HISTORIA DE UN TERRORISTA

odfried_heppEl 25 de mayo de 2010 le fue otorgada libertad condicional, tras haber pasado 15 años en prisión, a Lori Berenson, una estadounidense condenada a prisión en el Perú por haber colaborado con el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), grupo terrorista. Decidió trasladarse a vivir a un departamento en el corazón de Miraflores, distrito residencial conocido en Lima por albergar a gente pudiente de clase alta y media acomodada, y porque en él ocurrió el atentado de la calle Tarata el 16 de julio de 1992, cuando miembros de Sendero Luminoso hicieron explotar dos coches-bomba, con un saldo de 25 muertos, 155 heridos y varios edificios dañados. Algunos vecinos protestaron por tener a Lori Berenson viviendo en su misma zona residencial, no obstante que el tribunal que la juzgó había declarado que no había pruebas de que fuera terrorista sino simplemente una colaboradora de segundo rango, y organizaron manifestaciones de protesta lanzando frases ofensivas e injuriosas, exigiendo que la Berenson fuera devuelta a prisión o trasladada a otro domicilio. De nada sirvieron las palabras públicas de disculpa de Lori Berenson, expresando su arrepentimiento, o el hecho de que su excarcelación fuera totalmente en conformidad con la ley. Incluso el alcalde distrital se hizo eco de estas protestas vecinales, orquestadas por quienes no querían a una “terrorista” viviendo entre ellos. Sin saberlo, Lori Berenson se había topado con el otro “terrorismo”, el verdadero rostro de la discriminación, la marginación y el elitismo que subyace a varios sectores de la sociedad peruana y que también ocasiona la miseria y muerte a largo plazo de muchos compatriotas.

A raíz de eso, decidí escribir una breve reseña sobre alguien a quien conocí personalmente y que fue mi compañero de trabajo durante años: Odfried Hepp. Este escrito fue compartido con algunos amigos vía correo electrónico, pero creo que merece una más amplia difusión.

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HISTORIA DE UN TERRORISTA
(24 de junio de 2010)

Cuando entré a trabajar a la Siemens de Karlsruhe en el servicio técnico de equipos de diagnóstico de vehículos VW, Audi, SEAT y Skoda, el 5 de mayo de 2008, Odfried Hepp ya trabajaba desde hace algún tiempo ahí, atendiendo a los clientes germano y francoparlantes. Desempeñaba su trabajo con eficacia profesional, meticulosidad alemana, pero también estaba siempre dispuesto a enseñar a otros lo que sabía, con actitud abierta y cordial. De contextura corporal algo gruesa, pelo trinchado color castaño, no aparentaba los 50 años de edad que tenía. No pude entonces conocerlo más a profundidad, pues al año siguiente cayó víctima de una de las reducciones de personal que, con pretexto de la crisis económica, aplicó la Siemens, sin tener que respetar plazos, pues todos los agentes de servicio de esa sección éramos trabajadores externos, cedidos por una empresa de personal. Pero si bien sospechábamos por qué se había seleccionado a unos y no a otros, en el caso de Odfried Hepp la decisión de la alta dirección escapaba a nuestra comprensión, pues su desempeño laboral era inobjetable y demostró siempre ser una persona confiable y capaz.

Por esos azares del destino, me lo volví a encontrar en febrero de este año. Lo que quedaba del centro de atención del cliente fue vendido por la Siemens a otra empresa, IT-Chain, a fin de ahorrar costos, y como se necesitaba a alguien que hablara francés, la nueva empresa buscó a alguien para ocupar ese puesto de trabajo. De entre los candidatos que se presentaron, fue Odfried el elegido, volviendo así a retomar las mismas tareas que había realizado antes, después de 9 meses de paro. En la segunda mitad de febrero y todo marzo, todavía en el local de la Siemens, tuve que explicarle los cambios que había habido en el servicio y tuvimos que compartir una sola computadora. A decir verdad, le tomé cariño y respeto por su manera afable de ser, su conversación siempre interesante, aunque —a decir verdad— a veces se enredaba en disquisiciones cuasi filosóficas y místicas sobre el sentido de la vida, la esencia del mundo y el ser de Dios, con ideas que mostraban mucha simpatía hacia la religión musulmana y la cultura árabe, y poca hacia la cristiana. Por encima de estas diferencias, llegamos a congeniar muy bien.

Para ese entonces yo ya había llegado a conocer el pasado de Odfried, gracias a un indicio que me dio el esposo de una compañera italiana que prefirió no seguir en el equipo que fue asumido por IT-Chain. Me dijo que buscara en la Wikipedia. Lo que encontré me causó en un principio estupor, que dio lugar después a un interés chispeante. Encontré asimismo un documental en la red con la vida de Odfried Hepp como tema (Der Rebell, 2006) y pude incluso encargar en Amazon una biografía suya que había sido escrita con su colaboración, la cual leí después —confieso— con fascinación.

Les resumo aquí lo que llegué a saber a través de estas fuentes.

Odfried Hepp nació el 18 de abril de 1958 en Achern, una localidad de la Selva Negra, donde pasó su infancia y juventud. Participó en esos años de varias agrupaciones neonazis, que organizaban campamentos y otro tipo de reuniones para jóvenes en torno a ideales nacionalsocialistas. En 1980 se unió al grupo paramilitar del neonazi Karl-Heinz Hoffmann y se marchó al Líbano para ser entrenado en tácticas de guerrilla por la OLP (Organización para la Liberación de Palestina). Desilusionado y frustrado con el grupo de Hoffmann, intentó escapar a Alemania, pero fue detenido por miembros de la OLP antes de poder llegar junto con un pequeño grupo a la embajada de Alemania en Beirut, siendo posteriormente torturado y sometido a disciplina hasta que se consideró que su reinserción en el grupo era completa. En 1981 logró abandonar el Líbano con ayuda de la embajada alemana, siendo detenido a su llegada al aeropuerto de Frankfurt, donde sus declaraciones y las de otros acompañantes suyos fueron decisivas para detener ese mismo día en el mismo aeropuerto a Hoffmann, que estaba regresando al Líbano. Odfried fue condenado a 16 meses de cárcel, siendo puesto en libertad a los 6 meses, tomando en consideración que antes de trasladarse a Líbano ya había pasado unos meses en la cárcel por otros incidentes menores.

En 1982 participó en un plan, junto el neonazi Walter Kexel y el experto en bombas Peter Naumann, para organizar un atentado con bombas en la prisión de Spandau en Berlín y liberar al nazi convicto y criminal de guerra Rudolf Hess. El plan nunca fue llevado a cabo. Hepp y Kexel decidieron renunciar a él debido a que habían dado un paso adelante dentro de su ideología neonazi y ya no sentían identificados con el nazismo más tradicional. Este paso sería expresado en el único documento teórico que se conoce de la escena neonazi alemana, Der Abschied vom Hitlerismus [Adiós al hitlerismo], donde Hepp y Kexel planteaban un nacionasocialismo alejado de la figura de Hitler, a quien consideraban como aquél que echó a perder el nacionalsocialismo auténtico y llevó a Alemania a la ruina. De hecho, se inclinaban más hacia un anti-imperialismo norteamericano, donde el objetivo de la unificación de Alemania —partida en dos tras la guerra— no excluía la participación de otras fuerzas anti-imperialistas.

En el año 1982 Odfried fundó junto Kexel el grupo Hepp-Kexel, al cual se unieron posteriormente cuatro integrantes más. El grupo realizó asaltos a bancos para financiar sus futuras actividades y efectuó atentados con bombas contra soldados estadounidenses —son cinco los atentados que han podido atribuirse al grupo—. Su meta era liberar a Alemania de la “ocupación” americana. Por suerte, ninguno de los atentados ocasionó la muerte de nadie, aunque sí lesionó gravemente a algunas personas y produjo daños materiales. Una bomba que iba a estallar en un edificio de la zona residencial americana en Eschborn, cerca de Frankfurt,  no explotó y fue posteriormente desactivada, evitándose así numerosas muertes. De haber tenido éxito, este atentado podría haber superado al que se considera el atentado terrorista más cruento de la historia moderna de Alemania, cuando el 26 de septiembre de 1980 el neonazi Gundolf Köhler colocó una bomba a la entrada del local principal donde se celebraba la Oktoberfest en Múnich, dejando un saldo de 13 muertos y 211 heridos graves.

En diciembre de 1982 el grupo Hepp-Kexel fue desactivado por la polícía alemana, capturándose a todos sus miembros con excepción de Odfried, quien logró escapar a Berlín y posteriormente se refugió en la República Democrática Alemana (RDA), pasando a la clandestinidad. Esto fue posible porque Odfried ya había tomado anteriormente contacto con la Stasi (el Ministerio de Seguridad del Estado, o servicio secreto), a la cual había ofrecido sus servicios como informante sobre algunos grupos de la escena neonazi que no eran de su agrado. A cambio, buscaba lograr que poco a poco se diera una confluencia entre comunistas y neonazis, a fin de vencer en la lucha contra el dominio norteamericano. Y esto es lo que también tenía en común con aquellos que luchaban a favor de la causa palestina: el común enemigo, los Estados Unidos de América. No extraña, pues, que la OLP formara a combatientes neonazis, así como lo había hecho anteriormente con miembros de la RAF (Fracción del Ejército Rojo), de tendencia maoísta.

Odfried pasó un tiempo en la RDA, donde finalmente la Stasi le dio una nueva identidad y le envío como agente a Siria, a fin de recabar cualquier información sobre los grupos afines a la causa palestina. No pudo acostumbrarse a la vida allí, por lo cual poco tiempo después se trasladaría a Túnez, donde tomó contacto con un integrante del FLP (Frente de Liberación Palestino), el cual vio en él a alguien que le podría ayudar a desarrollar una red de acopio de armas y logística en Europa, con el fin de poder llevar a cabo acciones terroristas en el continente europeo. Finalmente, por ese motivo, todavía con identidad falsa, Odfried terminaría residiendo en Marsella (Francia) a partir de 1984. Odfried era, pues, un doble gente que informaba a la Stasi en reuniones esporádicas que se realizaron siempre en algún país de Europa del Este, sin dejar por ello de ser un participante de la organización terrorista palestina. En ese entonces era buscado por la Interpol y entre los años 1983 y 1985 llegó a ser el terrorista alemán más buscado a nivel internacional.

En abril de 1985, dado que se vencía su pasaporte falso (con membrete de la República Federal de Alemania), y la República Democrática Alemana no parecía dispuesta a proveerle de uno nuevo, viajó a Paris para conseguir clandestinamente el pasaporte falso que necesitaba. Fue entonces detenido por la policía francesa en un hotel y condenado a 2 años de prisión por sus vinculaciones con terroristas del FLP. En octubre del 1985, estando todavía en prisión en Francia, ocurrió el secuestro del barco crucero italiano Achille Lauro en el Mediterráneo por obra de terroristas de la OLP, tomando a los 680 pasajeros como rehenes. Odfried fue el único europeo que estaba en la lista de “prisioneros políticos” que los captores pidieron que se liberara a cambio de la vida de los rehenes.

Tras el fracaso de esta acción y la consiguiente fuga de los terroristas, Odfried fue extraditado a Alemania, donde se le juzgó por las acciones realizadas como miembro del grupo Hepp-Kexel y se le condenó a diez años y medio de prisión, de los cuales cumplió efectivamente siete, pues se le permitió salir antes por buena conducta y por haber colaborado como testigo, declarando contra antiguos camaradas de la escena neonazi.

En diciembre de 1993, cuando Odfried salió de prisión, había cambiado mucho personalmente. Ya no compartía la ideología neonazi, y había reflexionado mucho sobre el sentido que podía tener la vida, acercándose a aproximaciones espirituales místicas afines al New Age y a la mística musulmana. Lo más importante, consideraba que la violencia era un camino equivocado para lograr cambios importantes en la sociedad. Se había convertido en un pacifista, y como tal prestó su colaboración en eventos —mediante discursos y ponencias— que develaran lo pernicioso de las asociaciones neonazis para la juventud, dando testimonio de lo que él mismo había vivido.

Estudió francés y árabe en la Universidad Gutenberg de Maguncia, en el Departamento de Lenguas y Ciencias de la Cultura Aplicadas ubicado en Germersheim, graduándose en el año 2000 con una tesis sobre El derecho de sociedades anónimas en Marruecos: Terminología y antecedentes.

Odfried no es el único ex-terrorista que ha podido reintegrarse a la sociedad. Antiguos miembros de la RAF —algunos de los cuales también encontraron refugio en la RDA— tras cumplir condena han podido reintegrarse a la sociedad y desempeñar funciones laborales, sin que nadie los condenara por su pasado. Lo mismo ha sucedido con otros ex-terroristas neonazis disidentes. Incluso con aquellos como Karl-Heinz Hoffmann y Peter Naumann, que aun renunciando al accionar terrorista y habiendo pasado años en prisión, siguieron defendiendo el nacionalsocialismo como doctrina y participando en las asociaciones ad hoc que la democracia permite —como el Partido Nacionaldemócrata de Alemania, por ejemplo—.

Por eso mismo, cuando me he enterado de la recepción que ha tenido Lori Berenson en Miraflores y de los comentarios que se han vertido sobre ella, no puedo menos que llenarme de indignación ante lo que considero una actitud deplorable. Las reacciones de unos vecinos furibundos —a los cuales les hizo eco el alcalde Masías— no reflejan otra cosa que una sociedad discriminatoria, desigual, elitista, incapaz de acoger en su seno a quienes alguna vez en su vida siguieron una senda equivocada y que, una vez pagados sus delitos, tienen el mismo derecho que cualquiera a participar de la sociedad que alguna vez combatieron. Ciertamente, si la expulsión de Lori Berenson llega a consumarse, esto no debería verse como un triunfo, sino como un fracaso en todos los sentidos: en sentido político, pues demostraría que las decisiones en el Perú se toman no en base a las leyes y los derechos humanos, sino de acuerdo a las pasiones encendidas y presiones de ciertos grupos de la población; en sentido jurídico, pues el Poder Judicial habría abdicado de su labor de vigilante del cumplimiento de la legislación penal, a favor de lo que decida el Presidente; en sentido social, pues evidenciaría la incapacidad de la sociedad peruana para reintegrar a quienes cometieron delitos graves —y que en el caso de Lori tan graves no fueron, pues nunca hirió ni mató a nadie—; en sentido humano y moral, pues demostraría que la intolerancia, la discriminación y el odio siguen teniendo carta abierta en el Perú. Y debo confesar que este asunto es algo que me hace sentir vergüenza ajena. A todo esto, me extraña que ningún representante de la Iglesia haya dicho nada al respecto. ¿O es que no se enteraron?

En fin, no pierdo las esperanzas de que estas cosas cambien. Pero ante acontecimientos como éste no me extraña que la organización Fund for Peace y la revista Foreign Policy hayan llegado a la conclusión de que el Perú —como otros países latinoamericanos con excepción de cinco— no cumple con los estándares mínimos de gobernabilidad.

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Odfried dejó de trabajar para IT-Chain en febrero de 2012, a fin de poder dedicarse al cuidado de sus padres ancianos, y sólo lo he vuelto a ver en una reunión que tuvo nuestro equipo de soporte técnico con antiguos colegas de la Siemens en un restaurante chino de Karlsruhe. Actualmente se dedica a poner en marcha un proyecto turístico en una localidad de Sajonia.

Anda en paz, Odfried, que la vida te regale una sonrisa y mucha felicidad, pues te conozco y sé que tienes un corazón bueno, que alguna vez bebió del veneno de ideologías violentistas, siguió un camino equivocado, pero se fue purificando a través de una historia azarosa cargada de contratiempos, el amor de una mujer de raíces moras en Marsella y una búsqueda espiritual dentro de los confines de la prisión. Pero eso ya es otra historia.

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EPÍLOGO DE ODFRIED HEPP A SU BIOGRAFÍA
Der Rebell. Odfried Hepp: Neonazi, Terrorist, Aussteiger [El rebelde. Odfried Hepp: neonazi, terrorista, arrepentido], por Yury Winterberg con la colaboración con Jan Peters, 2004

Un arrepentido no es un héroe. Para aquellos a los que les ha dado la espalda, es un traidor que merece desprecio, si no algo peor. Para los demás es alguien confundido, que finalmente retorna a la normalidad, pero al cual no obstante hay que aproximarse con desconfianza. Pues nunca se sabe si el arrepentimiento ha sido en serio o si proviene de un cálculo estratétigo o es resultado de una cierta debilidad de carácter, que no ofrece ninguna garantía de confiabilidad futura.

Los autores del presente libro hablaron por primera vez conmigo en el verano de 2001, cuando estaban investigando para su documental Nach Hitler. Radikale Rechte rüsten auf [Despúes de Hitler. Los radicales de derecha se rearman]. Ya habían pasado unos ocho años desde mi puesta en libertad del centro penitenciario de Mannheim, y hacía 18 meses que había concluido con éxito mis estudios de traductor titulado. En la primavera de 2001 había regresado a mi ciudad natal, donde era un desconocido para casi todos y había crecido hierba sobre mi pasado. Yo trabajaba de manera independiente como traductor, y no había realmente ningún motivo para hacer pública nuevamente mi vida privada y la de mi familia.

El argumento de peso de los autores, que finalmente me convencieron y me apartaron de la línea que me había propuesto seguir, fue que era mejor si yo ponía al día mi propia historia antes que esperar a que lo hiciera algún reportero sensacionalista, que publicara sólo medias verdades sobre mi pasado mezcladas con conexiones inventadas, como efectivamente ocurrió después del acto demencial del 11 de septiembre de 2001. Además, encontraron que mi desarollo personal desde el mundillo de la derecha extrema y posteriormente del terrorismo y los servicios secretos era tan interesante y ejemplar, que les pareció lo más apropiado plasmar mi historia tanto en un documental como en un libro, a fin de informar a la opinión pública sobre mi evolución y a la vez animar a “jóvenes en riesgo” en una situación similar a cambiar de camino a tiempo.

Con la publicación de mi historia después de más de 20 años me puse a mí mismo y mis acciones de entonces bajo los reflectores de la opinión pública. También mis hermanos y sobre todo mis padres, que me apoyaron sacrificadamente durante mis años de prisión y particularmente despúes, se ven confrontados con una imposición que no tiene justificación, por lo cual sólo me queda pedirles disculpas. Asimismo por las angustias sufridas, las preocupaciones y acosos a los cuales se vieron sometidos en todos estos años.

Estoy convencido de que mi historia puede servir como un aporte positivo para superar el extremismo de derechas en nuestra sociedad, como también creo que un libro como el de Hans-Joachim Klein Rückkehr in die Menschlichkeit. Appell eines ausgestiegnen Terroristen (1979) [Retorno a la humanidad. Llamado de un terrorista arrepentido] puede ayudar a los jóvenes, en su compromiso por mayor justicia en el mundo, a no dejar el camino de la no violencia.

Yo miro a mis entonces compañeros de camino no con desprecio o arrogancia: Pues también los radicales de derecha tienen valores, en los cuales creen. Y mucho de lo que yo he vivido y aprendido en las asociaciones juveniles, independientemente de la inaceptable y acrítica glorificación del así llamado nacionalsocialismo, forma aun hoy parte de mi identidad. Lo que yo quiero conseguir es que la aproximación a la historia alemana esté preñada de compromiso, humanidad y veracidad. Bajo ninguna circunstancia se debe tolerar que a otras personas —sea cual sea su procedencia o su orientación política y religiosa— les sean negadas la humanidad y los derechos inherentes a ella. De otro modo, no es posible romper el círculo vicioso del odio, la violencia y el oprobio.

Para aquellos que todavía recurren a esos medios, soy un traidor. A ellos les quiero decir que, así como joven indocto fui un nacionalsocialista confeso, hoy estoy convencido de que el nacionalsocialismo no es ni patriótico ni socialista. Pues como patriota también respeto los derechos y sentimientos de otros pueblos, y como socialista no me puedo dejar arrastrar voluntariamente a una guerra criminal, en que trabajadores se disparan unos a otros, mientras que los gobernantes y grandes empresarios sin conciencia lucran a partir de ello.

Además, a la humanidad se le hubiera ahorrado mucho sufrimiento si en el transcurso de la historia hubieran sido traicionadas conspiraciones dudosas y actos violentos carentes de sentido. Cualquier proceder contra el derecho constitucional y de los pueblos así como contra la humanidad no merece otra cosa que ser traicionado.

Nosotros tuvimos en nuestros actos violentos la suerte azarosa de que no sucediera nada más grave. En cuanto a las personas a las que les ocasionamos sufrimiento, espero que este libro les haga más fácil perdonarnos.

Quisiera agradecer expresamente a aquellas personas, familiares, amigos y todos los que con su intervención y su ayuda me allanaron el camino de retorno a la humanidad.

(Traducción al español: Martin Scheuch)

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POST SCRIPTUM (21 de noviembre de 2012)

Lori Berenson vive actualmente con su hija en un departamento en Pueblo Libre (Lima), al lado de vecinos de mentalidad abierta y no elitista que han aceptado su presencia, considerando que ha manifestado públicamente su arrepentimiento:

«Reconozco mi responsabilidad en el delito que cometí y me siento arrepentida de ello. No estoy haciendo nada en contra de la ley. Si he salido es porque he tenido informes psicológicos por mi buen comportamiento en el penal donde he trabajado y estudiado».

En noviembre de 2015 termina su sentencia de 20 años y podrá regresar a los Estados Unidos a reunirse con su familia.

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POST SCRIPTUM (8 de diciembre de 2015)

El 2 de diciembre Lori Berenson partió en un avión de Lima hacia Nueva York con su hijo Salvador, tras haberse cumplido los 20 años de su condena.  Antes de partir concedió una entrevista a Associated Press, en la cual manifestó que no creía que el MRTA fuera un grupo terrorista, sino más bien revolucionario al estilo de los rebeldes salvadoreños en la década de los ’90, aunque admitió que pudo haber usado tácticas terroristas ocasionalmente. Indignada por la desigualdad y el racismo que todavía existen en el Perú —indignación que yo mismo comparto—, criticó a las élites políticas y económicas por no haber enfrentado las heridas abiertas de 1980 al 2000. Aunque arrepentida de cualquier daño que haya podido haber causado, declara tajantemente: «Es mi vida. Es lo que elegí y voy a tener que vivir con eso». Piensa dedicarse de ahora en adelante a labores relacionadas con la justicia social, sobre todo en beneficio de los más desfavorecidos. Le deseo la mejor suerte en esta nueva oportunidad que le ofrece la vida, habiendo ya saldado su deuda con la justicia peruana y teniendo todavía por delante una vida para trabajar en lo social, lejos de iniciativas políticas que opten por el camino de la violencia.

8 pensamientos en “HISTORIA DE UN TERRORISTA

  1. Pingback: TAMBIÉN SON HUMANOS Y TIENEN DERECHOS | LAS LÍNEAS TORCIDAS

  2. Estimado Martin:
    soy un lector asiduo de tu blog (aunque silencioso ya que recien me animo a comentar, esta es la segunda vez) desde que lo descubri hace algunos meses atras y aunque estoy de acuerdo en mucho de lo que opinas, debo no menos que espantarme de un par de ideas que he leido en este articulo. cito textualmente: “…. –y que en el caso de Lori tan graves no fueron, pues nunca hirió ni mató a nadie–…” la autoria de un hecho delictivo atribuido a una organizacion criminal se configura en varios niveles, entre los que estan aquellos que son los autores intelectuales que no son otra cosa que los “cerebros” del acto y que por lo general nunca son los que apuntan a nadie, no jalan el gatillo, no encienden la bomba, no por ello la gravedad de sus actos es valorada como “no tan grave”. luego estan los colaboradores, osea los que crean y recursean del material logistico de tal manera que el acto se ejecute de acuerdo al “plan” y finalmente los ejecutores, que son los que si, ponen la bomba, si secuestran, si matan, si entierran. ahora bien, Lori Berenson fue sentenciada por terrorista confesa y probada, que no mato ni hirio a nadie? eso dice ella y siendo honestos es posible que no haya hecho directamente, pero , si una persona consigue un fusil, balas, unos cartuchos de dinamita, hace reglaje, es tan culpable como el que dispara, detona, desparece a alguien, a mi juicio, claro que si, por lo tanto creo sin temor a equivocarme que la Berenson es tan culpable como el nefasto Abimael y todos aquellos que participaron de una manera u otra en el terrorismo.
    Por otro lado, Ud. apela a la tolerancia para con aquellos que han cumplido sentencia y se han redimido para que sean aceptados en un entorno social sin ser juzgados por su pasado y en ello estoy plenamente de acuerdo con Ud. sin embargo la respuesta ante tal situacion nos la da el mismo Odfried en el epilogo a su biografia, cito textualmente: “… Para los demás es alguien confundido, que finalmente retorna a la normalidad, pero al cual no obstante hay que aproximarse con desconfianza. Pues nunca se sabe si el arrepentimiento ha sido en serio o si proviene de un cálculo estratétigo o es resultado de una cierta debilidad de carácter, que no ofrece ninguna garantía de confiabilidad futura… ” el mismo Odfried reconoce que la reaccion normal es la de desconfianza ya que existen serias dudas acerca de la verdadera naturaleza del arrepentimiento y si este es duradero. cree Ud. que ningun terrorista que cumplio condena ha regresado a la militancia, yo creo que si y debe haber muchos, podria ser Lori Berenson una de ellas? Ud. sabe muy bien que es posible. Ud. conocio a un terrorista redimido, y esta bien, son experiencias enriquecedoras y ejemplares, pero mientras que esta señora que antaño salia en los noticieron enmarrocada y vestida a rayas negras y blancas haciendo vivas a actos terroristas no demuestre que ha cambiado y es ahora una pacifista yo la quiero lo mas lejos posible de mi casa, de mis familiares y si es posible de mi pais.

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    • Estimado Cisco de Melk:

      En cuanto a delitos de terrorismo, existen diferentes niveles de participación, y ciertamente que todos los que participan son culpables, pero esa culpa puede tener diferentes grados de acuerdo al nivel de responsabilidad y participación. Por lo tanto, poner en un mismo plano a Lori Berenson con Abimael Guzmán, además de faltar a toda sana lógica, constituye un acto de injusticia.

      Además, con Lori Berenson la justicia peruana no actuó en todo momento de manera limpia, como atestigua el sumario de los hechos incluidos en la demanda que se interpuso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (ver http://joomla.corteidh.or.cr:8080/joomla/index.php?option=com_content&view=article&catid=40:resumen&id=1351):

      La señora Lori Berenson fue detenida el 30 de noviembre de 1995 en Lima, Perú, para luego ser juzgada, conforme a las disposiciones establecidas en el Decreto Ley núm. 25.659, por un tribunal militar “sin rostro” y con restricciones a su derecho de defensa. El 12 de marzo de 1996 la señora Lori Berenson fue condenada a cadena perpetua, por el cargo de “traición a la patria”. Como resultado de la interposición de un recurso de “revisión extraordinario de sentencia ejecutoriada” por parte de la defensa de la señora Lori Berenson, el 18 de agosto de 2000 el Consejo Supremo de Justicia Militar anuló la sentencia del 12 de marzo de 1996, y declinó la competencia a favor del fuero penal ordinario. La señora Berenson estuvo recluida en el penal de Yanamayo desde el 17 de enero de 1996 hasta el 7 de octubre de 1998 (2 años, 8 meses y 20 días), periodo durante el cual fue sometida a condiciones inhumanas de detención. El 28 de agosto de 2000 se inició un nuevo juicio en el fuero penal ordinario contra la señora Lori Berenson. Este proceso culminó en sentencia condenatoria del 20 de junio de 2001, que encontró responsable a la señora Lori Berenson del delito de “colaboración con el terrorismo”, previsto en el artículo 4o. del Decreto Ley núm. 25.475, y le condenó a 20 años de privación de libertad. La sentencia fue confirmada por la Corte Suprema de Justicia del Perú el 13 de febrero de 2002.

      La CIDH dictaminó que el segundo juicio fue de acuerdo a derecho, pero en el primer juicio y en el trato que se le dio a Lori Berenson se violaron varios derechos humanos fundamentales que el Perú está obligado a respetar, por haber firmado los acuerdos y convenciones internacionales respectivos. Si quieres amplia información, puedes revisar el resumen del caso (ver http://www.corteidh.or.cr/docs/resumen/lori_berenson.pdf) y la “Ficha técnica: Caso Lori Berenson Mejía Vs. Perú” (ver http://www.corteidh.or.cr/tablas/fichas/loriberenson.pdf).

      Además, el arrepentimiento es un asunto del fuero interno, que nadie está en derecho de exigir. Tampoco es una condición sine qua non para respetar los derechos de una persona. Si un reo condenado por un delito cumplió su pena, no veo motivo para seguir castigándolo con el ostracismo y la discriminación de parte de la sociedad. Si la deuda esta saldada, no hay nada más que cobrar.

      ¿Que hay terroristas que han reincidido? Ciertamente que los hay. ¿Pero se puede partir de la posición de que son ellos los malos y nosotros los buenos, cuando muchas veces con nuestras actitudes y acciones les hacemos la vida difícil y no les damos la oportunidad ni la ayuda para reinsertarse socialmente? Si quiere, le puedo pasar una piedra, para que sea Ud. el primero que la tire.

      Lori Berenson ya manifestó públicamente que está arrepentida. ¿No es eso suficiente? Sin que ella tuviera la obligación de demostrar que está arrepentida, pues quienes la quieren ver lejos del país son los que tienen que demostrar que ella sigue siendo actualmente una colaboradora de causas terroristas. Y para esto no bastan sospechas, suposiciones, disquisiciones, rumores o teorías de la conspiración. Se requieren hechos. ¿Tienes Ud. algunos que pueda demostrar?

      Por otra parte, ¿Ud. tiene algún reparo en tener cerca en el país a los mandamases de las mineras Yanacocha y Buenaventura, que no vacilan en perpetrar actos de terrorismo ecológico que producen la muerte a plazos de tantos compatriotas, aunque ocasionalmente también haya muertos producidos directa y repentinamente por la represión de las protestas? Parece que en el Perú hay ciertos criminales que no matan con sus propias manos, pero para los cuales la vida de ciertas personas tiene menos valor que sus negocios. Son respetados y gozan de prestigio. Y probablemente Ud. se sienta bien si los tiene cerca.

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      • Martin Scheuch, yo estoy de acuerdo con Cisco de Melk; si bien es cierto Lori Berenson y otros terroristas o ex-terroristas como algunos prefieren llamarlos (para mí lo siguen siendo mientras no demuestren lo contrario; o acaso un asesino deja de serlo por el hecho de haber cumplido su pena?, tal vez jurídicamente muchas cosas puden ser así pero en la realidad?). Lo que me sorprende es que usted habla con demasiada admiración de terroristas o ex-terroristas como si eso fuera un mérito. La mentablemente el Perú está obligado a respetar acuerdos y convenciones internacionales, porque de no ser así, tal vez no estaríamos hablando de esto. “Lori Berenson ya manifestó públicamente que está arrepentida. ¿No es eso suficiente?”, claro que no es sufieciente; ud, le cree?, bueno, yo y muchos no le creemos a ella y a muchos terroristas que están saliendo de prisión diciendo que “están arrepentidos”. Ud. daría trabajo en su casa como empleado a un delincuente (o ex delincuente) que acaba de salir de prisión por robo y asesinato?; de acuerdo a sus palabras seguramente que sí, y esperaría a ver si esta persona no le roba (lo que significaría que sí se arrepintió), o si le robo y tal vez hasta asesine a algún familiar suyo (lo que significaría que no era verdadero su arrepentimiento); ¿se la jugaría de esa manera?; supongo que sí, yo no.

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      • Estimado Miguel:

        ¿Tengo derecho a creer que usted es un hijo de puta mientras no me demuestre lo contrario? De ninguna manera. Más aún, si usted en algún momento actuó como un hijo de puta o dijo cosas propias de tal, ¿qué derecho tendría yo a seguir considerándolo como tal, si durante años no ha hecho acciones o emitido enunciados propios de tal condición?

        Es por estas razones que incluso el calificativo sempiterno de “terrorista” me parece inadecuado e insuficiente. Lo decisivo es sabér qué hizo determinada persona, cómo pagó su delito y si existen indicios ciertos de que volvería a cometer esas mismas acciones. No admiro a los terroristas, como usted parece haber malinterpretado, pero definitivamente si merecen mi admiración aquellos que, habiéndo sido alguna vez teroristas, han decidido renunciar a la violencia y seguir caminos pacíficos.

        Lo siento, pero no comparto su manía de juzgar el presente de las personas por juicios puramente subjetivos, a los cuales les da más crédito que a la realidad. La desconfianza sin motivos de peso sólo genera más desconfianza y, finalmente, termina por producir una sociedad de hijos de puta. Medítelo.

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      • Bueno Martin Scheuch, tal vez como Ud. dice “merecen mi admiración aquellos que, habiéndo sido alguna vez teroristas, han decidido renunciar a la violencia y seguir caminos pacíficos”, pero para mí (y muchos), más admiración merecen aquellos que siempre han luchado poe la defensa de los pobres y de las injusticias en forma decidida pero pacífica, sin lastimar, herir y asesinar a aquellos que supuestamente se defiende (los terrorista lo hicieron siempre, asesinaban a todo aquel que no se les unía, o no lo sabe?). Además, no me respondió si “daría trabajo en su casa como empleado a un delincuente (o ex delincuente) que acaba de salir de prisión por robo y asesinato?” y que dice estar arrepentido, si la respuesta es sí, me avisa para presentarle a algunos y Ud. se encarga de comprobar si están arrepentidos; o para ellos Ud. tiene otro criterio?. Y por último, le comunico lo siguiente, si es que aún no está enterado:

        Antes de irse (Lori Berenson), le dio una entrevista a la Associated Press, con la condición de que fuese difundida después de su partida. En la entrevista criticó duramente a las élites políticas y económicas del Perú, a las que acusó de no estar dispuestas a enfrentar las heridas abiertas de 1980 al 2000.

        También afirmó que sigue creyendo, igual como declaró cuando fue detenida en 1995, que el MRTA no fue una organización terrorista.

        “Podría haber actuado en algunos momentos utilizando tácticas terroristas”, manifestó Berenson, quien comparó al MRTA con los rebeldes salvadoreños para los que trabajó antes de venir a Lima en 1994. “Pero que fue una organización terrorista… me parece que el calificativo no va”, insistió.

        Entonces, en qué quedamos, ¿Lori Berenson se arrepintió verdaderamente?, ¿después de tantos años todavía está confundida y sigue creyendo que el MRTA no era una agrupación terrorista?, ¿debimos haber dejado que se quede para ver si se portaba bien?, ¿cree Ud. que ella no va a seguir colaborando con los terroristas que aún siguen existiendo y que están saliendo “arrepentidos” y otros no?.

        Por pensar que esos grupos (MRTA y SL) no eran mas que vándalos que se podían dominar, es que se llegó a lo que se llegó y lo recomendable es no bajar la guardia; y después de todo el daño que hicieron estos grupos al país, no podemos confiarnos en sus “arrepentimientos” para después volver a pasar lo que pasamos y que por desidia de los gobiernos (y los medios de comunicación), los jóvenes de hoy no conocen todo lo que vivimos en esas épocas y se están “ilusionando” por aquellos “terroristas” que nunca llegaron a ser apresados o que ya salieron, para formar parte de sus movimientos.

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      • No se necesita ser terrorista para pensar que las élites políticas y económicas del Perú actuaron como señala Lori Berenson. Yo opino exactamente lo mismo.

        Por otra parte, el término “terrorista” puede admitir varias acepciones. Por ejemplo, yo pienso que los bombardeos de Siria por parte de los de los gobiernos occidentales son actos terroristas, pues las principales víctimas son civiles inocentes y terminan generando más violencia que la que quieren evitar.

        Ciertamente, hay enormes diferencias entre el MRTA y SL, y no creo que se pueda meter a ambos grupos en el mismo saco. Esto lo reconocen los estudiosos del tema. Habría que preguntarle a Lori Berenson cómo define ella “terrorismo” y por qué cree que el MRTA no encaja en este concepto, en vez de asumir que todos entienden lo mismo por “terrorismo”. Tal vez comprenderíamos mejor su opinión y podráimos estar parcialmente de acuerdo con ella, o tal vez no. A veces una discusión se reduce a cómo se entiende una palabra, cuando en en realidad las partes opuestas están viendo la misma realidad.

        No sé cómo deduces de esas declaraciones que Lori Berenson no está arrepentida. En sus mismas declaraciones se percibe un distanciamiento de lo que ella llama “tácticas terroristas”.

        Por último, yo no tengo ni plata ni poder para contratar a nadie. Pero si lo tuviera, no tendría reparo en contratar a ex delincuentes para ciertas trabajos, no todos. Aquí en Alemania eso es posible, pues una vez terminado el encierro y cumplidas ciertas condiciones, es posible tener un historial limpio sin registros policiales.

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  3. Entre un terrorista y un capitalista versión achorada la calidad moral no es tan diferente, a pesar que en muchos países los segundos están protegidos por la ley. Lo que prácticamente nunca se ve es un ex- capitalista achorado arrepentido y es que no es conciente de las muertes que ocasiona ni de las estructuras sociales que deforma. De arrepentidos la historia no tiene datos.
    Hay muchos males aceptados oficialmente por la sociedad, no perdonar es uno de ellos, lamentablemente.
    El arrepentimiento existe y no es un mito, sino cómo se puede volver a empezar y qué valor tendría el perdón y el arrepentimiento en la sociedad ? Acaso ninguno ? Y entonces ?

    Por otra parte en las estadísticas los ex-terroristas liberados y arrepentidos que reinciden, prácticamente no los hay. (Aparte que el control estatal es muy fuerte). Lo que sí hay entre ellos es una tendencia al trabajo político y a la mentalidad y obra sociales, activismo que le dicen. No hay que confundirse, ni paranoificarse. No distinguir esto es impulsar a activistas al terrorismo, y eso es exactamente lo que no debe pasar.

    En el caso de Berenson, ni los gringos la quisieron llamar terrorista, sino activista, y eso antes, durante y después del juicio. Creo que fué una suerte de simpatizante que metió la pata y no se dio cuenta de que se le estaba instrumentalizando, cosa muy común en esos segmentos políticos. Pero como colaboracionista le cayó el peso de la ley. Bien así, pero ya fue pues …, yo la perdono y bienvenida. Nadie la puede condenar de por vida, pe.

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