APUNTE PESIMISTA SOBRE LA JUVENTUD

havoc

Fotograma de la película “Havoc” (Barbara Kopple, 2005)

Nunca he creído en el mito de la juventud rebelde. Quienes son rebeldes auténticos, no lo son por el hecho de ser jóvenes, sino por un acto de lealtad a su propio pulmón existencial, que no se conforma con una realidad mal construida. Y esa actitud puede aflorar en todas las edades. Los rebeldes de pacotilla, en cambio, revelan bajo un barniz superficial su verdadero rostro de conformistas aquiescentes. Esta imagen de rebeldía es alimentada muchas veces por el sistema, como una manera de lucrar a partir de los aires rebeldes de una juventud dispuesta a consumir los productos y servicios que satisfagan esas necesidades.

Estando ya en Alemania, conocí a los jóvenes de una parroquia católica en Wuppertal, lo cual me motivó a escribir las siguientes reflexiones, a las cuales les puse el título de La juventud. Este escrito forma parte de mis “Crónicas desde Wuppertal” (2002-2004).

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Wuppertal, 21 de diciembre de 2002

Queridísimos amigos:

He conocido a algunos jóvenes de la parroquia aquí en Wuppertal. A primera vista, he visto que tienen características muy semejantes a las que encontramos entre los jóvenes en Lima y en otras partes del mundo.

Carecen de originalidad y suelen imitar las modas que la industria del espectáculo ha preparado especialmente para ellos, con el fin de que parezcan originales y juvenilmente rebeldes. Aquí también escuchan a Shakira, ese fenómeno comercial calculadamente elaborado para satisfacer las supuestas ansias de rebeldía de los jóvenes, que en el fondo no hacen otra cosa que someterse de manera conformista a una sociedad de consumo que les fomenta la rebeldía, pero siempre que se adecuen a los modelos que ellos mismos, con tanto esmero y sentido del marketing, han reparado. También son superficiales e incapaces de formular ideas propias. Consumistas, preocupados más en cómo van a vestir para tener un look juvenil realmente auténtico, en qué lugar de diversión van a dejar el dinero que manejan, y qué delicia van a comer. El futuro no es para ellos un problema, ni la sociedad en que viven, pues su falta de horizontes no les permite tener visión sino sólo para el momento presente, y tal vez para lo que suceda dentro de unos cuantos días. Critican lo que no les gusta, pero carecen de criterios para discernir lo bueno de lo malo.

Y para colmo de males, la idiosincrasia actual instila en nuestros intersticios neuronales la lógica de que ser joven es una de las cosas más deseables del mundo, y de ahí la vana epopeya de tantos cuarentones y otros de más recorrido etario que los lleva a estar en constante búsqueda de la fuente de la eterna juventud. Muy bien decía Gustave Thibon que quien busca vivir sin envejecer, termina envejeciendo sin haber vivido.

No conozco a nadie que haya dado sus mejores frutos siendo joven. Y también es cierto que quienes cuestionaron el sistema y el status quo de adultos, iniciaron ese recorrido de jóvenes, no en virtud de los supuestos valores de la juventud, sino gracias al descubrimiento de la propia autenticidad personal y la búsqueda de un sentido trascendente a la existencia. El ser joven no constituyó ningún aporte significativo para andar ese recorrido, esa vocación personal. La juventud, ¿esperanza de qué? Esperanza de todo, precisamente porque todavía no es nada. Pero la juventud no es cumplimiento todavía, y, por eso mismo, resulta absurdo considerar esta etapa como un paraíso al cual siempre se quiere regresar.

Hermanos, amigos y conocidos, carguemos nuestros años con dignidad sobre nuestras espaldas y llévemoslos con orgullo hacia adelante, con la misma frescura que el caminante encuentra en cada fuente de su recorrido. Los años transcurridos no se deben ocultar. Envejecer dentro del camino, cada vez más cerca de la Luz imperecedera, debe ser motivo de alegría y gozo. Porque lo contrario a la frescura de lo nuevo no es la vejez, sino la decadencia y el aburrimiento. Y de estas dos enfermedades están plagados demasiados jóvenes en nuestro mundo.

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