¡FULL PORNO!

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Recientemente una señora mayor dejó unos comentarios difamatorios sobre mi persona en la entrada GERMAN DOIG: UNA INTERPRETACIÓN de este blog. Esta señora pretende haber conocido mejor que nadie a mi propia madre y está convencida de que es verdad todo lo que tan ligera y gratuitamente afirma. Como no he logrado identificar con claridad de quién se trata y nunca había tenido comunicación por e-mail con ella, deduzco que las medias verdades mezcladas con informaciones falsas que ha puesto en sus mensajes debe haberlas escuchado de terceros, lo cual me lleva a suponer que se trata de chismes que han estado circulando en ciertos ámbitos de la sociedad limeña. No es intención de este bloguero invertir tiempo en responder a todas esas habladurías. Sin embargo, hay un asunto que se toca y que me sirve ahora de ocasión para desempolvar ciertos textos, que considero de interés general. Me refiero al tema de la pornografía.

La tal señora afirma que yo escribí «una historia con pornografía, lo cual hizo que muchos de tus familiares no quisieran saber nada de ti». También dice en otro momento: «Las historias que les enviabas a tus familiares eran desagradables, por eso poco a poco te fueron borrando de sus correos. También tenías una página rara, no como las que hay hoy». Cuando le pedí detalles acerca de todo esto, que me parecía una vulgar patraña, me respondió lo siguiente: «Tu escribiste un relato llamado “El pornógrafo” que estaba colgado en Internet. Me ha costado encontrarlo, pero con la ayuda de mi hijo lo hicimos. Es un relato asqueroso, donde quieres demostrar a toda costa que ganaste una disputa. Para ello utilizas detalles innecesarios. Eso se lo mandaste a tus familiares y amigos. Como formo parte de ese círculo, me llegó. Y ellos, aunque pareces no comprender las razones, te expulsaron de sus correos. Tampoco resultaba agradable a muchos tus reseñas sobre “El último tango en París” y me parece que también de “El imperio de los sentidos” que cuelgas en tu página. Son unas películas eróticas muy fuertes, y no es porque las haya visto. No tengo ese interés, pero muestra el tuyo. ¿Era eso lo que veías cuando te escapabas de las casas del Sodalitium?»

Efectivamente, escribí un texto titulado “El pornógrafo” que publique en mi primer ensayo de página web en el año 2000. Pero no es propiamente un texto pornográfico, sino más bien un alegato en contra de la pornografía. Es cierto que en unos pocos párrafos utilizo un lenguaje demasiado crudo, pero eso se explica por el hecho de que yo todavía era sodálite (casado) y compartía la misma actitud defensiva ante el mundo que prevalece en el Sodalicio. Por consiguiente, consideraba que cualquier atentado contra la ética cristiana debía ser respondido de una manera combativa y agresiva, sin hacer concesiones ni dialogar, como sigue haciendo ACI Prensa en la actualidad. Además, en esos párrafos no hago más que utilizar el mismo lenguaje que se utilizaba en comunidades sodálites para hablar de temas sexuales. Hoy en día matizaría algunas ideas y suavizaría algunas expresiones, pero no encuentro en los contenidos nada verdaderamente reprochable de lo cual me tenga que arrepentir. Lo que sí es absolutamente falso es que yo haya enviado ese texto por e-mail a mis familiares y amigos. Si alguien desea leerlo, lo puede descargar aquí: http://www.upload.ee/files/3624551/EL_PORNOGRAFO.zip.html

También es cierto que escribí una crítica sobre la película El último tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972). La película la vi por primera a través de la televisión por cable mucho tiempo después de haber dejado de vivir en comunidades sodálites y cuando ya estaba casado, y me impresionó por su profunda reflexión existencialista sobre la condición humana. Si bien es cierto que tiene escenas de sexo, éstas no son gratuitas ni mucho menos pornográficas y se hallan al servicio de la historia que se quiere contar. La reseña que escribí sobre el film se puede descargar aquí: http://www.upload.ee/files/3624552/EL_ULTIMO_TANGO_EN_PARIS.zip.html

Sobre El imperio de los sentidos (Nagisa Oshima, 1976) nunca he escrito nada, aunque sé de qué trata la película. La primera descripción detallada del film se la escuché a finales de los ’70 a Alejandro Bermúdez, actual director de ACI Prensa, quien lo había tenido que ver en el marco de sus estudios de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima. Los críticos no se han puesto de acuerdo todavía sobre si se trata de una película pornográfica o de un film artístico con escenas de sexo explícitas. Lo cierto es que cuando al director japonés le preguntaron si el film era pornografía o arte, el respondió que ambas cosas. En todo caso, subyace a la trama la intención por parte del director de contar una historia estremecedora basada en hechos reales y presentar una visión artística de los lazos que hay entre el sexo y la muerte. Y hay quienes opinan que eso basta para quitarle la etiqueta de pornográfica. Aquí en Alemania un tribunal de Berlín dictaminó en marzo de 1977 que no podía ser considerada como tal. La película sin cortes fue estrenada en enero de 1978 en los cines, aunque con la calificación máxima de mayores de 18 años.

Lo que no mencionó la señora de marras es una traducción que hice de un artículo que fue publicado en la revista Stern (Voll Porno! por Walter Wüllenweber, 05/02/2007), que trataba el tema del influjo negativo de la pornografía sobre ciertos sectores marginales de la sociedad (ver http://www.stern.de/politik/deutschland/sexuelle-verwahrlosung-voll-porno-581936.html). La traducción que hice la compartí por e-mail con un círculo selecto de amigos y conocidos. Si bien el artículo fue publicado hace seis años, sigue siendo de candente actualidad. La problemática no ha cambiado, e incluso se ha hecho más aguda debido a la facilidad con que se accede a contenidos pornográficos a través de Internet. Aunque centrado en lo que ocurre en Alemania, describe una situación que se daría de manera similar en otras latitudes y que en la mayoría de los casos no ha sido investigada a fondo. Y que constituye una de las periferias existenciales que nos llama a evangelizar el Papa Francisco. Hay que tener en cuenta que el problema es grave y existe, y no va a dejar de existir simplemente por el hecho de que no queramos ver u oír nada al respecto. Como ocurre con algunos cristianos, que no quieren enterarse de ciertas cosas, pues ello perturbaría la tranquilidad burguesa que han asumido como refugio de vida.

A continuación, reproduzco mi traducción del artículo al español, la cual he mejorado considerablemente. Advierto solamente que aparecen traducidas un par de líneas de canciones pornográficas, las cuales, por sus contenidos, podrían herir ciertas susceptibilidades o escandalizar a espíritus mojigatos y fariseos. De modo que la lectura del siguiente artículo corre por cuenta y riesgo propio de los lectores.

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Desamparo sexual

¡FULL PORNO!

por Walter Wüllenweber

Cuando los niños ya no aprenden lo que es amor.
Los padres miran junto con sus hijos películas hardcore. Adolescentes de 14 años de edad se reúnen para tener sexo en grupo. Sus ídolos cantan sobre violación. Una parte de la sociedad va sin deriva hacia el desamparo sexual.

Algo falta. De inmediato no se percibe qué. También Thomas Rüth requirió de cierto tiempo hasta que cayó en la cuenta de qué era lo que echaba de menos, qué lo inquietaba. Observando a jóvenes, algo le llamó la atención: «Cuando salen con alguien, no se besan». Tienen 12, 13 ó 14 años de edad y no se toman de las manos ni se acarician. Y no son retraídos. Al contrario. Muchos de estos adolescentes ciertamente tienen sexo unos con otros.

Thomas Rüth es pedagogo social. Dirige la Red de Ayuda Juvenil de la Asistencia Social para Trabajadores en Katernberg (Essen), un distrito con grandes problemas sociales. Él y sus colegas hacen visitas regulares a familias que no pueden arreglárselas sin ayuda. Cuando los trabajadores sociales están de visita, casi siempre parpadea la tele en las salas de estar. Pero no siempre están transmitiendo la basura del mediodía de RTL 2.1 Cada vez con mayor frecuencia la señal viene del reproductor de DVD: pornos. Y los niños también están sentados en el sofá mirando.

Los jóvenes no se besan. Los niños miran pornos. Ambas cosas tienen que ver una con la otra. En los pornos nadie se besa. «Muchos de estos menores crecen en una zona de desastre emocional. Saben todo, realmente todo, sobre prácticas sexuales. Pero cuando les hablamos de amor, de ternura, entonces no saben en absoluto de qué estamos hablando», señala Thomas Rüth. Precisamente es eso lo que falta.

«Porno ‒ como una plaga»

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Jóvenes en Neukölln (Berlín)

«Los niños y adolescentes están llenos de esas imágenes. Y nunca se las podrán sacar de la cabeza», afirma Gabriele Heinemann. Ella también es trabajadora social. Atiende a muchachas en Neukölln (Berlín), el distrito problema más conocido de Alemania. Madonna se llama el club que ella capitanea. Hace tres años oyó por primera vez la expresión “gang bang”. Una chica de 14 años de Neukölln alardeaba: «Los sábados en la noche hago gang bang». Heinemann investigó qué significaba: gang ‒ pandilla. Gang bang ‒ una pandilla entera de hombres se abalanza sobre una mujer. Un estándar en las películas porno actuales. «Primero pensé que la chica sólo quería llamar la atención. Pero en realidad era así. Y esto se propaga como la peste».

En muchos clubes juveniles en los distritos socialmente más deprimidos de Berlín la sexualidad de los adolescentes les depara a los tutores encargados preocupaciones similares a las de la violencia juvenil. Muchos ya no se atreven a dejar a adolescentes de 14 años demasiado tiempo solos en una habitación. Temen encontrar a su regreso a jóvenes con los pantalones abajo. Y delante de ellos a muchachas de rodillas. Ha sucedido ya varias veces. «La imagen de la sexualidad que tienen nuestros jóvenes está totalmente impregnada de pornografía», señala Gabriele Heinemann

La madre tiene sexo ‒ el hijo mira

La denuncia de la moral sexual relajada es más vieja que la minifalda. Pero esta vez no son burgueses reprimidos, feministas fundamentalistas o mojigatos hombres de Iglesia los que lanzan la advertencia. Son maestros, pedagogos sociales, estudiosos de la educación, investigadores del cerebro, terapeutas, sexólogos y funcionarios de oficinas de protección de menores. Ellos son testigos nada menos que de una revolución sexual. Sin embargo, no se trata de amor libre. No tiene nada que ver ni con amor ni con libertad. El motor de esta subversión de la sexualidad no son los ideales. Es la pornografía. Aquello con lo cual se ven confrontados diariamente Thomas Rüth y Gabriele Heinemann es una forma de desamparo: el desamparo sexual.

Cada mediodía Ayten Köse, una trabajadora social de la calle, veía a un grupo de muchachos que holgazaneaban directamente delante de su oficina en Neukölln. «Tenían alrededor de nueve a diez años. Y continuamente se burlaban de uno. Cada vez era peor», relata. Finalmente le habló al muchacho. Éste se lo dijo sin ambages. Bueno, era por su mamá, sus hombres y cosas así. La madre montaba pequeños shows para el hijo y sus amigos. Cuando le visitaban a él en su casa, entonces ella les mostraba con gusto una película porno. En ocasiones también les permitía mirar cuando tenía sexo con un amante. «Por supuesto que hablé con la madre», indica Ayen Köse. «Pero ella solamente dijo: “No comprendo qué es lo que quiere. Es solamente sexo. Si es de lo más normal”».

Bernd Siggelkow es un párroco evangélico. «Bernd, Bernd, ¿tú también usas tangas?», le grita una niña de nueve años desde el otro extremo del refectorio. «El amigo de mi mamá tiene siempre puestas cosas superpicantes». Siggelkow sonríe algo cohibido. En 1995 fundó en Hellersdorf (Berlín) el “Arca”. Allí los niños del distrito encuentran lo que no reciben en sus familias: dedicación, adultos que se ocupan de ellos y una comida caliente. En los últimos años Siggelkow ha percibido un cambio evidente en los niños. «La vida de estos niños está totalmente sexualizada», señala Siggelkow. Frecuentemente los niños acuden donde él con sus problemas. «Precisamente ayer de nuevo una niña de once años. Quería saber si era normal, porque hasta ahora nunca había tenido sexo».

Cuando Siggelkow habla con los progenitores de los niños del Arca, casi siempre es con las madres. «Aquí no hay padres». Muchas madres se quejan de que sus hijos les molestan. «Entonces les pregunto en qué les molestan. Y responden: cuando tienen sexo». Siggelkow también se reúne con madres que deciden «probar el lesbianismo». Porque lo encuentran bonito en los pornos. Se reúne con madres que no comprenden que a sus hijos les perturba que dejen abierta la puerta del dormitorio cuando tienen sexo con hombres extraños. Se reúne con madres «para las cuales el sexo constituye la cumbre absoluta de sus vidas». La mayoría de las veces la única.

El sexo como experiencia de éxito

Las relaciones cambian aceleradamente, particularmente en la clase baja. Los varones a menudo ya no constituyen el sustento de la familia. Este rol lo asume cada vez con mayor frecuencia el Estado.2 Esto hace que a las parejas les sea más fácil separarse. Hombres y mujeres son cada vez menos una unidad económica, cada vez menos una unidad de destino, cada vez menos compañeros de vida. Lo que queda es la sexualidad. Ésta adquiere una nueva importancia. Precisamente en la vida de muchas mujeres. Sin una buena formación escolar, sin formación laboral, las mujeres no tienen realmente oportunidades de conseguir un buen trabajo. Por eso mismo, a las mujeres de la clase baja con mucha frecuencia les resulta difícil experimentar reconocimiento, ser alabadas, ser exitosas. Pero en la sexualidad sí pueden ser “exitosas”. La sexualidad cambia de significado. Asume un nuevo rol, una nueva función en la vida. El sexo se convierte en aquello que para otros es el empleo, los estudios, el deporte o la ejecución de un instrumento: la posibilidad de vivir y satisfacer la propia ambición.

«Lo estúpido de todo esto es que no funciona», señala Thomas Rüth de Essen. «Vemos esto con preocupación. Muchas mujeres padecen realmente bajo esta forma de sexualidad». La presión para tener éxito es más de lo que ellas pueden sobrellevar.

El influjo de la pornografía apenas investigado

Volkmar Sigusch (1987)

Volkmar Sigusch (1987)

Cuántas personas miran pornos con frecuencia y cómo esto afecta su sexualidad y su personalidad, «esto no lo investiga aquí nadie», señala Volkmar Sigusch, el padre de la sexología en Alemania. Los estudios más recientes al respecto los hizo él. ¿Cuándo? De eso no se acuerda exactamente a sus 66 años de edad. Pero sí del método: les mostró diapositivas pornográficas a sujetos de experimentación. ¡Diapositivas! En ese entonces no había vídeos, DVDs, menos aún Internet.

«El estado de las investigaciones sobre pornografía en Alemania es muy tenue», señala el catedrático Jakob Pastötter. Ha escrito una tesis de doctorado sobre el tema de la pornografía, pero en el Instituto Kinsey en los Estados Unidos. Actualmente es presidente de la Sociedad Alemana para la Investigación Social de la Sexualidad. «Resulta imposible sobrestimar en absoluto los efectos que tiene el consumo permanente de pornografía, sobre todo en la clase social baja», indica Jakob Pastötter. La estética, el lenguaje, el comportamiento en las películas porno, «todo eso se convierte en roles modélicos para aquellos que han perdido todos los modelos». Jakob Pastötter afirma: «La pornografía se vuelve cultura guía de la clase baja».

Ciertamente la sociedad entera mira pornos, no solamente la clase baja. «Pero la clase baja consume más pornos. Con frecuencia diariamente», señala Pastötter. Una característica importante del día a día de las diferentes clases sociales es su manejo de los medios. Las personas con más baja educación remolonean más tiempo delante de la tele y miran otros programas que el promedio de la sociedad. El criminólogo Christian Pfeiffer designa esto como «desamparo mediático». Todo se sucede ininterrumpidamente: talk shows basura al mediodía con prueba de paternidad en vivo o madres con piercing que se enredan con los amigos de sus hijas, pornos en la noche y, en medio de todo, la propia sexualidad. Las fronteras se desvanecen. A quien no ha aprendido a manejar los medios de manera competente, le resulta difícil distinguir entre ficción y realidad. Por eso mismo, los pornos afectan de manera diferente a personas diferentes. Los efectos sobre los niños son los más fuertes.

Los niños emulan a las estrellas porno

Los niños aprenden mirando y emulando. Hasta ahora la sexualidad siempre había sido una excepción. No se realizaba en público. Por lo tanto, las parejas jóvenes no “aprendían” el amor, lo “descubrían”. Hoy día los niños pueden mirar en Internet a toda hora a innumerables personas teniendo sexo, y así aprenden también la sexualidad mirando. Los modelos de vida no son amantes, que sienten mutuamente algo el uno por el otro. Los estándares presentan números sin sentimientos, ni intimidades, ni honra de la persona.

Jakob Pastötter constata que las películas se han vuelto marcadamente más fuertes y brutales. «Precisamente para el consumidor intensivo de pornografía el estímulo debe ser incrementado continuamente; si no, no tiene efecto». Una película en la que un hombre y una mujer simplemente duermen juntos, a lo mejor con ternura, es algo que hoy en día no compra nadie.

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Feria Erótica Venus 2012, Berlín

Pero ¿qué es lo que tiene éxito en el mercado pornográfico? ¿Qué es lo que excita a los clientes?

Venus, así se llama la feria pornográfica más grande del mundo. Todos los años tiene lugar en Berlín, y cada año se incrementa en uno o dos pabellones. Sobre los mostradores de los puestos feriales reposan mujeres para ser vistas en público. Racimos de hombres se apretujan entre sus piernas y apuntan con cámaras digitales a sus aberturas corporales. En pantallas gigantes, el sector expone un muestrario del vientre femenino. «Poco a poco esto ya me está hartando», dice una dama de 40 años, que vigila un puesto con incontables DVDs porno. Ella creía que se trataba de un empleo inocuo. «Erotismo dijeron. Pero qué tiene que ver esto con erotismo. Cada dos minutos entra un pervertido y me pregunta dónde están los pornos de embarazadas». De ellos hay metros de estantería. Otros éxitos de ventas son los embadurnamientos con materias fecales. Y, por supuesto, la violencia en todas sus variantes.

Placer ante el dolor y la violencia

«Porno, eso es estilo de vida hoy en día», señala Gian Carlo Scalisi. En su tarjeta de presentación dice “Managing Director” de “21 Sextury Video”. Su empresa produce películas pornográficas sumamente exitosas. «Nuestros clientes provienen de todas las clases sociales, no sólo de la clase baja», apunta Scalisi. «Por lo menos 20 por ciento, tal vez incluso 25 por ciento, son de clase media o alta». Los clientes de Scalisi quieren “películas gonzo”. Se trata de pornos que prescinden de todo marco argumental. En un estudio en Múnich los productores montan una tarima. Una mujer es colocada encima. Luego tres o cuatro hombres se abalanzan sobre ella. Gang bang. Todos los actores, incluso las mujeres, son amateurs, afirma Scalisi. ¿Por qué? «Los amateurs se corren mejor. Eso lo perciben nuestros clientes. En las mujeres, es mi opinión, se ve: todavía experimentan dolores de verdad».

Los pornos que hoy en día se venden bien no son películas eróticas. Tratan de violencia. Violencia con sexo.

«Esto me parece de puta madre», afirma Melanie. Tiene 19 años de edad, quiere graduarse en una escuela secundaria básica (Hauptschule) y visita la feria Venus con su amiga. La amiga también se llama Melanie y tiene 20 años. Sus novios no están con ellas, sino que prefieren pasar el fin de semana en una carrera de motocicletas. Las dos Melanies comenzaron muy temprano a ver pornos. «Tampoco tan temprano. Con once años o algo así. Normal, como los otros», señala la Melanie mayor. Su madre, con la cual creció sin padre, siempre tenía una provisión de vídeos y posteriormente DVDs en el estante. «Por supuesto que también yo los vi». Con la Melanie menor todo fue «exactamente igual».

Las dos Melanies saben qué películas les gustan. «Las cosas más fuertes. De lo otro, ya se sabe todo». Con frecuencia las conversaciones en el círculo de amigos giran en torno al contenido de los pornos más recientes. «Por supuesto, cosas como gang bang, ésos son temas gigantes. Todos hablan de eso y se preguntan: ¿debería hacerlo yo?»

Las películas en las que se representa violencia sexual, ¿hacen violento al espectador o actúan más bien como una válvula de escape? «La hipótesis de la catarsis ha sido refutada. Sabemos que esas películas tienen claros efectos reforzantes», señala el catedrático Klaus Mathiak. Él es biólogo neurólogo y psicólogo de la conducta en la Clínica de la Universidad de Aquisgrán y dirige un proyecto de investigación sobre los efectos de los medios violentos en el cerebro y en la conducta de las personas. Todo lo que se repite con frecuencia –el golpe con la raqueta de tenis, la ejecución de un instrumento, la repetición de vocablos– modifica el cerebro. Se aprende.

También la violencia debe aprenderla el ser humano. Debe superar las barreras inhibitorias. Los boxeadores entrenan esto con prácticas especiales. «De la misma manera funcionan los juegos violentos de computadora», indica Mathiak. «Los jugadores sólo pueden tener éxito si aprenden a reprimir la empatía hacia sus víctimas». Es decir, la compasión. «Podemos verificar cambios específicos en el cerebro de jugadores que juegan largo y tendido». En los pornos, sobre todo en pornos violentos, actúa el mismo mecanismo. En aquellos que miran continuamente sexo violento y escenas de gang bang, en las cuales las mujeres sienten «dolores auténticos», el cerebro sufre modificaciones. «Para ser estimulado sexualmente a la vista de personas sufriendo, se requiere desconectar la empatía; si no, no hace efecto. Y esto debe ser aprendido: mirando una y otra vez».

La mirada pornográfica es una mirada aprendida. Cuando la pornografía finalmente se convierte en parte del día a día, no solamente cambia la sexualidad de la persona, sino todo su ser. «Entonces se perciben como normales cosas que anteriormente se habría percibido como completamente anormales», señala el profesor Mathiak.

La sensibilidad perdida

Personas que han perdido la capacidad de discernir entre lo normal y lo enfermizo, lo natural y lo pervertido, lo bello y lo repugnante, terminan a veces en el centro de consultas del Servicio Psicosocial en Neukölln. En el verano los terapeutas recibieron allí la visita de una madre, cuyo hijo de seis años había llamado la atención en la escuela. Continuamente jalaba a compañeras de escuela a una esquina durante el recreo. Luego bajaba los pantalones de las niñas y de sí mismo, y hacía como que tuviera sexo con las niñas. Un nuevo juego: violación. «Eso no se le ocurre a ningún niño de seis años», señala el psicoterapeuta Karl Wahlen, director del centro de consultas. La madre relató con franqueza que ella veía regularmente películas con su novio, en las cuales salían escenas de violación. Y que a su hijo le estaba permitido mirar junto con ellos.

«Cuando los niños miran algo así junto con los padres, el efecto desinhibitorio se refuerza», indica Wahlen. También le explicó esto a la madre. Unas semanas más tarde volvió de nuevo. Ella y su novio no habían logrado renunciar a los pornos. Pero ya no los veían junto con el hijo. Éste era enviado a su habitación. Para mirar allí los pornos. Pero esta vez solo.

«La vergüenza y la repugnancia ya no funcionan en muchos. Las fronteras se desvanecen», señala Karl Wahlen. Atiende a muchachas que tienen sexo con un grupo de muchachos en cualquier lugar –sobre los tableros de tenis de mesa, en los parques infantiles o debajo de un balcón del bloque de viviendas–. Los que están ociosos filman mientras tanto las escenas con sus teléfonos móviles y suben los archivos a la red. «La competencia a la cual están sometidas las muchachas en el sexo es de proporciones enormes», señala Karl Wahlen. «En la terapia, sin embargo, queda claro rápidamente que sienten en su interior que todo esto no les hace ningún bien. Pero luego dicen a menudo: “¿Qué tengo además de esto?”»

Los héroes: Bushido, Sido, Frauenarzt

Sido

Sido

Los héroes, los ídolos de esto menores de edad se llaman Sido, Bushido, Frauenarzt y King Orgasmus One. Son raperos porno. Muchas de sus canciones no las pasan en la radio, porque están incluidas en el Index.3 Han sido catalogadas como peligrosas para la juventud. No obstante, son jóvenes predominantemente los que las escuchan. Y niños. En Internet cualquiera puede descargarlas sin ningún problema. Las canciones de los raperos porno son best sellers. Sido es el más famoso. El hit que lo hizo conocido es el “Arschficksong” [“Canción de la follada por el culo”]. Allí canta cómo viola analmente a una pequeña muchacha de nombre Katrin. «Katrin hat geschrien vor Schmerz. Mir hat’s gefallen… Ihr Arsch hat geblutet. Und ich bin gekommen» [«Katrin gritó de dolor. A mí me gustó… Su culo sangró. Y yo me corrí».]

Las muchachas se vuelven locas por Sido. Para los muchachos es un ejemplo. Incluso alumnos de escuela primaria conocen las letras de sus canciones de memoria: «Y ya sólo hablan este lenguaje», señala Gabriele Heinemann del Madonna en Neukölln. «Cada segunda frase es “Hey, te follo por el culo”».”

Bushido

Bushido

El más grande competidor de Sido es Bushido. El año pasado fue honrado con el Premio Echo y el MTV Europe Music Award. Lo que para Sido es el “Arschficksong”, para Bushido es la pieza “Gang-Bang”, que comienza así: «Ein Schwanz in den Arsch, ein Schwanz in den Mund, ein Schwanz in die Fotze, jetzt wird richtig gebumst» [«Una polla en el culo, una polla en la boca, una polla en el coño, ahora se folla de veras»]. Bushido llena las grandes salas de espectáculos. El uniforme de concierto de las muchachas es una camiseta con la inscripción “Gang-Bang”. Muchos menores de edad van con sus padres a sus presentaciones. «Me aloca, me aloca, me aloca», dice entusiasta una madre de Hohenschönhausen, que espera junto con su hijo de doce años en la cola de ingreso delante de la Sala Columbia de Berlín. Más tarde la madre y el hijo estarán con mejillas ardientes en medio de la multitud, dejándose estremecer por los bajos y cantando a viva voz junto con Bushido todas las prácticas sexuales imaginables. Un muchacho, a quien le falta mucho para que le salgan los primeros brotes de barba, filma la presentación de Bushido con su teléfono móvil. Entre canción y canción apaga la función de grabación. En el display aparece un protector de pantalla. Es una foto. Un pene metido en el trasero de una mujer.

Sido y Bushido son suaves, si se les compara con Frauenarzt [Ginecólogo, en alemán]. «Conmigo tiene que ser verdaderamente durísimo», afirma. Llama “takes” [“tomas”] a sus canciones. Se trata de fantasías de violación rugidas al micrófono. Violaciones solo, en grupo, con golpes. Como todos los raperos porno, Frauenarzt también tiene por supuesto una canción dedicada al gang bang. En ella ruge: «Todos sobre una mujer». «La puta es la carne». «¡Hey, puta, abre las piernas!» «Te follaremos hasta romperte los labios». Sus CDs son una colección de tales pesadillas. Vende hasta unos 10,000 de éstos al mes.

Frauenarzt

Frauenarzt

Frauenarzt es Vincento de Marcos, 28 años, de Tempelhof (Berlín), quien ha echado por la borda su aprendizaje laboral y lleva un gorro de béisbol que le cubre la cabeza hasta por encima de las cejas. Está sentado delante de un café con leche. Sus miradas recorren el café en que nos hallamos. «Bueno, lo que hay en las letras de mis canciones, eso es algo que le gusta a cualquier mujer. Mientras más joven, más le gusta. Normal», afirma. Si esto es verdad, si esto es más que una enfermiza fantasía, entonces Frauenarzt debe conocer a mujeres que viven así la sexualidad. «Por supuesto», señala, mete la mano en el bolsillo de la chaqueta, saca el teléfono móvil y hojea la agenda electrónica. «No, con ésta no funciona, ni siquiera tiene 16 años. Eso sólo trae problemas. Pero aquí, Jessica, ésta ya tiene 19 años. Con ésta va». Marca el número en el teléfono móvil. Jessica viene.

«Yo soy la de los doce»

Es pequeña, casi tierna. «Yo soy la de los doce», dice al momento de saludar. ¿Doce? «Bueno, ése es mi récord. Es decir, hasta ahora». Jessica ha tenido sexo con doce hombres a la vez. «Y todos se han corrido, ¡en verdad!» Está tan orgullosa. Ella es Jessica, la de los doce. Ella es alguien.

Creció en un pueblo en Turingia, con su madre y los pornos de la madre. Fue la primera de su clase en tener sexo. «Por supuesto, esto lo conté por todos lados. Era guay». Su currículum vitae: no terminó la escuela, primer aprendizaje laboral interrumpido, segundo aprendizaje laboral interrumpido. Actualmente está desempleada. Jessica es una fan a ultranza de Frauenarzt. Se sabe de memoria cada línea de sus canciones. «El trae lo que nos mueve. Así es, pues, nuestra vida».

También Werner Meyer-Deters conoce la mayoría de las letras. En el centro de consejería de Caritas en Bochum, el pedagogo atiende a menores de edad, que no han sido víctimas de violencia sexual, sino más bien victimarios. Se trata casi sin excepción de muchachos. Muchos de ellos deben ser tratados de manera estacionaria en una clínica. Al inicio de la terapia los tutores encargados les quitan sus reproductores de MP3. «Ya ni siquiera escuchamos qué música tienen almacenada», señala Meyer-Deters. «Ya sabemos de todos modos qué escuchan: Sido y toda esa porquería. ¡Esto ocasiona tanto daño! Realmente, esto debería ser puesto fuera de circulación».

Meyer-Deters es la estación final del desamparo sexual. A él acuden los más débiles. Son muchachos, a quienes sus padres no les han podido transmitir ningún valor, ningún apoyo, ninguna fuerza. El amor no lo conocen ni siquiera por la televisión. Estos muchachos han sido entregados a la impudicia, a los efectos de la pornografía omnipresente. «Muchos vienen de un medio en el cual crecen totalmente desamparados. Allí el desamparo sexual constituye solamente un aspecto», indica Meyer-Deters. ¿Son los padres los únicos culpables? «No se puede plantear esto de modo tan simple», señala el pedagogo. «Estos muchachos también son el producto de una liberalidad mal entendida en la sociedad entera».

Muchacho viola hermana

Los hechos con los cuales se ve confrontado Meyer-Deters no pueden ser considerados de ninguna manera como cuando los niños juegan al doctor. Son violaciones, en todo el sentido de la palabra, de victimarios, que a veces ni siquiera han llegado a la pubertad. Muchachos violan a sus hermanas, compañeras de escuela o hijas de los vecinos. Solos o en grupo. A veces maniatan a su víctima, la golpean o abusan de ella con destornilladores. La mayoría son abusadores seriales. No los vence un impulso repentino. Seleccionan a su victima, planean los hechos y se excitan previamente con la fantasía.

Retrato hablado de un delincuente sexual buscado por la policía de Düsseldorf

Retrato hablado de un joven delincuente sexual buscado por la policía de Düsseldorf

Los delincuentes sexuales juveniles no son un problema marginal. Su número se ha duplicado en una década a más de 4,000 en el año 2004. Casi semanalmente los medios informan sobre nuevos casos de niños y jóvenes que abusan de personas de su misma edad. En uno de cada cinco casos de abuso de niños, según estiman los criminólogos, los autores también son menores de edad. La psicóloga especializada en criminología Sabine Nowara de Colonia ha evaluado en un proyecto de investigación el tratamiento de más de 300 delincuentes sexuales menores de edad. «El peligro que hay en la desinhibición sexual de niños y jóvenes es realmente preocupante. Y se subestima enormemente», indica Sabine Nowara.

Werner Meyer-Deters ha notado muchas semejanzas en los numerosos muchachos que trata en Bochum: 1. «Es significativa la pornosocialización, sobre todo con pornos extremos». 2. «La mayoría tienen padres con los cuales han experimentado un manejo absolutamente sin límites de la sexualidad». 3. «Los progenitores provienen a menudo de los medios sociales más bajos». Sólo 30 por ciento de los padres y 10 por ciento de las madres cuentan con una formación profesional. 4. Sido, Bushido y Frauenarzt.

En el verano Werner Meyer-Deters pasó cuatro horas con un muchacho de once años. Había violado con regularidad a su hermana de cuatro años y se había puesto a tono con pornos. Al principio, el muchacho no quería hablar. En algún momento dijo: «Pero los otros, todos hacen también lo mismo». Los otros son los de los pornos.

Publicado en la revista Stern (05/02/2007) / Traducción al español: Martin Scheuch

NOTAS

1 Canal comercial de televisión, muchos de cuyos programas pueden catalogarse como “televisión basura”. [N. del T.]

2 En Alemania existe lo que se conoce como asistencia social (Sozialhilfe), que garantiza a las familias y personas sin recursos el sustento mínimo, que incluye alimentación, vivienda, vestido y salud. La educación es gratuita. [N. del T.]

3 Alemania cuenta con una ley de protección de menores de edad considerada como una de las más estrictas del mundo. De este modo, la posesión y venta de cualquier obra –sea canción, película, videojuego, por ejemplo– incluida en el Index o lista de medios peligrosos para la juventud, ya sea por su alto contenido de violencia o pornografía, no está prohibida, pero conlleva una serie de restricciones, a fin de garantizar que sólo llegue a manos de adultos –como, por ejemplo, no poder ser exhibidas en estanterías, prohibición de publicidad, verificación obligatoria de la identidad y edad del comprador, etc.–. [N. del T.]

3 pensamientos en “¡FULL PORNO!

  1. Estimado Martin, me sorprende que culpes al SCV de influir de alguna manera en el lenguaje que usas en tu post “el pornógrafo”… de verdad es un exceso y una injusticia, nadie te pidió que dieras esa respuesta, nadie más que tú eres el responsable de tus palabras en ese escrito. A mí, el artículo (lo leí cuando estabas en ESAN) no me pareció malo pero sí innecesariamente conflictivo y de lenguaje tontamente sucio y desproporcionado… siempre te ha gustado ser provocador y creo que tu lenguaje responde más a esa característica tuya que a algo del SCV. Si bien muchas de las cosas que denuncias (agresividad, cerrazón, etc.) del SCV son ciertas, ninguna puede explicar los actos de los cuales eres absolutamente responsable… por lo demás concuerdo, y aunque la pornografía no es un tema que me gustaría investigar es efectivamente un tema humano perfectamente estudiable, doloroso pero estudiable… saludos

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    • Hola, Manuel:

      El lenguaje al que te refieres, que se limita un par de frases, era moneda corriente entre algunos hermanos sodálites de comunidad, así como la actitud agresiva ante ciertas cosas contrarias a la ética cristiana. Admito que la responsabilidad en no librarme antes de ese lastre es mía, y por lo tanto, también es de mi responsabilidad la decisión de responder de esa manera. Más bien, con el tiempo he aprendido a tomar las cosas con más calma y a tender puentes para el diálogo. Y los que me conocen de toda la vida, saben que siempre he preferido evitar el lenguaje vulgar, con el cual nunca me he sentido cómodo. Como yo mismo reconozco, hoy no me expresaría con tanta crudeza. Pero también hay que poner las cosas en su contexto, y en ese sentido también se debe considerar que algunas de mis actitudes de entonces estaban ligadas al hecho de que pertenecía a una organización que siempre se ha considerado en lucha contra el mundo, que utilizaba un lenguaje bastante vulgar ad intra comenzando por el fundador mismo, y que las cuestiones referentes al sexo se trataban con frecuencia utilizando ese lenguaje. Como verás, no oculto que yo escribí eso. Pero tampoco voy a defender al sodálite Martin Scheuch de entonces por haber caído en ese exceso. Sabes muy bien que ser sodálite no es lo mismo que pertenecer a un club. Se trata de un sello que en la mayoría de los casos deja una marca en la identidad personal, con una psique que está prácticamente tomada. Ser sodálite, según la concepción que inculcaba Figari, tenía que ocupar siempre el puesto número uno en el rango de prioridades personales. Y ésa seguía siendo mi situación de entonces, a pesar de que ya no vivía en comunidad. Liberarme de esa armadura interior me ha costado esfuerzo, sudor y sangre. Y también me ha dado la libertad como para mirar hacia atrás y perder el miedo de mostrar ese aspecto no tan grato de mi historia personal. Ahora bien, me darás la razón en lo siguiente: entre decir que yo escribí eso y decir que yo escribí “una historia con pornografía”, hay una distancia abismal.

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  2. Esta no la había leído. La ignorancia de esa señora tiene que ser más atrevida que lo que dice el dicho.

    ‘El Imperio de los Sentidos’ y ‘El Último Tango en Paris’ lo pasan acá en Alemania y en casi todos los países europeos en la televisión casi todos los años en los canales ‘culturales’ como ‘Arte’ ó ‘Sat3’, y ya desde hace tiempo.
    A esa sra. le recomiendo leer ‘Los 7 Minutos’ de Irving Wallace, un libro no precisamente muy denso, pero fácil de leer para quien habitualmente no lee mucho sino tan solo ‘El Comercio’ o otros pasquines.

    Le recomendaría sobre todo, al igual que a todo sodálite o agrupado, ver el film ‘Die Welle’, aunque creo que muy tristemente no ha sido traducido al español o castellano. Martin, sabes tú, por casualidad si ha sido traducido ? Sodálites y Agrupados deberían verlo con urgencia. Un análisis + comentario sobre ese Film valdría la pena, en el contexto de este Blog !

    Sobre el tema de la pornografía, y tomando en cuenta el trabajo y los costos, mensuales y de inversión que implican las páginas porno en la red, y que – teóricamente – nadie hace semejante inversión si no es por una razón concreta, deduciría humildemente que existe el intento de crear parafilias, de limitar la sexualidad de millones de personas, con la intención de controlar demográficamente a la población, dado que genera hábitos que excluyen el sexo natural como era antes – antes de que la pornografía se globalice a través de internet.

    La gente está cada vez más sola, y los medios intentan influenciar a la población para desechar el hecho de buscar una pareja fija y formar familia. Así es que, ojo, atentos, salgan a la calle y enamórense y vivan la vida. No es posible casarse o enamorase o tener hijos, o ser feliz con una pág. online de pornos. No dejen que los medios (‘El Comercio’ p. ej., si no léanlo uds. mismos) les coman la cabeza.

    La relación entre el Arte y el erotismo es muy antigua y nada tiene que ver con la pornografía. Por otra parte, lo que a uno le parece pornográfico no vale necesariamente para el otro. Como dicen los psicoanalistas, el que quiere, puede ver pornografía hasta en una uña.

    Un saludo y esperando tu siguiente artículo,

    Gerundio

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