SODALICIO: LA CONEXIÓN MEXICANA (I)

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Juan Pablo II en la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Puebla, México)

Del 27 de enero al 13 de febrero de 1979 se realizó en Puebla (México) la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Era la primera vez que el Papa Juan Pablo II realizaba un viaje fuera de Italia. Y fue también la primera vez que miembros del Sodalicio de Vida Cristiana asistieron —aunque no de manera oficial— a un evento eclesial de esta categoría. Unos jóvenes Alfredo Garland, José Ambrozic y Virgilio Levaggi viajaron a Puebla con credenciales de periodista para cubrir el evento. Los artículos que entonces escribió Levaggi para un diario local fueron recopilados en un pequeño libro que llevaba el sugerente título de Puebla ¡sí!, descatalogado en la actualidad y muy difícil de encontrar, pues cuando Levaggi se desvinculó del Sodalicio en los ’80, todo lo que escribió fue sacado de circulación y relegado al olvido. Como ha sido costumbre en la institución respecto a sus miembros que han caído en desgracia o se han alejado de ella.

Pero Puebla no sólo destaca por haber sido la sede de este evento eclesial, de gran significación para la Iglesia en Latinoamérica. Puebla es también uno de los escenarios más importantes donde encontró campo de acción la ultraderecha católica mexicana y donde nació en los años ’50 una sociedad secreta de raíces católicas y ultraconservadoras, la Organización Nacional del Yunque —o simplemente El Yunque—, cuya existencia fue develada en diciembre del año 2000 gracias a un artículo del periodista mexicano Álvaro Delgado, “La amenaza del Yunque”, publicado en la revista Proceso (ver http://www.proceso.com.mx/?p=233038). Delgado, quien se define a sí mismo como una persona de formación católica, prosiguió luego con sus investigaciones, que se han visto plasmadas en dos libros sobre el tema, a saber, El Yunque: La ultraderecha en el poder (2003) y El ejército de Dios: Nuevas revelaciones sobre la extrema derecha en México (2005). La existencia del Yunque quedó definitivamente demostrada en mayo de 2010 cuando se dio a conocer oficialmente a la opinión pública el expediente sobre la organización que habían elaborado los servicios de inteligencia del Gobierno Federal de México.

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Si bien a primera vista se pueden atisbar ciertas semejanzas entre los principios doctrinales del Yunque y la ideología religiosa de Luis Fernando Figari, Superior General del Sodalicio hasta diciembre de 2010, que éste plasmara en varios escritos en las décadas de los ’70 y ’80, así como en las formas organizacionales que asumió el Sodalicio —grupos de formación con una estructura vertical regida por la obediencia—, tampoco hay que negar que existen ciertas diferencias debido a la peculiaridad propia del Sodalicio. ¿Existió alguna relación más allá de estas semejanzas y del hecho de haber ambas organizaciones fomentado en un momento determinado la lectura de autores católicos derechistas y ultraconservadores como Julio Meinvielle, Carlos Alberto Sacheri y Octavio Nicolás Derisi? ¿Es pura coincidencia la admiración de ambas organizaciones por la Falange Española y su desconfianza hacia el mundo moderno, su idealización del medioevo cristiano y su desprecio hacia las formas democráticas de la sociedades actuales? ¿Se entablaron en Puebla contactos que conformarían posteriormente lo que podríamos denominar la conexión mexicana del Sodalicio? Considerando que en los años ’60 el Yunque inició una relación perdurable con el grupo brasileño de extrema derecha Tradición, Familia y Propiedad, al cual estuvo vinculado Luis Fernando Figari antes de la fundación del Sodalicio, ¿no se habrían establecido estos posibles contactos con anterioridad al evento eclesial de Puebla? Vayamos a los antecedentes.

UN POCO DE HISTORIA

El periodista mexicano Álvaro Delgado define al Yunque de la siguiente manera: «Es una organización secreta, clandestina, cuyo propósito es el reclutamiento y el adiestramiento de militantes para incrustarse en todos los ámbitos de la vida del país y avanzar hasta la instauración de un régimen teocrático en el que la Iglesia católica tome las decisiones junto al poder público, es decir, una organización que implica por sus propósitos un retroceso, ya no digamos a la Edad Media, sino al siglo XIX y que, precisamente por sus métodos y propósitos conspira contra la democracia, que entre otras cosas implica la difusión libre de las ideas, el sometimiento al escrutinio de la sociedad» (ver http://abrahamgorostieta.blogspot.de/2013/01/alvaro-delgado-periodista-que-se.html).

yunque_logoEl Yunque fue fundado en 1955 en la ciudad de Puebla por Ramón Plata Moreno, supuestamente “para defender a la religión católica” de sus adversarios: “el comunismo, el pueblo judío y la masonería”. Plata Moreno moriría asesinado a tiros en 1979.

Según algunos testimonios, el Yunque surge debido a que varios estudiantes católicos de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP) fueron “objeto de tal hostilidad, actitud de rechazo y marginación”, que no vieron otra alternativa que organizarse para poder participar. El objetivo del Yunque era ordenar el estado para instaurar la Ciudad de Dios conforme al Evangelio, o dicho de otro modo, instaurar “el reino de Dios en la tierra” y evangelizar las instituciones públicas mediante la infiltración de todos sus miembros en las más altas esferas del poder político y económico. Sus miembros juzgaban negativamente las democracias modernas, y pensaban que el poder no se debía obtener mediante votos, sino mediante estrategias alternativas de carácter “reservado” o “secreto”. lo cual implicaba guardar silencio sobre las actividades del grupo y nunca revelar la identidad de sus miembros. Se trataba de una agrupación de ultraderecha, elitista, exclusiva y excluyente.

Se debe tener en cuenta que en ese entonces la Iglesia católica en México carecía, según las leyes, de status jurídico. Aun siendo un país mayoritariamente católico, la Constitución mexicana de 1917, producto de la Revolución Mexicana, establecía una política que negaba la personería jurídica a las iglesias, prohibía la participación del clero en política, privaba a las iglesias del derecho a poseer bienes raíces e impedía el culto público fuera de los templos. Esto dio origen entre 1926 y 1929 a un conflicto armado conocido como Guerra Cristera o Cristiada, donde milicias de laicos católicos se levantaron en armas contra el gobierno de Plutarco Elías Calles, quien busco reglamentar lo que establecía la Constitución, limitando o suprimiendo la participación de las iglesias en general en la vida pública, llegándose en algunos estados a establecer leyes que obligaban a que los ministros de culto fueran personas casadas y se prohibiera la existencia de comunidades religiosas. Si bien hubo algunos presbíteros y religiosos que apoyaron a los cristeros, el movimiento no contó con la aprobación de los obispos, con la única excepción de dos, a saber, José de Jesús Manríquez y Zárate, obispo de Huejutla, que había sido detenido el 15 de mayo de 1926 y enviado a prisión para ser exiliado un año más tarde a Estados Unidos, y Monseñor González y Valencia, arzobispo de Durango, que manifestó su apoyo a los cristeros en su carta pastoral del 2 de febrero de 1927, pero enseguida dio marcha atrás, en cuanto el Papa Pío XI se lo pidió por conducto del nuncio apostólico. En vano los católicos solicitaron a los obispos que reconocieran, al menos, la legitimidad del levantamiento y lo bendijeran. Sin embargo, los otros 36 obispos que había a la sazón, aún oponiéndose a las medidas que había tomado el gobierno, callaron o condenaron el levantamiento, pues el recurso a las armas a fin de lograr fines legítimos está severamente reñido con la moral cristiana. El fin no justifica los medios, y la violencia genera más violencia. De hecho, hubo abusos y actos de violencia cruentos injustificados por parte de ambos bandos, el gobiernista y el de los cristeros.

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Tras varias tensiones y conflictos que se prolongarían incluso a lo largo de la década de los ’30, el gobierno mexicano convino en no aplicar la legislación en materia de cultos, en moderar las reformas en materia educativa, pero sobre todo en centralizar en la figura del Presidente el manejo de las relaciones con la Iglesia. Esta decisión fue correspondida por la Iglesia. Los obispos mexicanos relegaron en el arzobispo de México el rol de interlocutor oficioso con las autoridades federales, a la vez que aceptaron que no se pronunciarían en materias de política nacional. De este modo se constituyó en México lo que distintos analistas de las relaciones Estado-Iglesia han calificado como un modus vivendi, una “forma de convivencia” entre las autoridades civiles que optaban por no aplicar las leyes y las autoridades religiosas que decidieron no disputar de manera pública las condiciones que les habían sido impuestas.

En 1979 todavía se seguía aplicando este régimen. La Iglesia no gozaba de personalidad jurídica, no podía poseer sus propios lugares de culto, los sacerdotes católicos no tenían derechos ciudadanos y su condición de sacerdotes no era reconocida jurídicamente. Las autoridades estatales no podían manifestar sus convicciones católicas en ceremonias públicas, dándose la absurda situación de “una Iglesia fuera de la ley en un Estado excomulgado”, no obstante que en México la libertad religiosa era un derecho consagrado por las leyes. Todo esto comenzó cambiar con la visita del Papa Juan Pablo II en 1979, pues su presencia en tierra mexicanas implicó que el gobierno tuviera que hacer muchas excepciones y dejara de aplicar varias de las disposiciones legales referentes a la Iglesia católica. En los próximos años, la Iglesia, especialmente los líderes de la Conferencia del Episcopado Mexicano como Mons. Ernesto Corripio Ahumada, lanzaron una serie de retos a la legislación vigente en el país que culminaron en 1992 con el otorgamiento de personalidad jurídica a la Iglesia católica y a las instituciones vinculadas a ella, así como el reconocimiento de derechos políticos a los así llamados “ministros de culto”, que desde ese momento podían nuevamente votar, aunque se mantuvieron restricciones respecto a la propiedad de inmuebles y de medios de comunicación electrónicos.

Considerando todo lo dicho anteriormente, eso explicaría por qué el Yunque desde sus inicios funcionó como una sociedad “secreta” —aunque haya entre sus miembros y ex-miembros quienes prefieran designarla con el eufemismo de “reservada”, pues su existencia no era un secreto para varios miembros de la jerarquía eclesiástica católica—, operando no de manera abierta, sino a través de diversas organizaciones que le han servido de fachada, entre las cuales se suele mencionar a las siguientes: Vanguardia Integradora Nacionalista (VIN), Frente Universitario Anticomunista (FUA), Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), Movimiento Cristianismo Sí, Consejo Nacional de Estudiantes (CNE), Desarrollo Humano Integral y Acción Ciudadana (DHIAC), Asociación Nacional Cívica Femenina (ANCIFEM), Comité Nacional Provida, Movimiento Testimonio y Esperanza, Comisión Mexicana de Derechos Humanos, Alianza Nacional para la Moral, A Favor de lo Mejor, Coordinadora Ciudadana, etc. También hay testimonios confiables de que miembros del Yunque han formado o forman parte de organismos como la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), el Partido Acción Nacional (PAN) y la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF). En realidad no se sabe a ciencia cierta cuántas organizaciones de fachada ha tenido y tiene el Yunque. Ese carácter “secreto” o “reservado” de su forma de proceder llevó a que sus integrantes utilizaran seudónimos para contrarrestar el espionaje del que fueron objeto, principalmente por parte de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), extinta policía política del gobierno mexicano que detectó por primera vez las actividades del Yunque en 1975.

LA IDEOLOGÍA DEL YUNQUE

Para el Yunque, según su documento “El perfil del militante adulto. Etapa de madurez”, el militante reconoce en CRISTO REY al Señor de la Historia y por lo tanto acepta su reinado espiritual en las almas y su Reinado Social en el orden temporal. Todas las acciones que ejecuta, todas las decisiones que toma, están ordenadas a la CAUSA, esto es, a lograr que la historia humana sea conforme a la Voluntad Divina: Reinado social de Jesucristo; Instauración o Reinstauración de la Ciudad de Dios, de la Ciudad Católica, del Orden Temporal conforme al Evangelio. Autodefinida como jerárquica-consultiva, primordial, reservada-combativa-formadora de dirigentes políticos, la organización es enemiga de los masones, los comunistas y los gobiernos post-revolucionarios, identificados como “obras de Satanás”. Para cada militante, el ideal debe ser entrar a la política para lograr que voluntariamente todos los pueblos se sometan a la realeza social de Jesucristo. Además, el militante acepta que Dios quiere que todos se salven y en esta predestinación señala a sus criaturas distintos caminos para lograrlo, constituyendo así las vocaciones específicas, siendo la vocación política aquella a la que están llamados los miembros del Yunque, vía considerada como un medio propicio para su santificación. El Yunque tiene una preferencia por los ámbitos católicos juveniles, considerados semilleros de vocaciones. Allí buscan reclutar jóvenes, a fin de adiestrarlos y convertirlos a su causa. Como toda organización de carácter político, el Yunque realiza procesos de formación o adoctrinamiento intelectual y de valores entre sus afiliados, incluyendo ejercicios físicos extremos.

yunque_kkkEl Yunque ha solido reclutar a sus miembros entre los jóvenes que asisten a escuelas privadas y universidades. Se comienza identificando a sus potenciales adherentes mediante el seguimiento de su comportamiento público y privado, datos que luego son consignados en fichas individuales. Es fundamental que los padres del potencial afiliado no sean divorciados ni que comulguen con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), partidos de izquierda o la masonería. En la ficha se anotan nombre, dirección, edad, teléfono, fotografía, características del automóvil, arraigo y aceptación en el medio, etc. Es importante registrar su posición frente a la Iglesia católica, el gobierno y respecto al enemigo en diversos campos. Se pide anotar grado de conocimiento y actitud, indicando la forma de indiferencia, simpatía, antipatía, radical a favor, radical en contra. También se toman en cuenta sus características psíquicas y morales: capacidad de jefe, perspicacia; espontáneo, reflexivo, activo, no emotivo, extrovertido, introvertido. Nada es omitido, ni siquiera los detalles referentes a la complexión física se escapan: forma de vestir, corte de pelo, si usa bigote, si tiene cicatrices, contextura, color de ojos. Con toda esa información, el “afiliador”, antes de proceder al “abordaje”, debe responder y aprobar el “cuestionario de evaluación sobre el abordaje”. Una vez que se logra que el joven sea reclutado, pasa por una breve ceremonia de afiliación, y es sometido luego a un programa de adoctrinamiento que dura seis meses. Cada semana deben leer un libro y entregar un resumen al jefe de la célula “Centro”. Los libros que por obligación debían leer los militantes eran de orientación católico-nacionalista, pero también de corte fascista. Eran clásicos los libros Derrota mundial y América peligra de Salvador Borrego, periodista y escritor mexicano católico simpatizante del nazismo, así como los libros escritos por Julio Meinvielle, el sacerdote argentino antisemita que fue inspirador del grupo paramilitar anticomunista Tacuara. Además de las lecturas de formación, existe la obligación de pagar una cuota mensual correspondiente al 5% de los ingresos, asistir a una plática con el jefe inmediato para hablar de asuntos que no pueden tocarse en grupo, asistir a las actividades de enseñanza programadas, entregar un “reporte de seguridad” o examen de conciencia escrito con cosas que se han visto que afecten la seguridad de la organización y rezar a diario el rosario.

SODALICIO Y YUNQUE: SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS

Un documento incluido por el periodista Álvaro Delgado como apéndice en su libro El ejército de Dios: Nuevas revelaciones sobre la extrema derecha en México, que lleva como título “Seminario de inducción orgánica” a la Organización Nacional del Yunque, ofrece una presentación esquemática de los principios que guían a esta organización secreta y su modo de proceder. Las semejanzas con el Sodalicio son evidentes. Entre ellas cabría mencionar las siguientes:

– Se parte de una valoración negativa del mundo actual. En el Sodalicio se habla de «los males del mundo». Se determina que la raíz de todos los males está en el pecado, entendido como «proceso sistemático de la tergiversación del orden querido por Dios», que se manifiesta actualmente en el proceso de «secularización» que da lugar a una «cultura de muerte».

– Si bien el Sodalicio admite en sus filas a sacerdotes, siempre ha destacado su carácter de organización formada principalmente por laicos o seglares. El Yunque se concibe a sí mismo como una organización sólo constituida por seglares, aunque también existe una sociedad sacerdotal de vida apostólica que surgió de sus filas, los Cruzados de Cristo Rey.

– Tanto el Sodalicio como el Yunque se conciben a sí mismos como organizaciones orientadas a cambiar el orden actual de las cosas, correspondiente a una sociedad enferma desde sus raíces. El Yunque ve en la política su campo principal de acción. El Sodalicio, por el contrario, no busca participar directamente en la política, más aún considera que ese campo de acción no le corresponde. Luis Fernando Figari siempre describió su trayectoria personal como algo que se inició en la política, derivó luego en la filosofía y terminó en la religión, donde encontró la clave para todo cambio que tuviera repercusiones globales. Por eso siempre ha insistido en que hay que cambiar al hombre para cambiar el mundo. En su caso, las transformación de las conciencias servía para lograr el cambio que muchos buscaban a través de la política. El problema está en cómo se buscaba esa transformación, pues en el Sodalicio se ha buscado dominar las conciencias recurriendo a técnicas de manipulación e intromisión en la mente de los individuos, que deben someter su libertad a una obediencia absoluta a las jerarquías establecidas y darle prioridad a los asuntos del Sodalicio por encima de otros asuntos. Y en eso no se diferencia sustancialmente del Yunque, que pone como uno de sus principios la «primordialidad», que se entiende como «darle prioridad a los asuntos de la organización inmediatamente después del cumplimiento estricto de los deberes de estado», y que exige de sus miembros una «disciplina» regida por la norma de «obedecer a tu fe en todo aquello que no vaya contra tu conciencia». El problema se da cuando ésta conciencia que hay que seguir ya ha sido manipulada, y por lo tanto, se está dispuesto a seguir órdenes que un hombre en sus plenos cabales no acataría.

– Tanto el Sodalicio como el Yunque se entienden como organizaciones de carácter religioso, específicamente católico. De este modo, aún cuando el Yunque se considera como una asociación de carácter político, no admite en sus filas a hombres de distintos credos religiosos, como lo haría cualquier partido político, pues su propia interpretación ultraconservadora y derechista de la doctrina católica constituye su ideología. Y si bien el Sodalicio se entiende como asociación religiosa y espiritual, uno de sus fines sigue siendo cambiar la sociedad, influyendo también de manera indirecta en la política mediante el cambio de las conciencias. La renuncia de Figari a la política nunca implicó una renuncia a cambiar aquello que en un principio buscó cambiar a través de la política. Solamente que ahora los medios son distintos.

– Tanto el Sodalicio como el Yunque consideran la pertenencia a su organización como una vocación personal querida por Dios.

– Hay otros enunciados propios del Yunque que encuentran expresión similar en la doctrina del Sodalicio y que transcribo a continuación:

  • “Uniformidad en fines, métodos y reglamentos internos.”
  • “Tenemos un estilo propio. Monjes y guerreros.”
  • “Tenemos una espiritualidad propia.”

– Tanto el Yunque como el Sodalicio cuentan con deberes similares para sus miembros, como son reuniones de grupo semanales, lecturas doctrinales dirigidas —indicando los libros que se ha leer, sin opción a elegir libremente—, el proselitismo activo y militante —llamado «apostolado» en el Sodalicio—, el entrenamiento físico, cuya práctica se formula en el Yunque de una manera que suscribiría íntegramente el Sodalicio: «Hacemos ejercicios juntos, fomentamos el compañerismo, recibimos la capacitación y practicamos la combatividad». Otros deberes son el pago de cuotas por parte de sus miembros, las entrevistas personales —con el jefe inmediato en el Yunque, con el superior inmediato o consejero espiritual en el Sodalicio—, la asistencia obligatoria a actividades de enseñanza o formación y la realización continua de exámenes de conciencia.

– El Yunque «pretende formar a sus militantes como jefes completos: líderes capaces doctrinalmente, capaces técnicamente, capaces como orgánicos, con una vida moralmente intachable, con una vida sacramental intensa». Esto se parece mucho al perfil de hombres santos que el Sodalicio plantea como modelo para sus miembros.

– El proselitismo debe ser personal —amistando sinceramente con el candidato—, selectivo, combativo, formativo y transformador, dirigido, grupal. Independientemente de su nomenclatura, estas características son comunes tanto al Yunque como al Sodalicio.

¿Se trata de puras coincidencias o hubo efectivamente una influencia por parte de la organización mexicana en el Sodalicio? ¿No se explicarían más bien las coincidencias por el hecho de que ambas organizaciones seguirían un mismo patrón que es común a los grupos católicos ultraconservadores de derecha? ¿No se explicarían las semejanzas en el perfil de los militantes de ambas organizaciones simplemente por el hecho de haber tenido influencias ideológicas similares y tener, en sentido amplio, fines parecidos, a saber, la instauración del Reinado de Cristo en la sociedad actual, según un modelo político que condena la separación de Iglesia y Estado? ¿Hubo alguna vinculación real con miembros del Yunque?

Este asunto será abordado en la segunda parte de este artículo.

Continúa en SODALICIO: LA CONEXIÓN MEXICANA (II).

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FUENTES

El Yunque: La ultraderecha en el poder (Álvaro Delgado, 2003)

El ejército de Dios: Nuevas revelaciones sobre la extrema derecha en México (Álvaro Delgado, 2005)

MURO, memorias y testimonios – 1961-2002 (Édgar González Ruiz, 2003)

Los otros cristeros y su presencia en Puebla (Édgar González Ruiz, 2004)

7 pensamientos en “SODALICIO: LA CONEXIÓN MEXICANA (I)

  1. Hola Martin.
    ¿El nombre de Federico Muggenburgsuena como parte del Yunque o sus filiales? Muchas veces fue invitado por el Sodalicio a dictar conferencias en Lima.

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  2. Pingback: LA MANO OCULTA DEL YUNQUE | LAS LÍNEAS TORCIDAS

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