SOBRE ALGUNOS VICIOS NACIONALES

bandera_de_peru_con_manchasAlgunos vicios nacionales, aunque se intuyen y presienten cuando uno vive en el Perú, no llegan a verse con meridiana claridad hasta que uno abandona el país. Me sucedió cuando emigré a Alemania en noviembre de 2002. Tras semanas de recorrido errático que me llevaron desde Freising, cerca de Múnich, pasando por Erlangen hasta llegar a Berlín, finalmente encontré cordial acogida en una parroquia en Wuppertal, donde el P. Ulrich Lemke, amigo del Movimiento de Vida Cristiana, me prestó una ayuda invalorable para comenzar a integrarme en la sociedad alemana y en su complejo sistema de ayuda social y laboral. Durante el tiempo de soledad que transcurrió hasta que mi familia pudo reunirse conmigo en marzo de 2003, fui pergeñando por escrito varias reflexiones sobre mis experiencias en tierras germanas y sobre el querido país que había dejado atrás. Estos escritos constituyen lo que he llamado mis “Crónicas desde Wuppertal”.

A la distancia, había aspectos sobre el Perú que me saltaban más a la vista, como el marcado racismo que impregna las estructuras sociales, la corrupción inherente al sistema de relaciones sociales y culturales que se ha generado históricamente y que por eso mismo resulta tan difícil de erradicar, las enormes desigualdades socio-económicas y la violencia cotidiana ‒sobre todo verbal, aunque también con demasiada frecuencia en los hechos‒ que deja su sello en una sociedad desintegrada, dónde el Estado sólo existe efectivamente para una minoría. Los intríngulis de la política peruana ‒de los cuales me enteraba a través de la prensa online‒ me parecían, desde la distancia, líos de comadres. Y el boom económico del gobierno de Alejandro Toledo, una ilusión. Pues los pobres seguían siendo pobres, por más maquilladas que estuvieran las estadísticas oficiales, y el Perú seguía siendo la tierra de las esperanzas perdidas. Atrás habían quedado los acontecimientos insólitos y surrealistas del año 2000, que fueron para mí como una pesadilla en un país que salía de una dictadura y no terminaba de parir una democracia decente. Hasta ahora.

El texto que reproduzco a continuación, intitulado “Sobre vergüenzas, invitaciones y regalos”, forma parte de mis “Crónicas desde Wuppertal”, y fue enviado por correo electrónico a varios amigos, casi todos sodálites o emevecistas. Allí abordo brevemente algunos de los vicios de la sociedad limeña. En ese entonces yo era adherente sodálite y todavía no había superado varios de los condicionamientos mentales impuestos por la formación que se imparte en el Sodalicio. Por ejemplo, todavía creía que separarse de la institución era rechazar un llamado de Dios y, por lo tanto, implicaba poner en riesgo la salvación eterna. Expresión de esta mentalidad es un párrafo que le escribí en ese entonces a un amigo: «Me he sujetado con garras punzantes a las espaldas del Sodalicio, me he sostenido en la montura y he mantenido una fidelidad que no siempre ha sido correspondida de igual manera. Esa fidelidad, con el auxilio de la gracia de Dios, se mantendrá hasta después de la muerte. Nunca lo he puesto en duda». No tardaría muchos años en darme cuenta de que este tipo de actitudes masoquistas no son saludables, más aún cuando se ha sufrido tantos maltratos psicológicos. Y no sólo yo, sino también tantos otros, sin contar los que fueron víctimas de abusos sexuales.

Por otra parte, parecería que el Sodalicio tampoco ha sido ajeno a los vicios propios de la sociedad limeña. Sería interesante saber cómo una persona como Luis Fernando Figari, que, después de laborar como profesor de religión en los colegios Santa María (Marianistas) y San Isidro (Maristas) en Lima, no ha tenido ningún trabajo conocido, ha podido vivir y mantenerse en una enorme casa campestre con piscina rodeada de un amplio jardín en Santa Clara (al este de Lima), muy cerca del exclusivo hotel El Pueblo. Sería interesante saber bajo qué condiciones el Sodalicio recibió donaciones, a través de su organismo de fachada APRODEA (Asociación Promotora de Apostolado), durante el primer gobierno de Alan García, en cantidades suficientes como para poder mantener todas las comunidades y centros pastorales de que disponía. Sería interesante saber cómo el Sodalicio obtuvo la posesión del terreno donde ahora se ubica el Centro Pastoral de San Borja (Lima), adjudicado como donación del Estado. Sería interesante saber cómo se adquirieron los terrenos donde se ubican el Colegio San Pedro en La Molina (Lima) y el Cementerio Parque del Recuerdo en Lurín (al sur de Lima), construido en lo que entonces era zona arqueológica protegida debido a la cercanía de las ruinas pre-incaicas de Pachacámac. Sería interesante saber si la adquisición de la propiedad del señor Fernando Gerdt Tudela en Arequipa vía remate judicial fue un proceso hecho en toda regla o si verdaderamente hay algo turbio en el asunto, como él mismo ha relatado. Sería interesante saber por qué todos los docentes ‒incluyendo al director‒ del desaparecido Instituto Superior Pedagógico Nuestra Señora de la Reconciliación, entonces gestionado por el Sodalicio, estaban contratados según una modalidad por la cual recibían honorarios profesionales por clases dictadas y no estaban en planilla ‒con todos los beneficios inherentes a la condición de asalariados‒, como correspondería a una institución de este tipo. Asimismo, sería interesante saber por qué ésta es la única institución de entre todas aquéllas en que he trabajado donde me ha sucedido que se retrasara una vez el pago de las remuneraciones debidas por dos meses. Supongo que debe haber una explicación satisfactoria y transparente para todo esto, pues cuesta creer que una organización católica que se rige no sólo por la ley sino también por principios éticos incuestionables, pueda tener en su haber asuntos turbios en lo que respecta a sus manejos financieros y administrativos. Aunque como van las cosas con el Instituto para las Obras de Religión (IOR), popularmente conocido como Banco Vaticano, a uno siempre le queda la duda. «Colabora apostólica y espiritualmente con ellos, pero nunca trabajes para ellos», me aconsejó una vez un adherente sodálite que también trabajó en una empresa gestionada por el Sodalicio que ya no existe.

En fin, les dejo ahora con mi escrito, seguido de los comentarios de algunos de los amigos que me escribieron.

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SOBRE VERGÜENZAS, INVITACIONES Y REGALOS

Wuppertal, 7 de febrero de 2003

Wuppertal parece haberse convertido en un punto de referencia para personas vinculadas de alguna manera con el Movimiento de Vida Cristiana. Desde que estoy aquí algunas de estas personas han estado de visita, y eso me ha permitido contemplar ciertas características actitudinales que podrían pasar por normales en el Perú, pero que, insertadas en el contexto alemán, muestran su verdadera cara negativa. Algunas actitudes vinculadas a lo peruano me han llevado a hacer estas reflexiones, que tal vez resulten un poco duras para algunos de nosotros. Pero es necesario hacerlas, para evidenciar algunas enfermedades sociales que tenemos en el Perú.

Como cuestión previa, tengo que aclarar que Alemania no es un paraíso, y que yo no vine aquí huyendo del “infierno” que se vive en Lima para entrar al Edén. Un antiguo compañero de colegio que encontré en esta tierras supuso que era esto lo que yo, con actitud ingenua, pensaba. En verdad, aquí también la esencia humana despliega tanto sus virtudes como sus vicios. Pero aquí he tenido la oportunidad de encontrar puertas que se me abren, mientras que en Lima casi todas se me estaban cerrando. Eso es lo que marca la diferencia para mí.

Y también hay cosas positivas aquí. Lo que puede parecer un excesivo formalismo, como es el hecho de que las personas se llamen mayormente por sus apellidos y les antepongan el título de “Herr” (“señor”) y “Frau” (“señora”), implica en el fondo una actitud de respeto hacia las personas. Hasta el más pobre de los pobres es el “señor” tal. Los empleados de los supermercados son “señores” y “señoras”. Y este apelativo no hace distinción entre color de piel, situación social o ingresos económicos. Incluso cuando alguien es maltratado, sigue siendo llamado “señor”. En Lima yo era uno de los pocos desadaptados que le decía “señor” a los limpiadores de carros, a los vigilantes o guachimanes, a los empleados de los supermercados y a los vendedores ambulantes. Mientras que dentro de la mentalidad cultural del peruano está enquistada esa manera de proceder que tiende ningunear a determinadas personas y a marginar a los que menos tienen o pertenecen a determinados niveles socio-culturales.

Igualmente me sorprendió esa poca capacidad de apertura al regalo, al don, que he encontrado en algunos visitantes emevecistas aquí en Wuppertal. Por discreción, para no incriminar a nadie, he preferido callar nombres, sexo, edad de las personas implicadas, con el fin de evitar represalias, como recibir un sartenazo, por ejemplo.

¿A qué me refiero? El P. Ulrich Lemke se siente contento al recibir visitantes del Perú. Y lo manifiesta, por lo general, invitando a la gente a comer. Estos invitados, en algunas ocasiones, se han sentido avergonzados de que el Padre pagara la cuenta e incluso se han ofrecido a pagar ellos. En uno de los casos, una persona fue invitada a comer, en una comida organizada por la comunidad cristiana de la parroquia, y tuvo el deseo de ofrecerse a pagar su parte. Por consejo mío, esa ocurrencia no se concretó, ni siquiera se hizo manifiesta.

Esa actitud de fingir incomodidad ‒o sentirla de veras‒ cuando se recibe regalos o favores es algo muy típico de ciertos estratos sociales en Lima ‒no sé si será así en otras partes del Perú‒, y es, en mi opinión, un vicio disfrazado de virtud ‒como los hay tantos‒. Y refleja tal vez algunos anti-valores del sustrato cultural de la poblacion limeña acomodada.

Me explico. En Lima hay muchos que creen que los favores o regalos recibidos merecen una retribución similar, como si se tratara de una especie de trueque. Ni siquiera se quiere que los regalos sean recibidos gratuitamente, sino que ello establece una relación con el donante, cuyo “pago” consiste en una retribución similar o en hacerle ciertos favores. Por eso mismo, cuando se les hace regalos a los pobres, muchos piensan tácitamente en lo más fondo de su conciencia, sin poder explicitarlo o hacerlo claro, que se les está haciendo un favor, pues no están en condiciones de retribuirlo.

El regalo, en realidad, es otra cosa: un don dado gratuitamente, que no exige ninguna retribución. Pensar lo contrario es ofender la generosidad del donante, el cual, si actúa desinteresadamente, encuentra gozo en el solo hecho de dar.

En Lima se ve bien que uno se ofrezca a pagar, cuando no tiene la obligación de hacerlo. Aquí en Wuppertal hay que preguntar eso con mucha anticipación, porque si ya se ha tomado la decisión de quiénes van a asumir los costos, sería de mal gusto que aquel a quien se está agasajando se ofrezca a pagar.

En el fondo, la supuesta virtud de hacer resistencia al regalo le pone cortapisas a muchos que quieren ser generosos -‒hay que tener cuidado al regalar, porque no se sabe qué va a pensar el otro‒. Y si lo llevamos al extremo, nos llevaría a la conclusión de que sólo los que tienen dinero merecen recibir regalos, pues sólo ellos se hallan en condiciones de pagarlos si quisieran. Y que el regalo a alguien que no puede retribuirlo monetariamente, aunque quisiera hacerlo, es algo inmerecido y que no se debería hacer. Será tal vez por eso que a las empleadas domésticas se les suele regalar baratijas por Navidad. ¿Se imaginan ustedes al Papa ofreciéndose a pagar el precio de todos los regalos que recibe? No cabe en mi mente tal ofensa. Sin embargo, este tipo de ofensa se considera de buen gusto en algunos círculos sociales de Lima, aunque sólo sea una formalidad.

¿Podrían cada uno de ustedes imaginarse frente a Dios, diciéndole cuánto le debe por el don de la salvación? ¿No es acaso la mejor actitud ‒y la más amorosa‒ darle simplemente al Señor las gracias y gozar del regalo recibido? ¿Acaso sería una virtud tratar de pagar la cuenta nosotros mismos, poniendo en duda la generosidad del Amor infinito? Pero eso hacemos muchos de nosotros con los seres humanos. Y pensamos que es una vergüenza que alguien, a quien conocemos desde hace poco tiempo, nos quiera regalar algo.

A mí no me gusta que me hagan aspavientos cuando hago un regalo. Y tampoco me niego a recibir lo que es gratis, aun cuando venga del ser más pobre que existe. No le puedo negar esa felicidad. Yo he recibido algunas cosas gratis en Alemania. Y aquel compañero de colegio de quien he hecho mención sin revelar su nombre, me quiso suscitar un sentimiento de vergüenza por haber recibido ayuda social ‒subsidios en dinero efectivo para alimentos y alquiler de vivienda‒ por parte del Estado. Esa ayuda es reconocida por el Estado alemán como un derecho de la persona. Es decir, aquí no se pone como condición tener trabajo para poder vivir, aunque se exige que uno haga lo posible para conseguir un empleo. Tener alimento, vivienda, vestido y atención médica es un derecho de todo habitante de este país, independientemente de cuánta se plata tenga, de si tiene trabajo o no, de si está sano o enfermo, etc. Cuando es tan difícil encontrar trabajo, no se puede poner como condición que la persona tenga un empleo para que recién se tenga derecho a lo necesario para una vida digna.

En cambio, en el Perú se realiza un auténtico genocidio con nuestros compatriotas. Se mata lentamente a todo un pueblo, con el argumento clasista y marginador de que el que no ha encontrado un trabajo remunerado no tiene derecho a recibir absolutamente nada. Y este principio anti-cristiano es perfectamente compatible con la actitud hacia el regalo antes mencionada. Lo más grande y lo más valioso que hemos recibido en nuestra vida ha sido completamente gratis, y no podemos cometer la ofensa de querer ponerle un precio a ese don.

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COMENTARIO DE ADHERENTE TRES
Fecha: 7 de febrero de 2003

Hola, Martin:

Son interesantes tus reflexiones. Acabo de regresar de Alemania hace poco días y quiero comentarte algunas cosas. No es la primera vez que regreso al Perú desde Europa y siempre me encuentro con un complicado sentimiento de frustración cuando contrasto ambas realidades culturales. Coincido contigo en que esto no es el infierno y Europa no es ni de lejos el paraíso. De todas maneras, como el civismo es allá natural y acá casi inexistente, me duele mucho mirar alrededor por acá. Y el civismo en el Perú no escasea sólo entre los pobres e ignorantes. Se siente su falta en todas partes.

Sin embargo, creo que haces algunas generalizaciones muy audaces. La realidad, a diferencia de la ficción, suele ser muy rica en matices. Podrías decir: «En Lima, muchos… se suele… generalmente… etc.» Y lo mismo en Alemania. Pero si bien creo entender lo que quieres decir al referirte a las actitudes frente a los regalos, pienso que esas actitudes deben valorarse de muy distinta manera en el contexto en que se dan. Comportarse “a la alemana” en el Perú puede resultar de muy mal gusto, y lo contrario también es cierto, como tú mismo lo narras. Existen costumbres sociales que no puedes ligeramente calificar de vicios disfrazados de virtud.

Tampoco puedes calificar de “fingir incomodidad” a una actitud que perfectamente puede significar en el fondo una delicada cortesía. Creo que es verdad que las costumbres pueden variar mucho de un lugar a otro, pero eso no hace necesariamente que unas sean mejores que las otras y que deban entenderse fuera de su realidad. A mí mismo me ocurrió que un amigo de un amigo mío nos invitó a su casa en Frankfurt. Primera vez en mi vida que lo veía. Conversando de muchas cosas, nos pusimos a hablar de los trencitos y de cómo yo hubiera querido comprar unos en Colonia, cosa que no pude hacer porque estuve allí solamente un domingo y las tiendas estaban cerradas. El señor me llevó al sótano de su casa para mostrarme su circuito de trenes, y cogió dos vagones nuevos y algunas pistas y me los regaló. Yo sabía que me estaba regalando mucho dinero y eso me impresionó siendo yo un desconocido para él hasta ese día. Recibí el regalo con entusiasmo y con un sentimiento de mucha gratitud.

Creo que es natural que en un medio tan diferente culturalmente sean más fáciles de advertir ciertos rasgos de nuestra idiosincrasia. Y te confieso que a veces me cuesta “moderar” mi admiración por ciertos pueblos europeos.

Disculpa el desorden de ideas, tengo muy poco tiempo para escribirte ya que estoy en la oficina. Ya seguiremos intercambiando ideas.

Recibe un fuerte abrazo.

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RESPUESTA DE MARTIN SCHEUCH A ADHERENTE TRES
Fecha: 9 de febrero de 2003

¡Hola, Adherente Tres!

¡Qué gusto escuchar noticias tuyas!

Concuerdo contigo en a veces mis reflexiones no están adecuadamente matizadas. Sin embargo, no pretendo tampoco ser lo más exacto posible, pues mis reflexiones son hiladas en paralelo a lo que estoy viviendo, y creo que, a falta de rigor, tienen sin embargo la frescura de la vida.

Es verdad que en el Perú se habla de falta de civismo. Pero se olvida que esta virtud es la plasmación externa del respeto debido a las personas. Y te aseguro que he encontrado personas que desconocen este nexo. Incluso el civismo puede pervertirse. Muchas personas suelen a veces destacar su civismo con un cierto aire de superioridad, para contrastar sus orondas personalidades con el “incivismo” de los otros. Y, en el fondo, derivan en la misma carencia de respeto que aquellos a quienes critican, pues establecen su virtud como medida de status y como criterio de marginación de los que no son como ellos.

He estado leyendo las noticias provenientes del Perú. Una manifestación extrema de falta de civismo se ha dado en las marchas de Construcción Civil. Pero aún más atroz me parece la actitud de los detentadores del poder político y económico, que se han puesto a criticar la falta de civismo, y han obviado la discusión de lo fundamental, que es la atención de los derechos objetos de reclamo. Además, ¿cómo se puede pretender exigir actitudes de caballero refinado a quien ha crecido en esa atmósfera de violencia que impera en los lugares donde viven los pobres? La violencia de mano blanca ‒muchas veces invisible‒ es tan o más atroz que la anterior.

Por otra parte, el cuestionamiento de algunas actitudes acostumbradas en el contexto cultural limeño no implica un juicio sobre la intención de las personas. Las actitudes que describo en mi escrito son ciertamente consideradas un gesto de cortesía. Pero has de reconocer que la costumbre muchas veces escapa a lo sano, y se convierte en una de las tantas expresiones de una sociedad dividida por conflictos sociales e impregnada de marginación y denigración del otro.

¿Sabes que he leído que, en términos reales, los ejecutivos ganan en el Perú 45% más que en el año 1994? ¿Qué los empleados sólo ganan 10% más? ¿Y que los obreros ganan 20% menos? Y eso no es lo peor. El articulista buscaba explicar esto mediante las leyes del mercado, sin ninguna alusión a las diferencias de status social que hay en el Perú y a las actitudes de los que más tienen, o, como se dice popularmente, “los que manejan la mermelada”.

Tengo que admitir que comparto tu admiración por algunos europeos. En los pocos meses que estoy aquí, he sentido ganas de quedarme, no obstante las dificultades. La vida en Lima para mí, como para muchos otros, era una cadena de impresiones desagradables, a las cuales se encontraba alivio en el amor de tantas personas heroicas ‒y santas, ¿por qué no?‒ que levantan la frente en una sociedad infectada de mezquindades y enferma por carencia de solidaridad y reconocimiento de la dignidad de muchos ‒desde el más pobre, el más delincuente, el más depravado, hasta el que está dotado de talentos por encima de lo común‒. Sí, los más talentosos también tienen que sufrir mucho. Se me ocurre una frase que podríamos asumir muchos como propia: «No soy lo suficientemente mediocre como para tener éxito en el Perú».

Saludos,

Martin

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COMENTARIO DE UN CONSAGRADO SODÁLITE
Fecha: 10 de febrero de 2003

Caro Martin:

Te escribo para poder darte mi opinión de lo que pones. Creo que tu aproximación al tema de nuestras enfermedades sociales debe de ser abordado desde una óptica más reconciliada. Creo que no es fácil y concuerdo contigo en que el tema de la reconciliación social pasa por algo tan fundamental como tratar al hermano como lo que realmente es. Las “magic words” (buenos días, gracias, etc.), que pueden parecer una simple formalidad, no son sino el reflejo de un respetar al otro porque se lo merece, independientemente de su condición social. Pero el respeto al otro pasa por el respeto a mí mismo.

Bueno, Martin, recibe mis saludos y oraciones.

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No respondí a este e-mail. Además de que no tocaba ninguno de los contenidos de mi escrito original, es una colección de clichés, generalidades y recomendaciones inocuas, que parecen provenir de una mente parametrada carente de pensamiento propio. Por más bien intencionado que fuera el mensaje, no contenía nada a lo que se pudiera propiamente dar una respuesta.

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COMENTARIO DE ADHERENTE CINCO
Fecha: 12 de febrero de 2003

Querido Martin:

¿Qué puedo decir? No conozco Europa. Concuerdo con mucho de lo que dices del Perú. Pero honestamente no me gusta el estilo urticante y “generador de polémicas” con el que escribes y criticas. Puede sonar sincero, pero cuando uno mira más dentro de uno mismo y descubre la misericordia de Dios que, a pesar de nuestras miserias, nos sigue bendiciendo y convocando al servicio y al apostolado, algo me suena mal en ese estilo, algo de falta de solidaridad.

No lo digo por las verdades que dices, que son ciertas, sino por un sentimiento que generas en mí cuando te leo. Siento que no se te puede contradecir sin que uno sea tildado de mediocre. Bueno, pues, la gente, cierta gente del Perú es una mierda, ciertas costumbres son una mierda y una injusticia que clama al cielo y hay que denunciar estas cosas, pero de nuevo: ¿Qué haces tú por cambiar todo esto? Muchos emevecistas son mediocres y repetidores de clichés, bueno, pues, ¿cómo los ayudamos? Creo que te traicionas a ti mismo y me suena a pose el estilo bloyesco [en alusión al escritor católico francés Léon Bloy, que escribía con un estilo incendiario]. Tú tienes talentos de sobra, querido hermano, para darnos esperanza, para inspirarnos alegría. Me acuerdo muchísimo de tu “Carta de una muerta”, y te digo con honestidad que es uno de los mejores cuentos que he leído, y de todas tus canciones inéditas: “La barca de Caronte“, “El sol en la cuna“, etcétera… Lejos de mí decir que no evoluciones en tu estilo y creaciones, y también concuerdo en tu rabia por la traición que se le han hecho a algunas de tus creaciones por un cuidado doctrinal dogmático. Pero de nuevo creo que la humildad tiene mucho que ver en lo que te quiero decir. Te pido que busques ser más humilde, por ti, por mí y por todos. ¿Cómo? No te lo puedo decir yo, y no lo tengo claro ni te juzgo. Tal vez más paciencia con los errores ajenos, tal vez más dulzura. De repente no es tu personalidad, de acuerdo, pero el Evangelio no tiene sólo páginas de denuncia y dureza, de verdades que espantan y hieren como espada de dos filos; también está la infinita paciencia de Dios, la adhesión a la cruz y el silencio.

He aprendido mucho de ti, sobre todo a escribir, a ser crítico, y muchas veces veo en ti una extrema fragilidad interior, que escondes con una especie de afán por contradecir. Ser el personaje incomprendido siempre es atractivo y seductor. Eso lo comparto contigo y muchas veces lo veo en mí como una tara, una incapacidad para comunicarme y amar de verdad.

Bueno, Martin, palos de ciego, palabras sueltas… pero siempre mucho cariño y esperanza de que te vaya bien.

Saludos a la familia.

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RESPUESTA DE MARTIN SCHEUCH A ADHERENTE CINCO
Fecha: 14 de febrero de 2003

¡Hola, Adherente Cinco!

Aprecio mucho la sinceridad con que me escribes. Eso no es obstáculo, sin embargo, para hacer ciertos comentarios a lo que me has dicho.

Ciertamente, creo que te haces eco de aquellos que consideran que el lado dulce y tierno que manifiesto refleja mi verdadero yo, mientras que el lado punzante es mi reino de la sombra, mi lado oscuro de la luna. Por ello entiendo que pienses que me traiciono cuando someto a crítica algunos aspectos de lo que voy conociendo y que siempre tiene como blanco actitudes, aspectos, pero nunca personas concretas. No tengo memoria de haberme cebado en alguien en especial y haberlo desterrado al ámbito de lo imperdonable. Nunca me he negado al diálogo, tanto en contextos pacíficos como polémicos.

Como te digo, no es que tenga dos lados opuestos; son las dos caras de una misma moneda, y he descubierto que ambos aspectos no pueden existir el uno sin el otro. Y ya que mencionas a Bloy ‒lamentablemente quedándote en lo anecdótico de su denuncia profética‒, ese “mendigo ingrato” ‒como se llamaba a sí mismo‒ también tiene páginas llenas de una dulzura capaz de conmover hasta las lágrimas. Y él tampoco nunca le cerró las puertas de su casa a quien quisiera ser recibido en ella. Lo que siempre me llamó la atención en Bloy fue su conciencia de su propia condición de miserable unida a una frase maravillosa que aparece frecuentemente en sus escritos: «Todo es adorable». No pretendo compararme con él ‒aunque he leído bastante de su obra con gran deleite‒. Y mi estilo tampoco se corresponde con el que tenía este gran escritor. No llego a ser tan grandilocuente ni tremebundo como él. Ni tan estremecedor.

Lo único que me motiva es el deseo de compartir una serie de impresiones, para originar un diálogo con aquellos que reciben mis mensajes. Simplemente es un compartir sincero, que no necesariamente tiene que ser armonioso en todas sus partes. Las discrepancias forman parte de todo diálogo que se desarrolle en libertad. Y nadie tiene que sentirse mediocre por manifestar otra opinión. Siempre he pensado que la confrontación y la crítica acerada constituyen algo necesario para lograr la purificación del pensamiento y guiar los ánimos hacia la madurez.

Por eso, no admito que al escribir lo que escribo me esté traicionando a mí mismo. Sólo que ahora tengo una ventaja. Me encuentro en un país donde se admite como la cosa más normal del mundo el tener una opinión propia y confrontarla con la de los demás. Aquí no se podría trabajar por consignas ‒como se hace con la gente del Movimiento de Vida Cristiana en el Perú, cuando se les dice que vayan, y van; y si no van, se les llama la atención por no ir‒. Aquí le tienes que preguntar a la gente si está de acuerdo en ir, y si no puede o no quiere, se acabó el asunto. Pero si te dice que va a ir, con seguridad irá. Con libertad similar, me atrevo a escribir y manifestar lo que pienso ‒sin pretender nunca que esa opinión sea definitiva o absoluta‒. Son simples reflexiones que van surgiendo al compás de los acontecimientos cotidianos.

Me acuerdo de que en el Perú siempre me encontraba con personas que opinaban que había cosas que no se debía decir, o ni siquiera preguntar. Aquí en Alemania hay un dicho popular que dice: «Preguntar no cuesta nada». El silencio encubridor y cómplice muchas veces puede aparecer revestido de virtud. La Iglesia nos dice que nunca podemos tener la certeza de estar en estado de gracia, salvo que Dios nos lo revele personalmente. Y entiendo el por qué de esa afirmación, cuando vemos tantos vicios disfrazados de virtudes y aceptados socialmente como tales, y muchos aparentes vicios que son en realidad virtudes. Acuérdate de que a Jesús lo llamaron pecador, y que los más puros de esa época, los fariseos, cometían el peor de los pecados, el pecado contra el Espíritu Santo.

Por ello, siempre he desconfiado de las invocaciones a practicar el silencio cuando se dice algo que probablemente pone el dedo en la llaga. Siempre hemos entendido el silencio como una actitud que economiza esfuerzos para lograr las metas propuestas. El silencio es concentración, es decir lo que se tiene que decir, sin dispersarse en cosas vanas. Los silencios cómplices implican la complacencia con los males que aquejan a este mundo, para ahorrarse los problemas que podrían originarse del decir las cosas incómodas. Es callar para dejar que las cosas pasen.

Me ha extrañado esa pregunta: ¿Qué haces tú por cambiar todo esto? Pues escribo. Por el momento, más no puedo hacer. Y sé, por las respuestas que me han llegado, que hay gente que ha estado tomando mayor conciencia de algunas cosas a través de las reflexiones que envío. También te pido, por favor, que no caigas en la falacia que se expresa de la siguiente manera: Como (aparentemente) no lo puedes cambiar, no tienes derecho a hablar de eso. El emitir opiniones, el hacer reflexiones, muchas veces no tiene nada que ver con el hecho de que las cosas vayan a cambiar o no. Tal vez eso contribuya a cambiarlo. No lo sabemos. Tal vez sí, tal vez no. Pero, con toda certeza, callar no cambiará para nada las cosas.

No creas que todo esto ha sido fácil. Tampoco es una pose. Mis reflexiones no son dardos disparados para herir e impedir una réplica. Busco que sean incitadores del pensamiento. «No soy mi pensamiento» es una frase que hemos escuchado muchas veces. Por lo tanto, destrocemos las ideas, cuestionésmoslas, probemos su temple y seleccionemos las que pasen la prueba de fuego. Lamentablemente, el actuar según estos principios me costó un cierto ostracismo en el Perú. Y una injusta fama de locura, que llegaba incluso a oídos de gente que yo desconocía. He llegado a sospechar que he nacido en el país equivocado. Y que, sea donde sea que esté, la única patria que puedo tener es la Iglesia. Porque sólo ella admite a los miserables como yo. […]

Después de mirar mi corazón, tan acosado de miserias y fragilidad, no creo que pueda haber otra actitud hacia cualquier ser humano que la que se expresa en tenderle la mano. Y eso no es incompatible con el fustigar los ídolos que muchas veces aparecen incluso en el seno de la más sanas expresiones de la Iglesia. No en vano dice la letra de una de mis últimas canciones:

mi hija me preguntó
por qué hay cieno en la perfección
por qué hay sueños en la locura
por qué hay dueños de la tortura

No te imaginas lo difícil que me ha sido vivir separado de mi familia aquí en Alemania desde noviembre del año pasado. Déjame por lo menos la oportunidad hacer sentir mi presencia allá entre nuestros hermanos en el mismo carisma. Es este un don de Dios que no quedará sin fruto.

Saludos,

Martin

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RESPUESTA DE ADHERENTE CINCO A MARTIN SCHEUCH
Fecha: 19 de febrero de 2003

Querido Martin:

No sabes cuánto agradezco tu respuesta. Reconozco sin problemas los errores en mis apreciaciones sobre ti y concuerdo con lo que haces. Acepto también tu corrección sobre la falacia de decir: ¿qué haces por cambiar? Es verdad, escribes y es saludable, pero recién con tu explicación lo entiendo mejor. Cuenta con este hermano y no me olvides en tu lista, ya que de verdad me ayudas. Fíjate que en lo que te escribí también manifestaba yo mis dudas hacia esa especie de ostracismo curioso y esa suerte de “buenos modales” que impiden decirse la verdad incluso a uno mismo ‒que suele ser lo más difícil‒. Estuve pensando lo que comentabas del compromiso de “ida y vuelta” que tienen los regalos e invitaciones en el Perú, y en Arequipa es mucho más fuerte. Al final la persona interesa poco, sólo el quedar bien. Yo choqué mucho con eso y lo achaqué a mi inmadurez, pero en realidad lo que se te pide es ser bastante cínico.

Sobre lo de estar lejos de tu familia, te voy a acompañar con mis oraciones, que es lo que puedo hacer.

Saludos y mantente en contacto.

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Mis reflexiones no han perdido actualidad. Ciertamente, en el Perú han habido muchos cambios, pero parecen seguir la máxima del personaje de Tancredi en la novela El gatopardo de Giuseppe Tomasi de Lampedusa: «Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie». Pues ésos son los grandes cambios que ha habido en el Perú, anunciados, prometidos, enarbolados como estandarte político, llevados a la práctica con incompetencia ejemplar e inficionados por la incurable y habitual costumbre de la corrupción. Quisiera ser optimista, pero los hechos que van saliendo a la luz me devuelven a bofetones a la realidad. No me extraña por eso que, durante las pocas veces que he vuelto a visitar el Perú, haya sentido como un hálito de resignación entre la gente de Lima que conozco. Qué le vamos hacer. Hay que tirar para adelante. Lo último que se pierde es la esperanza. La cual, como decía Sir Francis Bacon, es un buen desayuno pero una mala cena. Que aproveche.

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17 pensamientos en “SOBRE ALGUNOS VICIOS NACIONALES

  1. Este tema es muy interesante, los vicios de la clase alta están acompañados de pesimismo salvo raros casos, y más que en otras esferas sociales, siempre he querido saber por qué.

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  2. Lo que puede parecer un excesivo formalismo, como es el hecho de que las personas se llamen mayormente por sus apellidos y les antepongan el título de “Herr” (“señor”) y “Frau” (“señora”), implica en el fondo una actitud de respeto hacia las personas. Hasta el más pobre de los pobres es el “señor” tal. Los empleados de los supermercados son “señores” y “señoras”. Y este apelativo no hace distinción entre color de piel, situación social o ingresos económicos. Incluso cuando alguien es maltratado, sigue siendo llamado “señor”.

    A propósito de este párrafo, a fines de los ’90 la empresa Daimler-Benz se fusionó con Chrysler Corporation de EEUU formando un gigante del sector automotor. La fusión terminó en el 2007 por motivos económicos y financieros, pero también hubo un elemento cultural:
    Los ejecutivos estadounidendes, cuando ya tienen cierta familiaridad en el trato ,se llaman por sus nombres de pila incluso usan el hipocorístico ( Bill, Hank, Liz, Patty, etc); sus pares alemanes en cambio siempre usan el Herr / Frau + el apellido. Esa diferencia causó más de una fricción y malentendido.

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  3. Sr. Scheuch.

    Para empezar buenas noches. Es innegable que en Alemania y otros lugares hay un mayor civismo que en Perú,entendiendo y reconociendo que principalmente se refiere a formas externas de comportamiento que no necesariamente se corresponden con una actitud o disposición interior, de respeto hacia las personas como usted afirma, aún así esto no le quita valor ya que como usted sabe lo externo también puede afectar a lo interno. Soy limeño de nacimiento, crianza y cultura, soy de los Barrios Altos para ser preciso y tengo 34 años, Desde pequeño se me enseñó como algo natural y normal dirigirme a las personas mayores (sean quienes sean) como señor o señora, incluso muchas personas vecinas se llamaban primeramente como Don o Doña antes del nombre y esto hasta donde sé ha continuado hasta ahora, por lo que percibo en sus comentarios cierta necesidad de su parte , quizás no tan consciente, de saberse, reconocerse y expresarse como diferente sino también superior, y que no deja de ser algo que le puede suceder a cualquiera. Pero me parece que le está provocando problemas en sus interpretaciones y consideraciones. Me explico, como reacción (en parte válida) frente al abuso psicológico y también moral por parte de algunos Sodalites usted cuestiona y critica de manera negativa a toda la Institución, la vincula a fenómenos negativos cuando se refiere a su origen, acaso no sabe usted que Luis Fernando leyó mucho a Victor Andrés Belaunde y que en parte se inspiró en él, y que es de valorar aunque usted no quiera destacarlo que de lo político y filosófico se pasó a lo religioso revelando las verdaderas intenciones de Luis Fernando, por que usted de manera mal intencionada dice cosas como de qué vive, si usted lo sabe, la herencia familiar Sr. Scheuch, mucha gente en el Perú vive del dinero de su familia y usted sigue y dice qué hace, pues lo mismo que usted aunque según su estado de laico consagrado, rezar, estudiar, escribir, dialogar con sus compañeros y demás actividades de un ser humano. Se quejó y lo sigue haciendo sobre los atrasos de pago, de su pago (justo y necesario por cierto) en el Instituto Pedagógico, acaso usted no sabía de que muchos alumnos estaban becados y que otros se atrasaban con las mensualidades y que de ese dinero se mantenía el instituto. Habla usted de ideología, dígame qué libro editado y promovido por el Sodalicio contiene ideología y lo analizamos juntos, qué se sustituye Voluntad de Dios por Plan de Dios, qué ocurre con la inteligencia Sr. Scheuch, se explicita una realidad para comprenderla mejor considerando también las mentalidades y sensibilidades de un tiempo; salvación por reconciliación, cuando lo que se hace es agregar un termino que expresa una realidad que ya estaba implicada en salvación y que también corresponde con la mentalidad y sensibilidad actual y usted debería saberlo, que acoge toda la reflexión filosófica sobre el carácter de la relacionalidad humana. Como sodalite no tenía contacto con el mundo. a qué se refiere pues todo religioso por su estado y situación vive de un modo distinto y obviamente (y esto preocupa y sorprende en alguien tan inteligente) se genera una diferencia; qué los sodalites no tienen preocupaciones por el alimento y otras necesidades del común y los monjes por ejemplo si las tienen,ni siquiera usted y yo como hombres casados y con hijos tenemos las mismas preocupaciones. Y para terminar qué pretende. Dios lo bendiga y otra vez buenas noches. Desde Lima con todo lo que implica.

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    • Estimado Every:

      Yo no niego que en Lima se enseñe a tratar con respeto a las personas mayores. Lo que cuestiono es que ese trato de respeto se extienda a todos, de modo que hay personas a las que se les niega sistemáticamente el trato de “señor” y se les trata habitualmente con falta de respeto.

      Por otra parte, ya he indicado en otros posts algunos de los autores que son fuente de la ideología ‒me cuesta llamar a eso “pensamiento”‒ de Luis Fernando Figari. Ciertamente, Víctor Andrés Belaúnde, un católico de corte tradicional, era uno de sus autores preferidos. El hecho de que los planteamientos teóricos de Figari hayan derivado hacia lo religioso no le quita su carácter de ideología. Asimismo, también es cuestionable que sus interpretaciones de la doctrina cristiana sean las más apropiadas para las sensibilidades actuales. El número de personas que se han sentido atraídas por esa interpretación particular de la fe es muy reducido en comparación con el número de creyentes católicos a los cuales les es indiferente o la perciben como una visión retrógrada y desactualizada del mensaje cristiano. Lo que sí me consta es que no se trataba de una doctrina que se propusiera simplemente, sino que quienes pertenecían al Sodalicio o al Movimiento de Vida Cristiana tenían la obligación de asumirla como válida e indiscutible, y utilizar los mismos términos y palabras que utilizaba Figari. Como ocurre con cualquier ideología y sus partidarios. De todos modos, es un tema interesante que amerita ser desarrollado. Gracias por la idea. Tal vez sea materia de un post que vaya a escribir más adelante.

      Respecto a los pagos en el Instituto Superior Pedagógico Nuestra Señora de la Reconciliación, una demora en las remuneraciones no es justificable por ningún lado. Ninguna empresa puede legítimamente dejar de pagar lo que adeuda a sus trabajadores, argumentando que no tiene liquidez debido a retrasos en los ingresos que debe percibir. Para sortear estas dificultades, existe el crédito bancario. La falta de ingresos no es un problema que la empresa pueda ni deba trasladar a quienes trabajan para ella.

      Sobre el estilo de vida de Figari, creo entender de tu argumentación, que este señor vive de la herencia de su familia y que, por lo tanto, no hay problema en que no trabaje. La pregunta es si esto es coherente con la forma de vida que debe llevar el fundador de una sociedad de vida apostólica. Vida de ricos para uno, trabajo y austeridad para los demás. E incluso retención de honorarios.

      Has de saber que yo, desde que salí de comunidades sodálites, he tenido que trabajar para poder subsistir. Y eso tanto en el Perú como en Alemania. Tanto allá como acá han habido dificultades financieras que enfrentar, y hasta ahora no terminan. Soy, pues, igual que muchos mortales, y no tengo motivos para creerme superior. Ni tampoco para considerar a otros como superiores, pues todos somos seres del mismo linaje de Adán y Eva, y entre humanos, menos aún entre cristianos, no deben haber vacas sagradas, sino fraternidad y un lenguaje de “tú a tú”. Quien ostenta la autoridad puede ejercerla legítimamente, lo cual no significa que no se le pueda decir en su cara lo que se piensa de su persona y sus acciones. El derecho a la crítica no siginifica necesariamente que se ponga en cuestión la autoridad de quien la tiene legítimamente.

      No sé cuales sean las intenciones de Figari, así como tampoco aciertas al juzgar tan ligeramente cuáles son las mías. Lo único que te puedo decir es que estoy en todo mi derecho de narrar lo que yo personalmente viví en el Sodalicio y describir lo que vi con mis propios ojos y conocí de primera mano, salvaguardando en lo posible la privacidad de personas que no tienen que verse afectadas por todo esto. Esto es todo. Así de sencillo y punto.

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  4. Martín una vez me quedé maravillado de los terrenos que tenían los HH Maristas en Villamarista donde acampábamos y gozábamos de días gratísimos. Una vida diferente a la de nuestra Lima gris. Más adelante o casi en paralelo conocí lo que es el Colegio Salesiano donde mi papá hizo parte de sus estudios. Recuerdo que en ese gran colegio, en medio de muchas aulas había una, pero esta era una capilla donde se hizo una con-celebración de la Eucaristía con una veintena de sacerdotes por el día de Domingo Savio, Domingo Savio era el patrono de la promoción de mi padre. Lo que vi luego de la misa fue impresionante, de nunca acabar. El complejo educativo y los terrenos eran extensos, muy grandes y no lo digo porque en esa época yo era pequeño. Era y es tal cual. Colegios Salesianos, Maristas, la Salle, Santa Ana etc. tienen inmensas extensiones y creo que para bien. El leerte más arriba, me ha evocado mi estadía en Cusco donde he visitado muchas parroquias de cuatro provincias: Canas, Canchis, Espinar y Chumbivilcas y donde he conversado con los párrocos y catequistas de esos lugares, y entre otras cosas caí en cuenta de los terrenos que tenían las parroquias y de algunas que aún todavía los tienen; pues algunas de ellas son terrenos perdidos, otros invadidos y otros que siguen dándole aún un rédito económico cuando no también en productos agrícolas. El soporte económico que reciben esos párrocos, como sabrás, no es bueno, las limosnas son muy muy bajas entonces viven de eso para sostenerse. Hay en algunas ciertamente holgura pero en la mayoría no le faltan líos, como te mencionaba, por invasiones, por olvidos y descuidos, malas administraciones y ventas etc. Cuando paseaba por esos lugares, preguntaba como tu, al cura o al catequista ¿cómo se obtuvieron? La respuesta solía ser muy simple: “la gente le donaba a la Parroquia” o “le donaba al santo” (esto te lo explicaré en otra oportunidad); y en los casos que me decían “estas tierras fueron de la parroquia” les preguntaba: “¿y cómo se perdieron?”. Respondían : “si el cura se olvidaba o ya no había cura alguna gente se metía”. Esto sería toda una veta para quien tuviese intereses similares al tuyo de saber o de recuperarlas. Algo parecido al que tiene un espíritu abogadil, periodístico o de investigador de destapes… si te da el alma y la vida ¡Hazlo! Yo, la verdad, pienso: “Vanidad de vanidades todo es vanidad”. Cuida lo tuyo , busca el respeto y el buen trato, “huye de la intriga y el fraude” “ama a tu mujer como el Señor ama a su Iglesia”…Entonces eso de ponerte en nota “algo malo huele aquí” o “llegaré hasta las últimas consecuencias y sabrán…” ¿qué sabremos? ¿para qué? Mejor déjaselo a Dios que el juzgará con justicia como lo sabe muy bien hacer. No pierdas tu tiempo amigo. Da catequesis. Escribe música y canciones como antes, y si escribes cantos que se refieran a eso de: “y perdona nuestras ofensas como también perdonamos a los que nos ofenden” será saludable a todos. Disculpa mis recomendaciones pero te recuerdo que tu eres mi padrino y yo tu ahijado y “hay mucho que hacer en la viña del Señor”. Yo cultivaré en mi pequeño terreno que es lo que Dios me ha dio a cuidar. Un abrazo fraternal.

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    • Estimado Guillermo:

      Lo que a ti te maravilla es motivo de escándalo para muchos. El hecho de que algunas congregaciones religiosas sean dueñas de propiedades que sólo se pueden costear los ricos es algo que para muchos resulta incompatible con la sencillez que predicaba Jesús en los Evangelios. Te hago una pregunta: ¿esas instalaciones son para que puedan disfrutar y gozar de ellas los pobres, o se trata de recintos exclusivos para gente con cierto nivel económico?

      Asimismo, debes saber que los curas de parroquias reciben un sueldo, que debería alcanzarles para vivir, aunque de manera austera. Si no alcanza, entonces nos hallamos ante actos de injusticia cometidos por los arzobispados u obispados de los cuales dependen, los cuales suelen tener grandes propiedades que les reditúan buenas ganancias. Las limosnas no son en principio para mantener el estátus de vida del cura, sino para invertir en obras religiosas de la parroquia a beneficio de los fieles. Hacer depender la subsistencia del cura de las limosnas es un sinsentido, pues se presta a que el cura vea las maneras de obtener ingresos adicionales, y muchas veces éstos se logran mediante medidas cuestionables, como la acumulación de propiedades o los cobros excesivos por servicios parroquiales, como, por ejemplo, matrimonios. Y en este caso, se genera un problema pastoral muy grave. Muchas parejas de facto no se casan religiosamente porque les sale muy caro. En todo caso, querer justificar lo que he descrito arriba, manteniendo el status quo, no me parece cristiano ni por abajo ni por arriba.

      Sea como sea, el tema de mi artículo no iba a esto. El Sodalicio puede tener legítimamente todas las propiedades que quiera. Las preguntas son otras. ¿Cómo han sido adquiridas? ¿Fue todo limpio y transparente? ¿Les dan un uso de acuerdo con la sencillez de los Evangelios? ¿Viven el fundador y los superiores la austeridad que pregonan?

      Por otra parte, no puedo estar con de acuerdo con esa pasividad que defiendes sustentándote en el “vanidad de de vanidades” y en el hecho de que hay que dejarle a Dios que haga justicia cuando quiera. Los silencios cómplices y la indiferencia pasiva ante las cosas que ocurren en este mundo, propias de un trasnochado individualismo religioso conformista que le rehuye a los problemas, no va conmigo. Y esos problemas los siento más en carne viva si atañen a la Iglesia que amo. Eres libre de asumir esa actitud pasiva si quieres. No soy quien para decirte qué debes hacer. Pero considera que también se te pedirá cuentas de aquello que dejaste de hacer y de los combates legítimos que dejaste de luchar. Si Jesús hubiera tenido una actitud como la tuya, probablemente hubiera muerto de viejo en su cama. Y los saduceos y fariseos lo hubieran elogiado como un hombre ejemplar, que supo guardar silencio y nunca se metió con ellos. Sabemos que la historia fue distinta.

      Finalmente, te quiero contar que no he dejado de componer canciones. Te mando un adelanto de mi última canción, que terminé de componer hace dos días y que se llama “Antes de partir”:

      la piel se cansa
      y van marcando sus estrías el camino
      igual que el buen vino
      que calma el ansia
      del fuego vespertino
      y arrulla al peregrino
      que masculla su destino
      no sabiendo aún volar

      no hay pasión que aguante tantos años
      no hay razón para dejar de amar
      y aunque voy sintiéndome un extraño
      saco fuerzas del peregrinar

      yo seguiré cantando
      yo seguiré bailando
      como el rey de los mendigos
      que suspira por el trigo
      de humildes emociones
      y suplica bendiciones
      para entrar sin precauciones
      en la gloria del umbral

      yo tomaré
      las cenizas del ayer
      de las trizas de mis remembranzas
      un sueño hare nacer

      yo robaré
      los luceros del taller
      tras agüeros de lejana infancia
      me iré al anochecer

      no moriré
      sin recoger
      las cosechas de mi arado
      a la espera de un amanecer

      Asimismo, vienen a colación unas palabras de la que sea tal vez una de mis mejores canciones, “Declaración de principios”:

      yo no quiero que permitas
      los silencios de las mitras
      las renuncias al sabor
      de la vida en eclosión

      yo no quiero que repitas
      las consignas manuscritas
      de los viejos sin perdón
      que asesinan al cantor

      sólo quiero que bendigas… compañero
      los augurios de los nuevos mensajeros
      extranjeros de lo exiguo
      pasajeros sin andén
      revolucionarios a flor de la piel

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    • El hecho que determinados terrenos y propiedades hayan sido adquiridos o adjudicados con toda legitimidad y transparencia no necesariamente implica que haya sucedido lo mismo con otros terrenos y propiedades solo por el hecho que en ambos casos se trata de organizaciones religiosas. Ese razonamiento es una falacia de accidente inverso.

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  5. Martin padrino me sacaste una sonrisa esta vez. No es cachita es en verdad alegría. ¡que bueno que estés componiendo! Ahora falta la música y si están a la altura de los viejos cantos…en hora buena! Volviendo al tema de tus preguntas. Yo lo que conozco de los salesianos con esos inmensos terrenos puedo dar fe que fue así. Sácate la idea que eran para los pobres y solamente para pobres. Un gran amigo de mi padre que se llama Silvio exalumno del Marista San Isidro fue “castigado” por sus padres y lo mandaron al Salesiano interno y en el régimen “militar” de aquella época, es toda una historia de como era la disciplina. Sinceramente Martín no se como será ahora pero aquí tendrías una entretenida y edificante historia para tus lectores. Cuando me contó su historia el recuerdo por esos lares salesianos fue tan refrescante como gratísimo su paso por allí. La oración y el silencio y los mecanismos para educarlos en ellos no fueron pétalos de rosa. Algo que mencionó en su historia es que allí aprendió además de la piedad a juntarse y a jugar con el chocolatero, con el paisano hijo de inmigrantes y con todas las razas, ricos y pobres que en ese entonces habían alrededor. Me comentó don Silvio que “fue lo mejor que le pudo pasar”: el deporte, la piedad, el juego, la disciplina, el estudio, luego el tal “castigo” terminó siendo el mejor regalo. Te comento esto porque me parece que podrá ayudar a más de uno de tus lectores saber de esas historias buenas que alegran el alma. Los salesianos hicieron una obra maravillosa en él y pienso que también en mi padre que a pesar de estar algo ciego y a sus 80 años camina en procesión con mi madre en las fechas en que sin invitación saben es el día de la Madre María Auxiliadora. Yo no se como se consiguieron esas propiedades, yo no se si viven dentro austeramente los que las administran, si fue o no limpia la adquisición. Yo se que mañana habrá un juicio para ellos, para mi y para ti de lo que dijimos, escribimos, hicimos como también lo que dejamos de hacer. Te felicito tu afán de no ser un Cristo que muere en la cama, yo tampoco pero ¿querrás ser un Cristo que muere en la cruz diciendo “perdónalos porque no saben lo que hacen”? Esa es mi “tema”, tu tienes el tuyo quieres ser el “trovador de la justicia” quizá ese es el designio de Dios para ti y lo respeto, sin embargo al final ¿que ganarás? ¿que será de ti cuando se sepa que vinieron las propiedades de un mal vendedor de tierras, o de un santo comprador de moluscos, o de una joya de la esposa de un suizo? ¿o que será de ti si los fulanos no compran hoy en la Parada como nosotros los viernes a las 4.30 am para ahorrar ¿te acuerdas? ¿que servirá si te enteras que los menganos compran en Wong, o los sultanos en Vivanda moluscos lavados, o si joyas de un color que no existe en la Patagonia? Esto si es cachita. ¡Martín eso no sirve para nada! Si andaras por el mundo averiguando de tutilimundi lo entendería, serías pues parecido al “vengador de los judíos” pero ya en esta nota de arremeter contra nuestro Sodalitium no tiene sentido. Tu sabes muy bien quienes fuimos, quienes éramos : gente buena, pecadores todos, pero “buenos” y no por nosotros sino porque Dios nos miró, nos amó y llamó para servir a la Iglesia. ¡No molestes pueh padrino! Hay un rencorcillo que debes sanar. Por eso mi cantaleta del perdón por el que te pido una canción. ¡Por favor haz – sino es mucho pedir- de esos cantos que refrescan el alma, que dan esperanza, que renuevan el deseo de caminar con el Señor, de amarlo, de cantar y caminar! Eso salía de tu alma, de tu pluma, ¡renueva a la Iglesia que amas y renuevanos a todos por favor!

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    • Sólo un par de aclaraciones, Guillermo.

      1. La música de las canciones que he compuesto ya está terminada. Por lo general, siempre creo primero la melodía y después armo la letra, que es lo más difícil. Estas últimas canciones no están a la altura de mis viejos cantos. Son mucho mejores. Resulta paradójico que cuando la calidad de mis composiciones mejoró sustancialmente, ya casi nadie tuvo interés en conocerlas, mucho menos Takillakkta.

      2. No soy quien para que me compares con Cristo. Por otra parte, como ya lo he señalado, he perdonado muchas cosas. En varios de mis escritos doy testimonio de ese perdón, indicando aquello que he perdonado.

      3. Yo no arremeto contra el Sodalicio. Simplemente cuento mi experiencia para ayudar a otros que han pasado por cosas similares. Los hechos no los he inventado yo, ni tampoco he creado la ideología y la disciplina que han guiado la vida del Sodalicio. Tampoco he ocasionado los abusos psicológicos y sexuales que se han cometido en la institución. Todo esto lo ha generado el Sodalicio mismo. Y ellos mismos se han puesto la soga al cuello al pretender encubrir todo esto. ¿Desde cuándo sacar a la luz la verdad es arremeter contra aquello a que se refiere esa verdad? ¿No sería mejor decir que por sus obras los conoceréis, y que son sus mismas obras las que arremeten contra ellos mismos? ¡Por Dios, Guillermo, si amas al Sodalicio, permite que se purifique! ¡Y eso no se puede hacer ocultando su propia historia! Y ten en cuenta que no estoy juzgando las intenciones de la gente. Muchos males se cometen en el mundo no en base a malas intenciones sino debido a la estupidez humana.

      4. Tampoco soy nadie para que pueda renovar la Iglesia. Y mis canciones no siguen un programa, sino que las voy hilando al compás de mi propia vida. Si en algo te ayuda, así reza también mi última canción:

      yo seguiré andando
      yo seguiré luchando
      mientras tenga aún respiro
      mientras me quede un motivo
      para hilvanar canciones
      y exhumar mis ilusiones
      sin lucir más pretensiones
      que ofrecer mi corazón

      yo partiré
      en un ciego atardecer
      con alforjas llenas de confianza,
      de pan, de amor y fe

      yo pariré
      como si fuera mujer
      los retoños de las esperanzas
      que anido en mi querer

      perdonaré
      cualquier revés
      como a mí me han perdonado
      los reveses de mi proceder

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  6. Yo no arremeto contra el Sodalicio. Simplemente cuento mi experiencia para ayudar a otros que han pasado por cosas similares. Los hechos no los he inventado yo, ni tampoco he creado la ideología y la disciplina que han guiado la vida del Sodalicio. Tampoco he ocasionado los abusos psicológicos y sexuales que se han cometido en la institución. Todo esto lo ha generado el Sodalicio mismo.
    ¿No sería mejor decir que por sus obras los conoceréis, y que son sus mismas obras las que arremeten contra ellos mismos?

    Sr. Scheuch
    He seguido con atención, tomando en cuenta lo que usted ha publicado y mostrado, su posición critica frente al Sodalicio y su alejamiento de él, que para ser precisos hay que decir que fue posterior, pues ya en el Perú y fuera de las comunidades fue incubando cosas hacia él y quizás hacia algunas personas en particular, si esto fue correcto, adecuado y preciso y usted interpretó las cosas tal cual sucedieron eso es ya otra cuestión y no tiene porque ser necesariamente la verdad, la verdad con todo lo que implica y aún así se le tenía paciencia y seguía siendo acogido y valorado, no sabe usted como fue presentado por Carlos Angulo en el Pedagógico,recuerde por ejemplo de cuando son sus comentarios despectivos y de menosprecio hacia Taquillaqta y considere en que año fue retirado del Pedagógico. Vuelvo a decir, no cree usted que Dios le permitió conocerlo y encontrarse con él a través del Sodalicio, que por la institución y las personas que lo conforman o lo conformaron recibió su gracia. No cree usted, parece que ya no, que el Sodalicio fue originado por el mismo Espíritu Santo a través de un hombre concreto, pecador, débil y con toda su problemática espiritual, moral y psicológica para una misión para un tiempo, aquí no hay discusión pues hasta el final de los tiempos sólo la Iglesia en su conjunto. Ideología, por qué, presente argumentos, también habla de frutos y de influencia, frutos por la gracia de Dios y allí están, si usted no lo quiere ver ni reconocer, es su problema, y porque Dios seguramente lo ha querido en sentido estricto se encuentran fuera del Sodalicio, como las Siervas del Plan de Dios y muchos ámbitos y proyectos del MVC, muchas cosas se explican especialmente en el Movimiento sólo por amor, pues que yo sepa a nadie se le quitó algo y no había un abuso sistemático como pareciera que usted insinúa.Qué hubo abusos debido a exageraciones, si los hubo, todo fue abuso, para los que somos pobres y estamos acostumbrados al sufrimiento consideramos que no, bañarse con la mar brava en invierno y de noche, hacer ranas con 25 kilos sobre un hombro, que a uno le realicen test psicológicos, que a mi madre le llamen vieja… perdone aquello que fue realmente malo y yo estoy convencido que el mismo Luis Fernando debería comunicarse con usted y pedirle perdón. Sabe por qué le pregunto qué pretende, porque si se percibe una intención de menospreciar y desprestigiar a través de la mala interpretación, por ejemplo cuando habló o escribió sobre los vínculos con el Yunque, no sabe usted lo que pasó en México, fuerza las cosas para quedar bien con los que critican a la Iglesia, en ese post dijo una burrada como que se pretendía lo mismo pero con otros medios, por favor ubique las cosas en su contexto histórico también, o usted cree que evangelizar es decir anunciar al Señor Jesús equivale a dominar el mundo para el privilegio de algunos, aquí hay mezquindad de su parte a lo más o pereza intelectual a lo menos. Cuando fue fundado el Sodalicio había un revolución militar inspirada y sostenida por la visión de la democracia cristiana(valga la contradicción) aunque lo quieran negar los de uno y otro lado, le hubiera sido muy fácil a Luis Fernando insertarse en aquel proyecto e introducir a otros jóvenes e incluso tener influencia sobre muchos que participaban en el Gobierno como miembros, pero no, se optó creyendo en la inspiración del Espíritu Santo, por el camino religioso, convencidos que para que cambie el mundo debían que cambiar los corazones y este hecho que usted no considera aleja más al Sodalicio de Meinville y de Franco y acerca aunque indirectamente a Maritain; sobre cambiar al mundo, hay que entender el tiempo en el que se plantea esto, sabemos ahora que se trata de ayudar a salvar almas para salvar al mundo, pero hay que reconocer cierta desesperación que flotaba en el ambiente, la urgencia de cambiar las cosas, la idea de que si se podía y para mí en todo esto se explica, uno la experiencia de la Revolución Armada y el apoyo de la Democracia Cristiana y segundo el énfasis, el exageramiento que generó abusos y torpezas, en lo ascético, ese voluntarismo patológico que marcó al Sodalicio, aquel ser santos ya, porque el problema no fue doctrinal ni siquiera pastoral, el problema fueron las actitudes y acciones concretas de muchos y permitame decirlo la cagada, de las violaciones psicológicas, los entrarle a la gente, las mil y un cosas que se hicieron para el trabajo personal, el estar obligado a decirle todo a los demás, cierta confianza excesiva en las fuerzas propias, un acento mayor en el despojarse que en el revestirse, obviamente esto es lo negativo y hubo consecuencias por esto, y lo positivo Sr Scheuch a pesar de esto y el cambio que usted no reconoce, que niega, ya en el año 1995 en el MVC se decía que ese estilo debía de cambiar pues el Señor Jesús no le entraba así a la gente, la cuestionaba. Y para acabar, y sin quitar responsabilidades hay que decir que hay gente que está acostumbrada o se acostumbra, a que le digan todo o no le digan nada y pasa de un extremo a otro. Dios lo bendiga y buenas noches.

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    • Estimado Every:

      ¿No te das cuenta de que lo único que haces es repetir la versión e interpretación oficial de los hechos que el Sodalicio tiene de su propia historia? ¿Qué mejor prueba de que nos hallamos ante una ideología? Además de que son innegables los préstamos tomados del falangismo, del fascismo y del tradicionalismo. El mismo control del lenguaje que se aplica en el Sodalicio y en el Movimiento de Vida Cristiana ‒para que se use sólo los términos aprobados por Figari‒ delatan una fuerte orientación ideológica.

      Lo cierto es que Figari no tiene por qué dar explicaciones de sus pecados ‒pues todos tenemos algunos en nuestra conciencia‒ pero sí debería salir a dar explicaciones de los abusos sexuales que constan en una denuncia contra él presentada oficialmente en el Arzobispado de Lima (ver http://diario16.pe/noticia/8687-denuncian-a-fundador-del-sodalicio-vida-cristiana-por-abuso-sexual).

      Por lo menos reconoces que hubo abusos en el Sodalicio y que Figari debería pedirme disculpas. ¿Por que no le mandas por escrito esta sugerencia? A ver si te hace caso. Yo nunca he visto a nadie con un cargo de responsabilidad en el Sodalicio pedir disculpas a nadie.

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      • Sr. Scheuch

        Le agradezco el haber aceptado este dialogo lleno de dificultades, pero creo que en él no ha estado ausente el respeto mutuo así como los intentos de comprensión, aún así le pido disculpas por algunas expresiones que han estado cargadas de emociones o actitudes negativas de las que me hago responsable, de impaciencia por ejemplo. Que a usted le hizo daño y mucho (aquellos errores que se convirtieron en pecados en casos concretos), la disciplina impartida en el Sodalicio durante aquel tiempo, considerando también su personalidad y características psicológicas, que no le quitan por supuesto objetividad a los hechos porque realmente sucedieron y fueron dañinos, pero si lo recalco es porque algunos si pudieron superarlo, recuperarse, aceptarlo, comprenderlo y perdonar y lo que resulta muy valioso (sino también misterioso) permanecer en él ; es innegable (el daño) y obviamente su posición frente a lo que sucedió y es el Sodalicio son consecuencia de aquello y si usted se aferra a esa visión y conclusión es comprensible poniendo en evidencia de la gravedad de lo acontecido, y hasta aquí la culpa fue de quienes le hicieron daño en el Sodalicio. No considero que su visión sea adecuada, que corresponda con la realidad, opino que sus explicaciones para mí se quedan en el plano personal, sociológico porque no considera la realidad carismática,eclesial, como si usted ya no fuera cristiano y se haya hecho incapaz de reconocer la gracia de Dios sobre tanta miseria humana, le pongo un ejemplo y que valga la comparación reconociendo las distancias; David, fue llamado y escogido por Dios o no, pecó de manera grave o no, se arrepintió o no y llegó a cumplir su misión o no, así es la historia, así son los hombres, y no estoy justificando a nadie sino que procuro comprender, pues no puedo cerrar los ojos ni tampoco la memoria y dejar de reconocer tanto bien, en personas en proyectos. Cuando leí el libro Mateo Diez de Pedro Salinas, y lo hice al poco tiempo de publicado siendo todavía emevecista, sentí pena, una tristeza que se fue agrandando y al terminar de leerlo los sentimientos cambiaron y exclamé “la cagaron, lo cagaron a Pedro” responsabilizando a los Sodalites implicados y fácilmente reconocibles, hoy vuelvo a decir lo mismo. Dios lo bendiga.

        Allí las heridas
        para que usted las vea,
        son rojas
        como las rosas,
        con espinas y con aroma de vida arrancada…

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  7. Nuevamente la gente comenta del Sodalicio y no del texto. Martín enfócate en eso. Tu siguiente post tiene 0 comentarios, creo que deberías analizar las cosas y darte cuenta que si pones en cada texto un poquito de cuestionamiento al Sodalicio entonces cada post será más enriquecedor y con mayor repercusión. Sin esto los temas se pierden en la intrascendencia.

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    • Estimado Héctor:

      A ver. Voy a tratar de explicarlo de la manera más sencilla para ver si finalmente entiendes.

      Mi vida no se agota en lo que yo haya vivido en el Sodalicio. Ni tampoco mis conocimientos y reflexiones. Tengo mucho que decir en áreas como la Iglesia, el cine, el trabajo, la sociedad contemporánea, etc., y sobre todo aquellas cosas que nos asombran y enriquecen en la vida. Mi objetivo no es ir a la caza de comentarios, ni volverme famoso, ni explotar de manera sensacionalista lo que sé sobre una institución que sigue formando parte de la Iglesia.

      Mira, por ejemplo, el siguiente post: HISTORIA DE UN TERRORISTA (https://laslineastorcidas.wordpress.com/2012/11/21/historia-de-un-terrorista/). No encontrarás en la red ningún escrito que te dé información tan completa sobre el tema en idioma español. Y, sin embargo, tiene 0 comentarios. Lo cual no significa que el tema sea intrascendente, sino simplemente o que los lectores no tienen nada nuevo que aportar o que el asunto no está dentro de su rango de intereses. Y yo no escribo en base a los intereses de mis lectores, sino en base a convicciones, a lo que yo creo que debo comunicar y dejar como legado a los que vienen después de mí. Más bien, no veo que en ninguno de tus comentarios hayas aportado nada sustancial a los temas tratados, y si escapan de la “intrascendencia”, no lo hacen por sus contenidos, sino por las respuestas que yo les doy.

      Lo siento mucho, pero no voy a poner “cuestionamientos del Sodalicio” donde no corresponde, menos aún voy a utilizar los problemas del Sodalicio para atraer lectores o exaltar mi propio ego. En el Sodalicio hay personas que sufren debido a los problemas que están saliendo a a la luz, y me preocupa qué vaya a pasar con esas personas, pues muchas de ellas experimentan una confusión mental que puede originarles incluso problemas de salud, o, en el mejor de los casos, problemas de inserción laboral en la sociedad. Por eso mismo, no veo qué pueda haber de “enriquecedor” en tocar el mismo tema, aunque sea de refilón, sólo sea por tocarlo. Cómo ves, estoy “analizando las cosas”, y llego la conclusión de que no debo seguir tus recomendaciones, ni dejar que seas tú el que me dicte la agenda.

      Gracias por comentar. Sólo espero que tus siguientes comentarios sí contengan sustancia. Te estaríamos todos agradecidos.

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      • En efecto, como el mismo Martín ha indicado este no es un blog exclusivo sobre el SCV, pero ojalá se publique la continuación de “Sodalitium 92: Momento de Decisión” que ha quedado en suspenso.

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    • Para empezar buenas tardes, sólo le aclaro que muchos de nosotros leemos todo lo que escribe aquí el Sr, Scheuch y también reflexionamos sobre ello, así aprendemos y ejercitamos la mente, nutriéndonos para el cotidiano andar, tenga paciencia, estamos seguros que poco a poco el autor de este blog irá mostrando más de su riqueza de vida y cultura, pues el vivir y el revivir es todo un proceso, cada uno está incluido en el suyo. Dios lo bendiga.

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