LA SEÑORA STRAUB O DE CUÁN DIFÍCIL ES PARA LOS RICOS ENTRAR EN EL REINO DE LOS CIELOS

porzellanpuppen

En julio de 2005 me quedé sin trabajo. Desde febrero del año 2003 había trabajado para una empresa de Düsseldorf que construye a nivel mundial plantas incineradoras de residuos. En este caso se trataba de un proyecto en España. Mi labor era traducir toda la documentación y correspondencia del proyecto, del alemán y el inglés al español y viceversa. Como todo proyecto, éste también tuvo su final.

Tras una ardua búsqueda de trabajo, finalmente fui contratado para un puesto de atención al cliente en Landau (Pfalz), una pequeña ciudad en la zona vitivinícola de Alemania. La empresa donde entré a trabajar a partir de octubre de 2005 se dedica a la reparación de aparatos electrónicos, principalmente monitores y televisores LCD y de plasma, y había asumido en Europa el servicio de garantía de varias marcas de fabricantes chinos, que no contaban con los medios para ofrecer ellos mismos un servicio de garantía propio en el viejo continente.

El problema estaba en que Landau queda unos 240 kmts. al sur de Wuppertal, donde vivía con mi familia desde que habíamos llegado a Alemania. Por ese motivo, la empresa me ofreció un pequeño chalet ubicado en el enorme jardín de la casa de una señora rica, a la cual se lo había alquilado durante todo el año a fin de alojar por temporadas a un empleado chino que se dedicaba a mantener los contactos con las empresas del Lejano Oriente. El chalet iba a estar deshabitado durante los siguientes meses, por lo cual se me permitía vivir allí. Cada dos semanas yo regresaba a Wuppertal para pasar un fin de semana con la familia. Finalmente, en diciembre firmé el contrato de alquiler de una vivienda en Kirrweiler, un pintoresco pueblito vitivinícola de la zona, adonde podría mudarme con la familia a partir de febrero de 2006.

Lo que no sospechaba entonces era que los últimos días de estadía en ese chalet de Landau se iban a convertir en una pesadilla, una desagradable experiencia gracias a la cual aprendería más respecto al nefasto poder de las riquezas sobre el corazón humano. Ésta es la crónica de esos acontecimientos.

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LA SEÑORA STRAUB O DE CUÁN DIFÍCIL ES PARA LOS RICOS ENTRAR EN EL REINO DE LOS CIELOS

Kirrweiler, 23 de diciembre de 2005

Les presento a la señora Straub.

La señora Straub es una propietaria, dueña de una enorme casa blanca en medio de un jardín. Posee dos automóviles Mercedes Benz y dos cocheras para guardarlos durante la noche y evitar que el frío los estropee en el invierno. La señora Straub tiene una enorme casa de dos pisos, donde sólo viven ella y su esposo, un jubilado de la vida que arrastra su vejez con paso cansino entre los muros de esa casa inmaculadamente blanca. Ante cualquier pregunta, este hombre siempre responde de similar manera: «Eso lo tiene que conversar con mi mujer». Sé que los dos viven allí, pues aunque nunca los he visto en estos tres meses a los dos juntos, sí los he visto por separado en varios momentos ‒desde la pequeña vivienda del fondo del jardín que habito‒, cada uno rumiando su soledad ya sea frente un periódico o una copa de vino.

A la señora Straub no le gustan los niños. Cuando en noviembre le informé que mi mujer iba a venir a Landau para visitar la vivienda que pensábamos alquilar en Kirrweiler, no puso ningún reparo en que pasara la noche conmigo, pues el dormitorio cuenta con dos camas. Pero cuando le mencioné que también venían los niños, su anuencia se transformó en una negativa determinante y definitiva. Nada de niños en la vivienda. Mi mujer y los niños tuvieron que pasar la noche en un hotel.

Si bien no le gustan los niños, la señora Straub tiene su casa adornada con cantidades de muñecas de porcelana que asemejan niños muertos. Ojos muertos fijos en las paredes blancas y limpias de una casa que parece un museo, con escaleras de mármol, muebles antiguos, alfombras rancias y dos fantasmas sin vida como habitantes. Una casa en medio de un enorme jardín ‒cosa poco habitual aquí en Alemania‒, donde yo, en el fondo, en una pequeña vivienda sin calefacción ‒sala, cocina, baño, dormitorio‒ paso frío, mitigado apenas por el fuego de la chimenea. Y ese frío me ha aterido horrorosamente al alma en estos últimos días.

La semana pasada me llamó el señor Neumann, gerente general de la empresa donde trabajo, para decirme que el contrato de alquiler con la señora Straub vencía en diciembre y que, por lo tanto, debía conseguirme otra vivienda para pasar el mes de enero ‒nuestro contrato de alquiler en Kirrweiler es efectivo a partir de febrero del próximo año‒. La empresa había alquilado esa vivienda a fin de alojar a un socio chino que venía esporádicamente a lo largo del año. Como no había venido por esta época, la empresa me había ofrecido la vivienda, dado que estaba pagando por ella e iba a permanecer vacía. El señor Neumann me dijo que sólo tenía que asumir los costos de mantenimiento ‒que incluyen usualmente electricidad, agua, calefacción y limpieza‒. Lo primero que hice al serme presentada la señora Straub fue preguntarle cuánto me iba a cobrar al respecto. Me dijo que no me preocupara, que los costos estaban incluidos en el alquiler. Respecto a la limpieza, le dije que yo mismo la iba a realizar ‒a fin de ahorrarme los 15 euros que cobra una señora de limpieza‒, con lo cual ella se manifestó de acuerdo. Incluso me ofreció que podía usar su lavadora, en caso de que necesitara lavar ropa. En ese entonces no sospechaba nada sobre la oscura amenaza que se escondía detrás de tanto aspaviento de amabilidad, y que iba a eclosionar de manera aterradora en los días anteriores a Navidad

El mismo día en que el señor Neumann me comunicó lo que ya he relatado, me encontré con la señora Straub al llegar a la vivienda. Me preguntó cuándo me iba. Le dije lo mismo que me había dicho el señor Neumann, que me iba el 30 de diciembre. «No, señor Scheuch, usted tiene que irse antes. No vamos a pasar la Navidad aquí y no va a haber nadie en la casa.» «Bueno, en ese caso buscaré adónde mudarme antes», le dije a la señora Straub. «Antes de que se vaya, vamos a tener que efectuar la limpieza final de la vivienda y se la vamos a tener que cobrar.» «Yo mismo puedo limpiar, como lo he venido haciendo», le objeté a la señora Straub. «No, señor Scheuch, usted dijo que iba a limpiar, pero no ha estado limpiando bien.» Fue en ese momento cuando tuve la certeza de algo que ya sospechaba desde hace algún tiempo: la señora Straub entraba regularmente en la vivienda cuando yo no estaba ‒hasta el dormitorio inclusive‒ y la revisaba, sin informarme y sin mi consentimiento. Si bien las leyes en Alemania prevén que el arrendador pueda visitar la vivienda para inspeccionarla previa cita con el arrendatario, prohíben que el arrendador entre en la vivienda cuando el arrendatario está ausente y sin su autorización. En los contratos de alquiler también suele estar estipulado que el arrendatario debe limpiar y dejar la vivienda en buen estado antes de mudarse y que el arrendador no puede imponer un servicio determinado. «Voy a tener que encargar una limpieza a fondo ahora y otra después de que se haya ido, y tendrá que pagarlas usted.» La señora Straub terminó el diálogo con una estocada final: «Lo que pasa, señor Scheuch, es que usted no pertenece a nuestro mundo.»

¿Cómo tomar esta afirmación tan hiriente y despectiva? Esa noche apenas pude dormir. Me sentía con la dignidad herida.

Al día siguiente, martes, fui a hablar con el señor Neumann. Me prometió arreglar el asunto. Posteriormente me dijo que había hablado con la señora Straub y que, dado que la empresa había pagado por la vivienda, yo podía permanecer en ella con todo derecho hasta finales de diciembre.

A fin de ahorrarme problemas, me propuse yo mismo hacer la limpieza a fondo de la vivienda y dejar de encender el fuego, para que lo ahorrado en este rubro fuera a cubrir lo que la señora Straub pretendiera cobrarme. De momento, el día lunes no había encendido la leña que cada noche me dejaba el señor Straub preparada cada noche en la chimenea. Ese día martes encontré el fuego encendido y lo apagué con agua. Pasé frío ‒el frío me helaba hasta el alma‒, pero pude dormir bien abrigado. Esa noche limpié la cocina. Al día siguiente, miércoles, limpié el vidrio de la chimenea y el dormitorio.

El día jueves regresé a la casa, luego de haber comprado algo de material para limpiar el baño, y me encontré ante una evidencia aterradora: el baño brillaba de limpio, los cobertores de la cama en el dormitorio habían sido cambiados y algunas cosas en la cocina estaban colocadas en otro lugar. Ante el solo pensamiento de que la señora Straub hubiera estado metida en la vivienda, donde estaban mis enseres personales, sin que yo lo supiera, se me hizo un nudo en el estómago.

Poco después, esa misma noche, la señora Straub fue a buscarme para repetirme lo de la limpieza y de que el problema estaba en que pertenecíamos a dos mundos distintos. Se negó a reconocer como una falta de delicadeza ‒yo lo sentí como un atropello‒ que hubiera estado en la vivienda junto con una señora de limpieza sin mi consentimiento. Tampoco reconoció que había un problema de comunicación, que es lo que yo le dije. Ello no tenía que informarme sobre nada, pues todo se daba por entendido. Asimismo me dijo que yo estaba en la vivienda debido a un favor que ella había concedido, pues la vivienda había sido alquilada para el socio chino y no para mí, y que yo había sobrepasado el tiempo de permanencia que se le había anunciado ‒lo cual contrasta con lo que posteriormente me dijo el gerente: que la vivienda la podía ocupar él mismo, si así lo quería, pues la empresa había pagado un alquiler por ella‒. También me pidió que encendiera la leña, pues, de no hacerlo, el frío podía dañar estructuralmente la vivienda ‒cosa que es cierta‒ y que de todas maneras me iba cobrar la limpieza, por más leña que pretendiera ahorrar. Era evidente que el fuego no era para mí, sino para conservar su bien preciado, su pequeña casita en el fondo del jardín, más importante que cualquier persona que la habitara.

Esa noche no pude dormir. A pesar del fuego, todo el ambiente estaba como invadido por un frío sepulcral, un frío como de niños muertos en medio de una blancura enfermiza. Las dos camas del dormitorio se quedaron sin usar, pues decidí dormir de ahora en adelante sólo en mi saco de dormir. No quería deberle nada a quien subordinaba todo a la primacía de sus propios bienes sobre cualquier persona. No sólo la señora Straub, sino también la vivienda había perdido su carácter acogedor y asemejaba un útero infecundo, un lugar donde los recuerdos de mi infancia, que siempre me acompañan, ya no tenían lugar. Era como dormir en un cementerio.

Mi búsqueda de un alojamiento provisional a un precio razonable fue infructuosa. Así que llamé a Marek Komorowski, mi futuro arrendador de Kirrweiler, y le pedí sí podía alquilarme una habitación. Marek es polaco y, en consecuencia, tiene una mentalidad ajena a la alemana, más cercana a la latina. Me dijo que podía ir a vivir a la casa que había alquilado, sin costo adicional.

El día viernes fue la celebración de Navidad de la empresa. Al día siguiente, sábado, regresé a Wuppertal, a mi hogar querido, donde encuentro el calor que necesito y un reflejo del amor de Dios en las miradas de mi esposa y mis hijos.

El lunes en la noche regresé a Landau. Mientras caminaba con mi bicicleta atravesando el jardín hasta la pequeña vivienda, sentía cómo la señora Straub me observaba desde la única ventana iluminada de su casa blanca, sentada sola ante su copa de vino. Y puesto que la pequeña vivienda no contaba con cortinas que pudiera cerrar para protegerme de miradas ajenas, opté por no encender la luz de la sala, sólo la del dormitorio, que no tenía vista al jardín. El fuego crepitaba en la chimenea, pero aun así el frío era atenazador, como si algo siniestro se agitara en la sombra.

El martes fui a recoger la llave de la vivienda de Kirrweiler. La acogida de la familia Komorowki fué más cálida de lo que yo esperaba. Pasamos una hora conversando, tomando cerveza y comiendo un poco. Incluso Marek se ofreció a recoger mis cosas de la vivienda en Landau. Esa noche le di vueltas a la idea y tomé la decisión de alejarme de todas maneras el miércoles 21 de diciembre de la órbita de la señora Straub. Iba ser un acontecimiento inesperado para ella, pues yo le había dejado dicho con su esposo el viernes de la semana pasada que dejaba la habitación el día 23 y ya no el 30 de diciembre. No quería prolongar una situación que me estaba triturando los nervios y ocasionándome una continua sensación de zozobra.

El miércoles el señor y la señora Komorowski me recogieron de la estación del tren de Landau y nos dirigimos hacia la casa de la señora Straub. Lo que no pude evitar fue el último estallido de violencia verbal de la señora Straub y, curiosamente, también de su esposo. El señor Straub estaba solo en la casa. Cuando después de recoger mis cosas le entregué las llaves, me espetó delante de la señora Komorowski que ésta era mi amante y que ya sospechaba desde hace tiempo de mis malas artes. La señora Straub, quien llegó algunos minutos más tarde, se negó al principio a revisar junto conmigo la vivienda, insistiendo en su “Entreinigung” porque ella no era ningún puerco ‒lo cual significaba evidentemente que yo sí lo era‒. «Señor Scheuch, no tengo que ir a ver nada; la vivienda tiene que ser limpiada.» «Quiero que me explique lo que va a hacer. Yo mismo he limpiado ‒lo cual era cierto‒. ¿Va a limpiar lo que está limpio? No tengo por qué pagar su “Entreinigung” cuando una limpieza normal es suficiente.» «Usted no puede haber limpiado, porque no tiene ni siquiera un cubo para el agua.» Ése era entonces el motivo por el cual yo ya no había encontrado el cubo en la vivienda desde la semana pasada y me había visto obligado a usar una olla para menesteres de limpieza. La señora Straub había procurado ‒por lo menos, ésa era su intención‒, que me fuera imposible efectuar cualquier labor de limpieza. Asimismo, le resultaba imposible de comprender el hecho de que yo hubiera dormido en mi saco de dormir y no hubiera utilizado los cobertores de la cama. «Si lo hubiera sabido, no lo hubiera permitido, pues eso no es normal.» Como tampoco fue normal la situación que fui obligado a vivir. Ante su negativa a revisar la vivienda, expresada a grito destemplado ‒pobre señora Straub, envuelta en su abrigo de pieles‒, accedió a inspeccionarla sólo cuando le dije que le iba a contar al señor Neumann que yo le había pedido inspeccionar la vivienda antes de irme y que ella se había negado. Sólo encontró dos manchas, que podían eliminarse en menos de 10 minutos. Sin embargo, eso justificaba para ella el que se hiciera una limpieza de dos horas y media. Me pregunto si esta Cruela de Vil hubiera estado dispuesta a invertir el mismo tiempo y dinero en una persona pobre o enferma, que realmente necesitara ayuda. Luego se lamentaba ante la señora Komorowski: «Nunca me había pasado algo así. El señor Scheuch viene a esta vivienda, vive más de dos meses gratis en ella sin pagar nada, y luego se comporta de esta manera. Y ahora tengo que soportar todo esto.» Como si la empresa no le hubiera pagado nada. En ese momento tampoco le podía pagar nada de lo que pedía por la limpieza, pues había doblado el precio respecto a lo que me dijo la semana pasada que me iba a exigir.

Esa misma noche dormí por primera vez en Kirrweiler. El frío desapareció como por ensalmo. Esta será nuestra vivienda durante los próximos años.

«Dad al César lo que es del César» (Mt 22, 21). La señora Straub recibirá los 60 euros que solicita por las dos limpiezas ‒precio excesivo aun aquí en Alemania, donde la limpieza de una vivienda como aquella que ocupé cuesta en promedio 15 euros por vez‒. El señor Neumann, a la vez que me aseguraba que la empresa iba a asumir los costos de mudanza de la familia desde Wuppertal a Kirrweiler, me recomendó que este asunto se regía según lo que habíamos acordado la señora Straub y yo, y que él no se metía. Así que he decidido pagar lo no acordado, a fin de no perjudicar a la empresa. La señora Straub se ha negado a extender recibo o factura por estos gastos ‒aun siendo un procedimiento normal aquí y en muchas partes del mundo‒, amenazando con contratar a una empresa de limpieza en vez de una señora y luego pasarme la factura ‒a un precio bastante más elevado‒, si no acepto pagarle en las condiciones que ella señala. «Yo sólo quiero mis 60 euros», fueron las últimas palabras a gritos que escuché de ella al otro lado del teléfono.

Toda esta historia me ha llenado el corazón no sólo de angustia, sino también de tristeza. No puedo sino tener compasión por una mujer que ha puesto su corazón en las riquezas, y que tiene el alma seca y arrugada, cerrada al amor de los seres humanos. No puedo más que agradecer a Dios por no haberme dado riquezas y tener la vida de un peregrino ‒o de un fugitivo‒, al cual no se le deja echar raíces en ninguna parte, para que las eche sólo en la tierra prometida que no es de este mundo. Las riquezas constituyen una trampa en la cual puede caer el corazón y quedar ciego para siempre. Las palabras de Jesús no pueden ser más claras: «No podéis servir a Dios y a las riquezas» (Mt 6,24). Y estas otras: «De cierto os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos» (Mt 19, 23). Durante siglos se ha querido hacer una interpretación más benigna de estos dichos, señalando que la pobreza auténtica es la espiritual y que un rico, si no vive apegado a lo que tiene, también puede ser pobre. Sin embargo, se olvida que él que tiene riquezas suele haberlas conseguido con ambición, y que una vez conseguidas, difícilmente se librará de que esa ambición siga atenazando su corazón y estrujándolo hasta dejarlo seco como una pasa. Como el corazón de un fantasma. «Detras de cada gran riqueza, hay un gran crimen», decía Honoré de Balzac en el siglo XIX. Y no le faltaba razón. Las grandes riquezas actuales han sido acumuladas en su mayoría sobre la base de alguna injusticia o mediante un cúmulo de acciones reñidas con la moral. En ESAN (Escuela de Administración de Negocios para graduados), donde hice mis estudios de administración, se enseñaban medios para maximizar las ganancias, no pocos de los cuales eran absolutamente faltos de ética, pero aceptados como normales por la lógica del mercado. ¿Cómo se puede afirmar entonces que un rico puede ser pobre si no tiene apegado el corazón a sus riquezas? ¿Es que acaso ha llegado a acumular tanta riqueza, movido por el desapego a los bienes? El que vive desapegado de los bienes materiales nunca llega a acumular riquezas. Aquel que sigue auténticamente al Señor Jesús ‒en cualquier camino, en cualquier vocación‒ nunca tendrá más de lo necesario para recorrer la vida, y muchas veces menos que eso. Y eso debe ser motivo de gozo: «Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios» (Lc 6, 20). El único camino de salvación que le queda a quien tiene muchas riquezas es desprenderse efectivamente de ellas y convertirse en un pobre, dejar de lado las seguridades que impiden volar, los lastres que impiden ser libre. No otra fue la dirección señalada por Jesús a un hombre que tenía muchas riquezas: «anda y vende todo lo que tienes, y dáselo a los pobres. Así tendrás un tesoro en el cielo. Después de eso, ven y sígueme» (Mc 10, 21).

Adios, señora Straub. Adiós, frío espectral. Adíos, casa de enfermiza blancura. La señora Straub seguirá recorriendo sus espacios habitados por niños muertos y fantasmas antiguos, hasta que los años se lleven hasta el recuerdo de las cosas pasajeras que tanto ha atesorado. Quiera Dios apiadarse de su alma.

21 pensamientos en “LA SEÑORA STRAUB O DE CUÁN DIFÍCIL ES PARA LOS RICOS ENTRAR EN EL REINO DE LOS CIELOS

  1. La experiencia con la señora Straub fue indignante y amarga, pero no por eso se debe generalizar o tomar la afirmación del Balzac como ley universal. Sin duda hay muchos ricos con el alma de piedra como la señora Straub, pero también hay personas que empezaron desde abajo e hicieron fortuna en base a trabajo y esfuerzo no mediante coimas, artimañas, leguleyadas y delitos.

    En el Perú un ejemplo elocuente es Gastón Acurio. Empezó pidiendo un préstamo para abrir su restuarante donde él mismo cocinaba, lavaba platos, cubiertos, servilletas y manteles, poco a poco se fue abriendo paso. Hoy es millonario pero no solo se dedica a expandir su restaurantes por el mundo, fundó una escuela de cocina en Ventanilla donde jóvenes talentosos de escasos recursos reciben una formación de primera, fue el principal gestor de APEGA (Asociación Peruana de Gastronomía) y la feria Mistura que ofrecen a muchos cocineros y restaurantes la oportunidad de darse a conocer en el Perú y el extranjero. También hay deportistas que acumulan riquezas en base a su talento. Roger Federer por ejemplo, aparte de dedicarse al tenis y su familia tiene una fundación que ayuda a los niños en Africa.

    Y si hablamos de naciones, Alemania es un país rico. Si seguimos a Balzac ¿Debemos concluir que toda su riqueza la obtuvieron mediante el pillaje, el saqueo, la explotación, las guerras de conquista? El hecho que los alemanes tienen un ingreso per cápita superior al de muchos países no significa que todos sean ‘ricos’, y -según la cita bíblica – ninguno entrará en el reino.

    Lo que debe evitarse es el apego excesivo a las riquezas que distorsiona la percepción y hace que se valoren por encima de uno mismo y del prójimo.

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      • Estimado Héctor:

        Éste no es un blog sobre el Sodalicio, aunque éste sea uno de los temas que se abordan en él. No esperes encontrar aquí revelaciones sensacionalistas. Pues mi intención es compartir aquí experiencias y reflexiones personales, muchas de las cuales van a contracorriente del mainstream ideológico actual.

        Si no sabes lo que es la misericordia, no vale la pena que sigas leyendo mi blog. Pues las personas que han pertenecido y aún siguen perteneciendo al Sodalicio no merecen otra cosa. Sólo quiero ayudar, partiendo de lo que yo he vivido, a que se comprenda cómo ha funcionado el Sodalicio y se vea qué cosas deberían cambiar. El tema está servido.

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    • Estimado NCPM:

      La señora Straub no es la única persona rica que he conocido en mi vida. Y hasta ahora no he encontrado ninguna que no estuviera dispuesta a sacrificar a otros con el fin de mantener o elevar sus ganancias. Pues en la lógica del sistema capitalista, la ganancia debe permanecer intocable. Y basta con que disminuya ‒aún manteniéndose cuantiosa‒ para que comiencen los despidos y los recortes.

      En cambio, sí he conocido a personas sin una fortuna considerable o incluso pobres, que estaban dispuestas a sufrir pérdidas por beneficiar a otros menos favorecidos.

      No en vano decía San Jerónimo: «Todo ladrón es ladrón o hijo de ladrón». Y eso vale aunque todo esté conforme a las leyes o el susodicho goce de prestigio ante la sociedad. Pues una simple ecuación matemática nos muestra que sólo se puede acumular enormes riquezas cuando hay una diferencia enorme entre lo que se invierte y lo que se recibe de retorno. Es decir, cuando el margen de ganancia es pornográficamente exagerado.

      Mi reflexión sobre la señora Straub no es la base de mi argumentación, sino las palabras de Jesús en el Evangelio. Lo que viví es sólo una ilustración de aquello que ya había sabía. Es cierto que lo que Jesús condena es el apego a las riquezas. «No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho destruyen, y donde ladrones entran y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho destruyen, y donde ladrones no entran ni hurtan, porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Mt 6, 19-21). Por eso mismo advierte de los peligros de la riqueza. Pues es muy difícil ser rico y no estar apegado a las riquezas que uno posee. La pérdida repentina de todo lo que poseen ha hundido a muchos ricos en la depresión y a algunos los ha llevado al suicidio. Pues les resulta dificilísimo entender que la vida vale más que las riquezas.

      Por otra parte, la afirmación de que uno puede llegar a ser rico en base a puro talento y esfuerzo es un mito. Un mito que sirve para alimentar las entrañas del sistema y engañar a sus víctimas. Los deportistas que ganan millonadas no ganan estas cantidades por su talento sin más, sino porque hay toda una estructura dentro de la sociedad del espectáculo que permite que otros aprovechen su talento para ganar incluso más aún. Lo mismo se puede decir de ciertos actores de cine. Probablemente existan personas con más talento culinario que Gastón Acurio, y que incluso trabajen más, sobre todo en provincias, pero que nunca llegarán a ser ricos. Por ser quien más dinero gana, no se infiere necesariamente que sea el mejor. Por otra parte, muchos médicos que trabajan en hospitales del Estado son quizás más necesarios y talentosos que un chef de cocina peruana, y su trabajo es más sacrificado. ¿Se van a volver ricos por eso?

      Los ejemplos de ricos que instituyen fundaciones para ayudar a otros son excepciones. Y como excepciones, no anulan la regla. Es una manera adecuada de devolverles a los pobres el dinero obtenido. Y digo “devolverles”, porque las riquezas que una persona tiene en exceso les pertenecen a los pobres, tal como lo expresa el Catecismo de la Iglesia Católica:

      2446 San Juan Crisóstomo lo recuerda vigorosamente: “No hacer participar a los pobres de los propios bienes es robarles y quitarles la vida; […] lo que poseemos no son bienes nuestros, sino los suyos” (In Lazarum, concio 2, 6). Es preciso “satisfacer ante todo las exigencias de la justicia, de modo que no se ofrezca como ayuda de caridad lo que ya se debe a título de justicia” (AA 8):

      «Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les hacemos liberalidades personales, sino que les devolvemos lo que es suyo. Más que realizar un acto de caridad, lo que hacemos es cumplir un deber de justicia» (San Gregorio Magno, Regula pastoralis, 3, 21, 45).

      Por último, las frases sobre países ricos las tomaría con mucho cuidado. Que Alemania sea un país rico puede significar muchas cosas. Es cierto que hay recursos económicos y que los ingresos son en promedio más altos que en otros países. Pero la mayoría de los alemanes no tienen riquezas acumuladas, sino que tienen lo necesario para vivir decentemente. Lo mínimo necesario para vivir está garantizado por el Estado. Y, sin embargo, la brecha entre ricos y pobres se ha ido haciendo cada vez más grande, aunque sin llegar a los extremos que vemos en los países de Latinoamérica, que es la región con más desigualdad en el mundo. Con lo cual no quiero decir que las riquezas que se acumulan en Alemania no tengan también un componente delincuencial, aunque no se infrinjan las leyes. Muchos productos son relativamente baratos en Alemania porque son fabricados en países subdesarrollados por personas que trabajan en condiciones infames y reciben una paga miserable. Varios productos agrícolas son importados directamente de África, donde quienes los cultivan viven en condiciones de pobreza e incluso pasan hambre. Y África tambien es el botadero de basura electrónica de Alemania, pues muchas empresas exportan a países africanos todos los componentes electrónicos que ya no sirven o están averiados, los cuales contienen incluso sustancias tóxicas. Se obtienen así ganancias, pues reciclar esos componentes de acuerdo a lo que estipulan las leyes alemanas les resulta muy costoso. Más barato es poner en riesgo la salud de miles de africanos.

      Como verás, no comparto las interpretaciones descafeinadas de las palabras de Jesús sobre la riqueza, que sirven para tranquilizar la conciencia de los ricos. Hay en la riqueza, entendida como acumulación excesiva de bienes, un componente perverso que no debemos pasar por alto.

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      • Martín:
        El ejemplo de Gastón Acurio no lo cité como caso de éxito sino como ejemplo de una persona que no fue mezquina con su éxito.
        Quizá por estar fuera del Péru no has podido seguir su historia de cerca, Gastón buscó a sus amigos chef y cocineros para dar a conocer la gastronomía peruana al mundo no solo a través de sus restaurantes, por eso promovió la creación de APEGA y Mistura, también buscó incluir a quienes producen los insumos, es decir mejorar las condiciones de vida de los campesinos; y como mencioné, fundó una escuela de cocina para formar a jóvenes de escasos recursos pero con talento y vocación para la gastronomía.

        Dices que no compartes las “intepretaciones descafeinadas” de las palabras de Jesús, me gustaría que opinaras sobre sus representantes en la tierra;
        desde que Constantino hizo del cristianismo la religión oficial del imperio, la Iglesia no se ha caracterizado precisamente por su pobreza y desapego, al menos no el alto clero; papas , obispos y cardenales vivieron en la opulencia y en la Iglesia medieval abundan los casos de nepotismo, e intrigas relacionadas con las riquezas.
        En este siglo, la reciente renuncia de Benedicto XVI tiene que ver mucho con lo que pasa en la IOR, quizá por eso el actual Papa Francisco pone tanto énfasis en la pobreza con sus declaraciones y su ejemplo de vida (apenas elegido no quiso viajar en limosina sino en el omnibus de cardenales, no quiere vivir en su departamento papal sino en el mismo hotel donde se alojó para el cónclave, donde un día bajó a darle desayuno a su guardia suizo).

        Concuerdo en que el sistema capitalista – neoliberal privilegia más las ganacias que a las personas, y que la brecha entre ricos y pobres ha aumentado,
        pero discrepo en que hacer fortuna en base al trabajo y esfuerzo sea un mito. Conozco casos cercanos de personas que comenzaron de cero, como vendedores ambulantes en la calle, y lograron convertirse en prósperos comerciantes sin recurrir a coimas o leguleyadas, una vez alcanzada la holgura económica ayudaron a otros a salir adelante.
        Es cierto estas personas son la minoría, pero mi crítica fue a la afirmación de Balzac «Detras de CADA gran riqueza, hay un gran crimen»,
        no es una regla universal.

        saludos.

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      • Estimado NCPM:

        ¿Por qué hablas de los representantes de Jesús en la tierra? Todo cristiano debería representar a Jesús. Y si te refieres a la jerarquía eclesiástica, sus miembros tienen una misión y deben cumplir una función de servicio. Si a lo largo del tiempo algunos han buscado acumular bienes en exceso, entonces probablemente han caído en la tentación de las riquezas y sucumbido a la atracción que ellas ejercen. Pues cuando mejor ha resplandecido la Iglesia en la historia fue cuando ha sido pobre. Pero dejemos de lado a la jerarquía. Yo no creo como católico que haya que defenderla, pues los hombres de Iglesia no so lo mismo que la Iglesia. Y si donde está Cristo, está la Iglesia, no hay nada que defender, pues el testimonio de Jesús a través de los hombres tiene la suficiente fuerza e irradiación como para ejercer su atractivo. Lo demás lo juzgará Dios. También los Papas, Cardenales y obispos serán juzgados por sus obras, y si han acumulado riquezas, la tendrán difícil para entrar en el Reino de los cielos.

        Por otra parte, insisto en que es un mito aquello de volverse rico gracias al trabajo y al propio esfuerzo. Pues si fuera así, todo aquel que trabaja y se esfuerza conseguiría hacer una fortuna. Y la realidad contradice esto. Siempre hay un componente adicional, llámese suerte, oportunidad, buenas relaciones, que contribuyen al éxito económico. El problema esta en que muchos siguen creyendo en este mito, en base a unos cuantos ejemplos que no son la regla sino excepciones, y se termina concluyendo que quien no hace fortuna o cae en la pobreza es una persona perezosa, dejada, indolente, no trabajadora. Lo cual no hace sino echar las bases para discriminar a los que menos tienen. Además, quien se vanagloria de haber logrado todo gracias a su propio esfuerzo, pierde la perspectiva y no se da cuenta de que su fortuna se la debe en gran parte a circunstancias que no están bajo su control y que los creyentes atribuimos a Dios. Pues tener fortuna honradamente es un don de Dios y, por lo tanto, supone una responsabilidad. Y lo que se ha recibido de Dios y uno no lo necesita, le pertenece a los pobres por derecho. Esto es pura doctrina cristiana basada en los Evangelios.

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  2. Estimado Martín:
    Gracias por la aclaración, pero hasta ahora nos has ayudado a golpear a esa institución fascista y deplorable que es el SCV y también la mal llamada Iglesia Católica, debes seguir adelante. Entiendo que la misericordia es un valor cristiano, y mas si se quiere aplicar con familiares, pero también la verdad contra estas instituciones que hacen de la sociedad más retrógrada es necesaria para destruirlas, tus posts nos han ayudado a sacar más personas de la influencia de esas dos instituciones, en estos meses, que en el último año. Comparto y otros más también tu pensamiento contra el pensamiento establecido, por eso debes seguir escribiendo en contra del SCV.

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  3. Estimado Héctor:

    Te aseguro que el Sodalicio ha sido golpeado más que nada por sus propias contradicciones internas. No es necesario ensañarse con él. Esperemos que las personas de buena voluntad que hay en él sepan reaccionar a fin de enmendar rumbos. Conozco a muchos sodálites, y lo menos que puedo decir de ellos es que sean personas deplorables.

    Por otra parte, a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Así como tú no eres el mal llamado Héctor Fernández, así tampoco se puede hablar de la mal llamada Iglesia católica, a la cual pertenezco por vocación, bautismo y convicción propia. Te aseguro que las tendencias conservadoras y reaccionarias poco tienen que ver con el auténtico Espíritu de la Iglesia, y sería erróneo hacer una interpretación global de ella a partir de grupos particulares o de determinados obispos y clérigos, cuyos dichos y hechos son de lamentar.

    Escribiré lo que crea necesario sobre mi experiencia en el Sodalicio, sin imposiciones de nadie y en el momento en que lo crea conveniente. Tan dañino como un sistema autoritario y verticalista que limita la libertad y las capacidades humanas es el pensamiento único del capitalismo liberal, que encuentra su expresión criolla en la derecha bruta y achorada. Igual de dañina e infructuosa es una vida orientada a la acumulación de riquezas. Como ves, hay muchos temas sobre los cuales escribir, y no quisiera ser monotemático. ¿Lo eres tú?

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  4. Martín, si tú no hubieses escrito en este blog todas esas atrocidades, estas no se hubiesen conocido y no nos serían de utilidad. Por eso te doy las gracias. Tu decisión de pertenecer a la Iglesia, no la comprendo pero la respeto. Seguiremos esperando los posts del Sodalicio, es lo que nos interesa a un grupo de tus lectores. Nuestro interés en lo que escribes también puede ser monotemático y creo que es el interés de Diario 16 y La República, no te han citado o entrevistado por el resto de tus opiniones o vivencias. Mi interés monotemático y el de muchos, también es muestra de libertad. Un pedido: no demores mucho.

    Solo para dejar constancia no estoy en contra tuya, pero tengo que decirte lo que me interesa, sigue adelante. Gracias.

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  5. Estimado Martín:

    Si en la argumentación se citan los evangelios, el catecismo, autores escolásticos, considero legítimo preguntar por la institución depositaria de esa tradición. Todo católico debe dar testimonio pero especialmente los clérigos pues dedican sus vidas a predicar y difundir esas enseñanzas, y la jerarquía dirige la Iglesia, establece los lineamientos de la pastoral y el culto.
    Desde Constantino al menos la jerarquía no se ha caracterizado por su pobreza y desapego. En la Edad Media abundan los casos de tíos, primos, sobrinos, nombrados obispos, cardenales, papas, urdiendo intrigas de todo calibre ¿Motivados por qué? tierras, propiedades, privilegios, en suma, riquezas. La venta de indulgencias no fue una ficción y le costó la Reforma .
    Siglos después durante la unificación italiana que significó el fin de los Estados Pontificios ¿La Iglesia los cedió gustosa como muestra de desapego?
    la historia dice lo contrario.
    En época contemporánea el caso del Banco Ambrosiano y la reciente renuncia de Benedicto XVI que mucho tiene que ver con los manejos en el IOR
    (tú mencionaste muy tangencialmente el asunto en tu post titulado “Por mencionar a Hans Kung).
    Por eso el actual Papa Francisco pone tanto énfasis en la pobreza cuando denunciado la hipocresía de las “iglesias ricas”.
    Se que una cosa es la Iglesia y otra sus miembros, pero sinceramente el recurso “Ya Dios los juzgará” no me agrada mucho, con frecuencia es usado como salida fácil para soslayar el tema, dejar de pensar y zanjar la discusión.

    Sobre el “mito del esfuerzo propio” evidentemente nadie puede crear “ex nihilo” , una persona que hizo fortuna necesitó un préstamo en el momento preciso, un contacto que le permitió acceder a un puesto, un cruce afortunado con un conocido que le consiguió clientes para su empresa.
    Pero repito, Alemania es hoy un país rico que ayuda a otras naciones, pero en 1945 estaba en ruinas, obviamente recibió ayuda de EEUU y otros países pero ¿Quienes fueron los principales artífices de su resurgimiento? ¿No fueron los mismos alemanes con su trabajo y esfuerzo propios?

    Espero no tomes a mal lo que voy a escribir, pero creo que a pesar del tiempo transcurrido todavía queda un rezago del condicionamiento sodálite
    ” O es blanco o es negro, o todo o nada”. A propósito de ello y dada tu experiencia de vida quisiera preguntarte:
    Tu fuiste sodálite en los 80s, en esa época el SCV no era lo que hoy, sin embargo tenía gastos (cuentas de luz , agua de las casas, alimentación,
    útiles y enseres diversos, etc). ¿Cómo eran cubiertos, colectas en las misas, sueldos de los sacerdotes y sodálites docentes, venta de libros del fundador y otros miembros?
    En esa década los curas sodálites podían contarse con los dedos de la mano, los futuros profesores estaban estudiando, los libros de LFF y otros no tenían gran tiraje, y aún no tenían los colegios e institutos bajo su administración, la respuesta es entonces DONACIONES.
    Si recuerdo bien, la comunidad El Pilar se mudó varios años a una casa en urb. Aurora MIraflores cedida por una persona de buena voluntad (si alguien
    pudo prestar una casa de ese tamaño en esa zona de Lima tenía una buena posición económica).
    ¿Cuál era la actitud entonces, por un lado aceptar agradecido la donación llamando ‘bienechor’ al dador, y por otro denostar a los ricos en las prédicas y homilías citando los evangelios?

    Lo que buscado criticar es la creencia que obtener prosperidad y riqueza en base al esfuerzo y trabajo honesto es necesariamente malo y perverso en todos los casos, lo que debe combatirse es el apego excesivo que prioriza la riqueza por sobre todas las cosas.

    saludos.

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    • Estimado NCPM:

      Tu respuesta toca demasiados temas como para poder responder adecuadamente.

      Como ya te he comentado, no me interesa justificar ni defender a la jerarquía eclesiástica. Si hubo entre sus miembros quienes se dedicaron a acumular bienes en exceso, entonces probablemente estarán ardiendo en el infierno. Dante Alighieri, en su Divina Comedia, no tuvo reparo en poner a Papas y Cardenales en algunos de los círculos infernales. Pero juzgar le corresponde a Dios, pues nosotros no podemos conocer las profundidades del corazón humano.

      Por otra parte, insistes en lo de Alemania como país rico, sin mayores precisiones, lo cual puede llevar a malentendidos. Y me parece que tú lo entiendes como que los alemanes son ricos. Me suena a estereotipo. En realidad, habría que hablar de un país donde los recursos están mejor distribuidos. Después de la Segunda Guerra Mundial, los fundadores de la República Federal de Alemania, basándose en principios del socialcristianismo, quisieron garantizar que a nadie le faltara nunca alimento, vivienda, educación y atención sanitaria. A estos efectos, crearon un sistema social sólido y estable, basado en el principio de redistribución. En Alemania el Estado garantiza que hasta los menos favorecidos tengan un mínimo necesario en alimentos, vivienda y vestido. La educación es gratuita. Y la atención médica corre a cuenta de seguros, donde cada uno paga de acuerdo a sus posibilidades. Y si bien es cierto que los alemanes pusieron esfuerzo y trabajo para sacar adelante el país, también es cierto que la mayoría no se hizo rico por ello. Como tampoco ahora. La mayoría de los alemanes viven con lo necesario para tener una vida decente. Y quienes más ganan están obligados a pagar en impuestos incluso más del 50% de sus ganancias.

      Terminada esta digresión, vayamos al punto. Es cierto que el apego a las riquezas es condenado por Jesús. No se puede servir a Dios y al dinero. Pero ese apego no se da en el vacío. Si lees bien los Evangelios, verás que Jesús también condena la acumulación excesiva de bienes. Si tienes dos mantos, regala uno. Pues en esa época nadie necesitaba dos mantos. En una parábola, Jesús desaprueba al rico que sigue construyendo graneros para seguir acumulando grano, pensando que toda su vida será comer, beber y bailar, olvidándose de que algún día morirá y tendrá que rendir cuentas de lo que ha hecho. ¿Acaso has conocido a alguien que tenga bienes en exceso que no esté buscando la manera de seguir acumulando bienes? ¿No has visto que los ricos suelen considerar lo mucho que tienen como algo propio, que nadie les puede quitar? La figura de aquel que vive en medio de riquezas y está desapegado de ellas es una invención de quienes quieren acomodar el Evangelio a sus ideales burgueses. Sería como aquel que quiere renunciar a los placeres de la carne, y pretende tener sexo sin sentir placer. En la moral cristiana es lícito tener los bienes que uno necesita. Lo que vaya más allá de eso, debería destinarse a quienes no tienen. Acumular por acumular, derrochar y gastar en lujos superfluos, son cosas que corrompen el corazón humano. Y quien ha acumulado en exceso y es rico, la tendrá difícil para entrar en el Reino de los cielos.

      Y esto no tiene nada que ver con algún condicionamiento sodálite. En el Sodalicio entienden la pobreza en sentido espiritual, como desapego a los bienes, y consideran, por lo tanto, que un rico desapegado a sus bienes es pobre, y que un pobre apegado a lo que poco que tiene es rico. Es decir, la cuadratura del círculo. Todo lo contrario de lo que yo después he llegado a ver con claridad, y que corresponde mejor a la sencillez de los Evangelios.

      Por último, en las casas sodálites se ha vivido siempre con austeridad, con sólo lo necesario. Cuando vivía en comunidades, nunca tuve lujos. Y al principio se vivía de donaciones. Ciertamente. Pero ése es otro tema sobre el cual habrá que hablar en otra ocasión.

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      • Martín: Muy interesante todo lo que comentas, algunas preguntas:
        1. El Señor siempre le exigió a los ricos entregar lo que tenían a los pobres? Me parece que no.
        2. El hecho de trabajar y alcanzar riquezas, es algo que la Iglesia condena? Te pongo un ejemplo: Gano dinero trabajando, tengo la oportunidad de ahorrar para la educación de mis hijos y ahorro lo suficiente para enviarlos a estudiar a Alemania la universidad y su postgrado. Estaría contra de lo que la Iglesia nos pide vivir por no dar ese dinero a los pobres y si emplearlo en mi familia?
        3. Es decir un pobre apegado a sus bienes se encuentra en lo correcto? O por ser pobre no debería compartir los mismos con alguien que tiene menos que él?
        4. Si con motivo de una promoción en mi trabajo, gano el 50% del monto de dinero y con ese dinero adicional, puedo ahorrar para cualquier imprevisto, estaríe en contra de lo que la Iglesia me pide?
        Gracias por tu respuesta.

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      • Estimado Jorge:

        Hay una parábola, la del rico epulón, donde Jesús habla de un rico que vivía en la opulencia mientras a las puertas de su casa mendigaba el pobre Lázaro, sin recibir nada. En la historia, el rico termina quemándose en el infierno mientras el pobre es recibido en el cielo, en el seno de Abrahán. La enseñanza no puede ser más clara. Quienes tienen riquezas y no se preocupan de los pobres, no entrarán en el Reino de los cielos. Me parece que un mensaje así va dirigido a todos los ricos. ¿No te parece?

        Por otra parte, me estás pidiendo consejos personales sobre algo que debería regirse por la propia conciencia y los principios del bien común y del destino universal de los bienes, teniendo en cuenta las circunstancias concretas de cada caso. ¿Trabajar para obtener los bienes que uno necesita está mal? Evidentemente que no. Pero también sucede que la acumulación de bienes no suele estar en proporción directa con el trabajo efectuado. No me vas a venir con el cuento de que quien gana cientos o miles de euros por hora, es porque su trabajo lo vale. Incluso hay gente que gana enormes sumas de dinero y no mueve casi un dedo, como los dueños de grandes cadenas comerciales, que dejan incluso que el trabajo administrativo lo hagan otros. Yo no creo en ese mito de que las grandes fortunas se hacen a costa de puro esfuerzo y trabajo. Con trabajo y esfuerzo se gana para vivir, e incluso algo más para ahorrar, pero para acumular en exceso, entran a tallar otros factores que poco tienen que ver con el esfuerzo realizado.

        Lo de insistir en la figura del pobre apegado a sus bienes me parece que tiene algo de perverso. Los pobres no tienen nada o poseen muy pocas cosas. En todo caso, hay poco a lo que se puedan apegar, y su principal problema no será el apego, como lo es generalmente en los ricos. El pobre puede tener apego a lo poco que tiene, pero eso poco es algo que él necesita. El rico suele estar apegado a cosas que no necesita, que son superfluas, y que, por lo mismo, está en obligacion de compartir y repartir para paliar la injusticia que existe en el mundo. Si no lo hace, eso significará su condenación.

        Quisiera terminar con una cita del Catecismo de la Iglesia Católica, que viene a cuento:

        2445 El amor a los pobres es incompatible con el amor desordenado de las riquezas o su uso egoísta:

        «Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros. Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados; vuestro oro y vuestra plata están tomados de herrumbre y su herrumbre será testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado riquezas en estos días que son los últimos. Mirad: el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido sobre la tierra regaladamente y os habéis entregado a los placeres; habéis hartado vuestros corazones en el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste» (St 5, 1-6).

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  6. Estimado Martín:
    En primer lugar gracias por admitir mis obervaciones sobre la jerarquía y riquezas, eso revela una amplitud de criterio y disposición al diálogo a años luz de la actitud de algunos miembros del SCV o MVC que me habrían mandado callar o acribillado con argumentos ad hominem por salirme de sus parámetros de pensamiento tocando temas “blasfemos”.

    Que alemania es un país rico es innegable, hoy son ellos los que prácticamente mantienen a flote la zona Euro. Ahora, el hecho que sus habiantes tengan un ingreso per cápita superior al de muchos países (un alemán promedio es “rico” al lado de su par de Bangladesh o Haití) no siginifica que sean los ricos del pasaje Mateo 19, así lo expresé en mi primer comentario.
    También cité a Alemania como ejemplo de prosperidad y riqueza labrada en base al esfuerzo propio y trabajo honesto, como contraejemplo a la afirmación de Balzac.

    Concuerdo en que acumular por acumular es nocivo e inmoral, que la mayoría de los ricos buscan acrecentar su fortuna y temen perderla, pero también hay quienes llegado un punto en sus vidas dejaron de acumular y empezaron a devolver mediante fundaciones y filantropía, son pocos pero los hay.
    Quizá cabría señalar que respecto del rico también existe un estereotipo. Al escuchar “rico” uno imagina el propietario de una casota con piscina, varios autos del año, ropa de marca, joyas, casa de playa , de campo; pero esos son los menos , lo más probable es que esa persona esté ahorcada con deudas para mantener ese estilo de vida. Así lo reveló un estudio publicado en el libro “The Millonaire Next Door” de Thomas Stanley y William Danko.
    Reitero que el apego excesivo que prioriza las riquezas por sobre todo es malo (peor si eres clérigo y miembro de la jerarquía),
    pero no necesariamente la prosperidad obtenida en base al esfuerzo y trabajo honesto.

    Personalmente encuentro duras y severas las palabras de Jesús sobre los ricos en Mateo 19 si eso me convierte en hereje pues me atengo a las consecuencias, preferible una convicción fruto de una duda y reflexión honestas a una creenca forzada.
    (además me gustaría saber si en el texto original (¿en arameo?) y en aquella época los términos “camello” y “aguja” tenían un significado determinado (como ‘perros’ para designar a los samaritanos) )

    Para finalizar un relato del oriente a tono con este tema,
    Un sabio viajaba a pie por el descampado camino a su aldea y se encontró con un bandido, este al ver su condición humilde y pocas pertenencias decidió que no valía la pena asaltarlo. Como ya anochecía decidieron acampar juntos.
    Al encender la fogata para cenar el sabio sacó una piedra de su alforja, el bandido empezó a salivar y se le abrieron los ojos,
    era un enorme diamante con el cual aseguraría su futuro y el de sus hijos.
    -“¡Dámelo!” , le dijo al sabio
    -“¿Esta piedra?, la encontré esta mañana en el camino”, respondió el sabio, e ipso facto se la entregó.
    Al día siguiente cada uno siguió su rumbo, pero al anochecer el bandido le dió el alcance al sabio y le dijo:
    -“Toma el diamante, dame aquello que te permitió entregármelo apenas te lo pedí.”

    Saludos

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  7. Excelente entrada, y excelentes respuestas. Sin embargo, una aclaración que va a expensas de mi abuelo: la palabra original era (en una traducción griega) “kamelos” que no es “camello”, sino que refiere a la soga que se usa para atoar embarcaciones. La parábola no pierde sentido, pero se hace más lógica al tratar de hacer pasar una soga que un camello por el ojo de la aguja.
    Saludos y felicidades. Dios y la Virgen te bendigan y te guarden.

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  8. Buenas tardes,
    He leído con atención su texto. Solo que una pequeña contradicción respecto a la calificación directa y silenciosa.
    En otro post, usted dice que cuando sube al bus había o sintió un olor a rebaño, solo que en ese momento ninguno se enteró de sus pensamientos, porque se quedó en silencio. En cambio, ésta señora Straub que le dice directamente lo que piensa de usted es “fría, etc.”

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    • Estimado Abel:

      Lo de “olor a rebaño” no busca calificar a nadie, sino solamente describir el hecho de la mala o nula ventilación que tenía el autobús interprovincial. En todo caso, puede considerarse como una crítica velada a ese servicio de transporte, al cual le interesaba muy poco la comodidad y salud de sus pasajeros, en su mayoría gente sacrificada del pueblo.

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