LA CVR Y ACI PRENSA

El 28 de agosto de 2003 la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), creada en junio de 2001 durante el gobierno provisional de Valentín Paniagua con el fin de investigar la violencia armada interna que se desarrolló en el Perú durante el período 1980-2000, hizo público su Informe Final ante el Presidente Alejandro Toledo. En ese entonces yo ya vivía en Alemania, pero seguía interesado por hechos que habían ocurrido en el país en el cual nací y viví hasta fines de 2001. Tuve acceso a las copias en formato PDF del Informe, puestas a disposición en la red a través de la página oficial de la CVR, y leí gran parte de él con atención y con el corazón en un puño, pues lo que allí encontré fue un explicación minuciosa de los entretelones de una historia plagada de violencia que había ocurrido en el entorno nacional, a vista y paciencia de todos los peruanos, y cuyos detalles y minucias nos habían sido ocultados por los medios de comunicación. Asimismo, me sentí sorprendido y disgustado por las reacciones negativas que hubo ante el Informe de la CVR, provenientes en su mayoría de políticos y empresarios que habían participado de la corrupción durante el primer gobierno de Alan García y el gobierno de Alberto Fujimori.

Lo más preocupante para mí fue la forma en que ACI Prensa, informativo católico online vinculado al Sodalicio de Vida Cristiana, informó sobre el asunto, buscando descalificar el Informe en su totalidad, sólo porque no dejaba bien parado al Card. Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, quien fuera arzobispo de Ayacucho de 1991 a 1999 durante los años de la violencia. Digo preocupante, porque yo entonces todavía era adherente sodálite (término con que se se designa a personas casadas que han hecho una promesa formal de seguir el estilo y espiritualidad del Sodalicio) y, si bien había desarrollado un espíritu crítico frente a algunos aspectos de la institución, todavía le seguía siendo fiel, no obstante haber visto traicionada mi confianza por algunos sodálites en determinadas oportunidades. A eso se contrapesaba la honestidad y rectitud de conciencia de otros sodálites, cuya amistad siempre he apreciado y que me hacían mantener las esperanzas de que se produjeran cambios sustanciales en la institución que permitieran contrarrestar los “gérmenes de decadencia” presentes en ella, algunos de los cuales yo ya había comenzado a identificar a inicios de los años ’90.

Esta preocupación me llevó a elaborar un extenso comentario, del cual hice partícipes a un grupo de amigos y conocidos vinculados al Sodalicio de Vida Cristiana. Debido al interés público que tiene este comentario, que muestra lo que yo pensaba en el año 2003 sobre el tema, aun siendo sodálite, y que pone en evidencia el tipo de periodismo que practicaba y sigue practicando ACI Prensa, he decidido hacerlo público.

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LA CVR Y ACI PRENSA (8 de septiembre de 2003)

Recientemente he leído las Conclusiones a la que ha llegado la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), y he leído partes del Informe, en particular lo que atañe a la Iglesia Católica. A su vez, he leído las informaciones y comentarios al respecto que han aparecido en las ediciones digitales de La República, El Comercio, Ojo, Agencia Perú y La Razón. Y tengo que confesarles que otra vez me ha vuelto a doler el Perú.

Soy de lo que creen en la necesidad de una revisión de los años de violencia en el Perú durante las dos últimas décadas, y que se debía investigar lo sucedido hasta las últimas consecuencias. No creo que eso sea la solución para las múltiples divisiones y conflictos que todavía siguen lacerando el rostro del Perú, pero sí se trata de un requisito indispensable para poder empezar la terapia colectiva que requiere la patria que me vio nacer. Algunos de los adelantos de las investigaciones realizadas por la CVR tocaron mi sensibilidad, y me hicieron compartir de manera simbólica el dolor que han sufrido tantos compatriotas, especialmente los más olvidados en una sociedad que, desde que yo tenga memoria, no ha dejado de aplicar subterráneas (a veces manifiestas) prácticas marginadoras y discriminadoras, especialmente de los más pobres y desposeídos. Creo que, de alguna manera, todos somos culpables de esa vorágine de violencia que asoló el territorio peruano, frente a la cual (de eso puedo dar testimonio) muchos de los que viven bajo los favores de la fortuna material, especialmente en Lima, manifestaron una abrumadora indiferencia, hasta que los brotes comenzaron a salpicar de sangre las mismas calles de la capital.

Ahora que se presentan una colección de hechos debidamente documentados y analizados, fruto de dos años de investigación, los diversos sectores de la sociedad peruana saltan a la palestra para proclamar su absoluta inocencia, utilizando los más bajos recursos de la polémica, como son el intento de descalificación de quienes estuvieron involucrados en la preparación del Informe, renunciando a argumentar directamente sobre lo que éste dice en el texto. Y cómo es frecuente en las discusiones públicas en el ámbito peruano, el recurso a una lógica sana es lo que más se hace extrañar. Con afirmaciones lapidarias que caben en unos cuantos renglones se ha pretendido anular páginas y páginas de material escrito, sustentado en un análisis de meses y basado en documentos y testimonios recopilados a lo largo de dos años.

De lo que he leído a través de los informativos, recopilo algunas de las objeciones que se le han hecho al Informe, las cuales comento brevemente:

1° El número de muertos es arbitrario.

Ciertamente, no conozco en detalle el método bajo el cual se llegó a este número, pero eso no significa que sea inválido. El sentido común me dice que la cantidad de muertos calculados en algunas guerras del siglo XX (como, por ejemplo, la Segunda Guerra Mundial) se obtuvieron mediante cálculos estadísticos, pues resulta imposible hacer un “censo de los muertos”. La estadística va de cantidades conocidas a cantidades probables, con un margen de error (lo cual significa que la cifra obtenida se sitúa dentro de cierto rango hacia arriba y hacia abajo). Generalmente, se utiliza un rango de probabilidad de 95%. Si éste fuera el caso, eso quiere decir que hay un 95% de probabilidad de que el número de muertos por obra del terrorismo sea el indicado por la CVR (algunos más, algunos menos). Pregunto yo: ¿es probable que la CVR haya utilizado un método que no haya sido probado científicamente? ¿Se puede anular este resultado simplemente porque no se ha determinado los nombres de las víctimas? ¿Fueron acaso identificados todos los judíos muertos durante el Holocausto, absolutamente todos? ¿O todas las víctimas de la Segunda Guerra Mundial? ¿Y qué decir del Perú, donde, especialmente en las zonas pobres, muchos campesinos no fueron inscritos en el Registro Nacional al nacer? Si los mataron, ¿hemos de concluir que nunca existieron?

2° Se llama PCP-SL (Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso) al principal grupo terrorista implicado en la violencia de las dos últimas décadas.

Así se llamaban ellos, y es correcto denominarlos de acuerdo a la conciencia que ellos tenían de sí mismos. Tenían una ideología, una manera de identificar a los militantes del grupo, una estrategia para llegar el poder. Y los motivos de su accionar eran de carácter predominantemente político. Entonces, ¿cuál es el problema en llamarlo partido? ¿Debido a sus acciones criminales? El correcto obrar ético no es un elemento requerido por el concepto de “partido político”. Ni tampoco el que su existencia sea reconocida por una ley particular. Con acierto decía Carlos Tapia que no considerar a Sendero Luminoso como partido es el mismo error en que cayeron los gobiernos que lo combatieron, pues no es lo mismo atacar a una organización criminal que busca sólo la ganancia económica que a un grupo homicida que actúa por motivos políticos. La correcta comprensión del otro siempre es requisito indispensable para combatirlo adecuadamente y para contrarrestar las causas que lo llevaron a actuar.

3° Se equipara a las Fuerzas Armadas, las Fuerzas Policiales y el Estado con los grupos subversivos.

¿Dónde? ¿En qué parte del Informe? No he encontrado nada de lo cual se pueda sacar esta conclusión. Pero si se pueden encontrar en todos los actores implicados responsabilidades individuales (e incluso colectivas) que llevaron a que se cometa abusos y violaciones de derechos humanos, todos deberían responder ante la justicia (o ante ese estropajo de justicia que impera en el Perú). La afirmación de que las Fuerzas Armadas y Policiales en algunas regiones violaron los derechos humanos de manera sistemática ha sido cuestionada a priori. Si ellos combatieron al terrorismo, ¿cómo se les puede acusar a ellos también de torturas, violaciones sexuales y homicidios, salvo en casos individuales, que constituyen excepciones a la regla? Pues bien, si, como dice la CVR, 30% de los muertos han de ser atribuidos a la fuerza del orden, el sentido común me dice que eso sólo puede deberse a una acción sistemática, y no a eventos casuales y excepcionales. Y eso no significa olvidar que más del 50% de las muertes obedecen a la acción de Sendero Luminoso.

4° La reconciliación no puede ser con los terroristas.

¿Es correcto excluir a alguien de la reconciliación? Sobre este punto he leído las más absurdas e inhumanas declaraciones, cerrando a priori todo camino de redención para los terroristas. Por supuesto que ellos también deben ser incluidos en el proceso de reconciliación. La ceguera farisaica de muchas eminencias en el Perú llega hasta el extremo de que sentarse a dialogar con quienes fueron los autores principales de la violencia sea considerado como una participación en sus planes revolucionarios. Pese a quien le pese, los terroristas también son seres humanos con derechos inalienables que deben ser respetados, y el hecho de que se les aplique el peso de la ley por los delitos cometidos no anula su derecho a ser escuchados y a dialogar para lograr una solución conjunta al problema de la violencia (y de la injusticia, la marginación, la pobreza, etc, etc.).

5° El Informe es sesgado y refleja una interpretación izquierdista de los hechos en sus conclusiones. Ello se debe al pasado izquierdista de los integrantes de la CVR.

En realidad, la comisión estuvo integrada por representantes de diferentes corrientes de pensamiento, cubriendo un amplio espectro. Por otra parte, los hechos son los hechos, independientemente de cómo se los interprete. En ese sentido, el Informe presenta una investigación profesional de algunos casos vinculados a la época de la violencia, basándose en una adecuada y suficiente documentación. Ciertamente el Informe no carece de cierto sesgo, en especial en lo que he leído referente a la Iglesia Católica. Descubro que se ve con simpatía a la teología de la liberación. Sin embargo, la presencia de un sesgo determinado no significa necesariamente una tergiversación de la verdad que se investiga, aunque sí ciertamente un punto de vista desde el cual se enfoca lo que es objeto de investigación. Sin embargo, no veo un sesgo necesariamente de izquierda, más aun cuando el principal responsable de lo ocurrido es identificado como Sendero Luminoso, grupo de ideología marxista-maoísta, y se crítica a los partidos de izquierda por su demora en tomar una posición clara frente a la violencia que sufría el país.

Si todas estas observaciones se hubieran limitado a los informativos mencionados, mi preocupación no hubiera sido mayúscula, a no ser porque ACI Prensa, a través de su portal digital, se hace eco de estas acusaciones y transmite una versión del tema que dista mucho de ser objetiva. Dado que me siento obligado por conciencia a manifestar mis opiniones al respecto, hago un breve análisis de las tres notas que ha publicado ACI Prensa al respecto.

Obispo Peruano lamenta “falsedades y omisiones” en Informe de Comisión de la Verdad (Lima, 31 Ago. 03)

Bajo este titular se esperaría una información detallada sobre esas falsedades y opiniones, que harían pensar que todo el Informe es defectuoso. Sin embargo, esas falsedades y opiniones se refieren únicamente al Cardenal Cipriani y un puñado de obispos, los cuales son mencionados en unas cuantas páginas de un Informe que tiene aprox. 6500 páginas.

La nota dice descalificatoriamente acerca del Informe de la CVR que ha dividido profundamente al país. Me pregunto yo: ¿Cuándo ha sido el Perú un país unido? ¿Cuándo no han existido tensiones y conflictos internos, marginación, racismo, clasismo? ¿Cuando no ha habido explotación cotidiana de unos peruanos por otros peruanos? Creo que lo que el Informe ha ocasionado es una serie de protestas de quienes se ven confrontados con hechos que hubieran preferido que se mantuvieran en el silencio. ¿Cuándo ha tenido un escrito ese poder de división que le atribuye la nota periodística de ACI?

Por otra parte, concuerdo en que ha podido haber omisiones, pues el sesgo del Informe (es decir, su punto de vista céntrico en torno a los derechos humanos) lo puede llevar a dejar de lado aspectos que no se considera relevantes para lo que se quiere informar. Por eso mismo, la evaluación del Informe se centra en examinar la labor del entonces obispo de Ayacucho Juan Luis Cipriani en lo que toca a su apoyo a organismos defensores de los derechos humanos y a su acción frente a las violaciones cometidas en contra de esos derechos, vengan de quien vengan. En este sentido, no parecen haber falsedades, pues todo lo que se relata sobre Cipriani se sustenta sobre abundante documentación.

Como he dicho, las omisiones están presentes, y se hubieran podido subsanar con una entrevista a Cipriani, que lamentablemente no se dio. Pero el hecho de no haberlo entrevistado no significa necesariamente que lo que se relata es falso. Y sobre esos hechos (negación por parte de Cipriani de atropellos cometidos por las fuerzas del orden que posteriormente fueron verificados, negación de algunas acciones terroristas, cercanía a Fujimori, prédica a favor de la pena de muerte, obstaculización de la labor de ciertas ONGs) no se explica nada en la nota de ACI Prensa.

También se pretende buscar un lazo entre la teología de la liberación del P. Gustavo Gutiérrez y la adhesión a la violencia por parte de muchos jóvenes. Es cierto que pueden haberse dado casos. Pero también es cierto que no existe ningún estudio sistemático que demuestre esta vinculación. El mismo Informe llegó a la conclusión de que Sendero Luminoso rechazaba la teología de la liberación, por encontrar que era una forma de seguir manteniendo el dominio de la religión sobre el pueblo, y algunos seguidores de esta corriente teológica fueron asesinados por Sendero Luminoso. Con el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) podría haber una vinculación, dada la presencia de personas provenientes del ambiente académico en este grupo. Pero eso también habría que demostrarlo.

Por otra parte, hay omisiones graves por parte de ACI Prensa, que le restan sustancial objetividad a su nota:

  • No se dice que el Informe en general evalúa positivamente la labor de la Iglesia frente al terrorismo.
  • No se dice que el Informe resalta la labor efectuada por la mayoría de los Obispos peruanos, religiosos, agentes pastorales, etc., y que considera que esa labor fue un muro de contención contra el avance del terror y la violencia.
  • No se dice que el Informe fue firmado como observador (y sin reservas, como lo hizo el Gral. Graziani) por Mons. Luis Bambarén, quien fuera Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana.
  • No se dice que uno de los comisionados fue el P. Gastón Garatea, sacerdote de los Sagrados Corazones.
  • No se dice que también se destaca positivamente la labor de Mons. Juan Luis Cipriani en el caso de la toma de rehenes por el MRTA en la residencia del embajador de Japón.

“Comisión de la Verdad” que difamó al Cardenal Cipriani admite que fue “un error” (Lima, 1 Set. 03)

Por el titular uno pensaría que la CVR ha hecho una rectificación y que admite que se equivocó en todo lo dicho sobre el Card. Cipriani. Nada de eso. En la nota se recogen algunas de las declaraciones que diera Salomón Lerner, el Presidente de la Comisión de la Verdad, en una entrevista que le hiciera el diario El Comercio. Allí Lerner lamenta que la CVR no hubiera entrevistado al Card. Cipriani, y que es posible que haya errores. Pero de ninguna manera se admite que todo lo dicho por el Informe es falso. Además, lo dicho por Lerner es a título personal, no oficial, y no involucra a toda la CVR.

Por otra parte, ¿cuáles son las “difamaciones” en contra del Card. Cipriani? En ningún momento ACI indica qué de lo dicho por el Informe es falso y no concuerda con los hechos. La misma nota, en tono de rechazo, califica de “controvertida” a la CVR. Lo cual no significa nada, pues nada hay más controvertido que la fe cristiana, y no hay nada que sea más verdadero y cierto.

Obispo peruano revela horrores ignorados por controvertida “Comisión de la Verdad” (Lima, 4 Set. 03)

Una vez leída la nota, uno se pregunta cuáles son esos “horrores” a los que se refiere el titular, pues no se menciona nada en ella que pueda ser calificado como tal. Por otra parte, se pretende otra vez descalificar el Informe indicando que los obispos criticados no fueron nunca entrevistados por la CVR. Repito, este hecho puede influir en que el Informe sea incompleto, pero no invalida necesariamente lo dicho por él.

Lamento que ACI Prensa Informe de esta manera, intencionadamente sesgada, y con demasiadas omisiones como para dar un panorama objetivo de la materia de la cual se informa.

He de confesar que muchas veces me resulta también irritante el trasfondo maniqueo de muchas de las noticias de ACI Prensa en general, donde la realidad queda simplistamente reducida a una confrontación entre el bando de los buenos y el de los malos, sin la presentación de matices que ayuden a comprender los hechos y la anchura y profundidad de la realidad misma, que resulta siempre siendo mucho más compleja que como la pinta ACI Prensa.

4 pensamientos en “LA CVR Y ACI PRENSA

  1. Pingback: LA CVR Y ACI PRENSA: DIÁLOGOS DE ADHERENTES | LAS LÍNEAS TORCIDAS

  2. Aci prensa es un medio de comunicación que a mi entender perdió toda credibilidad, divide al mundo entre buenos y malos (cosa que el cristianismo ve definitivamente desde otra perspectiva) en la cual todo lo que se encuentra por fuera del juicio moral de los buenos que Alejandro Bermúdez hace corresponde al grupo de los malos. Por ejemplo” la Onu es una cueva de enfermos sexulales” Palabras de Alejandro BErmúdez. Me pregunto, ¿ todas las personas que trabajan en la ONU son enfermos sexuales?, Todo lo que la ONU hace es malo???

    Busqué en ACI los reportes sobre Maciel y el P. Alberto Cutie y encontré archivos en abundancia, mucho de ello bañados en la grandilocuencia de su director. También busque el caso de GErmán Doig y adivinen cuántos artículos encontré:1. solo uno Entones?? Es la ACI una agencia que denuncia por igual o denuncia a unos y a otros no, o es que los errores del Sodalicio son errores o no son errores???

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  3. Pingback: Desde el Tercer Piso » SODALICIO

  4. ACI Prensa es un organismo de manipulación, de orígenes ultratradicionalistas y que está financiado por ultratradicionalistas. Las metas de ACI Prensa son pues políticas y de derecha, netamente capitalistas. Para ello, tanto los neoconservadores de norteamérica – que son los que financian ACI Prensa hoy – como Alejandro Bermúdez, como los que financian a los sodálites, utilizan argumentos ‘católicos’ para hacerse creíbles.

    En el entorno de ACI Prensa hay hartos “tontos útiles” – que en realidad se consideran creyentes – que por su proveniencia de familias, digamos más acomodadas (lo cual es bueno para ellos, porqué no ?), no están en la posibilidad de distinguir las fronteras entre los intereses de la derecha ultratradicionalista y las palabras de Cristo. Estas personas se dejan manipular ‘sin querer queriendo’ en un ambiente pseudo religioso de mucha ambigüedad. La cultura de la austeridad – que tanto recomiendan tanto el Papa como la Biblia – no está al alcanze de estos “tontos útiles”, no conocen esta cultura porque no han crecido con ella, ni ACI Prensa la ‘defiende’, mas bien la ataca indirectamente desinformando.

    La ‘pseudoautoridad’ de ACI Prensa se basa en el simple hecho de que está allí y de que se ‘autoproclama’ como un parlante de los ‘intereses’ de la Iglesia Católica. M E N T I R A.
    La Iglesia Católica habla constantemente del derecho a la vida, de la austeridad y de la pobreza. De la justicia, entendida a un nivel humano y con el amor que Dios nos dió.

    ACI Prensa DESinforma, miente, manipula y malinterpreta.

    ****>>>>****>>>> Interesante sería investigar sobre quienes financian al sodalicio, de dónde sacan, en el Perú p. ej., senejante capacidad de financiamiento. Un trabajo investigativo e informante se vuelve de a pocos demasiado importante para lograr claridad, sobretodo si consideramos que entre el principio de la preocupación de los norteamericanos por las finanzas de Latinoamérica y los inicios del sodalicio – y los orígenes de ACI Prensa, a través de otras instiuciones en su inicio – hay semejantes coincidencias, tanto cronológicas como estructurales. Aparte que ACI Prensa no es la única institución con semejantes coincidencias. Todo encaja !

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