UN LEGIONARIO PIDE PERDÓN

P. Juan María Sabadell

P. Juan María Sabadell

El 10 de diciembre de este año, el portal Religión Digital publicó una carta escrita por el P. Juan María Sabadell, miembro español de los Legionarios de Cristo y uno de los sacerdotes elegidos para participar en el Capítulo Extraordinario de la congregación, que se realizará en Roma a partir del 8 de enero de 2014 (ver http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2013/12/10/padre-juan-sabadell-lc-pido-perdon-a-las-victimas-de-abusos-fisicos-y-morales-de-nuestra-historia-iglesia-religion-papa.shtml). Esta carta es importante porque constituye hasta ahora el único escrito conocido proveniente de un legionario donde se pide perdón a las víctimas del P. Maciel, describiendo con detalle las conductas y actitudes reprobables que no sólo tuvo el autor de la epístola, sino también un considerable número de miembros de la Legión hacia las víctimas de abusos sexuales, algunas de las cuales, motivadas por un deseo de justicia, tuvieron el valor de hacer las denuncias correspondientes. Contrasta la honestidad y franqueza de este escrito con otros que provienen de otros miembros de  la Legión de Cristo, donde se evita entrar en estos detalles. Como en la reciente carta del P. Sylvester Heereman, vicario general de los Legionarios de Cristo (ver http://legrc.org/regnum_db/archivosWord_db/05122013esp.pdf), en la cual, si bien agradece de manera general «a quienes han roto el silencio que suele rodear estos casos, por la vergüenza y el sufrimiento que los acompañan», no les pide perdón por acciones específicas que de parte de la Legión se hicieron en perjuicio de ellos ‒incluyendo una campaña de descrédito y difamación‒, sino que se limita a expresar la escueta frase: «Lamentamos profundamente cualquier dolor que les hayamos causado». Y precisamente esa reticencia del P. Heereman a entrar en detalle la subsana el P. Sabadell con su hermosa y sentida carta, que ahora reproduzco en honor a la verdad. Y como un ejemplo a seguir.

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Texto íntegro de la carta del P. Juan María Sabadell

Queridos cofundadores, familia, amigos y hermanos en el Señor:

Es con estas palabras que hoy completo un deseo que lleva años en mi corazón: cumplir mi propia “purificación de la memoria” pidiendo perdón a las víctimas de abusos (físicos y morales) de nuestra historia de fundación.

Pido perdón tanto a las víctimas conocidas y públicas como a aquellas que siguen bregando desde el dolor de su anonimato.

Muy especialmente quiero agradecer a aquellos valientes cofundadores que durante décadas insistieron para que se conociera la verdad y perseverando hasta el final nos alcanzaron la justicia.

Mis sentidas gracias y mis palabras van primero dirigidas a nuestros hermanos José Domínguez, Juan José Vaca, Félix Alarcón, José Barba, José Antonio y Fernando Pérez Olvera, Saúl Barrales, Arturo Jurado y Alejandro Espinosa; además del Padre Amenábar que en paz descanse. Fue su “hambre y sed de justicia” que ahora en nuestro futuro “tiene que verse saciada”, la misma que hoy me impulsa a escribir esta pobre disculpa personal.

En lo que se refiere al historial de abusos en la congregación, pienso en el buen servicio que prestaré a la Legión y al Regnum Christi si antes del Capítulo General llego purificado, sereno, habiendo asimilado y encajado sin fisuras esta página dramática y dolorosa del álbum de familia.

Por ello, como un hermano más que ha amado profundamente a la Legión y el Movimiento desde su adolescencia, he sentido la necesidad de hacer mi pequeño gesto público que es de justicia y de responsabilidad, antes de iniciar el Capítulo General en Roma, abrazando personalmente, y no sin vergüenza, esta cruz misteriosa que el Señor ha depositado sobre nuestros hombros para el resto de nuestras vidas.

Aunque ha habido ya comunicados oficiales de reparación y sigue en abierta la “comisión de acercamiento” para salir al paso de las víctimas y buscando la reconciliación, creo que el Señor me pide a mí personalmente hacer un “mea culpa” confesando mis pecados y errores en esta historia común.

Me mueve a ello no sólo y primariamente el deber de justicia para con las víctimas mismas; sino además un acto de conciliación con mis hermanos, especialmente los más jóvenes; a la vez que un reconocimiento para con mi familia y mis amigos que durante tantos años han acompañado con paciencia, silencio y comprensión este lastre en mi vocación. Y digo un “deber” que creo debo explícita y públicamente hacer pues el escándalo así lo requiere, donde a la “compunción interior” le acompañe una proporcional y sincera “reparación exterior”.

Es por ello que pido a las víctimas de abusos físicos o morales de nuestra fundación hasta el día de hoy:

  • que me perdonen el no haberles creído cuando informaban de abusos y errores, dando sólo crédito a la versión del fundador y los criterios y modos de la Legión;
  • que me perdonen por cuantas veces, en conversaciones y explicaciones a terceros, sin conocimiento de causa les describí como “resentidos” o “calumniadores” y con ello añadía injuria y difamación a la herida todavía abierta;
  • que me perdonen por la lentitud con que acepté hacer autocrítica, y abrir mi corazón y mente para encarar la verdad de los hechos, pues con ese retraso culpable se prolongaba su dolor y seguía haciéndose esperar la justicia;
  • que me perdonen también los titubeos, contradicciones o medias tintas con que gradualmente fui dando credibilidad a sus testimonios de abusos en los medios y en los blogs, y mi tardanza en avenirme a aceptar sus legítimas reclamaciones;
  • que me perdonen, cuando torpe o ciego de prudencia humana, preferí defender la propia reputación de la familia legionaria por encima de la de mis hermanos mayores, que con sus vidas y sacrificios habían preparado el camino para mi sacerdocio en la Legión;
  • que me perdonen por sumarme al “silencio institucional” que aun cuando bien intencionado, no hacía sino retrasar la necesaria conversión, “purificación de la memoria” y reparación concreta a la que desde hace un lustro nos llama el Señor por medio de Benedicto XVI y el Papa Francisco;
  • que me perdonen por mi falta de compasión y todo aquello en lo que yo personalmente haya contribuido con mis obras, palabras u omisiones al escándalo y males de esta situación.

Son todos pecados de los que tengo y quiero acusarme, personal y públicamente. En primer lugar ante Dios, y en esta ocasión especialmente ante mis hermanos heridos quiénes se merecen lo mejor de mí, con respeto y mi deferencia; pues aunque sea tarde, me toca ahora, en lo posible, acortar su sufrimiento.

Creo que como muchos otros Legionarios, este gesto sencillo pero evangélico, busca reconciliarme con aquellos a quienes he defraudado antes de depositar mi ofrenda ante el altar de Dios en el Capítulo General. Ruego, y así lo espero, aun en su sencillez, esto nos permitirá leer juntos las páginas tristes de nuestra historia, y reconocer como hermanos nuestra ceguera, y acogiéndonos a esta “segunda oportunidad” que se nos brinda con el perdón, hagamos de éste, bálsamo de gracia en medio de la humillación amarga y ya demasiado larga para todos.

No me inquieta la reacción pública por las revelaciones duras y graves de nuestra fundación, ni las más recientes ni las de antaño, pues Dios mismo conoce el porqué misterioso de nuestro caso y Él llevará a término en todos, víctimas y no víctimas “su obra buena”.

No quiero tampoco reducirme a un gesto escrito, por más honesto y sentido que sea. Me apresto pues hoy a iniciar una Pascua de expiación con adoración, Eucaristías y ayunos para que sirvan de ofrenda agradable al Señor y así concretar mi reparación.

Y a vosotros familia y amigos, os pido que en la medida de vuestras posibilidades, os unáis a esta cincuentena de expiación con oración y comunión espiritual hasta el próximo 30 de Enero. El Señor bendiga con su gracia mi petición de perdón y este esfuerzo de reconciliación en el que impetramos juntos su misericordia divina y con el que pido luz y fuerza para en el futuro ser mejor testigo de la alegría del Evangelio.

Os pido disculpas de antemano por cualquier omisión, frase o tono que pueda herir o parecer desproporcionado. He preferido dejar correr mis reflexiones fiado del Espíritu Santo que creo inspira los buenos deseos de esta comunicación y me pongo a vuestra disposición para hacer o mejorar lo que aún me hiciera falta.

Concluyo con una oración (Salmo 85, 10-14) que trenza las gracias que imploro para todos en este Adviento y Navidad; que son promesa de Salvación y sanación personal que sólo el Señor nos puede dar.

“Ya está cerca su salvación para quienes le temen, y la Gloria morará en nuestra tierra.
11 Amor y Verdad se han dado cita, la Justicia y la Paz se abrazan;
12 la Verdad brotará de la tierra, y de los cielos se asomará la Justicia.
13 El mismo Yahveh dará la dicha, y nuestra tierra dará su cosecha;
14 La Justicia marchará delante de él, y con sus pasos trazará un camino”.

Vuestro amigo y hermano en el Señor Misericordioso,

P. Juan Sabadell LC

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