DESARRAIGO Y ESPERANZA

arbol_seco

Mi crónica Perú, ¿campo de prisioneros? del 17 de marzo de 2003 ‒de la cual he transcrito los párrafos más relevantes en mi post anterior‒ también generó el 19 de marzo del mismo año un interesante intercambio con un querido y simpático personaje, al cual he llamado Sinesio Emevecista en un post anterior de este blog (ver DIÁLOGO PLATÓNICO CON UN EMEVECISTA).

Se trata de un diálogo breve, pero que muestra algunas de las convicciones que he ido adquiriendo a lo largo de mi existencia y que me han permitido mantener una fe palpitante y saborear algo de esa libertad que nos ha prometido Jesús, el Hijo de Dios vivo, incluso habiendo experimentado las frustraciones y desilusiones que forman parte inexorable de la vida.

Dejemos, pues, iniciar el diálogo al entrañable Sinesio.

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SINESIO EMEVECISTA:

Espero que crezca en tu lengua más esperanza y alegría, pues eso es lo que necesitamos, y creo que tú también.

MARTIN SCHEUCH:

La esperanza se basa en la realidad, y sólo la verdad nos hace libres. No creas que me falta esperanza y alegría. Pero creo también conveniente cuestionar algunas de las concepciones que consideramos como inamovibles, mientras que la realidad se ha ido moviendo y ha ido socavando los cimientos de edificaciones que creíamos sólidas. El desarraigo parece ser condición esencial para vivir la esperanza, como fue el caso de Abrahán, de San Pablo, y hasta del mismo Jesús. Y lo que parece ser desesperanzador, es condición esencial para abrirse a la esperanza y, por ende, a la alegría.

SINESIO EMEVECISTA:

De acuerdo contigo, mi querido peregrino.

Sin embargo, la corrección va en el sentido más concreto y que las muestras de esa esperanza y alegría se materialicen en crónicas esperanzadoras y cargadas de alegría. A veces resulta difícil encontrarlas, ¿verdad?

En cuanto a «cuestionar algunas de las concepciones que consideramos como inamovibles, mientras que la realidad se ha ido moviendo y ha ido socavando los cimientos de edificaciones que creíamos sólidas», debo decirte que, desde que realicé mi opción fundamental por el Señor doce años atrás, lucho por barrer y perforar los cimientos de esas concepciones heredadas y desarrolladas por mí, con buenos resultados.

MARTIN SCHEUCH:

No hay nada más edificante que la realidad. Nada más edificante que la aparente frustración de todas las esperanzas que significó la crucifixión del Señor.

Nada más lejos de lo bello que lo simplemente bonito, ni nada mas alejado de la realidad que la construcción masticada de una experiencia cristiana plagada de flores y de dulces ejemplos, ilustrados con palabras biensonantes.

Creo que mis crónicas pueden alimentar la esperanza de muchos, y tal vez herir las falsas esperanzas de otros. De todos modos, creo hacerlas con la frescura del día a día, y con la inmediatez de quien tiene mucho que contar.

SINESIO EMEVECISTA:

Correcto: al César lo que es del César… (¡poca receptividad a la crítica, choche!) Pero ¿ y qué de aquellos que en su sencillez, poca profundidad, inteligencia y sabiduría construyen una experiencia de vida cristiana plagada de rosas y dulces ejemplos, ilustrados con experiencias vitales de caídas y esfuerzos de lucha? ¿Crees que es simplemente cándido y bonito nada más? ¿No crees que la mayoría de los peruanos deben dejar de ver sus vidas como un “valle de lágrimas”?

MARTIN SCHEUCH:

Eso que describes no existe. Hasta ahora no lo he encontrado, sino en algunos libros de vidas de santos, que flaco favor le hacen al santo.

Por otra parte, estar en un valle de lágrimas no implica que la valoración de la propia vida sea negativa, triste o desesperanzada. Creo haber dicho que se puede aprender a vivir de la esperanza, especialmente en situaciones difíciles. Y que eso se pierde de vista en las sociedades opulentas.

Por otra parte, la secuencia CRÍTICA – ACEPTACIÓN – SILENCIO [que se aplica en la práctica en el Movimiento de Vida Cristiana] ha salido hace mucho tiempo de mis esquemas. Se presta mucho a cometer abusos enmascarados de virtud. Prefiero el diálogo abierto, aunque sea discrepante, pero diálogo sincero, comunicador, motivador, enriquecedor; en fin, humano, muy humano.

Tus críticas las he recibido y te las devuelvo con mis comentarios. Eso es, y nada más.

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Finalmente, el diálogo derivó hacia temas de menor relevancia. Lo más importante ya estaba dicho. El respeto mutuo se mantuvo, hubo franqueza y sinceridad en la conversación, la amistad no se vio enturbiada por la postura que se tuviera frente a una mediación institucional, llámese Movimiento de Vida Cristiana o Sodalicio de Vida Cristiana.

Hasta la vista, Sinesio. Quiera Dios que algún día nos volvamos a encontrar para tomar un café o un vino juntos y platicar como viejos amigos.

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Un pensamiento en “DESARRAIGO Y ESPERANZA

  1. “…El respeto mutuo se mantuvo, hubo franqueza y sinceridad en la conversación, la amistad no se vio enturbiada por la postura que se tuviera frente a una mediación institucional, llámese Movimiento de Vida Cristiana o Sodalicio de Vida Cristiana”

    Sinesio entonces no fue tan necio como otros que los hay por ahí, el SCV para muchos se convierte en el FIN cuando sólo es un MEDIO de muchos que existen. No todo es blanco o negro, ni tampoco es: “o estas conmigo o estas contra mi”.

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