SOBRE UNA CARTA DEL CARDENAL BERTONE A LOS OBISPOS DEL PERÚ

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El siguiente texto fue publicado primero el 31 de julio de 2012 como un comentario a un post del blog de Roncuaz referente a la disputa que hay entre el Card. Cipriani, arzobispo de Lima, y la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). El comentario se centra en una carta enviada el 11 de julio de 2012 por el Card. Bertone a los obispos peruanos. Según el teólogo Xabier Pikaza, quien gentilmente tuvo a bien publicar mi texto en su blog de Religión Digital, la carta «sería el resultado de una maniobra de Cipriani para consolidar su poder social, religioso y político en la Iglesia de Perú».

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SOBRE UNA CARTA DEL CARDENAL BERTONE A LOS OBISPOS DEL PERÚ

El asunto de la PUCP es bastante complicado, porque si bien la universidad admite todo tipo de posiciones ideológicas en su seno –respecto a lo cual no quiero emitir juicio ahora–, también es cierto que el tipo de catolicismo que Cipriani quiere que impere es muy conservador y restrictivo y responde a su interpretación personal, yo diría que opusdeísta, de lo que debe ser una institución educativa católica. Y manifestar rechazo hacia ese modelo particular no implica necesariamente un rechazo a la Iglesia católica ni una confrontación con ella.

Por otra parte, creo que la carta de Bertone a los obispos peruanos del 11 de julio de 2012 respecto al caso de la PUCP presenta algunos contenidos que despiertan más de una suspacia. Resulta sospechoso que se ordene a los obispos que asuman la posición del arzobispado de Lima. Resulta sospechoso que se desautorice el comunicado de abril del 2012 de la Conferencia Episcopal en que invita a las partes a retomar el diálogo, atríbuyéndole ser causa de desinformación. Esto no está en consonancia con una tradición antiquísima de la Iglesia –que parece haberse perdido– donde Pablo puede discrepar con Pedro no en cuanto a la fe, sino en cuanto a la manera de manejar asuntos eclesiales, y decírselo en su cara. Cada obispo, como pastor autónomo de su iglesia local, puede tener una opinión propia sobre cómo se manejan ciertos asuntos eclesiales, sin que ello afecte la unidad de la fe. Y esto parece no entenderlo Bertone, quien ordena que se unan todos en torno a Cipriani, que hagan suya su posición y que desautoricen cualquier posición contraria. ¿Será Bertone mismo quien ha redactado el texto de esta carta? ¿O es suya solamente la firma?

Espero que haya por lo menos algún obispo que tenga los cojones como para hacerse respetar y poner los puntos sobre las íes, pues el estilo autoritario de este escrito sobrepasa ciertos límites, y constituye incluso un agravio y una falta de respeto a los obispos implicados, al indicar que se están dejando manipular, como si no pudieran pensar y decidir por sí mismos. La colegialidad no significa que todos se sometan al que ha mostrado tener más poder o sabe mover mejor los hilos, sino que implica diálogo, cosa a la cual Cipriani parece tenerle alergia. Además, uno también se pregunta si son los obispos los que se dejan manipular, o es uno solo, Bertone, el que se deja manipular por Cipriani.

Por último, las sospechas se hacen más acuciantes cuando uno lee el siguiente párrafo de la carta de Bertone:

«No quiero por último dejar de manifestar también la perplejidad que recientemente han causado algunas iniciativas promovidas por esa Universidad, tales como: los reconocimientos al Sr. Gregorio Peces-Barba y al Rev.do P. Gastón Garatea Yori, SS.CC., y la programación de un ciclo de lectura del libro “Teología de la Liberación: perspectivas”, del P. Gustavo Gutiérrez, organizado por el Centro de Estudiantes de Humanidades, con el respaldo y participación del Departamento de Teología de la PUCP.»

El Sr. Gregorio Peces-Barba es un reconocido jurista español, uno de los padres de la Constitución española, que tiene una actitud crítica hacia la Iglesia no tanto en base a lo que es la Iglesia misma, sino más que nada en cuanto a cómo se han comportado varios miembros de la jerarquía eclesial española en lo referente a temas de derechos humanos y civiles, incluyendo su complicidad con aspectos discutibles del franquismo. Vaya, que si todos los obispos fueran así, yo también sería anticlerical. En todo caso, el reconocimiento de la PUCP no se da por la posición que tenga el mencionado jurista frente a la Iglesia y lo católico, sino por sus aportes a las ciencias jurídicas. Y esto es totalmente legítimo. Que Bertone mire hacia la Pontificia Academia de las Ciencias y vea si todos los que han sido designados miembros tienen una posición favorable a la fe católica y a la Iglesia. Por mencionar un ejemplo, el renombrado físico teórico Stephen Hawking es ateo declarado, y sin embargo es miembro vitalicio de tal Academia. ¿Por qué esa misma tolerancia que hay en el Vaticano no la puede practicar una universidad católica? ¿Es que acaso sólo puede galardonar a quien sea católico o se manifiesta a favor de la Iglesia católica? Hmmm… esto huele claramente a Cipriani.

Asimismo, ¿por qué sería preocupante que se honre al P. Gastón Garatea por la labor pastoral realizada en la universidad a lo largo de años? ¿Acaso el P. Garatea ha sido declarado hereje por la Iglesia, o ha cometido acciones que merezcan una sanción? Hasta el momento ha habido una decisión unlateral de Cipriani de no renovarle las licencias para ejercer pastoralmente en la arquidiócesis de Lima. Nada más. Se trata de una medida disciplinar que se restringe únicamente a la arquidiócesis de Lima, y sólo atañe a la celebración de misas en público y la administración del sacramento de la penitencia.

Las razones que esgrime Cipriani son discutibles, pues el P. Garatea ha expresado opiniones que legítimamente han emitido algunos Cardenales, obispos y teólogos en la Iglesia, sin ser sancionados por ello. En todo caso, el P. Garatea no ha sido sometido a un proceso, ni se le ha dado la oportunidad de defenderse como es debido, y el recibir un reconocimiento no es algo que le esté prohibido ni siquiera en la arquidiócesis de Lima, ni tampoco le está prohibido a la universidad el dárselo. Hmmm… más olor a Cipriani.

Y, por último, ¿qué hay de reprobable en hacer un ciclo de lectura de un libro escrito por un teólogo, cuya teología ha sido reconocida por la Santa Sede como católica, no habiendo sido condenado ningún libro suyo, y que además cuenta a su favor con el testimonio de Mons. Gerhard Ludwig Müller, actual Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien considera que la teología de la liberación de Gustavo Gutiérrez no contiene nada contrario a la fe de la Iglesia, e incluso la elogia sobremanera? Creo que Bertone, antes que pedir unidad a los obispos peruanos, debería practicar la unidad dentro de la Curia Romana, y no señalar como preocupante algo que no lo es, si nos atenemos a lo que la misma Santa Sede ha declarado oficialmente. ¿Será esto obra de Bertone? Pues aquí sigue oliendo a Cipriani.

Ya sabemos cuál es y ha sido siempre la posición de Cipriani: las cosas se hacen como yo digo, y si dialogando no se termina haciendo lo que yo digo, entonces el diálogo no sirve. En varias ocasiones ha manifestado su desprecio hacia el diálogo en aras de la primacía de la verdad. ¿Cuál verdad? La suya, sin lugar a dudas. Que él dice que es la de la Iglesia, pero que indudablemente sigue siendo una mera interpretación propia solamente suya, restringida a las cuatro paredes de un catolicismo conservador, verticalista y autoritario. Todo lo contrario de Jesús, que fue innovador, comunitario y abierto al diálogo y a la acogida.

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