FANTASMAS DEL SODALICIO

cementerioEn el año 2008, cuando estaba terminando de procesar las experiencias vividas en el Sodalicio de Vida Cristiana y mi cabeza asemejaba un conjunto de piezas sueltas de un rompecabezas que no se terminaba de armar, me llamó la atención la enorme cantidad de personas que se habían unido al Sodalicio y luego habían tomado otros caminos, en comparación con el número reducido de personas que habían permanecido en la institución. Por ejemplo, de aquel puñado de jóvenes que un sábado 2 de diciembre de 1978 hicimos la promesa de sodálites mariaes en la capilla del Colegio Santa Úrsula (San Isidro, Lima), sólo uno ha perseverado en el Sodalicio hasta ahora. Si incluyo además a todo aquellos que estaban en los grupos de formación de los cuales formé parte, puedo afirmar con certeza que casi todos los de mi generación tomaron en algún momento la decisión de separarse del Sodalicio, muchas veces en circunstancias dramáticas que podrían servir de material para una novela apasionante.

A raíz de esto, perplejo ante datos evidentes cuyos motivos profundos parecían escapar a mi comprensión, comencé a exprimir de mi memoria nombres y más nombres y a ponerlos sobre un papel, mencionando algunas circunstancias del alejamiento de los personajes que iban surgiendo de mis recuerdos. Allí aparecieron los nombres de Virgilio Levaggi, Director Regional de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) para Centroamérica; Alberto Gazzo, Gerente General de Desarrollo Organizacional de la empresa minera brasileña Votorantim Metais; Luis Cappelleti, fundador y presidente de Tour Operations for Experiential Travel & Philanthropy; Franco Giuffra, director de Il Pastificio Clasico; Javier Lishner, reconocido disc-jockey especializado en rock; Mirko Repetti, Gerente de Data Center, Seguridad y Outsourcing Global de la empresa Global Crossing; Jorge Muñoz, actual alcalde de Miraflores (Lima); Germán McKenzie, expulsado oficialmente en el año 2007 del Sodalicio tras haber sido Superior Regional del Perú, actualmente profesor en la Niagara University (Ontario, Canadá); David Olaya, científico e investigador asociado del National Institute of Standards and Technology (NIST), en Boulder (Colorado, Estados Unidos); José Sam, Presidente Ejecutivo de Samcorp; el fotógrafo Juan Viacava, el escritor Martín López de Romaña y los periodistas Pedro Salinas y José Enrique Escardó, entre otros. La nutrida lista que elaboré ciertamente estaba incompleta, y considerando que desde noviembre de 2002 ya no vivía en el Perú, no sabía a ciencia cierta cuántos más habían desertado de las filas del Sodalicio, aunque por fuentes confiables supe que continuaban las deserciones.

Completé este escrito con algunas anotaciones sueltas y le puse como título NÓMINA DE FANTASMAS. El término de “fantasmas” alude al hecho de que estas historias han sido desplazadas por el Sodalicio al cementerio de la historia y existe como una consigna tácita de no mencionarlas, particularmente en el caso de aquellos que se han separado de la institución y han elegido supuestamente un camino donde difícilmente encontrarán la salvación ‒según una interpretación que frecuentemente escuché de la superioridad sodálite, y sobre todo de boca del mismo Luis Fernando Figari‒, pero tampoco se mencionan los traspiés de aquellos que huyeron y luego regresaron al seno protector de la comunidad ‒y marcan, por lo tanto, la diferencia entre Pedro y Judas, entre el pecador arrepentido y el traidor irredento, según otra interpretación frecuentemente repetida‒. Pues también hay unos pocos casos de quienes se fueron y, no pudiendo soportar el terrible sentimiento inculcado de estar traicionando una obra supuestamente querida por Dios, cedieron a la angustia y terminaron regresando a las filas de la institución que habían abandonado. De hecho, los parámetros dentro de los cuales el Sodalicio ha interpretado la sangría de miembros que ha tenido a lo largo de su historia se ubican en el marco de una mera alternativa entre fidelidad y traición. Había dos citas bíblicas repetidas continuamente, con las cuales se pretendía apuntalar esta interpretación a priori:

Jesús le dijo: «Nadie que mire hacia atrás, después de poner la mano en el arado, es apto para el reino de Dios.» (Evangelio de Lucas 9,62).

Porque son muchos los llamados, pero pocos los escogidos. (Evangelio de Mateo 22,14)

Esto bastaba para acallar las conciencias de los que se quedaban. La institución era intachable por axioma y no podía estar aquejada de problemas serios que ocasionaran que la gente se fuera. Los que se iban tampoco podían tener razones válidas para irse ‒salvo, en algunos casos, la de que el camino del Sodalicio no era su vocación y sanseacabó‒. Sea como sea, en el Sodalicio siempre se ha visto a quienes se han desvinculado de él como personas que han fracasado. Porque en la cosmovisión sodálite una persona que se va es alguien que ha perdido todo su valor, a menos que siga girando dentro de su órbita ideológica. Tal cual. De antemano, antes de cualquier análisis. De hecho, en el Sodalicio jamás se ha efectuado una investigación seria y concienzuda de por qué la gente se les ha ido y se les sigue yendo. Y jamás de los jamases se ha tenido en cuenta que algunas personas se han ido precisamente porque han mirado hacia adelante, porque han querido seguir tras las huellas de Jesús, buscando una inserción más participativa y menos restrictiva en la Iglesia, porque han querido compartir de manera más cercana y vívida las vicisitudes cotidianas de los seres humanos comunes y corrientes, o simplemente porque se han arriesgado a buscar una libertad más plena y palpitante que aquel remedo de libertad que les ofrecía la institución.

Mi “nómina de fantasmas” concluía con el siguiente comentario:

Sé que esta lista podría ampliarse enormemente, pues son muchísimos más los que se han ido del Sodalicio que los que se han quedado. En términos humanos esto se consideraría un fracaso, pues una empresa donde son más los que se van que los que se quedan ‒rotación cuantiosa de personal le dicen ahora‒ está abocada al fracaso. Y en términos divinos podría decirse algo semejante. Si San Pablo hubiera aplicado una estrategia similar, la Iglesia católica no existiría ahora.

¡Cuánto potencial humano desperdiciado! ¡Y todo por haber maltrado a quienes querían participar de lo que en el fondo parecía ser un proyecto idealista, un camino de nobleza, un medio para dignificar el mundo!

Todos los que se han ido, aun aquellos que lo han hecho con la frente en alto y por motivos legítimos, han recibido en conversaciones privadas ajenas a sus oídos, por lo menos alguna vez, el calificativo de “traidores”. Y si hubiera que hacer estadísticas ‒otro dato que se oculta, pues nunca se menciona el número de sodálites en activo ni tampoco el número muchísimo mayor de los que se fueron habiendo hecho por lo menos la primera promesa en el escalafón institucional, la de “aspirante”‒, habría que concluir que el Sodalicio no ha sido otra cosa que una “fábrica de traidores”.

El 20 de enero de 2009 le envié este texto a un amigo sodálite, con las siguientes aclaraciones:

Respecto a los que se han ido, hay quienes lo han hecho de buena fe y con recta conciencia, y quienes lo han hecho de mala manera y con ardides. Hay quienes siguen manteniendo la fe y quienes la han perdido o la han desechado. Hay quienes miran con cariño ese período de sus vidas, y quienes lo detestan como un tiempo perdido.

Yo siempre he considerado los años pasados en comunidad como una etapa necesaria de mi vida. No llego a entender el porqué de esa especie de ostracismo que sufrí posteriormente, y al cual se debe en parte algunos de los vaivenes por los cuales ha pasado mi vida.

El silencio respecto a los que se han ido puede ser comprensible durante un tiempo. Pero también forman parte de la historia de la institución, y muchos de ellos mantienen un compromiso cristiano, permanecen en la misma Iglesia, y no parecen estar yéndose a la condenación “por no haber seguido su vocación”. Contar la historia del Sodalicio también implica contar que estas personas estuvieron ahí. Cualquier institución que olvide su historia ‒incluyendo las páginas incómodas‒, seleccionando del pasado sólo lo que la enaltece, reescribiendo su evolución histórica de acuerdo a sus intereses actuales, termina por perder el rumbo y deja de aprender colectivamente de la experiencia.

La respuesta de este entrañable amigo fue la siguiente:

Yo, al Sodalicio no lo veo tan apocalíptico ni fracasado. No seguiría aquí si lo viera así. Me parece que exageras un poco cuando dices que todos han recibido el calificativo de “traidor”. Creo que también estás un poco lejos de la realidad actual del Sodalicio. Me parece que ya no es así. Pero coincido con algunas cosas que necesitan mejorar: un flujo más libre de información, mayor claridad en la comprensión de la vocación, evitar una relectura de la propia historia, recibir críticas con mayor libertad y serenidad, aprender con mayor humildad de los propios errores, no ser tan rígidos en algunas cosas. Me queda todavía un sinsabor por el peso (necesario) puesto a un lado del asunto (los que se fueron) y nada al otro (los que quedan). Creo también que haces juicios un poco aventurados sobre el fuero interno de algunos que se fueron ¿Hablaste con todos los que mencionas sobre sus razones? Y aunque sea así, son las razones para irse. Tal vez habría que investigar también las razones para quedarse. De lo contrario parece que todos los que se quedan están participando de un proyecto fracasado, falaz y engañoso. Quedan dos posibilidades: o son unos mentirosos manipuladores, o son unos idiotas borregos incapaces de pensar por sí mismos. Humildemente no creo ser ninguna de las dos cosas. Por lo menos no en grado extremo.

Y un asunto más a considerar es la aprobación pontificia. Se bien que no es un asunto ex cathedra, pero ciertamente es un ejercicio de gobierno de la Santa Sede que reconoce como un carisma del Espíritu Santo al Sodalicio. ¿Lo estamos traicionando quienes pertenecemos a él? Puede ser. ¿En qué grado? ¿Cómo enderezar lo que está mal?

Mi respuesta fue como sigue:

Mi percepción de que el Sodalicio no ha tenido éxito parte de la comparación entre lo que quiso ser y lo que es actualmente. Han pasado ya 37 años desde que el Sodalicio fuera fundado, tiempo suficiente para saber si se camina hacia la meta. Los logros en el campo de la cultura y del pensamiento no me parecen significativos. No creo ni siquiera que puedan ser el germen de un cambio importante en el mundo, como sí lo fueron otras manifestaciones del pensamiento cristiano en otros tiempos.

Numéricamente, ¿cómo está el Sodalicio? ¿Sigue creciendo al mismo ritmo que en los inicios, o se ha frenado el crecimiento? Señal para preocuparse.

Respecto a la personas que se fueron, he evitado poner motivaciones donde no me constan, indicando solamente hechos. Donde pongo motivaciones es donde las conozco de primera o segunda mano. De todos modos, son tantos, que se les podría aplicar de igual manera el argumento que tú utilizas para los que se quedan: asumiendo que el Sodalicio está bien, o están todos locos y se engañaron, o traicionaron a sabiendas.

Sin embargo, el asunto no puede ser planteado de manera tan simplista, en blanco y negro. Hay muchas zonas grises de por medio. Entre los que se fueron hay de todo, lo mismo que entre los que se quedan: personas de recta conciencia y buena intención, personas desorientadas que siguen la corriente, personas que actúan con intenciones torcidas. Lo que verdaderamente asombra es la cantidad de personas que se van y se siguen yendo, pues yo sólo menciono un número reducido de personas que he conocido personalmente. Y que la mayoría han sido designados como traidores es algo que me consta, ya sea de manera general ‒señalándolos como los que pusieron la mano en el arado y miraron hacia atrás‒, ya sea de manera particular. Digo la mayoría de los casos que yo conozco, no todos. En mí mismo y en muchos he conocido el temor de irse. En mi caso este temor ‒debido al concepto rígido de vocación que se manejaba y que tal vez se siga manejando‒ me llevó a desear la muerte durante mis últimos meses en comunidad [en San Bartolo], a fin de evitarme el trámite de tener que tomar una decisión que pudiera significar mi condenación eterna. Afortunadamente, [el superior local] me ayudó a dar el paso, sin por ello manejar otro concepto distinto de vocación. Esa misma angustia la he visto reflejada en otros que ya no están.

Después de salir de comunidad persistí en mi deseo de contribuir con la misión del Sodalicio. Incluso cuando el muy querido Germán McKenzie me preguntó una vez por qué quería hacer la promesa de adherente [sodálite casado], le dije que para mí eso era como una especie de alianza matrimonial, y que si bien el Sodalicio había sido en algo como una mala mujer, yo también tenía mis cosas, y uno hace una promesa de amar y servir a pesar de todo eso. Han pasado ya 15 años desde mi salida de comunidad, años donde poco a poco he ido procesando las experiencias vividas, a las cuales se han sumado otras experiencias. No creas que no he hecho esfuerzos de mantener la ilusión inicial y confiar en una mejora. Pero ha llegado el momento en que persistir en lo mismo ya no tiene objeto, pues siento que es como tirarse con el corazón encima de una enorme espina, como el ruiseñor del cuento de Oscar Wilde.

No cuestiono tu decisión de permanecer en el Sodalicio. Tú no te hallas en la misma situación que yo, y tal vez sea tu deber estar donde estás. La Iglesia requiere de diversos tipos de vocación, así como de diversos estilos de vivir la fe. Tampoco creo que todos los sodálites sean manipuladores ‒como lo es ACI Prensa con la información noticiosa‒. Sin embargo, yo no me puedo seguir identificando con una institución que ha maltratado mis esperanzas, ha rechazado mis talentos y no ha confiado en mis buenas intenciones.

Quiero encontrar en la Iglesia una comunidad donde pueda aportar con lo que soy y lo que Dios me ha dado a la edificación del Cuerpo de Cristo. Y donde haya más libertad para compartir inquietudes. Y tal vez la oportunidad de ponerme al servicio de los necesitados y marginados de modo muy cercano.

Lo de la aprobación pontificia sólo indica que el carisma del Sodalicio es válido para la Iglesia. Pero ¿todas las taras señaladas pertenecen verdaderamente al carisma del Sodalicio? Esa aprobación no garantiza que el Sodalicio no pueda fracasar. Ha pasado ya con otras instituciones y puede volver a pasar. Y pasa también en el presente. Desde hace algunos años el Opus Dei ha dejado de crecer, y sus miembros están envejeciendo. Lumen Dei ha sido intervenida por la Santa Sede. El proceso contra el Padre Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, en que se le acusaba de haber absuelto sacramentalmente a jóvenes legionarios de los cuales había abusado sexualmente con anterioridad, no llegó a su término, sino que fue suspendido por orden del Papa [Benedicto XVI], aplicándosele a Maciel una sanción ‒porque eso fue: sanción‒ misericordiosa, considerando su edad avanzada y su estado de salud, y atendiendo al bien de los demás integrantes de los Legionarios de Cristo e instituciones afines.

Espero que estas reflexiones te sirvan para contribuir a mejorar lo que se puede mejorar, dentro de tu vocación específica.

Yo mismo no considero que esté dejando una vocación. Sigo buscando responder al llamado de Dios, sólo que mi camino sea tal vez más complejo. Pues parte de mi vocación consiste en haber vivido lo que he vivido. Y como Abrahán, no sé todavía adónde llegaré.

Este amigo me respondió con unas palabras que hasta el día de hoy resuenan en mi corazón:

Lo que dices muestra una gran caridad y sentido eclesial. Me edifican tus palabras. Voy a rezar mucho por ti y tu familia para que encuentres el espacio que necesitas para entregarte con todos tus talentos al Señor.

Eso espero, querido amigo. Quiera la mano invisible de Dios, que nunca suelta a quien confía en Él, sostenerme en esta tarea a pesar de mis patentes fragilidades humanas. Y desde mi condición de fantasma, quiero elevar mi voz a favor de la auténtica libertad de los hijos de Dios y anunciar que sigo vivo, con las puertas del corazón abiertas a todo aquel que quiera reposar en él un momento para compartir un poco de amistad, un poco de camino, un poco de pan, un poco de todo. Que así sea.

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8 pensamientos en “FANTASMAS DEL SODALICIO

  1. Lo que me sigo preguntando es de donde viene ese miedo, es que esas caras dulces que me ofrecian la salvacion me estaban manipulando? por que ese miedo que casi mata, esa sensacion de estar en el error mas grande del mundo y con ganas de contarles todo para que me digan si estoy en lo correcto o no. Tu experiencia me da algunas respuestas, gracias sigue compartiendolas.

  2. La pregunta es: de diez que se unen hoy ,cuántos se quedan, cúantos se van después de un determinado lapso de tiempo,
    es decir, la proporción de ‘fantasmas’ ¿Se mantiene, ha aumentado o disminuido respecto de las generaciones de los 70 y 80?
    En base a lo expuesto en este blog (pensamiento único, revisionismo, purga de libros y textos ‘canónicos’) muy difícil que el SCV
    haga un análisis objetivo e imparcial del asunto.

  3. Creo que los fantasmas son cada vez más. Recuerdo que alguna vez me vi a mi mismo como esos fantasmas del Señor de los Anillos que tuvieron una última oportunidad de reivindicarse en una batalla….. que tristes momentos esos en mi vida y qué distinta es mi vida ahora que he conocido y sigo conociendo cada vez más el verdadero amor del Señor. Gracias Dios, gracias mi dulce Jesús por ser como eres y por abrir mis ojos a la verdad de tu amor (tan opuesto a ese falso amor de Dios lleno de amenazas y condenación que me mostraron en el sodalicio) y te pido Señor por todos aquellos hombres y mujeres que han caído en la tenebrosa telaraña que tejen algunos dentro del sodalicio y que ponen a la gente a militar en un ejército que a nombre tuyo esclaviza a las personas en el miedo y en la parálisis espiritual.

  4. “una institución que ha maltratado mis esperanzas, ha rechazado mis talentos y no ha confiado en mis buenas intenciones….” ( a los 15)
    Gracias martin , a sanar heridas , a encender el fuego de amor por Dios por la caridad por el servicio al prójimo .( a los 35)

  5. Todo estoparece sacado de monjes de la edad media, la verdad que pateticos. Lean a Paul Davis, Gordon Cooper entre otros para que se laven el cerebro de tanta porqueria.

  6. Curiosamente cuando uno es separado a la categoría de fantasmagórica se extinguen todas las intenciones de apostolado, no hay mas intencion de acompañar en la fe ni llevar de la mano por el camino de la reconciliación. Cuando pasas a ser fantasma eres abandonado a tu suerte, ahí y no eres util, ya no eres “funcional” a los objetivos sodalites, por lo tanto tu salvacion y tu santidad no son relevantes, son una inversion que ninguno de los “principes azules” querra asumir, ya no eres necesario, eres solo un alma en pena, un fantasma azul con una espada flamigera que ya no arde.

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