LA IDIOTIZACIÓN DE LA JUVENTUD

jovenes

Bernhard Heinzlmaier, de 53 años de edad, austríaco, no es precisamente un joven. Pero a diferencia de muchos jóvenes de hoy, que no tienen otra meta en la vida que una existencia pequeño burguesa en una sociedad de consumo que se rige por las pautas del neoliberalismo —a la cual miran con ojos conformistas sin entender todas sus implicaciones y sin tener la capacidad de concebir una sociedad distinta regida por principios de justicia, solidaridad y bien común y no por las leyes del mercado—, Heinzlmaier todavía cree en ideales y es un abanderado de los valores humanistas. Es uno de los fundadores del Institut für Jugendkulturforschung [Instituto de Investigaciones de la Cultura Juvenil], con sede en Viena, que desde el año 1988 se dedica a estudios de todo lo que tenga que ver con la juventud, sobre todo en Europa. Ya en el año 2011 Heinzlmaier había llegado a un diagnóstico pesimista de la juventud actual, según declaró entonces al diario austríaco Die Presse: «[Los jóvenes] piensan hoy más que antes según categorías del mercado. La juventud se ve a sí misma como mercancía y busca conseguir el valor de cambio más alto posible por esta mercancía. Otrora la juventud era idealista y buscaba posicionarse contraculturalmente y contra la generación de sus padres y reclamar una moral más elevada. Eso se acabó hoy en día. Hoy se tiene una juventud que actúa muy en conformidad con el sistema, puntual, cortés y concentrada. No representan un desafío para nadie, ni escandalizan a nadie» (31/12/2011, ver http://diepresse.com/home/panorama/oesterreich/720409/Heinzlmaier_Jugend-steuert-kollektiv-auf-Burnout-zu).

Recientemente ha sido publicado en Alemania un libro suyo con un título de difícil traducción al español: Performer, Styler, Egoisten. Über eine Jugend, der die Alten die Ideale abgewöhnt haben [Performers, stylers, egoístas. Sobre una juventud, a la cual los mayores han desacostumbrado a los ideales] (Archiv der Jugendkulturen, Berlin 2013). La obra, como era de esperarse, ha despertado controversias. Quien pone el dedo en la llaga y desnuda las inconsistencias del status quo, cosechará tempestades en un mundo como el actual que tiende al pensamiento único de un sistema económico y político que aún se cree intocable. He aquí algunas de las declaraciones que Heinzlmaier hizo en una entrevista concedida al diario Die Welt, publicada en la edición del 18 de julio de 2013 (ver http://www.welt.de/vermischtes/article118147140/Auf-dem-besten-Wege-in-die-absolute-Verbloedung.html):

Bernhard Heinzlmann

Bernhard Heinzlmaier

Die Welt: Sr. Heinzlmaier, ¿qué tan idiotizada está nuestra juventud?

Bernhard Heinzlmaier: Se halla en la vía más segura para ser conducida hacia la más absoluta idiotización. […]

Die Welt: Usted escribe que los actuales estándares educativos son dictados por la economía. ¿Qué significa esto?

Bernhard Heinzlmaier: En la determinación de los contenidos educativos ya sólo cuenta la lógica de la economía. Los contenidos didácticos son seleccionados de acuerdo a lo que de todos modos pueda ser aplicado en el mercado de trabajo. Desde hace años se da en las escuelas un viraje hacia contenidos científicos y económicos. Las horas de clase dedicadas a la música, la literatura y el arte se reducen, porque estas materias no proporcionan ningún saber útil en sentido económico. […]

Indudablemente, el saber técnico y orientado al mercado de trabajo debe ser facilitado en las escuelas, pero no solamente. El prescindir de una formación cultural pondrá en riesgo a corto o largo plazo nuestro ordenamiento democrático, porque a la siguiente generación le faltará la capacidad de discernimiento político. […]

Die Welt: Los investigadores dicen que los jóvenes se sienten inseguros debido a la presión para que sean competitivos. Al mismo tiempo constatan que los jóvenes quisieran pautas más claras. ¿Cómo se conjugan ambas cosas?

Bernhard Heinzlmaier: La mayoría de los jóvenes hoy en día son pragmáticos. Saben exactamente cómo lograr ascender socialmente. Para ser exitosos, deben acomodarse a las normas y reglas del neoliberalismo. Al mismo tiempo, debido a las muchas posibilidades que hay hoy en día, se hallan bajo presión permanente para tomar decisiones. Muchos de ellos dicen: “El mundo es muy complejo, nos gustaría que sea más sencillo de nuevo”.

Die Welt: ¿A favor de qué están los jóvenes hoy?

Bernhard Heinzlmaier: A favor de sus propios intereses. Cuando éstos son cuestionados, los jóvenes salen a la calle. Mire las manifestaciones en el mundo entero: a las manifestaciones en España subyacen preponderantemente intereses materiales. Esta gente se preocupa por su puesto de trabajo, por si las circunstancias son apropiadas para fundar una familia, por su estatus social. Pero no hay en el fondo valores que vayan más allá de eso.

Die Welt: ¿Que hay de malo en que decidan de esta manera su futuro?

Bernhard Heinzlmaier: En que se trata sólo de intereses particulares, y no de la sociedad entera. Mientras que anteriormente el estar orientado hacia las tradiciones otorgaba seguridad, hoy impera la indecisión y la falta de claridad. Y en vez de competencias sociales y laborales, entra muchas veces a tallar en su lugar la capacidad de mercadearse a sí mismo. El producto que la juventud vende es ante todo ella misma.

Die Welt: ¿Se sienten ofendidas por el triunfalismo de los más jóvenes las generaciones mayores, sólo porque han luchado por ideales supuestamente más elevados?

Bernhard Heinzlmaier: De hecho. Esta economización de la educación es un golpe en la cara de la generación del ’68. Sus integrantes pensaron a lo grande, discutieron sobre el Tercer Mundo, la reforma de las escuelas superiores, las leyes sociales y la participación democrática. En los años ’90 llegó lentamente el cambio hacia una sociedad centrada en el ego. También muchos de la generación del ’68 se dejaron corromper. Por eso mismo, todo el movimiento del ’68 se desprestigió a ojos de las siguientes generaciones. […]

Die Welt: Los autores del último estudio sobre la juventud proveniente del Instituto Sinus también han constatado que los jóvenes en Alemania desean una familia propia, pero se les hace difícil encontrar el momento preciso para planificar una familia.

Bernhard Heinzlmaier: La familia constituye en esta sociedad el último refugio protegido, un sistema cerrado hacia afuera, en el cual el ser humano se puede sentir acogido. Mientras más inhospitalario es el mundo allá afuera, más importantes son los pequeños espacios vitales. En esa medida, la búsqueda de protección es casi una especie de reflejo ante la creciente inseguridad en nuestra sociedad.

Die Welt: ¿Como se vuelven los jóvenes “egoístas” y “performers”?

Bernhard Heinzlmaier: En última instancia, se trata de éxito, imagen y consumo. Más importante que cómo me siento yo, es cómo me ven los otros. ¿Qué aspecto tengo? ¿Que símbolos de estatus tengo yo? Este comportamiento lo aprenden los niños y los jóvenes desde muy temprano, y también aprenden a venderse a sí mismos. Los nuevos medios fortalecen esta necesidad de auto-representación y auto-mercadeo aun más. Pero no necesariamente se es feliz cuando día a día se representa un papel que tiene poco o nada que ver con el propio yo.

Die Welt: ¿Qué debería entonces cambiar?

Bernhard Heinzlmaier: Por un lado, debemos comenzar nuevamente a tomar en serio los problemas de los jóvenes. Con frecuencia escucho: ¿De qué se quejan? En comparación con otras generaciones, a ellos les va realmente bien. Por otra parte, debemos superar una postura de vida que sólo se ocupa de los bienes materiales, y una política educativa que sólo sirve a los intereses de la economía. Necesitamos un nuevo movimiento a partir de la sociedad civil, si queremos que los valores humanistas jueguen nuevamente un papel en nuestro sistema educativo. Si esto no sucede, veo un futuro negro para la juventud.

Hasta aquí Heinzlmaier. Aunque sus conclusiones se desprenden de la observación de la juventud en países germanoparlantes, guardando las distancias son aplicables a todo país que tenga como forma de gobierno un sistema capitalista según el modelo neoliberal. En el Perú, el abogado Alfredo Bullard ha declarado hace algunos meses que «mucha educación no es buena: forma gente de izquierda que rechaza el mercado», de lo cual se infiere que debería eliminarse de la educación todo contenido que no esté orientado al mercado. De lo que no se da cuenta Bullard es que, si sus ideas llegaran a aplicarse en el sistema educativo peruano, en vez de una generación con una educación deficiente —como se da en la actualidad—, tendríamos una generación de idiotas estupidizados o estúpidos idiotizados. Sería cambiar mocos por babas. Y hay que ser idiota para no darse cuenta de que en el capitalismo neoliberal, si bien la torta alcanza para todos, está mal repartida y no hay justificación racional alguna para las pornográficamente elevadas ganancias de unos en comparación con los miserables ingresos de otros. Pues donde no hay regulación y el Estado abdica de su obligación de velar por el bienestar de los ciudadanos, se impone la ley del más fuerte. Que no necesariamente es el mejor instruido y educado, sino muchas veces el más bruto y achorado. Y hay que ser verdaderamente idiota para no entender esto.

7 pensamientos en “LA IDIOTIZACIÓN DE LA JUVENTUD

  1. Brillante y conmovedor, Martin. Te diré que en la Universidad también es así, y se hace patente en las “diferencias ideológicas”. Como estudiante de Universidad Nacional, puedo dar fe que, grosso modo, se puede separar a los estudiantes en dos sectores políticos: los de “izquierda” y los de “derecha”. Ellos se definen respecto a su orientación hacia el gobierno: si están en contra, son de izquierda; si no, de derecha. Al final, todos son lo mismo: gente que aprueba todo o rechaza todo dogmáticamente, sin detenerse en finezas, ni leer bien; porque su finalidad es mostrarse ante los demás, constituirse líderes fundadores de no sé qué; no el participar del desarrollo intelectual. Y todos ganan a sus adeptos en base a frivolidades: unos con descaro (ofreciendo fiestas, alcohol, facilidades académicas), otros de manera más inteligente (ser “anti”-sistema, que es lo que ahora está de moda; o “anti-anti”-sistema, que también es una opción popular).
    Debo decir que quienes, casi con vergüenza y tímidamente, señalamos esto, somos vapuleados, aislados.Una vez, yo como católico, y un grupo de personas afines (muchas de ellas católicas también), intentamos cambiar eso: solo conseguimos guerra sucia, insultos de uno y otro lado, abandonos de quienes al comienzo estaban con nosotros… Y eso llevó a ese grupo cada vez más reducido a la apatía, la desesperanza. Yo hago un mea culpa: no fuimos rebeldes como un cristiano debe ser. Pero que se sepa que cuando lo intentamos, nos aplastaron con superficialidad y vocación para las fiestas. Nos ganó la cultura del espectáculo (como dice MVLl) a punta de desgaste.
    Ya no me queda nada en mi Universidad, y nunca me podré arrepentir lo suficiente de no haber podido hacer nada por ella.

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    • Estimado Eduardo:

      La juventud limeña, salvo contadas excepciones, siempre se ha caracterizado por su frivolidad. Por lo que me cuentas, parece que el asunto ha empeorado. Al proceso de idiotización que aqueja a la juventud en varias partes del mundo, hay que agregarle el hecho de que el sistema educativo peruano ‒y aquí incluyo la educación universitaria‒ está inficionada por una especie de cultura de la corrupción. Es decir, la corrupción en el Perú no es algo que aflora aquí y allá por generación espontánea, sino que es algo inherente a la sociedad misma y que se aprende dentro del mismo proceso educativo. Caldo de cultivo y sustrato de esa cultura de la corrupción es la doble moral y la hipocresía connatural de la sociedad limeña, que busca mantener un rostro de buenas formas y maneras, mientras oculta y pasa por alto toda la mierda que se acumula bajo la superficie, la cual sin embargo llega a conocerse a través de otra práctica limeña muy difundida: el chisme. Lamento decirlo, pero la transparencia es un bien muy escaso en el Perú, y los valores humanistas no son lo suficientemente apreciados.

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    • Estimado Héctor:

      Tengo la impresión de que todavía no entiendes de qué va este blog. Escribo sobre las reflexiones que se van generando en mí durante mi paso por este mundo y busco traer a conocimiento de otros, temas que a mí me parecen importantes y que son ignorados o desconocidos en el Perú, dónde se halla el grueso de mis lectores. El hecho de que yo esté situado en Alemania me abre nuevas perspectivas, que quiero compartir. Si se trata de tener acogida, date un paseíllo por los titulares de los diarios peruanos para que veas cuáles son los temas que atraen. Entre tanta noticia frívola y banal, cuya trascendencia se agota el mismo día en que es publicada, tal vez haya un tema interesante. Y si lo hay, rara vez será tratado con mayor análisis y profundidad. Y frecuentemente los diarios desinforman a la gente, pues saber un hecho a medias es peor que no saberlo. Lo que yo publico tal vez no tenga tanta acogida, pero me parece que tiene mayor trascendencia. También tengo pensado escribir algo sobre cine, aunque el cine al que voy a hacer referencia no es el de los circuitos comerciales sino más bien un cine independiente y alternativo, del cual la gran mayoría de los peruanos ni siquiera sabe que existe.

      Por otra parte, yo no escribo “contra” el Sodalicio, sino “sobre” él. Más aún, si alguna de las personas del Sodalicio a las que conozco me invitara a dialogar y me preguntara en qué podría ayudarlos, con gusto aceptaría la invitación. Mi afán no es destructivo, sino ilustrativo e informativo. Pues hay cosas que tienen que saberse, para que no se vuelvan a repetir. Con lo cual no niego los aspectos positivos que tiene el Sodalicio, y que he reconocido en algunos de mis posts.

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      • Sr. Scheuch
        Permitame un comentario,que la claridad nos va alcanzando y la vamos adquiriendo con el tiempo y no sin esfuerzo. Ser conscientes de la situación y señalar los problemas, reflexionando sobre ellos, es un buen camino que usted está siguiendo y así está colaborando con quienes leemos sus escritos, sería adecuado que también plantee qué hacer, cómo suscitar una respuesta de los jóvenes, especialmente y principalmente de aquellos que Dios ha puesto en nuestro camino, como hijos, amigos y familiares e inclusive vecinos.
        Un saludo desde el Perú.

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