la santidad—. Es un don de Dios. Para recibirlo no hay que darle tantas vueltas ni traerla continuamente a la mente, sino simplemente buscar seguir tras las huellas de Jesús en esta vida, con toda sencillez y naturalidad, asumiendo que nada de lo humano nos es ajeno —como no lo fue para el Hijo de Dios—. Y recordar que la Iglesia enseña que nadie puede tener nunca personalmente la seguridad de estar en estado de gracia.

Bueno, aquí te mando estas reflexiones. Sé que están incompletas y que hay mucho más que tallar. Pero poco a poco…

Te mando un fuerte abrazo y no dudo de tus buenas intenciones.

Saludos

Martin

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2 pensamientos en “SOMBRAS DEL PASADO

  1. Una persona puede reconciliarse con su pasado dándole valor a lo que tiene valor, lo que no es posible si no se distingue de lo que, o no lo tiene o tiene muy poco de él.
    Lamentablemente no es lo mismo reconciliarse con uno mismo que reconciliarse con quienes generaron tantos valores negativos – muy al margen de haber filtrado los positivos -, lo que no es una condición para reconciliarse con uno mismo. Lo difícil es lograrlo sin caer en la misma autosublimación artificial que se conoce de ellos, así nos pasa atodos. Para reconciliarse se necesitan dos, y surgiría también a través de esto una nueva plataforma para hombres nuevos, en una atmósfera crítica pero constructiva.

    +++ sodas : No son los críticos los que dañan a los sodas sino los que generaron el daño por el cual se les critica, hay que ser adulto para entender este contenido tan simple y realista, tiren su ego a un lado del camino, cuesta mucho esfuerzo arrastrarlo tras de sí. +++

    Para tantos sodas que parloteaban tanto acerca de la “reconciliación” parece ser un insulto aproximarse a ellos con la misma propuesta, si es que uno no se subordina a su ideología. Eso no significa estar ‘locos de amor’, eso significa que no pueden salir de su ego-trip. Es triste. La ideología siempre va a lograr problemas comunicativos porque divide las lenguas al condicionar una de ellas, y el lenguaje desde el corazón se ignora y/o desvirtúa. Desvirtuar genera – aparte – una crisis de valores.

    Los sodas no digieren ni la crítica ni la autocrítica, para mí esto es un signo de que siguen siendo un organismo enfermo, el problema sistémico que todo el mundo les ha estado comunicando sin que ellos reaccionen. Al parecer no salen de su infancia.

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  2. Tuve la oportunidad de vivir con todos los que aparecen en la foto… en distintos momentos. Puedo decir que son buenas personas o quieren ser buenas personas….pero el problema no son las personas, es la institución… el SCV nació podrido y veo muy difícil que puedan enderezarlo (creo que en realidad no hay la voluntad de hacerlo)

    Por cierto, estoy de acuerdo con el análisis de Gerundio… es difícil superar la infancia y el narcisismo.

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